Monteagudo

20100209121734-montegudo.jpg

Acho, ahora nos sale una enwayomización murcianizada aquí, en nuestras carnes, y algunos tipos con ganas de que les saquen el flequillo en los telediarios y programuzas de tres al cuarto se ponen a currar para echar abajo el Cristo de Monteagudo. No es broma. Claro que sí, ya que este mes no ha habido decapitado, ni teenager de turno que asesine familiares, nos sale un sarpullido nuevo, que todo sea dicho, nos dará un aire noticioso diferente, esto es, sin sangre de por medio, pero se convertirá en lo que los flequilleros de turno quieren, que se lo han guisado con tacto. Con la Iglesia hemos topado. Menuda declaración de intenciones para pinchar mollica y no soltarla, compadre. Estrasburgo, opresión franquista, memoria histórica, símbolo religioso, catolicismo radical… dos minutos de meneo y sirva en frío, que en cuanto la copa esté lista ya habrá doscientos buitrazos picoteando, y otros miles atrapados en la trampa, con pancartas debajo del Cristo, y mostrando su indignación ante las cámaras, y ese será su triunfo. Si estamos a tiempo, hay que pararlo, que la máquina arranca, y ya no para.

 

La soflama nacional ya tiene un nuevo punto de apoyo, el Cristo de Monteagudo y su valor paisajístico y monumental, y el que sea bien de interés cultural, o sea un símbolo para la ciudad, sólo son argumentos de peso para ganar el partido, porque aquí no se trata de querer derribar el Cristo, que nadie dude, el gol que ya han marcado es hacer tortilla y salir en los papeles. Y digo nacional, porque no creo que en la Región se despierte ahora el sentimiento antimonteagudil por doquier, y nadie se lo arrime como causa de liberación laica, que tendría eso gracia, y lo digo entredientes, que alguno ya verá en el flequillo al nuevo Che Guevara. Si no están preparando el logo con el Cristo dentro de una señal de prohibido que se me caiga un brazo. Es que no me sorprendería, acho, que ya estamos curados de espanto. Que se atrevan con el Pan de Azúcar, y repartan octavillas por las favelas, a ver si les dura el flequillico.

 

Ya que se ponen que quiten las siete coronas de la bandera, y los castillos, y si acaso que tiren la estatua del Cardenal Belluga, y renombremos la plaza con el nombre del salvador del laicismo en Murcia, y hasta podemos poner un busto suyo, con todo su flequillo, justo después de la demolición de la Catedral, y que el catolicismo radical no salte, y menos la ciudadanía, que nadie tiene por qué soportar la opresión de tales manifestaciones opresivas religiosas. Ay, España de las envidias, Murcia de los complejos y sociedad de la televisión, y que esto valga para que alguno haya pensado que le será beneficioso, y lo peor, que lo termine siendo... o lo que será peor aún, que algunos otros avispados transeúntes de la misma acera miren para otro lado haciendo longuis, y no hagan Murcia por una puta vez en su vida, de manera firme y contundente. Si acaso que los flequilleros manden una copia de su brillante salto a la fama al mismísimo Abenladén, que ahí igual encuentran un apoyo, y pueden engancharse a la liberación de Al Andalus, y empezar por Monteagudo, que como símbolo, hombre, no está a la altura de las Torres Gemelas, pero tiene su cosa. Ojalá podamos quedarnos con una reacción de Murcia, y que el filo por el que han apostado estos showlawyers les salga rana, aunque ya hayan marcado el primer gol, un gol que además, como siempre, encajará Murcia.

.

Foto: El Cristo de Monteagudo, el Pan de Azúcar murciano

09/02/2010 12:17 Autor: achopijo. #. Hay 5 comentarios.

El Balón

20100207002201-balon.jpg

Jugábamos con mi balón nuevo en el patio. Un tango Adidas brillante, de color naranja, exclusivo para partidos en la nieve, cuando los campos de fútbol se pintaban de rojo. Siempre era una responsabilidad jugar con tu balón, y con ese, aún más. Ser el dueño ofrecía algunos privilegios, pero también generaba envidias. Nunca me gustó ser el dueño del balón.  Si venían mangantes al patio, en aquella época de asaltadores de partidos, el dueño del balón era el que terminaba en primera línea. Después de aquel día pasaron muchos años hasta que volví a ser el dueño de un balón. El patio estaba repleto. Jugábamos un partido de los grandes, en la parte de atrás. Al poco, un disparo lejano superó la valla de cipreses y salió a la calle. Pasaba a menudo. Era de los momentos complicados para el dueño, porque si no estaba claro quién había sido, tocaba salir a la calle sin permiso de casa. Aquel día Carlos tenía claro que iría él. De los mayores, técnico, gracioso y chulico cuando había que serlo, pero cumplidor. Enseguida se dirigió a la puerta, y yo respiré.

