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Magüi

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Magüi dio la vuelta al mundo descalza y descendió valles nevados sorteando piedras afiladas. Saltó puentes y subió montañas de rocas y pensamientos infinitos. Magüi bajó a los mares más profundos y los iluminó con sus ojos siempre abiertos. Llegó a lugares donde nadie ha estado nunca. Rodeó este mundo y después mil más, y en todos ella volaba y volaba y volaba dejando marcas gigantescas de amor, derrochando alegría y cruda sinceridad. Sus semanas fueron a veces minutos y sus años siglos. Conquistó mundos. Conquistó el tiempo. Y nadie pudo seguirla nunca.

Magüi cogía las brasas con las manos y las hacía desaparecer mientras danzaba sobre ellas haciendo piruetas imposibles que la sostenían en el aire. La he visto bailar sin tocar el suelo entre una multitud sin rozar a nadie. Venció a tropas de rancios religiosos con su alma y su fuerza mental cortando pañuelos de otras épocas sobre países enteros. Pudo vivir en lo alto de un rascacielos diseñando sueños de saldo, pudo recorrer el mundo desde donde hubiera querido, pero prefirió enseñar desde la sencillez, y a la vez surcar la vida sin mirar atrás, y viendo mucho más allá de lo que cualquiera podría, en lo alto de una ola gigante que todo lo inundaba con acordes de entusiasmo puro, limpio, sincero. Muy sincero. Tanto que dolía.

Una vez vi con ella el rayo verde en el horizonte del mar, en un amanecer después de un verano entero que pasó en una noche; uno de esos mil días en los que fueron el mejor día de su vida. Aquel, lo fue también de la mía. Y terminó con un abrazo que se quedó para siempre aquí dentro, donde se quedan las cosas indestructibles.

Magüi fue mi hermana en cientos de abrazos. Fui ella al otro lado de un espejo mágico, y siempre creí que ella misma podría haber sido yo, por muchas cosas. Demasiadas. En sus abrazos se abrían puertas al infinito. Creo que siempre los podré sentir, oler. Aún puedo poner mi corazón al son del suyo y sentir la fuerza de vivir sobre un precipicio de sensaciones increíbles que se cerraban en un cariño único, en un instante.

Nunca, nadie, ha hecho que sienta un abrazo como el tuyo, Magüi. Eras la reina del cariño, y aunque sé que estás aquí, eso será lo que más voy a echar de menos. El abrazo en el que sentir una hermana que me quiere porque me quiere, y nada más, y haber visto en tus abrazos lo que eras capaz de vivir. Y de querer. Y eso queda en toda nuestra familia como el mayor tesoro que tenemos.

Entrabas a un bar volando por el techo y todos te miraban, pero nadie te veía venir porque tú ya habías hecho que todos se rindieran. Nadie era capaz de seguirte, aunque te siguieran. Nadie volaba por la vida como lo hiciste tú aquí, Magüi. Ahora vas a volar segura, sin las barreras mentales de quienes viven con el corazón pequeño, encerrado y contenido, que son todos menos tu.

Te imagino en un viejo todoterreno bajando montañas por barrancos escarpados, sonriendo, jugueteando, en un mundo donde todo lo que hacías aquí ya no duele nada. En un mundo justo donde vivir sin límites sólo es vivir sin límites. Pendiente de Laura y de Tichi, y de la abuela… y de toda tu gente.

Te imagino en ese jeep encargada de enseñarle el cielo a todo el que llegue, te imagino hoy con David Bowie, enseñándole a volar, a bucear con los ojos abiertos y a conquistar mundos con sonrisas y piruetas, y a bailar sin pisar el suelo, sin rozar a nadie, con todo el mundo.

Tu fuerza liberada nos acompañará aquí, todos los días. Y por ello yo te doy las gracias, prima. Hermana. Reina del cariño y los abrazos, diosa de la vida.

Siempre te querré, Magüi.

Vale.

12/01/2016 20:43 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

'Achoween'

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Cuento murciano de Todos los Santos

Hoy es un buen día para contaros la historia de Ginesico‘El Calabaza’. Una historia real, que ha sido contada de padres a hijos, de abuelos a nietos, durante siglos, pero sin que supiéramos que William Pumpkin, The Pumkin era en realidad Ginesico El Calabaza.

 Ginesico siempre fue un bicho raro. Era pelirrojo y tenía los ojos verdesNo tuvo hermanos y como era el hijo del bibliotecario de Abarán, con tres años leía fluido. A los doce podía recitar pasajes de obras de su autor favorito: William Shakespeare, algunos de ellos en perfecto inglés, sin saber qué significaba.

