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Siete arroces (murcianos)

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Soy incondicional del arroz de Cati Cano. Esencialmente porque lleva el secreto de todo arroz de la tierra bien fundamentado, ese cariño casero que se hereda de madres, abuelas y bisabuelas para hacer arroz los domingos. El de Cati es mezcla de Alguazas con las tierras del norte alicantino, aderezado con la gracia huertana más pura, y un cariño por la cocina tradicional que se rompe en un sabor inigualable. Bueno, como ése arroz en el que todos estáis pensando, ése que no tiene rival, el de casica.

 

Pero en la contra de hoy vamos a hacernos un siete arrocicos, por si acaso hay alguien que se quiera dejar llevar, y de paso, abrimos una pequeña guía de propuestas, que arroces debe haber más de mil en Murcia y el reto de probarlos todos, al menos los que recomienden, es buena cosa.

 

El Venezuela (Lopagán). Huele a caldero, como si no hubieran parado de cocinar caldero un solo minuto en siglos, y el caldero huele a mar menor. De los olores a alma murciana más intensos que se pueden encontrar, y el colorcico del sabor entre los granos de arroz es único allí, donde, aunque sólo sea para hacerse un selfie con el retrato de Woody Allen, hay que peregrinar al menos una vez al año para echarse un caldero auténtico de allí, mismo, que el caldero del Venezuela es denominación de origen. Dicen que está fuerte… como debe estar.

 

Pepe El Torrao (Murcia). En el centro de Murcia no crea nadie que puede encontrar un arroz de esos para destacar en cualquier aperitivo que salga el tema, en cualquier esquina. Los de Pepe El Torrao en San Juan tienen duende murciano. Será la emoción contenida en el corazón del Martes Santo, o la buena mano tradicional de su cocina, pero con cualquier arroz en la alineación El Torrao no pierde nunca.

 

Salzillo (Murcia). Aquí la estrella indiscutible es el clásico de Murcia. El que debería ocupar un lugar en todos los corazones murcianos junto a pastelico de carne, marineras y zarangollo… El arroz de verduras, y pongo el de en negrita, pijo, claro que sí. Porque en el Salzillo esto se eleva a la onomatopeya. Nada tiene que ver un arroz con, que un arroz de, y el Rey capitalino de las verduras es el del Salzillo.

 

Los Limoneros (Archena). Arrocico suelto, de los que sale sólo. Jamás olvidaré un día que fuimos los amigotes, y disfrutamos tanto, tanto, tanto comiéndonos el arroz, que el jefe de la casa nos invitó. Ahí me ficharon para toda la vida, y no puedo dejar nunca de hablar de Los Limoneros cuando hablo de arroces. Si hay un sitio de ambiente arrocero, está en Archena, y es Los Limoneros.

 

Venta Magdalena (Autovía Noroeste / Mula). Con conejo y sin prisa. Sobrecoge el sabor a leña y sierra, de un arroz suelto y bien durico, asombrosamente sabroso, servido con quintos de Estrella líquida por debajo de la congelación en un entorno de bar de toda la vida. Especial para olvidarse el reloj en el coche. Caracoles para darle el toque preciso, y sin tantas especias ni florituras por las que otros cobran el arroz como si fuera oro en grano.

 

Miramar (Cabo de Palos). Desde que probé el Perlines del Miramar lo tengo claro en Cabo de Palos, y mira que es difícil, que con arroces allí puedes jugártela sin miedo, que sales con tres puntos vayas donde vayas. Pero el Perlines es mi debilidad. Arrocico limpio con ese toque suave del pescadico, y esas vistas especiales. Siempre hay que raspar la paella.

 

Hermanos Belando (El Algayat - La Romana - Algueña). Para terminar, nos salimos del límite provincial una miaja, pero no de la Murcia etérea para irnos a la carretra entre La Algueña y La Romana (Alicante). Bareto de carretera con un arroz campero digno del viajecico. El mapa del buen arroz murciano se mezcla con el alicantino de interior, por no hablar de gachas migas, que sería otro Achopijo. Regado con lágrima de la tierra. Ya me dirán…

 

Me perdonen los cientos que están por probar, y otros que seguro se quedan en el tintero. No duden en aconsejar ahí abajo, ya saben, que pueden encontrar Achopijo en Internet, y participar. ¿Cuáles son tus arroces preferidos? Vale.

 

Foto: Arrocico en la Venta la Magdalena (Foto Peter)

15/09/2014 08:47 achopijo #. sin tema Hay 2 comentarios.