Nos agolpamos en la verja, para ver si antes de que saliera Carlos alguien nos devolvía la pelota, con el clásico: - Señor, por favor, ¿me tira el balón? Pero no había mucha gente. Domingo por la tarde, el Murcia jugaba fuera, y Rector Loustau estaba vacío. El balón llegó al otro lado, a la carretera, junto al bordillo. Cuando Carlos asomó por la esquina la gente volvió al campo, a esperar el balón, que siempre se recibía con un aplauso de tranquilidad. Yo me quedé allí, agazapado, esperando acurrucado en un hueco entre los cipreses, sin quitarle ojo al balón. De repente, un coche se acercó. El semáforo estaba lejos, pero el vehículo, un Renault 11 gris con el alerón negro, que no olvidaré jamás, se paró junto a mi pelota. Miré a Carlos, que hacía gestos con la mano. Se detuvo, se abrió una puerta, y asomó medio cuerpo de un hombre, que cogió el balón. Carlos le pedía que le pasara, y yo, empecé a gritar angustiado: - ¡¡Aquiiiii!! ¡¡Aquiii!!

En un segundo aquel tipo había cerrado la puerta llevándose el balón. Levanté la cabeza para ver el color de semáforo. Verde. Cuando arrancó el coche Carlos ya estaba corriendo a dos metros del alerón negro, pero el Renault 11 no se detuvo. Siguió hacia la Avenida de la Fama, girando a la izquierda. Carlos pasó como una exhalación por delante de la valla, persiguiendo el coche. Yo gritaba, y los demás venían corriendo a la valla a ver qué estaba pasando. No quería llorar, pero fue imposible. Con 10 años ver cómo te roban un balón nuevo de aquella manera no era fácilmente digerible. Otros mayores salieron, pero no pudieron hacer nada. Al cabo de unos minutos volvió Carlos: - Le he perdido en el colegio. Estoy seguro de que me ha visto. Subí a casa y me tiré contra mi cama. Juré que nunca más iba a llevar yo el balón.

La otra tarde, por Santa María de Gracia, un balón Nike amarillo salió de un jardín unos metros delante de mí. A apenas dos pasos de una señora que portaba un carrito del mercado. Creí que enseguida vendría algún chaval, pero no fue así, y cuál fue mi sorpresa cuando la señora se agacha junto al coche donde estaba la pelota, la coge, mira para todos lados sin percatarse de mi presencia, lo mete en su carrito y sigue su marcha. A los pocos segundos un chaval sale por la esquina, buscando. Corrí hasta ella. La paré. Le dije que aquel chico buscaba el balón que ella había guardado en su carrito. Sorprendida y enfadada, devolvió el balón. El chico, chándal del Barça, zapatillas de futbito, cara sucia, dijo gracias cabizbajo, cogió carrerilla y chutó por encima de los coches. Cuando el balón cayó al patio, escuché un aplauso. Sonreí. Veinte años después, terminé de cerrar una herida. Vale.

Foto: Tango Adidas para nieve

07/02/2010 00:22 Autor: achopijo. #. Hay 7 comentarios.

Pueblos

20100205104033-14522785.jpg

Pues no he viajado yo en coche en plan de pueblos, acho, y de camping, cuando nos poníamos de rodillas así mirando por el cristal de atrás, y veíamos la torre de la iglesia que se quedaba a lo lejos, y al volvernos, ya se veía la torre de la iglesia del siguiente pueblo. Carreteras nacionales, acho, eso sí que eran viajes, con El Gitano Sandro en las maxicassettes allí con sus venas en su nuevo single: Amor prohibido, y el Boom 3 y eso, en las gasolineras, y los coches aquellos que iban atornillados en cajas de plástico duro que estaban más guapas que todas las cosas. A mi me molaba, además de hacer clasificaciones de matrículas por provincias, que me pasaba el año estudiando anotaciones hasta que salía el anuario El País para comprobar si me acercaba a la realidad, estudiar los trayectos en el mapa y jugar con Au a ver quién acertaba el nombre del pueblo que tocaba. Todos eran nombres bonitos, sobre todo los compuestos, y discutíamos sobre si los que jugaran a los pueblos en Murcia pensarían lo mismo de Puente Tocinos, Javalí, Caravaca, Alcantarilla, Los Infiernos… Al final, decidíamos que sí, que al menos les parecerían curiosos.