Ginesico tenía ganas de conocer mundo. Todo lo había visto en los libros, ya que, más allá de las huertas de sus tíos, en las que ayudaba todos los días, no había visto nada. Ni el mar. Así que cuando cumplió 15 años, en los albores del siglo XVIII, marchó con un petate sencillo. Unos libros de Shakespeare, unas libretas para escribir y bolsas con semillas de los productos que cultivaban sus tíos: col, lechugas, maíz, acelgas, judías, tomates y claro está, las semillas de las enormes calabazas naranjas como su pelo, que le dieron el apodo.

Ginesico se llevó parte de los ahorros de su familia. Sus padres pensaron que no sería capaz de llevar a cabo su plan: coger un barco mercante en Cartagena, rumbo Málaga – Cádiz – New Hampshire. Ginesico El Calabaza iba a hacer las Américas. Su familia se equivocó. Después de múltiples avatares y cientos de aventuras, Ginesico llegó a Boston. Gracias a sus lecturas no le supusodemasiado esfuerzo aprender inglés. En pocos meses, trabajando en el puerto, el mozo se hizo una vida allí.

Conoció a un empresario local, de origen irlandés, que exportaba especias en la ruta de las indias, ya con el nombre cambiado. Su pelo rojo allí no era motivo de burla, al contrario. Pasaba por uno más de los miles y miles de irlandeses que llegaban todos los días. En poco tiempo Ginesico ya no era Ginesico, si no William, en honor a Shakespeare, y de apellido, se puso Pumpkin. Mantuvo, el bueno de Ginesico, su apodo convertido, como gesto a sus orígenes.

Lo hispano no era común, así que se autonacionalizó irlandés y empezó a trabajar con el empresario en sus tierras, que le ayudó con los trámites sin hacer muchas preguntas. Con su experiencia en la huerta, sabedor de los tiempos, aprovechaba los veranos para cultivar sus semillas, con excelentes resultados. Más humedad y días de sol entre abril y septiembre, y le salían unas calabazas del tamaño de tres cabezas… Al poco ya bromeaban con su apellido, los irlandeses.

Un día de Todos los Santos, estaba Ginesico con los irlandeses, que vaciaban nabos para meter carbón e iluminar las tumbas, para espantar a los malos espíritus, según una antigua leyenda celta. Iban al cementerio a visitar a los muertos con esas linternas, como era tradición… Entonces Ginesico tuvo una idea que cambiaría para siempre la historia del primero de noviembre. Salió corriendo a sus aposentos, y cogió la última calabaza que había recogido, hacía sólo unas semanas, con el comienzo de las lluvias. Era hermosa y brillante. Naranja y de una forma perfecta… y con su navaja, aún sucia de restos de nabo, se puso a vaciarla. Lo hizo rápido, ya que la piel de la calabaza es más dura y por dentro más suave y tierna. Abrió varios agujeros en la calabaza y metió dentro carbón prendido. El resultado era maravilloso. Más luz, más fácil de llevar y más fácil de hacer...

Entonces William corrió al cementerio con su calabaza iluminada, y apareció entre las tumbas ante todos los irlandeses. Les dio un susto de muerte… y para compensarlo les dijo ¿Susto o muerte? Que era una broma que se gastaba ése día… y todos rieron… Cuando descubrieron la calabaza todos quisieron hacerse una igual, y desde aquel año contaron, generación tras generación, cómo la calabaza con forma de cabeza humana les había asustado en el cementerio la noche previa a todos los santos… Un nuevo Halloween había nacido.

A partir de ahí corrió la voz por toda Nueva Inglaterra… y en pocos años la víspera del día de Todos los Santos las calabazas más grandes se vendían a cientos para ahuyentar a los malos espíritus e iluminar la fiesta. En todos los libros se recogió este cambio en la ancestral tradición irlandesa, que venía de la historia de Jack, el borracho que pactó con el diablo en una taberna, y de cómo en el siglo XVIII los irlandeses cambiaron los nabos por calabazas… Lo que nunca supieron es que aquel irlandés pelirrojo, apasionado lector de Shakespeare, William Pumpkin, era en realidad Ginesico El Calabaza, oriundo de Abarán,murciano aventurero incansable, magnífico agricultor y gran negociante, que acabó teniendo una gran propiedad en las afueras de Boston, donde murió en el seno de una gran familia señorial irlandesa, en cuyas tierras brotaban milagrosamente tomates, coles, lechugas y acelgas de una calidad suprema. Pocos sabían de sus orígenes en su propia familia… y el secreto quedó guardado.