Las maletas

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El revisor me preguntó con reparo, casi susurrándome, si aquel maletón gigante era el mío. Debió suponerlo al vernos con dos niños correteando por encima en los asientos, las bolsas, los pañales, el bebé llorando y la silleta bajo nuestros pies. Me levanté sorprendido y le acompañé al vagón de al lado. Al entrar al tren, media hora antes de su salida, como buen agonías de los viajes, fui el primero en dejar el equipaje bien pertrechado en los maleteros metálicos al principio del coche. Los encajé como si fueran tres piezas largas del tetris, dejando espacio para todos los demás. Contento de haber regresado a España, donde la gente te deja pasar primero al ascensor si vas con niños y un bebé, además de bultos varios y sudores perennes. Nos sentamos sin temor, con ganas incluso de jugarnos unos veoveo y unas adivinanzas en las últimas horas en el  trayecto de vuelta a casa.

Cuando llegué con el revisor al vagón de al lado allí estaba mi maletón, en medio del pasillo, moviéndose de lado a lado. A diez metros del lugar en el que lo encajé al entrar. Tu maleta, tu vida entera allí dentro, en un lugar remoto al que suponías. Miré a la gente preguntando qué había pasado allí, y todo el vagón se hizo el sueco… El revisor, una de esas buenas personas que debería tener un cargo en vez de estar solucionando esos problemas en el vagón de un tren, me pidió que lo dejara, que colocara el maletón en otro vagón, y lo dejara estar. Pero un argentino se levantó y señaló a una mujer de unos 65 años como culpable del desaguisado. Además, dijo que las otras maletas con lazo rojo (todas las mías) también las había sacado del maletero y colocado en las repisas para meter las dos suyas. Todos lo comprobamos. Así era. Me quedé perplejo, y todo el vagón miró a la mujer, que se levantó y dijo: - A mi me lo hacen siempre, así que yo sólo he hecho lo que me hacen a mi.

Hubo asombro general. Mi hijo Guille, de 6 años, me agarró del pantalón y me pidió en voz baja que nos lleváramos las maletas a nuestro sitio, que nos las iban a robar. El revisor volvió a recordarme que no merecía la pena, que colocara la maleta en otro vagón. – No debe usted hacerle a nadie lo que no quiera que le hagan, señora. Se lo dije sólo con la mirada, por respeto al revisor. Cogí mi maletón y lo coloqué en otro vagón. - ¿Por qué han cambiado de sitio nuestras maletas, Papá? – A veces hay que dar dos pasos hacia atrás para que nadie siga en la dirección equivocada. Quiero pensar que aquella mujer no volverá a cambiar las maletas de nadie nunca más. Vale.

15/09/2014 08:42 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

El Murcia es eterno

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El Real Murcia no sólo es un sentimiento. Es un sentimiento que comparten miles de personas, de muchas formas, pero todas con algo muy importante en común, nada menos que una misma alma. Cuando marcamos un gol, estemos donde estemos, nos abrazamos. Da igual si no nos conocemos, si no nos hemos visto nunca, si creemos en Dios o no, si somos de un lado o del otro, si somos del barrio, o de otra ciudad o de otro país. Da igual cual es tu vida fuera de aquel momento, porque el que está a tu lado, es como tú en el murcianismo, es un compañero, un hermano, es alguien que forma parte de lo que tú formas parte, por un sentimiento. En esos abrazos de júbilo caben todos los que compartimos alma.

Esto es un tesoro inmaterial de un valor incalculable, y es eterno. No puede morir, de la misma forma que no se puede parar el paso del tiempo. Sobre todo, esos abrazos son el Real Murcia. Esos abrazos no se pueden comprar, ni vender. No se pueden descender, y nadie es dueño de ellos, sólo el murcianismo que todos compartimos, el que nos hace ilusionarnos todos los años, estemos donde estemos. El mismo que hoy va a salir a la calle a alzar la voz contra un fútbol injusto.

 Quien piense que el Real Murcia es sólo una empresa tiene todo el derecho a pensarlo, pero obvia el patrimonio intangible que ofrece el sentimiento que comparten, y han compartido, cientos de miles de personas, en este caso en Murcia. Sí, el mismo sentimiento por el que se ha prostituido el mundo del fútbol, hasta convertirse en un negocio sin sentido de la lealtad al propio sentimiento del que se alimenta. Es utópico pensar que podría haber un fútbol sin negocio… pero no lo es tanto pensar que se pueda organizar de una forma lógica y más justa para todos los que forman parte de él.

Lo que no puede ser es que los gigantes campen a sus anchas sobre un mar de miles de millones de euros, y quienes tenemos que luchar contra ellos estemos condenados a hundirnos en el fango de ese gran mar, creado para ellos. Por muy mal que hagan las cosas quienes dirijan los clubes, y sean cuales sean sus intereses. Hoy el fútbol en España es injusto, y esto no es algo que diga sólo el murcianismo. El fútbol debe estar organizado, y debe ofrecer todas las garantías para que los clubes puedan cumplir en igualdad de condiciones. Todos deben sentirse parte de la liga que les une, donde compiten, donde llevan los sentimientos de millones de personas. No se puede utilizar esa ilusión en beneficio de los grandes. Si quieren ganar, que lo hagan con el orgullo de hacerlo en igualdad de condiciones, no aprovechándose de la ilusión de quienes mantienen vivo un sentimiento por sus equipos de siempre.