 

Acho, en aquellos años mi memoria era pura, era un puto John Nash de la memoria en cuanto a nombres de pueblos, que además, como los anuarios viajaban conmigo, los clasificaba por población, y durante un tiempo supe con una exactitud cuasiperfecta la población y la progresión de aumento o descenso de cientos de pueblos que pasábamos en nuestras rutas. En aquello del aumento poblacional quedé impactado con Fuenlabrada, un pueblito que en los ochenta apenas pasaba de los 10.000 habitantes y de un año para otro pegó un sprint que se colocó en los 115.000, par de huevos, que si seguía con esa progresión antes de las olimpiadas de Barcelona cogía a Murcia, y sus 303.000, que nos colocaban como ciudad capital de provincia a la que no superaba en población ninguna ciudad que no fuera capital, y eso era importante del copín. Pero hablamos de pueblos, y de sus nombres. Con lo del cementerio nuclear y los pueblicos que han saltado a la fama, he recordado, y gracias al enorme Javi Ruiz (cómo echo de menos su vocecica enlegañado en mi camica), aquel mundo de viajes y pueblos, nombres y habitantes. Acho, cómo he olvidado nombres, aunque aún, a veces, cuando vuelve el nombre de algún pueblo, brota un número a su lado.

 

Llivia, el pueblo rodeado por Francia, apenas mil habitantes, y unas truchas de rechupete, aunque las mejores las hacían en Roncesvalles, menudas truchas a la Navarra que me cuajaba con  mi metro veinte, son dos pueblos que recuerdo con especial cariño. De los cientos por recuerdos únicos, nunca olvidaré Aledo, y mi primer campamento, Alaior, el Rohirrin menorquín, o Cariñena, y las comidas de carretera, como las cenas de madrugada, en Daroca, enamorado, o aquel Roda de Ter, y el verdor de agua dulce. También Olula del Río, mármol familiar, y el sol de Almería, esos pueblos grandes que se mantienen con sus varios miles de habitantes. También Rodalquilar, abandonado y precioso, junto al playazo, recuerdos cercanos. Meres, una maravilla oculta en el corazón de Asturias, y por la amistad, como el Campo de Borja, o el pequeño Els Falcons, ahora La Romaneta, de donde soy hijo adoptivo. Imposible no citar Cañada de la Leña, limbo murcianístico, donde tengo guardado un trocito de corazón en forma de gachamiga, y otros tantos, como Medellín, Artá, Cesantes (sin haber ido), Benimantell, en Aitana, Urrez en Burgos, Astigarraga y la sidraría, y sobre todo, Unciti, con el baile en el frontón, en una de las mejores noches de mi vida. Fuera, Stockport, Malvern Wells, o Carmel, donde se puede pasear entre playas gigantes y olas de verde océano… ¿Qué pueblos son parte de tu vida? Vale.

.

Foto: Unciti (Navarra)

05/02/2010 10:40 Autor: achopijo. #. Hay 11 comentarios.

Sea Murcianista

20100204131056-dp.jpg

Libérese, hincha, futbolero. No sufra más inconscientemente y sienta el sabor de la realidad en su alma, en su corazón, en su vida. Aprenda a ver el fútbol en su interior, antes de juzgar con premisas equívocas, alejadas de sus sentimientos. Dé un paso hacia usted mismo, renazca, y atrévase a formar parte de algo eterno, intangible, real. En todos estos años… ¿se ha preguntado alguna vez por qué es usted del Real Madrid o Barça? Bueno, son recuerdos, con camisetas, álbumes de cromos, autógrafos, finales, partidos, jugadores… Sí, es verdad, hay una tradición, no se puede ocultar, pero realmente… ¿por qué? No hay respuesta objetiva que pueda llenarle el corazón, porque simplemente busca una respuesta. El hincha nace hincha, no se hace, como se hizo usted. Por eso puede buscar mil respuestas que fortalezcan su débil forofismo. La fuerza está en lo innato de un sentimiento. Un hincha no asume un por qué. No hay causa y efecto, sólo hay ser. Atrévase. Vaya al cuarto de baño, póngase delante de un espejo y mírese a los ojos hasta que se vea a sí mismo por dentro. Espere unos segundos. Cuando se descubra esa pequeña sonrisa, diga en voz alta: - Yo antes era del Madrid o Barça… pero ahora sólo soy de mi equipo. Ahora sólo soy del Murcia.