Siglos después, un tataranieto de Ginesico hurgó en el pasado de su familia. Su antepasado William Pumkin The Pumkin ‘Lantern era el final de un eslabón que no tenía forma de desentrañar… El chico, profesor de la Universidad, al final encontró su recompensa. Sus investigaciones le llevaron a Murcia, a buscar a la familia de Ginés, el hijo del bibliotecario. En ese viaje, su tataranieto, conoció a una murciana preciosa y fantástica, con la que se casó a mitad de los setenta, haciendo el recorrido que hizo su tatarabuelo, pero a la inversa. Al poco, tuvieron un hijo, que un día de Todos los Santos muy reciente, puso en su casa este cartel y le hizo una foto para ponerla en Facebook. La foto se hizo viral en Internet, porque resume la animadversión que produce Halloween en muchos murcianos… Qué vueltas da la vida¿verdad?… Si supiera ese zagal que fue su tatarabuelomurciano quien inventó Halloween…Vale.

Moraleja: cuidado con lo que odias, porque nadie sabe cual es el verdadero origen de las cosas…

 

02/11/2015 11:25 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Siete marineras

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Toda marinera tiene su secreto, especialmente si se busca esa perfección que reivindica la mezcla de sabores y texturas para la marinera ideal, esa que conjuga el crujiente de la rosquilla con la esencia de la ensaladilla de autor. Porque las marineras no dejan nada a la improvisación, no se crean. Bueno, hay de todo. De hecho hay sitios donde un día están buenísimas, y al siguiente les ponen guisantes. Pero en Murcia hablar de marineras es hablar de una forma estricta de perfeccionamiento logrado con muchos años de pruebas. La marinera que se sirve es el resultado de un trabajo que empieza en cada ingrediente y nunca termina en la marinera que sale a jugar a la barra, porque la evolución es constante, incluso en aquellas que viven permanentemente en el top marineril murciano, y son muchas. Es algo así como la ingeniería de la fórmula uno, que se pasa el curso probando el nuevo motor. Cada detalle, cuenta. No sólo la patata spunta, sino qué patata spunta, y en qué época…

Por ejemplo, quienes no eligen la rosquilla y la adaptan a las características de su ensaladilla, pierden caché, y de la misma forma quien no elige anchoa con la idea de formar un equipo también deja a la suerte mucho. Demasiado en una ciudad donde casi de forma innata nadie repite tapeo si la marinera no es buena. Es la conjunción de todos los elementos lo que forma la marinera que mira a los ojos a la perfección… Porque sería muy atrevido ser murciano y decir que existe la marinera perfecta. Tendemos a ella, pero es una preciosa utopía gastronómica de nuestro tapeo. Ni están todas, ni las que están serán las mejores, porque aquí entran tantos condicionantes que sería imposible…. Y mi experiencia es amplia, pero tampoco valdría para sustentar una tesis, que por otro lado, el día que tenga tiempo, no me importará currarme y con la ayuda de quien quiera, que ir de marineras gourmet es una actividad muy sana, ya saben, la marinera no lleva carne procesada.

Un repaso a mis siete marineras a día de hoy empieza por la marinera del Café Bar. Imposible no colocarla en una lista de marineras (¿la inventaron ellos?). Textura ideal, perfecta sintonía rosquilla ensaladilla, anchoa suave y ése sabor que merodea por todas las grandes marineras del panorama, ése sabor único que alcanzan las elegidas. Seguimos con la marinera del Fénix. Regularidad y frescura. Ojo, que uno de los secretos de la marinera murciana es la temperatura de la ensaladilla, por no hablar de la elaboración de la mayonesa, y del tiempo que pase desde que se ha hecho. En los sitios de mucho consumo, las marineras están más buenas. El éxito marineril diario mejora las marineras. Seguimos con la marinera del Gourmet, en Pérez Casas, rosquilla fina quemadica y éxtasis en una ensaladilla tan ligera que parece una nube de marinera. No se la pierdan. 