Hoy no es el último día. No tengo la sensación de tristeza por estar en las últimas, ni por un posible descenso (como si fuera la primera vez), ni por nada que pueda pasar. Ni porque se vaya Samper, ni porque se vaya un jugador, o dos, o quince. Hoy sólo es un día más en el que vamos a defender al Real Murcia. Lo que algunos no saben es que da igual que el Real Murcia baje a Segunda B. Da igual que baje a Tercera, o a Regional. Da igual que esté Samper, que vengan jeques, o que sean empresarios murcianos. Sólo importan ellos, los jugadores que llevarán la grana este año, el equipo, y digo este año como todos los años, importa el Murcia de cada temporada, su camiseta, su pantaloneta blanca, el escudo sobre el pecho, y su gente apoyando. Importan los lunes comentando el partido, las cábalas en el calendario, los viajes, los recuerdos, la identidad inalterable de quienes comparten un sentimiento por el Real Murcia. Importan los abrazos. Y eso, aunque seamos 11 peñistas los que saltemos al campo de tierra en el último peldaño del fútbol regional, es ilusión. Y esa ilusión, está ahí, aunque nos la hayan capuzado en este esperpento nacional que es la Liga. Como en aquel autobús de vuelta de Gerona, la ilusión renace sola cuando el sentimiento es el murcianismo de siempre. Para siempre.

Da igual que se aprovechen de este sentimiento, porque permanecerá, pase lo que pase. Los que lo hacen son los que descienden, los que desaparecen son ellos. Quienes no han entendido qué es el murcianismo, a pesar de estar aquí más de una década compartiéndolo, sin querer ver más allá de sus narices, o negocios. Quienes tratan de aprovecharse sin entender qué es esto, al final, pierden. Pero siempre hay una oportunidad. Siempre. Porque lo que queda es el murcianismo, y estoy seguro de que con murcianismo, todos podemos aprovecharnos, hacer las cosas bien, y que Murcia y el Real Murcia salgan fortalecidos. Hay un camino en el que todos cabemos, y está marcado a fuego en la historia. Es tan sencillo como ser del Murcia, y querer lo mejor para el murcianismo. Sólo hay que escuchar y construir juntos. En esos abrazos de gol cabe la alegría de todo el mundo.

Los que hoy vamos a manifestarnos defendiendo lo que es justo para el Real Murcia estaremos detrás del equipo juegue donde juegue, porque ganar o perder no ha sido nunca lo que ha hecho al murcianismo eterno. Lo que hace al murcianismo indestructible es que está dentro de miles de corazones, ahora y desde hace un siglo. Y no hay  por qué hacerlo entender a nadie que no quiera. En esta ciudad el Real Murcia nunca ha existido para muchos, así que pueden hablar de lo que quieran, que hagan el juego a quienes buscan aprovecharse, incluso sin darse cuenta de ello. Lo que es un sentimiento no se puede comprar ni vender, no se puede matar, ni se puede usar. Está ahí, guste o no guste. Y como está, y estará siempre, quienes lo llevamos dentro de nuestro corazón, lo vamos a defender, una vez más. Juntos. Y no podrán ignorarnos, porque los murcianistas creemos en un Real Murcia campeón. Vale.

Foto: #SOSRealMurcia #RealMurciaen2A

06/08/2014 09:06 achopijo #. sin tema Hay 3 comentarios.

El recorte de Di Stéfano

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Cuando llegaba al cole solía quedarse en la valla exterior, unos minutos, viéndome jugar al fútbol. Yo le veía enseguida, y entonces me ponía a jugar con todo el ingenio que podía en aquellos partidos de patio de colegio con balones descosidos y marcadores imposibles. Me gustaba imaginar que él no sabía que yo sabía que estaba allí, y que aquellos minutos creía observarme sin que yo lo supiera, pero él lo sabía perfectamente. Sólo le saludaba cuando ya estaba esperándome detrás de la portería, justo antes de despedirme y marcharme con él a casa. Entonces me acariciaba la cabeza y sonreía sin decir nada. Siempre esperaba a que yo le comentara algo sobre el taconazo o el regate que había hecho para que él me viera. Se lo contaba sin exagerar, porque sabía que me había visto, y él se reía y volvía a acariciarme la cabeza.

- ¿Tú sabes quién era la Saeta Rubia? Me preguntaba siempre… y yo sonreía, y entonces me contaba alguna jugada suya plagada de regates, engaños y goles míticos, con todos los detalles, sobreactuando, y mis ojos brillaban. – Pues tu regate ha sido digno de Di Stéfano… Me iba a casa con la sensación de ser el Rey del mundo. Daba igual las veces que se repitiera aquella conversación.