 

No se ría más, ni esconda el rubor. Ahí está su corazón. No es vergüenza, es la verdad, que fluye cuando uno se encuentra a sí mismo. Su pasión innata, escondida y prostituida por una imposición cultural, que usted, sólo usted, puede vencer. Descubra un nuevo mundo de ilusiones. No volverá a sufrir con las victorias del Barcelona o Madrid, ni con las derrotas inesperadas, ni tendrá que soportar absurdos comentarios globales, generalizados, comunes, simples. Sólo disfrutará del fútbol de esos dos grandes equipos, podrá dejarse llevar, y descubrir el talento de unos y otros de una forma absolutamente libre. Sus alegrías se multiplicarán por millones cuando lleguen las victorias, y descubrirá la verdadera fidelidad, cuando con las derrotas, crezca su confianza, aumente su amor, multiplique sus fuerzas, y sienta el mayor orgullo que es capaz de sentir un hincha por su equipo. Una nueva dimensión del fútbol está ahí, agarrotada bajo confusas ideas mezcladas por el bifutbolismo cegador. Suéltela. Déjela libre y mirará el fútbol con los ojos de la verdad, y sentirá todo tan vivo que ir al fútbol se convertirá en una experiencia sensorial que jamás imaginó.

 

Pasará a formar parte de un todo único y exclusivo, y podrá ver la ceguera de quienes no se han atrevido a mirarse al espejo y a liberar su auténtica pasión. Será parte de una grandísima y eterna alma única, que acudirá siempre en su auxilio, y por la que dará todo desde una grada, en una conversación, en la barra de un bar, entre amigos, y lo hará en honor al fútbol. Podrá decir que su equipo es el Murcia y sólo el Murcia, sin rubor, con orgullo y pasión, y le mirarán con incredulidad, desde una envidia inconsciente que reforzará su renacimiento como hincha, como futbolero. Libérese. Guarde sus recuerdos, no los defenestre jamás, manténgalos ahí, como el poso del inicio del fútbol en su alma de verdadero hincha y aprovéchelo. No hay que renegar, ni caer en radicalismos. Sólo hay que despertar. Sólo hay que ser. Sea usted mismo. Deje que su murcianismo crezca y se abra paso, crecerá el fútbol, y usted como hincha. Sea murcianista. Sea el Real Murcia. Vale.

.

Foto: Una sola alma

04/02/2010 13:10 Autor: achopijo. #. Hay 8 comentarios.

Audrey

20100202190457-popartface.jpg

El regusto de la canción del verano, mezclado con una pizca de alerón de Opel Kadett maqueado con muchos euros, unas pequeñas dosis de plató de televisión, aderezado todo con el resabor del sueño americano, con ese toque kitsch de la lata de sopas Campbell´s, amortiguado por una sobreexposición antinatural del símbolo, con una pérdida supina del verdadero origen de admiración, además de una pequeña sensación de impotencia al estar frente al Sí, pero No, más No de la historia viva de los Sis, pero Noes. Eso es lo que veo cuando, casi a diario, me encuentro una imagen de Audrey Hepburn apopizada, ya sea con estilo, o vulgarmente, colgada en una pared. Da igual cual sea de las cuatro o cinco que pululan cual hastalavictoriasiempre sobre marcos, lienzos, pósters, bolsos y hasta camisetas. Cigarrito, gafotas, mirada felina, My Fair Lady, o Breakfast at Tiffany´s, ahí está el icono Audrey, martilleando sobre su propia identidad, en bares, restaurantes, pubs de medio pelo, paredes de intentonas modernens, tiendas de regalos… y no parece perder vigencia.