Imposible no citar el buen hacer de El Churra. Hay sitios que parecen tener la receta secreta para alcanzar fácilmente el sabor autóctono de la marinera murciana, y ayuda tener anchoas de categoría. Es de esas marineras suculentas sin pecar en el aceitosismo. De las que llenan la boca. No puedo no citar la marinera del Pasaje, que además de ofrecer una carta amplísima y de lo más innovador, cuida su marinera como tesoro del hábitat que le rodea, algo muy a tener en cuenta. Fresca, sencilla, con el sabor logrado. Muy cerca de allí pueden seguir con el marinerismo de primera en El Amarre, con poca trayectoria, pero una marinera digna para salir a ganar en cualquier campo. La especial, que sustituye la anchoa por huevas de trucha y la caña por cava es un alarde atrevido, pero logrado. Esas cosicas a veces funcionan y no hay que cerrarse a nada, que son marineras, pero esto es cocina. Y para cerrar, no  puedo dejar de nombrar a la marinera de mi vida. La que vive en el buen rollo de una esquina que reúne más vida que ninguna otra. La marinera del Togo es para canonizarla. Más bruta, pero con el sabor de ser una marinera abuela, de las que tampoco hay tantas.

Hay muchas más, pero aquí dejo estas siete. Y espero recomendaciones, claro. ¿Cuáles son tus siete marineras? Vale.

Foto: Marinera cafeto

 

02/11/2015 11:19 achopijo #. sin tema Hay 1 comentario.

'Kata to eikos'

El profesor Vilarnovo aparentaba veinte años más de los que tenía, o eso decían. Tenía aspecto de personaje de película de los hermanos Cohen. Era monótono hablando, vistiendo y moviéndose. Pero curiosamente, en los momentos álgidos de la clase, que los había, quizás porque eran muy fácilmente distinguibles, era capaz de transmitir más que cualquier otro. Toda una estrategia para afrontar la vida. El día que nos enseñaba una parte básica en su asignatura, Teoría del discurso comunicativo, recuerdo bien cómo hizo las pausas justas. Se movió por el aula como un actor interpretando un papel escrito para él, un papel que no es que estuviera basado en la realidad, es que era la realidad misma. Y lo que nos dijo el profesor aquel día era la clave de eso mismo. La clave de todo discurso. La clave de todo en el día a día de quienes nos íbamos a ganar el pan escribiendo, sea lo que sea lo que fuésemos a escribir. 

Aristóteles decía que pueden ocurrir las cosas más increíbles en una obra, siempre que sean kata to eikós, esto es, que correspondan a lo que cabe esperar; es decir, que se justifiquen por esta finalidad interna de la obra misma. Vilarnovo lo explicaba recurriendo en falso a lo verosímil, pero el contexto real era otro aún más extremo. Incluso más real que la propia realidad, casi descarnado, en el que ponía todo su empeño como docente, precisamente para cerrar aquel círculo, que siempre interpreté como el santo grial de las letras. De las historias. De los artículos. De los reportajes. De las conversaciones… incluso, de la realidad misma; de todo en la vida.

Por si no lo saben la palabra ‘Entusiasmo’ procede del griego enthousiasmós, que viene a significar etimológicamente algo así como ‘rapto divino’ o ‘posesión divina’. El entusiasmo nos convierte en dioses, porque no hay quien frene a quien tiene entusiasmo, que es el ingrediente principal para creer en las cosas que decimos, leemos o escribimos. Cuando coincido con alguien que habla con entusiasmo, que se atreva a afrontar retos, recuerdo a Vilarnovo explicando cómo el kata to eikósde un discurso, lo que cabe esperar, es posible si el contexto adecuado lo sustenta. Y es un auténtico gusto encontrar gente con capacidad para trabajar, para hacer, para mover, para crear y que además sólo por el hecho de hacerlo tengan ganado ya algo que es esencial para todo, la recompensa de hacer lo que uno quiere hacer. Y entonces los que somos del ejército del vaso medio lleno nos armamos de fuerza para seguir adelante. A los que hacen que podamos esperar cosas increíbles, gracias. El mundo es mejor gracias a vosotros. Vale.

02/11/2015 11:14 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

El 'Raúl'

No he sido Raulista casi nunca. Si lo he sido, ha sido solo al final, cuando jugó en el Schalke demostrando que con compromiso uno puede ser lo que quiera, incluso ídolo en Gelsenkirchen en el ocaso de su carrera, en un equipo donde currar se valora más que los golpes de chequera. Los goles en Champions de Raúl con los alemanes debían contar triple. Será mi querencia por lo mediocre, pero no me digan que no tiene más mérito estar ahí, en el área, dónde hay que estar para empujar el balón a la red en un equipo de media tabla para arriba, que coquetea cada cierto tiempo con el descenso y vive épocas gloriosas cada otro tiempo, jugando en Europa… que hacerlo en los equipos de la chequera, ya sea blanca o azulgrana.  Y de ahí para abajo, más mérito. Imaginen un jugador que llega en Segunda B y a los tres años hace debutar a una ciudad en Champions. Eso, no lo ha hecho nadie.