Un día, al llegar a casa, abrió el armarito de la tele y cogió una de las muchísimas cintas de VHS que tenía bien ordenadas, y me la enseñó. En la pegatina blanca del canto de la cinta, escrito a bolígrafo, con caligrafía perfecta, con letra de abuelo, algo temblorosa, pero absolutamente fantástica, se podía leer ’La Saeta Rubia’. Me puso aquella cinta, una tarde de lluvia, al volver del cole.

En blanco y negro, decenas de goles de todas clases, y jugadas de aquel tipo encorvado, con el 9 a la espalda, que volvían a sacar el asombro de mi abuelo. Recortes hacia atrás, pisadas de balón en direcciones extrañas, que terminaban en disparos a gol que entraban en las porterías mucho antes de que los porteros pudieran hacer nada. Aquel tipo se movía en las viejas imágenes en blanco y negro como saltándose fotogramas ante los demás, y celebraba los goles con los dos brazos, pegando saltos de alegría. - Di Stéfano hacía siempre algo que nadie esperaba que hiciera, por eso era el mejor.

Mi abuelo era del Betis, y del Real Madrid. Me contó muchas veces cómo sufría con su Betis, y cómo tenía que ser del Real Madrid sólo por aquel jugador especial, la Saeta rubia, que hacía cosas inverosímiles en los campos de fútbol. Era un maestro contando historias. Hacía pausas larguísimas, y disfrutaba como nadie de mis caras de entusiasmo. Cuando decía aquello de la Saeta Rubia, lo adornaba con un misterio por encima de cualquier fantasía. - Abuelo, cuéntame una jugada de la Saeta Rubia... Era casi una oración. Pasé muchos años defendiendo en el recreo que Di Stéfano, la Saeta Rubia, había sido el mejor jugador de la historia, repitiendo las formas de mi abuelo en corrillos y partidos de patio.

Hace unos años, en un Real Madrid – Real Murcia en Primera División (2008), que perdimos 1-0, gol de Sneijder en el único disparo a puerta del equipo blanco, tuve la oportunidad de saludar a Don Alfredo. Acabó el partido, y salíamos del palco, donde nos habían invitado. En un momento le tuve a unos metros. Estaba parado, solo, esperando a alguien. Vi la oportunidad como el que decide hacer un caño rápido para sortear a un rival, y no me lo pensé dos veces.

Me acerqué con la mano estirada y mi bufanda grana al cuello… - Mi abuelo decía que usted es el mejor de la historia… Con un acto reflejo tendió su mano, me miró rápido, hizo un levísimo gesto de agradecimiento, y sin soltarme, mirándome a los ojos, me dijo: - Ustedes jugaron mejor… pero no ganaron porque ustedes no son el Real Madrid… Asentí con admiración, desubicado ante aquella disección del partido. Y me alejé pensando que la Saeta rubia acababa de hacerme un recorte para la historia. El leve acento argentino, el deje clásico, la mirada, el comentario puro de un hombre de fútbol… Fue directo al grano, y realizó la mejor crónica de aquel partido de todas las que leí al día siguiente. Mi cintura de comentarios futbolísticos aún está por aquel antepalco buscando cómo devolvérsela a Don Alfredo. Siempre hacía algo que nadie esperaba, por eso era el mejor…

Don Alfredo defendió a su equipo, a su manera, y a la vez, alabó a su pequeño rival. En una sola jugada. En una sola frase. Un recuerdo que unido al que siempre guardaré de mi abuelo, queda como parte de un futbolista que hacía siempre algo que no esperabas, incluso en el antepalco del Bernabéu, ante un zagalón con una bufanda del Real Murcia anudada al cuello. Descanse en paz, la Saeta rubia. Vale.

Foto: Di Stéfano en La Condomina (Foto vía Juanchi López)

08/07/2014 13:28 achopijo #. sin tema Hay 1 comentario.

Marmenormente

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Un calderico colgando entre tres cañas en la arena de la playa, a medio día, echando unos trocicos de hueva debajo las sombrillas de palmero. El rondo de abuelos sabios con camisas de manga corta con agujericos, bien abiertas, sombrero de paja y pantalonetas con el agua a las rodillas arreglando el mundo reflejados en el mar de cristal, y esos reflejos que obligan a cerrar los ojos y oler la sal fuerte a naranja. Los mújoles revoloteando en las nubes de arena negra que remueven el fondo en cada paso, el zagalico con la camiseta remangá sobre su cintura, con gorra de publicidad viejuna y crema solar en los mofletes, aparcado en medio del mar con su caña de bambú pescando a boya con masilla de azafrán. El bebé que cierra los ojos y chapotea en la orilla ajeno al milagro de su felicidad absoluta, una chica que hace el muerto durante minutos que parecen horas, mientras el sol broncea su medio cuerpo y masajea sus párpados.