Aún quedan valientes, no se sabe si románticos fans de Audrey, verdaderos creyentes de su religión, pensadores de su imagen, enamorados de la sencillez elegante en blanco y negro, o ratoncicos atrapados en la corriente iconoclasta inconsciente que ha minado la mirada de la chica perfecta. A veces, cuando cruzas tu mirada con Audrey de repente en un bar, o entre la gente, al fondo de un escaparate, aún creo en ella. De repente todo cuadra, y no entiendes cómo es posible que no todas las mujeres del mundo quieran ser ella. Otras veces se cuela en tu campo de visión, y la ves atrapada en una mirada eterna, aplastada por colores fuertes, fumando de su larga pipica, y parece que se te atraganta. Hoy no es mi día Audrey. Cada vez tengo menos días Audrey. Igual es cosa mía, como todo, que hasta con una chica como ella al final la culpa de todo la tiene uno mismo.

¿Y si pusiera en mi estudio una vieja imagen de Audrey bien guapica y repeinada, mirándome desde la pared? Así podría verla todos los días, y tratar de dilucidar qué me pasa con ella. Podría tener largas conversaciones, como las que tenía el chaval Hornby con Tony Hawk en Todo por una chica. Los días Audrey empezarían a tener un sentido diferente. Creo que me enamoraría, como un loco, con esto del treintañerismo y mi complejo de Peter Pan. Luego, vendrían coleguis a casa, entrarían al despacho, verían el póster, y acho, ¿qué pensarían? Eso mismo pensarán los valientes, cuando una mirada de Audrey se te atraganta inesperada, porque mira que el mundo tiene recovecos, que hasta esa dulce y sencilla elegancia en un gesto, puede llegar totalmente del revés. ¿Cómo son tus días Audrey? Vale.

Foto: Audrey popface!

02/02/2010 19:04 Autor: achopijo. #. Hay 6 comentarios.

Cosicas... (RE)

20100131100059-azahar.jpg

Esas pequeñas cosas que disfrutamos, muchas veces casi sin percatarnos, porque son normales, habituales… son como la pizca de azúcar de Mary Poppins, una medicina sencilla para relativizar el día a día, sobre todo cuando han pasado momentos difíciles. Escribirlas me relaja y me sitúa. Achopijo es hoy una ráfaga de aire fresco. Espero que las disfruten pensándolas tanto como lo hago yo escribiéndolas:

.

El primer beso de la mañana, una toalla caliente, ver caer una hoja seca, mirarse en el espejo y sonreír, empezar un libro, meter el brazo entre los cojines del sofá, estirar los pies hasta oírlos crujir, hacer una bomba en la piscina, que te ofrezcan un bombón, la sonrisa de un desconocido por la calle, la mirada de una chica que pasa en el autobús, la carrerica para cruzar cuando el semáforo parpadea, el sonido de las ruedas del coche por la tierra, aparcar en zona blanca, encontrar algo que no buscas, buscando algo que no encuentras, una canica en el bote de lápices, una foto antigua quemada por la luz, dejarse caer sobre la cama con los brazos abiertos, ver volar una cometa, madrugar un domingo, el olor a chocolate, hacer un mate imaginario sobre el dintel de una puerta, esconderse debajo de la cama, un guiño de ojos, encontrar una vieja libreta de notas, el mail de un amigo entra mucho spam.

.

El sonido de una gaviota en el puerto, y el chinchineo de los mástiles, el ruido del viento en el mar, la arena alisada por el invierno en la playa, el calor de una bufanda un día de frío, una carta manuscrita en el buzón, pasar la bola en padel lanzándose al suelo, un tiro fuerte al larguero, el recuerdo de aquel gol, una tele antigua, recuperar un recuerdo olvidado, terminar un libro antes de dormir, la luz al salir del cine, deshilachar una hoja de romero para oler a campo, la flor de un cactus, y el vuelo de dos tórtolas entre los pinos, el pan caliente, la horchata fría, el olor a almendra molida, y las primeras flores de azahar. Las luces de los rascacielos al atardecer, el aviso de un peatón por una puerta semi abierta, el beso de dos novios en un banco del parque, ver a los niños correr, una canción que llevabas tiempo sin escuchar, el sueño de un niño en tus brazos.

.