No hay comparación. Cuando Messi o Cristiano hagan lo que hizo Maradona en Nápoles, esto es, hacer campeón a un equipo que no lo es, es cuando serán verdaderos mitos. Pues Raúl tuvo allí, en Gelsenkirchen, lo que para mí humilde opinión fue su verdadera consagración como un futbolista grande. Y lo reconozco, es que en el Madrid y el Barcelona me pierdo con los mitos. Son todos iguales o muy parecidos. 

Pero si le debo algo a Raúl González Blanco es la delicia de haberme almorzado durante algo más de un año el mejor bocadillo que jamás me he echado al hambre. No sólo porque El Sol era un bar de barra metálica larga y coqueta, con luz clara y desapercibido en el mismo corazón del centro de la ciudad. No sólo porque allí siempre había gente interesante, cercana, y se envolvía todo en una camaradería de bar de paso casi paradisiaca. No sólo porque un retrato del genio Párraga iluminaba todo lo que allí acontecía, conversaciones de fútbol con elevadísimos tintes de genialidad, y no sólo de fútbolo ciclismo... La política regional volaba por la estancia hecha trizas en frases lapidarias… allí quedaron muchos secretos, risas y confesiones. 

Pero lo que quedó, y en esto sí que debo decir que fue la causa principal por la que tengo una deuda eterna con el siete blanco, fue el honor de haber puesto nombre al mejor bocadillo de la historia. Siendo justos, se lo debo más a Ángel, su creador y alma del Bar El Sol. Una media barra de pan recién horneado, partida en dos mitades curiosas, relleno de sobrasada deshecha al calor, mezclada con queso manchego tierno especial, algo de perejil, atún seco, tierno y sabroso, y almendras rotas sobre el pan más crujiente del día. Todo bañado por la más suave mayonesa que jamás ha existido, y confeccionado paso a paso con todo el cariño que un madridista de los de apoyar siempre, y mira que hay pocos, era capaz de reunir cada vez que le pedíamos aquella joya de los almuerzos murcianos. 

Estos días en los que Raúl anuncia su retirada aquí estoy, escribiéndole un artículo, alabando al final su entrega y ejemplo de capacidad aprendida, también en fútbol. Su atrevimiento para jugar en un equipo alemán con la única exigencia de la incondicionalidad de sus gentes y porque todo ese empeño hizo que el gran Ángel, con el don del acierto le diera el nombre del siete blanco al mejor bocadillo que he probado jamás. Gracias Raúl. Vale.

02/11/2015 11:13 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

#VamosPablo

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Vivimos pendientes de cosas tan absurdas que pueden pasar varios días sin que nos percatemos de qué cosas son las que realmente nos deberían preocupar. Las que todos los días deberíamos hacer como si fueran el último día. Estás pendiente de un e mail, repasando unos datos necesarios para completar tu trabajo, se te pasa el tiempo para cumplir con alguna de las cosas que tenías que hacer, un coche aparca delante de ti, recibes la llamada que no es, no te sale nada de las tres o cuatro cosas que tienes que resolver para cumplir con lo que te has propuesto y no sale nada, o todo sale al revés, y te enfadas, y pierdes el tiempo, y seguramente haces que otros a tu alrededor compartan ese absurdo estrés. A veces, es inevitable y esto, también es vivir, pero entonces, en alguno de esos momentos que te dejan todas las semanas paras y miras a lo lejos sin mirar a ningún sitio, y te encuentras. No suele ocurrir porque tú quieras, lo jodido de esta vida es que ocurre porque pasa algo que te hace recapacitar y recordar cuales son las prioridades, a pesar de que las tengas delante todos los días.

Pablo lucha por recuperar su vida en una cama de la UCI. Su familia aprieta los dientes y los puños sin poder preguntarse por qué, y sin que merezca demasiado la pena hacer otra cosa que confiar en su lucha. Salir en bici, un instante mal escrito por el destino, y todo cambia. Todo se resquebraja y queda la verdad cruda de lo volátiles que somos. Y el ejemplo de Pablo es uno entre miles. Entre millones. Luchas por recuperar una vida, una vida, que seguro, ya no será la misma. Una vida, que espera y que puede ser mejor siempre. Un chaval de siete años reía en su cama, con su pijama de hospital, agarrado a una máquina con un suero de color tibio susto y rabia, mientras Golosino hacía de las suyas en una representación de Pupaclown para otros veinte niños que han hecho una parada en su corto camino, junto a sus familias y los que les cuidan y curan. Al mirarle sólo puedes ver a los tuyos y retener un balón de aire comprimido que sube por el esófago y se guarda ahí, donde luego sale convertido en fuerzas para saber qué es lo que hay que hacer en esta vida.