 

Los melocotones salados sobre el agua antes del almuerzo a media mañana, y la pareja de guiris que se frotan con lodo brillante y milagroso las espaldas. Las cañas resuenan en el paseo junto al parque de las salinas, chocando unas con otras cuando a mediodía el viento del norte deja paso al lebeche. Dos señoras con grandes pamelas y coloretes brillantes charlotean agachadas cogiendo berberechos que guardan en una bolsa del supermercado, y picotean alguno de vez en cuando, un banco de óptimist nada a los lejos, más allá del cabo, con las velas hinchadas de empopada, y los colores vivos de los casquitos surcan estelas soleadas, rojas, verdes, azules y amarillas. El María Dolores cruza el corazón del mar majestuoso, como toda la vida, y se abren a su paso las islas del Barón y La Perdiguera, y hay un niño sentado en el embarcadero de madera suave, con los pies colgando, haciendo visera para mirar hacia la otra orilla. Un senderista alcanza la cumbre de El Carmolí, suspira y bebe agua oteando el horizonte y alcanza a ver el Mediterráneo, más allá de la Encañizada, huele a mújol al horno, con piñones y tomates, y patatas, y dos quintos helados de Estrella de Levante.

 

Un tobogán en el patín hace las delicias de dos hermanos rubicos, y en el chiringuito, con los pies llenos de arena gruesa y marrón oscura, alguien habla de las medusas del huevo frito y hacen chistes sobre venderlas a los japoneses. Bajo las cañas chopitos y sardinas recién hechas a la brasa, un tinto de verano y un beso en la hamaca bajo la sombrilla de paja, mientras llegan andando por el mar, con cartera, móvil, gorra y gafas de sol en las manos, a descansar el mediodía tras una pequeña travesía. Un partido de fútbol en el mar, niños que sacan zorros de los ladrillos que aún quedan por la orilla, y esa ristra de pequeños barquitos amarrados bailando al son de levante y lebeche. Suena Rincón Exquisito en los cascos del que corre por el paseo, a poco de caer el sol sobre la Isla del Barón, en el atardecer del fin del mundo, y las crestillas brillan con los últimos rayos del sol, antes de que todo quede en calma y por primera vez en muchas horas, sentado bajo las estrellas, se escuche la marea sencilla de la tranquilidad absoluta del alma. Marmenormente. Vale.

 

Foto: Marmenormente

08/07/2014 09:21 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Un buen Mundial

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España ha hecho un buen Mundial en Brasil. Bastante bueno, si tenemos en cuenta las circunstancias, empezando por las lesiones. Nos ha faltado el que, con toda la lógica del mundo, en la que Del Bosque es maestro de maestros, hubiera sido el portero titular, Víctor Valdés. También hemos tenido la baja de Thiago, que ya estaba más que listo para coger el relevo de Xavi, y también hemos apechugado sin velociraptores, sin puñales con gol, como Jesé, acuérdense de su proyección hace unos pocos meses, y sin Navas, ojo, que su lesión es la que lo dejó fuera… Podemos unir a esto el bajo estado de forma de Costa, tras lesión, y no voy a mentar cansancio y pamplinas de estas, porque ya veían ustedes como corrían Robben y Van Persie, y sus temporadas son iguales, o más largas.

 

Pero esto no es todo, porque a pesar de las ausencias, hemos hecho un Mundial mucho mejor de lo que hemos interpretado, exclusivamente por el resultadismo, esa corriente dominante sólo amenazada por los cagones defensivistas. Si Silva marca el 2-0 en su buen intento de cuchara, la cosa hubiera podido cambiar, y ojo, que no lo aseguro, pero ahí teníamos otro partido por delante. Un fallo defensivo, otro del portero que no había fallado nunca, y lo que vimos todos: (fui el primero en rajar, el resultadismo engatusa...) Holanda con alas. Pero sigamos. Hablemos de Chile también. Y de refilón del sorteo de grupos, que esa ha sido otra, y dentro del sorteo, el calendario. A los chilenos, en un campo con 45.000 tíos reivindicando lo de La Roja (a ver si damos carpetazo a eso), les tiramos más a puerta que en 2010, cuando Villa marcó desde su casa y encarriló un choque que estaba en el alambre. Tiramos más y por momentos, con la rabia de ir detrás, jugamos nuestro fútbol sin Xavi, ni Thiago en el campo, con la losa de los cinco de Holanda y perdiendo en Maracaná de Santiago de Chile. La de Busquets fue una evidencia de lo que es el fútbol. De cien metes noventa y cinco, pero hay cinco que no metes. Y no la metimos.

 

Hemos perdido dos partidos. Dos partidos, oiga. No soy profesional, pero he jugado mucho, y he vivido pachangas en el campo que vas perdiendo y no hay forma de remontar. En fútbol hay un componente de azar que es absolutamente incontrolable, y no culpo a la suerte, porque a nivel profesional hay que tratar de gestionar los detalles… Pero en un país donde vemos tanto, tanto, tantísimo fútbol, o de eso nos las damos, deberíamos respetar más la esencia de este deporte, en el que puedes perder, incluso siendo el mejor. Esa suerte no va sola nunca, porque su mejor aliada es la confianza. Si vas perdiendo confianza a chorros, pasa que Holanda te gana los dos primeros partidos, incluso siendo Chile el rival en el segundo.