Un coincidencia total, ver escrito el número del año que naciste, una matrícula de Murcia lejos de tu ciudad, pasear sin rumbo por ciudades nuevas, no llevar reloj, ni móvil, ni tener cercana obligación, una pelota hecha con bolsas de plástico y fixo, abrir una lata de atún con abrelatas y chuparse el aceite de los dedos, sacarle el corazón a un tomate, cogerse las mangas de la camisa cuando te pones el jersey, el cojín de encima de la barriga en el sofá, acariciar su pelo mientras duerme, el ajete de las migas, el chocolate del sandy, la palomita dulce quemada, las veletas de los edificios, la escarcha en las hojas de morera, pisar sólo las losas blancas, el olor a guiso de ternera, el hielo del gazpacho, darle de comer a las palomas, mirar hacia arriba en las calles de toda la vida y descubrir nuevos balcones, encontrar pulseras guardadas hace años, un póster viejo, doblar un clip, los mordiscos de un cachorro, una flor entre las hojas de un libro, cerrar los ojos al sol, un viejo graffiti que resiste al tiempo, saltar una valla, chutar una piedra por el mismo carril de losas, un nuevo comentario en el blog, un domingo más, leyendo el periódico… Vale.

.

Foto: Azahar

 

31/01/2010 10:00 Autor: achopijo. #. Hay 7 comentarios.

Geles y Champuses

20100128111805-8521467061346272.jpg

Yo no uso esponja, acho, y gasto un huevo de gel y de champú. Pero que me lleno la manico así que se rebose y que haga más espuma que la vida. Los que ponemos pasta de dientes en el cepillo como en los anuncios, creo, que también nos ponemos gel y champú a espuertas. En temas de champú y gel soy bastante, bastante fiel. Moussel, H&S, Timotei (aunque hace tiempo ya) y ese que lleva melocotones que es blanco con la tapica verde, que parece que brota allí, en la bañerica. A veces, también cae un Hacendado, por eso del monopolio, que los geles blanquecinos tienen su aquel. Desde que somos dos en la misma ducha me han colado lo de los recargadores, y siempre enchuflo champú y gel desde el pilonico de frisfrus, algo que en casa no era así. Allí era directamente del bote. Menuda colección había en la bandejica. Por eso siempre, y digo bien, siempre, que me ducho en gimnasios y/o duchas de campo de fútbol me olvido del botecico, ya sea hotelero, grandón, real, ficticio o de frisfrus. Pero un índice de 99,9 por ciento, acho, muy por encima de paraguas y gafas de sol, lo que más he perdido en mi vida han sido botes de gel y champú.

 

Lo que es comprar en tienda, poco. Los geles y los champús son de esas cosas que parece que siempre va a haber. Es el trabajo silencioso de ellas, y que siga así. Cuando en la lista pone champú hasta que encuentro el pasillo en el que está he pasado por los papeles higiénicos, la comida de perros, el menaje, las lejías… acho, alguna vez lo he dado por perdido y me he hecho el sueco (¡Anda! Se me ha olvidado el champú…). Pero anda que no jode cuando estás en la duchica, le aprietas y el botecico te insulta con un: Pfffrrrrrrrrr! Y sale así una pompica. Es como dicen los champuses que te den, que no dan para más. Entonces es cuando empiezas a investigar en el resto de botes que hay allí puestecicos que parece que no sirven na más que para decorar la repisa. Vistacico, y al final coges el que más se parece al champú, sin leer nada, claro, te pones en la manico así, como siempre y cuando tocas pelo pasa eso del aceite, que uno ve las estrellas de la tiricia, porque aquello se resbala como si fuera el liquidico de los mejillones, y el pelo se queda que parece un espejo, acho, y se te pone de punta hasta el ombligo. Entonces lees: Acondicionador. Acho, el error del acondicionador de paya, otra vez.