Ocurre siempre porque hay señales en todas partes, para quien quiera verlas. Señales que, menos mal, nos hacen parar en esa vorágine monótona para entender que lo único que importa es ser feliz y hacer que lo sean los demás. Lo he escrito muchas veces, y es que lo sabemos, pero no lo decimos lo suficiente, ni lo hacemos las veces que deberíamos. Este domingo toca dar las gracias y apretar mucho los dientes y los puños para que Pablo se recupere, y con él, tantos y tantos que estos días están luchando de verdad por seguir viviendo una vida repleta de felicidad, en cualquiera de sus destinos. Porque, como sea, siempre hay una oportunidad para disfrutar y ser feliz. Vale.

#VamosPablo

02/11/2015 11:12 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Cosicas de otoño

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Alguien que lee un libro en un café, el sonido del viento en el hueco de la ventana, pelar un higo de una sola vez, celebrar un gol saltando, dejar pasar en en la incorporación a una avenida, deshacerse del hilo en la solapa de un amigo, ceder el ticket de la ORA a alguien que acaba de llegar, no tirar nunca aquellas zapatillas en el cambio de armarios, ni aquella camiseta, hablar de Roma, #JusticiaTalidomida, el olor a limón en el mercado, pedir ‘lo de siempre’, repasar las fotos del verano en la parada del tranvía, la parte de atrás de una libreta, abrir una invitación de boda, los garabatos mientras hablas por teléfono, alguien que sale de la lista de espera para un trasplante, los cuentos de la luna, la primera noche tapado en semanas, el beso de despedida de todos los días, el sprint para llegar a la acera cuando ya se ha puesto rojo.

Cenar pizza casera, los jínjoles, mover los pies debajo de las sábanas, un plan en Madrid, que tus hijos se escondan cuando llegas a casa, un globo que se escapa, una marinera que no se rompe, un abrazo en la barra de un bar, comprar Cinemanía, poner la radio en el coche y no saber si suena una emisora o tu cedé, ir a por churros de sorpresa un domingo, el primer jersey para salir andar, pasar horas leyendo artículos antiguos que habías olvidado, alejarse de la escalera y mirar la pared con los ojos casi cerrados, para ver cómo ha quedado el cuadro, 174 mensajes por leer en el grupo Pamplona 1997, palmeras en los márgenes de una carretera nueva, el armario recién ordenado.

 Un vaso de agua grande de un trago, los senderos pequeños subiendo al monte, un capítulo de los Simpsons que no has visto, empezar una nueva serie, saludar a un conocido desde la otra acera, encestar con el papel desde tu silla, mirar las fachadas de los edificios y descubrir balcones nuevos, un pionono, un niño que merienda una mona con chocolate, una rayuela pintada en el suelo, las hojas secas, un taxista con buena conversación, una bandeja de pastelicos de carne un miércoles por la noche, un amigo que vuelve de muy lejos… el otoño, los deberes, los días largos… y un arroz de verduras. Cosicas. Vale.

Foto: Jínjoles

02/11/2015 11:10 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

El Valle Perdido

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Creo que nunca he ido a El Valle por el mismo camino. Supongo que por eso se llama El Valle Perdido, otro de los mejores namings que tenemos en la ciudad. Si lo de Quitapesares lo visiono con letras a lo Hollywood sobre la ladera de la Fuensanta, lo de El Valle Perdido me suena a icono con letras a lo Indiana Jones o Jurassic Park, así amarillas con powerline rojo y en un crescendo lateral muy de película. Quién no ha jugado partidos imposibles en aquel campo gigante. Alguna de las excursiones del cole, allí se ha batido el record del mundo de partidos distintos en un mismo campo sin que nadie tuviera problema alguno. Qué capacidad teníamos para saber quién era de tu equipo.

El pulmón de Murcia está en plena forma. Está limpio y coqueto. Hay vida, mucha gente que pasa las tardes pedaleando por cuestas de piedras, correteando y paseando, buscando nuevos puntos de vista. Allí todo el mundo saluda, aunque el esfuerzo sea titánico. Un fotógrafo con su perro, un señor con bidones de agua que sube a ritmo, un par de amigos que abren nuevas rutas con sus bicicletas y una familia que aprovecha la tarde del viernes para esperar ése momento mágico desde lo más alto, cuando el sol cubre toda la ciudad menos Monteagudo y la luna aparece sobre nosotros. 