 

Por eso, a esta generación hay que darle las gracias, no sólo por los títulos. Por haber hecho un buen Mundial, por haberse ganado el derecho a perder, haber perdido, y haber dejado así la posibilidad de una renovación intacta. Y sí... Podemos aderezar todo con un poco de falta de ambición, pero natural. Una falta de ambición que no tienen los que no llevan una Estrella en su pecho o llevan soñando con Iniesta cuatro años todas las noches, como Holanda, o Chile… una falta de motivación que también debemos asumir quienes seguimos a la Selección. Y que no nos pase como bien describió el genio @betandtuit: “no olvidemos que ya éramos prepotentes cuando no ganábamos una mierda…” y es que hubo quien habló hasta de ridículo... Qué pensarán en Suecia... Perdimos bien, y ya. Lo que toca ahora es darnos cuenta de la auténtica barbaridad que hemos conseguido con las dos Eurocopas y el Mundial. Gracias Selección, gracias fútbol. Vale.

 

Foto: Thiago, uno de los ausentes...

24/06/2014 09:20 achopijo #. sin tema Hay 2 comentarios.

Marca Murcia

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Cada vez que salimos en un estudio a la cola de, tengo la misma sensación. Ya lo sé, mi espíritu crítico con Murcia está culturalmente prostituido, pero esto tiene una doble vuelta, porque hace nacer un espíritu crítico a la contra, que hace frente a la crítica por la crítica. La sensación que tengo es que hay una facilidad enorme para situar a Murcia a la cola de todo, especialmente aquí mismo, en Murcia, y en eso, además, somos autocomplacientes. Si nos dicen que estamos a la cola, es como si ya lo supiéramos. Así que cada vez que me dicen que salimos a la cola en una encuesta es como si reforzaran mi teoría del mundo contra Murcia. Como si alguien manejando los hilos dijera, pon a los murcianos los últimos y nos dejamos de rollos, total, lo tienen asumido…

Llegamos un poco más tarde que los demás. Crecimos muy rápido, y nuestro proceso de enriquecimiento, basado en la agricultura, se aleja de lo convencional. Los aparatos de medición siguen anclados en corrientes sociales de mitad del siglo pasado, cuando iban a las escuelas los mandamases y otros ya habían dado el paso. Hace años que salimos del cascarón, sin embargo, la imagen que llega muchas veces es el eco de aquella Murcia, y no de la de hoy. Ya lo sé, tampoco podemos cegarnos, que dirá la legión del ejército del espíritu crítico, y es que nos falta un mundo, y hay mucho por hacer en marca Murcia, profesional, social y en muchos campos… Pero vamos a poner las cosas en su sitio, que remar con el peso del complejo tampoco nos conviene. Seamos críticos con los críticos. Aunque sea por hacer algo diferente, que igual ahí hay una clave por la que nos ningunean en tantos otros temas, cargados de razón.

Un murciano desarrolla en exclusiva aplicaciones para las Google glass. Otros murcianos acaban de llenar una sala de conciertos en Londres, donde hace unos años ganaron un premio europeo de música pop. La primera radio generalista que emite exclusivamente on line nació en Murcia. Somos la cuna del coche eléctrico, por no hablar de tecnología agroalimentaria o en regadíos, tenemos servicios médicos que publican en revistas de investigación mundiales por encima de la media europea, una murciana representó a España en Eurovisión cantando en inglés. Un murciano dirige la revista Esquire, la mujer del año de 2013 trabaja como investigadora en la NASA en Alemania, otra compite a nivel internacional en grandes premios de motociclismo, tenemos deportistas de élite en casi todos los grandes deportes, un cocinero con Estrella Michelín, una empresa de helados instalada en todo el mundo, escritores y escritoras que llevan en la lista de los más leídos muchos años, Murcia es cuna mundial de expertos en hackeo en Internet, un compositor en Hollywood, un bailarín en la Ópera de París… Que si, que muchas encuestas, pero podemos hacer demagogia a la inversa, y podemos no creérnoslas, para, por una vez, creer más en nosotros mismos.

Sueño con que un día rompamos esa ola de autocomplacencia, y no. No quiere decir que demos por bueno todo aquello que hay que mejorar. Ya hemos hecho bastante autocrítica, y nos hemos flagelado creyéndonos la Murcia que nos llega desde fuera. Igual es hora de contarles a los de fuera, también, cuál es esa Murcia que están obviando (me consta que hay quien lo hace con ahinco), y a lo mejor empezamos a desbloquear un ninguneo que ya lleva mucho tiempo oliendo a chamusquina, del que no podemos ser cómplices... Feliz día de la Región de Murcia. #yocreoenMurcia. Vale.

Foto: Murcia - Costa Cálida

24/06/2014 09:16 achopijo #. sin tema Hay 1 comentario.