 

Sí, tropezamos en la misma piedra una y otra vez. Pero en la ducha es que uno no puede ponerse a pensar antes de actuar, al menos yo. Así que bueno, la solución es sencilla, y el que se asuste que se compre un piano. Lo que yo hago es verter una ración triple de gel de baño en mi mano derecha y lavarme el pelo con el jabón, que el mejillonismo se termina en un periquete, y el pelo se queda como si te lo hubieran lavado mil mariposas de Disney, que yo creo que la gran mentira de la humanidad es que el gel es una cosa y el champú otra. Pero bueno… por si las moscas, yo sólo mezclo como solución de urgencia ante el error del acondicionador. Acho, y todo esto hoy, que han pillado a los champuses poniéndose el mismo precio y reduciendo el tamaño de los envases. Qué cabrones, eso es que quieren vender más acondicionador mejillonero. Menos mal que Henkel se ha chivado, y acho, si acaso, que hagan botes más grandes. Y ya que están en el candelero, acho, no vendría mal una nueva versión del mítico anuncio de Fa. Soy muy fan de Fa, pero nunca lo he usado. Por cierto, ya que estamos hablando de champús y eso, y no sé cuando volveremos a hablar, os diré que la palabra Champú está en el top tres de mis palabras preferidas. ¿Qué rollos te traes con los champuses y los geles? Vale.

.

Foto: Fa, la libertad rubia

28/01/2010 11:18 Autor: achopijo. #. Hay 12 comentarios.

Reconstrucción

A veces todo se detiene. Paras en seco, sin querer, y te acercas a la orilla de tu vida, viendo fluir todo lo demás desde una pausa obligada, casi sin prestar atención. No te das cuenta, porque nada importa más en ese momento. Nada. El aire se vuelve denso, y la chispa que mantiene calor en tu día a día se apaga. Se enciende otro tipo de luz, dentro, casi escondida. Una luz que has tenido ahí siempre, pero que apenas sabes utilizar. Tienes que buscarte, en la calma más absoluta, cuando descubres que tu vida no ha dejado inercia al frenar. Te ves atrapado, pero tan vivo, que lo primero que sientes es un dolor que te ahoga por dentro, cuando la impotencia ocupa el vacío. A la vez tienes claro por qué estás ahí. Una sensación de necesidad absoluta es la que te mantiene en pie, y sobre la que sabes que vas a reconstruirte. Ahora es cuando te das cuenta de verdad. Nunca vas a estar solo, y no vas a dejar que ellos lo estén. Es gigantesco, precioso… tanto, que puede llegar a ser lo más complicado de abarcar en la vida.

 

Aprendes. Hacía tiempo que no estabas contigo, tan cerca, y echas de menos no haberlo estado más, sobre todo para saber cómo hacerlo. Ellos te necesitan. Lo sabes, desde siempre, pero es ahora cuando tienes que estar ahí, y parece que no hayas estado nunca. Tienes que luchar contra ti, y por ellos. La impotencia puede vencerse. Otros lo han hecho. Les recuerdas, viéndoles pasar, desde tu pausa, y te dan fuerzas. El tiempo es otro, no hay horas, ni minutos, ni segundos... en la lucha contra la impotencia, que arremete, constante. Cuando vuelve, Pilar está ahí, con un abrazo que reconstruye ese recuerdo reciente, que te devuelve a la realidad. Una sonrisa de Guille ilumina el mundo, una mirada de Miguelito es lo único que importa. Están ahí, conmigo, y estoy ahí, con ellos, en un aura irrompible, a la que damos luz entre todos, ahora, que la necesitamos.

 

Miguelito no sabe qué es el mundo, y lo mira desde una cunita de metraquilato, debajo de cables de oxígeno y glucosa. Escucha la voz de su mamá, y de su papá, entre pitidos de máquinas. Cuando tose o se fatiga parece hacerlo asumiéndolo como algo inherente a la vida que acaba de descubrir. Para él no ha habido pausa. Cuando el dedo de su mami le acaricia la mejilla, se acurruca, y se duerme, y cuando se acerca a su pecho, se relaja, seguro, confiado. El doctor dice que van a ser días largos, y que Miguelito está ganando, poco a poco, pasito a paso. Se recuperará. Cuando pase, con el tiempo, entenderá muchas cosas. Cada camino es único, y me acuerdo de Riham. La última vez que estuve en un box de neonatología fue con aquella bebé que me tocó el corazón. Pienso en otros, en sus pausas, en cómo se afronta la impotencia a diario. Miguelito tiene mucha suerte, y nosotros, también. Si flaqueas, te sientes mal enseguida. Te quema tu propia fuerza, esa luz que tenemos ahí, que se enciende cuando parece que no puedes hacer nada. Así estoy, sin estar, pero estando. También aquí, en mis letras diarias, que ayudan a la reconstrucción. Vale.

26/01/2010 11:24 Autor: achopijo. #. Hay 28 comentarios.