Subiendo a La Balsa empiezan varios caminos que llegan a las colinas más altas. Son las que se ven a la izquierda de la Arrixaca cuando afrontas el Puerto de la Cadena, en ése lugar exacto en el que ningún móvil ha conseguido cobertura jamás. En uno de esos caminos, en la antepenúltima curva, hay una valla de madera que protege uno de los valles perdidos más bonitos de Murcia. Justo desde ahí se puede ver toda la ciudad, desde más allá de Monteagudo. Un inmenso valle de verdes y casas chapoteadas en mil kilómetros cuadrados que forman la Gran Murcia. 

Hay una roca lisa justo frente a la valla, dónde uno puede sentarse y escuchar el ajetreo de la ciudad al caer la tarde, minúsculo. Sólo haciendo el gesto de mirar hacia las copas de los árboles hace que el viento engulla el jaleo de coches y voces perdidas. La inmensidad de un mar de crestas verdosas que bailotean sin criterio alguno triunfa sobre todo lo demás. Desde allí ves un valle repleto de casas y autopistas, donde brillan los espejos de las Atalayas y puntos de luz se mueven de un lado a otro como hormigas a las que acabas de soplar, y entonces entiendes que aquel es el verdadero valle perdido, porque en la quietud de la inmensidad y el silencio que brota de las copas de los árboles es dónde uno se encuentra a sí mismo. Después vuelves, por un nuevo camino, claro, y con la serenidad de haber relativizado todo lo que era necesario relativizar. ¿Vas al Valle Perdido? Vale.

Foto: Google Images & El Valle

02/11/2015 11:07 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

AVE y soterramiento

Te afeitas a las cinco de la mañana y te pones el traje. Coges tus bártulos y rezas para que te toque un vagón con enchufe. La noche es intensa y antes de amanecer ya tienes una especie de jet lag murciano que te aturde para dos días. Un par de cabezadas y pérdida de la noción del tiempo, del día, del mes… y después del cacharreo, con la seguridad de que te hayan salido unas cuantas canas, llegas a Madrid con la sensación de venir desde 1971. El día ya galopa hacia el mediodía. La gente está almorzando, cuando tú sientes que acabas de empezar pero los tiempos no cuadran. Llegas al sitio tarde y mal, y vas al aseo a ver qué pinta tienes. Traje arrugado, ojeras y ya te ha salido esa barba incipiente. Ya se ha decidido todo, tragas, resoplas y a por otras cuatro horas de agujero en el tiempo para volver...

Esto, amigos, es el tren que no podemos seguir teniendo ni un día más en Murcia, medio millón de habitantes en área metropolitana, séptimo municipio más poblado de España, huerta de Europa y hogar de miles de mentes privilegiadas para los negocios, hoy y desde tiempos inmemoriales, frenada por un tren que parte todos los días desde hace cuatro décadas y no termina de llegar a ninguna parte. Un tren que no termina de sacarte de una Murcia desconectada, antigua, obsoleta. Un tren que es un ancla para toda la Región.

El AVE no es antónimo del soterramiento. Murcia no puede estar partida por una vía, y por eso ya tenemos (tardísimo, pero lo tenemos) una firma del Ministerio para hacer el primer soterramiento integral de la llegada de la Alta Velocidad a Murcia. Sí, en cuatro fases y aún tendremos que esperar cuatro años. O cinco. Pero sólo dos Romerías para no pararnos en el paso a nivel de Santiago El Mayor. Pero lo más importante, sólo unos meses para ir a Madrid y competir con cualquiera en la reunión, en igualdad de condiciones, sin barba de cinco horas. Y aquí podrán venir miles a congresos, a encuentros, a pasar el día, a comerse unas marineras. Desayunar en Sol, comer en Las Flores y cenar en Huertas.

El AVE es el AVE y el soterramiento, el soterramiento. No podemos obcecarnos por culpa del poco caso que nos han hecho, ni ser más soterramentistas que el propio soterramiento. Si un tipo viaja a Madrid tres veces al mes se pasa ahora mismo un día, 24 horas, metido en el tren de la bruja, cada mes. Doce días al año. Échale ñoras. Claro que nos vamos a Albacete, nos ha jodido. 

El año que viene, con el AVE aquí en la ruta provisional, mientras empiezan con los túneles, el tipo ahorraría una semana de tiempo, que se dice pronto. Una semana para irse a Cabo Cope a descansar y disfrutar del pulpico seco, por ejemplo. Y con enchufe, sin traqueteo, sin parones en los que ver a tortugas adelantar al trenecico, sin averías, y sin ese olor a rancio setentero que nos engulle y nos deja en Madrid en la hora en la que ya se ha decidido todo, con el jet lag del Talgo cosido a nuestra alma.