Una historia griega

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Andábamos por Mykonos de buena mañana, sin haber dormido demasiado, apurando las últimas horas del viaje de fin de carrera. La temporada acababa de empezar, y en la isla la actividad estaba sólo al 50 por ciento. Aquella madrugada nos bañamos en el Egeo, en el mismo Puerto de Mykonos, en una imagen que bien podría haber sido el Mediterráneamente de este año, cantando ‘Mi guitarra’ de los Auténticos Decadentes, brindando por la felicidad bajo las estrellas, con la piel de gallina por la emoción, y el frío, supongo. Perdimos el último autobús a Anno Mera, el lugar donde nos hospedábamos, en el corazón de la isla. Así que vimos amanecer sobre la cal de las casitas cúbicas, junto a los gatos y los pelícanos, con el picorcillo de la sal bajo las ropas húmedas. Paseábamos sin rumbo, callejeando, esperando que abriera el primer bar turístico en el que tomarnos un café largo y echarnos algo al buche, y de repente dimos con una pequeña y coqueta plaza interior en la que un tipo abría la persiana de un establecimiento.

No era un bar. Era una especie de cuartito con expositores repletos de dulces y tartas típicas, y un frigorífico con bebidas. Nos valía perfectamente. El sol ya picaba, incluso en el interior de las callejuelas encaladas, donde el blanco refracta como si todo el pueblito estuviera lleno de espejos. Los gatos yacían sobre las esquinas en sombra. Nos acercamos al mostrador, buscando qué pedir, y entonces lo vimos. Majestuoso.

Recién horneado, alejado del resto de dulces extraños con pinta de saber a anís y canela. Parecía salido de un sueño de alguno de los dos murcianicos que allí compartíamos días inolvidables, un pastelico de carne familiar, de esos tamaño pizza, con el hojaldre quemadico, del que salía un humillo que podíamos ver, como en los dibujos animados, sobre el que casi se podía volar, cerrando los ojos. Convencimos a todos. Nada de probaturas, aquello era un pastel de carne murciano sí o sí. Íbamos a hacer patria chica en Mykonos, nos ha jodido, que ya nos enteraríamos después de comérnoslo cómo había llegado allí aquel ejemplar, si el pastelero tenía ascendencia murciana, si tenía un primo en Alcantarilla, si el payo había buscado recetas extravagantes, o si resultaba que el pastel de carne murciano venía de Mykonos y estábamos descubriendo el mundo, que el Mediterráneo une muchas cosas... La emoción nos embargó, y nubló nuestra mente.

Compramos unas Amstel de medio litro frescas, y nos sentamos en la plaza rodeando aquella maravilla. Su presencia nos hizo oler a choricico, sesos, carne de ternera y huevo duro, casi olíamos a las flores de San Pedro, y las Amstel cambiaron el rojo por el verde Estrella. Los asturianos, vascos, navarros, baleares, aragoneses que nos acompañaban confiaron milagrosamente en nuestra locura, y nos tocó el honor de trinchar aquel pastel de carne murciano de Mykonos. Fue darle el primer corte, y explotó el sueño en mil pedazos. Aparecieron bailarines de Sirtaki, los vecinos salieron asomándose a las ventanas rompiendo platos, las Amstel se convirtieron en Metaxa y del pastel de carne brotó cabello de ángel, canela y un fortísimo olor a anís que nos despertó de un oasis murciano en Mykonos, aquel inolvidable mes de marzo de 1999. Vale.

Foto: Mykonos

24/06/2014 09:09 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

'1988'

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Abran Youtube y escriban Never gonna give you up, Rick Astley. Pulsen play, y empiecen a leer escuchando el tema que era número uno de las listas de ventas aquel mes de mayo de hace 26 años. A mitad de semana, en un patio amplio del Barrio de la Fama de Murcia, treinta niños de diez y once años jugaban el PSV – Benfica, la final de la Copa de Europa, que iba a disputarse en pocas horas en Stuttgart. Aquel año el Real Madrid también había eliminado al Bayern, pero no pudo con el PSV de Hiddink, que acabó ganando la orejuda. En España el Madrid ya era campeón de liga, por tercera vez consecutiva, con Hugo Sánchez de pichichi. El Real Murcia había caído a la promoción, el año después de su mejor temporada. El Rayo iba a ser su rival el domingo en La Condomina. Mientras, el Cartagena había descendido a Segunda B como farolillo rojo de Segunda y el Lorca Deportiva salvó la categoría in extremis, en el grupo IV de Segunda B, en el que descendió a Tercera el Cieza.