No hemos ganado la batalla del tren. Entiendo que no nos creamos que hay una forma de empezar a enmendar un error histórico, doloroso y con el que hemos penado años larguísimos. El AVE ahora, dos mil puestos de trabajo, en dos horas y el tiempo de sacar las maletas, y en Madrid relucientes, y ahorramos una semana por año, amigos, eso es más de un mes de tiempo gratis. Tiempo que estaríamos en el tren metidos, si no llega ya el AVE… hasta que Murcia sea la primera ciudad con la llegada del AVE soterrado. #AVEMurciaYA y #SoterramientoYA son reivindicaciones complementarias, las dos necesarias, imprescindibles, y que no compartan instante es algo que no descompensa, en absoluto. Vale.

02/11/2015 11:05 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Días de toros

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Hay personas que uno se va encontrando por la vida que te marcan para siempre. Hablo de maestros, personas de las que has aprendido cosas que vas descubriendo sólo con el paso del tiempo. Las hay que incluso te diste cuenta, en aquellos momentos, de que estabas ante una persona especial. No son muchas. Se cuentan con los dedos de una mano, y no es necesario que sea alguien con quien has pasado demasiado tiempo.

Lo últimos años antes de la crisis escribía de todo un poco en El Faro de Murcia, pero sobre todo de fiestas y tradiciones. Aquellos buenos años me tocó cubrir la Feria de septiembre, y me pasaba una semana viviendo siete días de toros de principio a fin y escribiéndolo en caliente, cerrando el periódico. Me atreví con descaro a escribir crónicas de toros de seis páginas, y lo disfruté como ninguna otra sección. Pero más que las crónicas, el ambiente y empezar a aprender alguna cosica de toros, guardo el recuerdo de quienes fueron mi compañía en muchas de aquellas tardes. 

Ocupaba el último lugar de los reservados para prensa, junto al burladero del Club Taurino de Murcia. Allí, una extraña y muy entrañable pareja, fue mi compañía muchas de aquellas tardes. Un señor mayor, elegante y serio, parco en palabras, pero al que todo el callejón saludaba con gesto regio usando la palabra Maestro con devoción, y su acompañante, otro señor, no tan mayor, con su bastón, gafas, puro y gesto de bondad infinita, y discreto. Muy discreto. Ya estaban allí cuando llegaba. Dispuestos a disfrutar su día de toros como, creía en aquel momento y después he corroborado, muy pocos en toda La Condomina podían imaginar, siquiera. 

El reporterico principiante en aquel mundo enorme había caído allí, junto a una misteriosa pareja a la que todo el mundo respetaba. Intenté siempre no incomodar, quizás por eso nunca me presenté. Poco a poco, aquel hombre con cara de buena persona, empezó a comentarme las faenas. Sutilmente, me daba pautas certeras sobre el toro, el torero, algún movimiento… que yo apuntaba y guardaba para mis crónicas, que nunca supe si leía. Si en alguna tuve algún mínimo acierto, fue sin duda por aquellas palabras. Sólo con un gesto después de cada faena sabía si había habido algo que rascar, y no crean que había mucho. La exigencia se palpaba, pero también una nobleza única, como quien está más que avalado para exigir.

Mi bisoñez hizo que jamás preguntara nombre, aunque nos terminamos saludando a diario con devoción, creo que mutua. Vergüenza quizás, por ser el único del callejón que no sabía quienes eran aquel Maestro valenciano y su educado acompañante. Pero para eso está otro Maestro, Alberto Castillo, quien, más de diez años después de aquellos días, me cuenta que Jaime Marco, El Choni, que en paz descanse, matador de toros, murciano y valenciano, como ustedes quieran, a quien dio la alternativa nada menos que Manolete, era el señor mayor, parco en palabras, que gesticulaba tras cada afirmación de su acompañante. Ni más ni menos que el doctor Andrés Salas, socio de muy pocas cifras del Club Taurino de Murcia, y según Castillo, el mejor aficionado que jamás tendrá La Condomina, abonado de la Maestranza y amigo de toreros de todas las épocas, pero sobre todo de Jaime Marco, durante toda una vida. 

 Personas que por cómo te tratan, aunque seas un mindundi plumilla recién llegado, te dan las buenas tardes y comentan contigo de tú a tú. Mayores de los que aprender en cada gesto, en cada palabra. Personas que no se olvidan. Personas a las que siempre estar agradecido. Vale.

Foto: El Choni y Andrés Salas

02/11/2015 11:04 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

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