Felipe González había anunciado que iba a participar en la campaña electoral catalana, y Ronald Reagan luchaba contra el déficit comercial vetando una Ley del Congreso. Aquel 1988 fue la visita de la Reina de Inglaterra a España. En Murcia, Collado cumplía cuatro años como presidente, recientemente reelegido. En aquel Gobierno Esteban Egea era consejero de Educación y Cultura, Pérez Espejo había sido nombrado hacía sólo un par de meses consejero de Sanidad y Fuentes Zorita de Obras Públicas. Vuelvan a youtube, y maravíllense con el tupé de Ricky, con aquellas gafas de sol que están hoy otra vez de moda. Mecano hacía historia en Francia con Mujer contra mujer y los Pet shop boys, triunfadores del SOS de este año, andaban acercándose al verano con el temazo It´s a sin.

Sandwiches de Nocilla, gusanitos naranjas, fanta de limón, y al patio a jugar al pañuelo, al churro, a la una la mula, al hong kong fui, al elástico, a las peonzas, a las canicas o a las chapas, según cómo hubiera tocado la época ese curso… a pocos días de recibir las notas con aquellos alegrones en forma de P. A. y positivos, y ningún N.M. que podían significar, con suerte, una moneda grande de 500 pesetas que nos daba para pasar el verano tranquilamente. Ya era época de flashes Chupol.

 Muy cerca de aquí, en Almería, Sean Connery y Harrison Ford rodaban Indiana Jones y la última cruzada. Sabrina era la chica el momento, seguía en la cresta de la ola tras su actuación la nochevieja anterior en la mítica ‘Boys’, y en la tele triunfaban las aventuras de un perro azul llamado Foofur, Cajón Desastre, Juan Tamariz con Magia Potagia, Los mundos de Yupi y las entrevistas de Terenci Moix. Rick nos dice una vez más que nunca nos dejará, que no nos mentirá, que nunca dirá adiós. Aquel 25 de mayo de 1988 salió a la calle el primero número de La Opinión, el mismo día que cumplí 11 años, en ése patio donde soñábamos con marcar goles en las finales. Never gonna let you down… Fundido a negro. Vale.

Foto: Yupi era una copia de Espinete con algo de Alf...

28/05/2014 19:53 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Clisarse

Dice la leyenda, que en lo más profundo de la huerta de Murcia y del campo de Cartagena, allí donde aún comienzan los días antes de que cante el gallo, bajo enormes moreras, higueras y naranjos, hay algunos caballeros de la sacra orden del saber vivir, y algunas damas de la sabiduría huertana ancestral, que son capaces de dominar a su antojo la mayor técnica de relajación y descanso del alma que existe en el mundo entero, la acción humana que más acerca a los hombres a la divinidad, el mayor hito de la calma interior, más allá que cualquier ejercicio oriental de concentración. Muchos han saboreado sus mieles, cuando la gracia del destino les toca por un instante con esa suerte celestial, muchos ni han podido comprender qué les ha pasado, pero sólo unos pocos elegidos son capaces de hacerlo cuando quieren, como quieren, y casi, donde quieren. Sólo unos pocos elegidos son maestros en el antiquísimo y murcianísimo arte de clisarse.

Echar un clis, clisarse, clisear, clí, clix, quedarse clisao… No hace falta ser un estudioso de la etimología para buscar de dónde proviene el palabro, igual uno de los vocablos más murcianos que existen, por todo, por esa ‘ese’ que sí decimos en poquísimas palabras, y suena casi a silbido cuando va entre vocales. El juego que dan la ‘e’ y la ‘a’, junticas, y el abanico de posibilidades para elegir, con la variante clásica terminada en nuestra ‘ese’ muda. Pues sí, del griego Ekleipsis, que quiere decir desaparición. Abandono. No me digan ustedes que no es sabio el panocho, porque echar un clis es justo eso, irse. Abandonar lo terrenal y flotar unos instantes en un mar interior sin tiempo, ni espacio, ni velocidad... Por su puesto, sin problemas. Sin conciencia. Salir de uno mismo. Desaparecer. Hay cliseos hasta peligrosos, que alguno, dice la misma leyenda, se clisó y cuando volvió ya no era la misma persona.

 A media mañana, a ser posible con esa película finica de sol sobre la piel, cuando aún no pica demasiado el primaverano, bajo una higuera, una morera, un naranjo… un botijo cerca, la humedad de alguna pared blanquecina y un sombrerico de paja, en un banco de piedra, o en el suelo mismo, entornando los ojicos y cogiendo aire, tienes buenas condiciones para echar un clis puro, sencillo, sin alardes. Aunque el original, el que sólo está al alcance de los maestros, es el clis presiesta, hasta en la mesa, antes del postre, incluso en medio de alguna discusión o momento tenso, cuando parece imposible desaparecer, ellos, esos maestros únicos, lo hacen, y parece que les pasa, no que lo hagan adrede, en el clímax de la técnica. Se piran. Se clisean con desvergüenza, y cuando vuelven, todo es mejor. Ni yoga, ni Tai Chi, ni Reiki… reivindiquemos el clis como patrimonio, que dirían los Fenómenos. ¿Te has echado un clis alguna vez? Vale.

 

28/05/2014 19:47 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

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