La Vergüenza de Murcia

20100124131632-perro-limpia-caca.jpg

No avanzamos. Incluso vamos para atrás, acho. Y lo peor es que no parece que haya soluciones a corto plazo. La gentuza que delinque esparciendo mierda de perro por la vía pública, ya sea en medio de la acera o en un parterre, sigue ganando la batalla a la Ley en la pedanía murciana de El Puntal. Impunemente. Dejas el coche en la ORA, parpadeas, y te han clavado 40 ciruelos así, que el otro día en el tiempo de ir al máquino ya tenía a un orero allí revoloteando por mi coche. Pero varios criminales sacan a sus perros por la puerta de mi edificio tres veces al día, 21 veces a la semana, 84 al mes, que hagan sus pises y sus cacazas, y se piran tan campantes, como si tal cosa. Es la mayor vergüenza que, hoy por hoy, siento por mi especie, y en especial, por mi barrio. Que también he visto a dueños de perros con sus bolsitas recoger educadamente. Pero acho, en El Puntal se han hecho fuertes. Las nuevas calles de los pintores parecen un lienzo bombardeado por todo tipo de cacucias de perro, en diferentes estados de descomposición, del marrón blanquecino asqueroso, al negro putrefacto, en bordillos, esquinas, en medio de la acera, en el portal mismo, en los parterres de piedrecicas, en los de tierra, en el parque de los niños, acho, hasta en el garaje… Sí, acho, sí, hasta en el garaje. ¿Dónde se ha visto eso?

Es una imagen lamentable, pero todos los esfuerzos han sido en balde. Estoy meditando convertirme en Clint Eastwood en Gran Torino, pillarme un fusil y colocarme en mi ventana a esperar a los criminales y recibirles a perdigonazos. Desistí solicitar educadamente que recogieran cuando uno de ellos, por cierto, legendario futbolista del Real Murcia, del que no diré su nombre por las alegrías que nos dio con sus muchos goles, me mandó allí donde se manda a los necios al requerirle que recogiera la caquita de su perrazo. – Nadie las recoge, no las voy a recoger sho… dijo. Par de huevos. Están por encima de todas las leyes. Nos han sometido. Es una sinrazón absoluta, porque en muchos casos, son los propios vecinos los que sacan a sus perros a los parterres de piedrecitas blancas que hay delante del edificio, sí, de su casa, donde traerán invitados y familiares, a que sus perros dejen allí los regalos al sol, que por la noche hasta sale el húmico aromático de los pastelillos. Cualquiera baja con los niños a juguetear. Sólo hay mierdas de perro en el suelo. No exagero, y si no se lo creen, vayan a verlo, en plan safari. Traigan guantes, una mascarilla y descubran este eslabón perdido de la educación cívica, en pleno siglo XXI, en Murcia.

Los que dejan a sus perros cagar en medio del portal, en plena acera, están ya tan convencidos, que yo creo que han perdido la razón. Pero es que hay otros muchos que al ver eso, claro, concluyen que dejar que su perro cague en los parterres de piedras blancas de los árboles es cívico. Como si el no hacerlo en plena acera ya eximiera de cualquier culpa. Ese es todo el civismo que puede contemplarse.  Lo que pasa aquí es inaudito. Lo de los carteles no funciona, yo creo que lo fomenta. Ni caso. ¿Denunciar? Estamos que tenemos tiempo de ponernos a hablar con máquinas, policías, rellenar formularios… ¿tanto cuesta que la gente tenga el mínimo de educación? El mínimo, pijo, ¿la única solución es que un policía pierda su tiempo multando a tontos? La caquica no muerde, ni mancha, ni quema, es sólo cogerla con una bolsa, y tirarla a la basura. No valdrá de nada, porque no creo que ni uno lea el periódico, pero en el achopijo protesta de hoy quiero decirles a todos los que no recogen las mierdas de su perros que  son la mayor vergüenza de esta ciudad, y a la Policía, recauden con el tema, cámarica de video, y multas al canto. Que se dejen la ORA y se pongan a multar guarros mierdaperristas, que, sólo con mi calle, se paga el tranvía. Vale.

Foto: ¿Tan difícil es recoger las caquicas?

24/01/2010 13:16 Autor: achopijo. #. Hay 9 comentarios.

Chaqueticas

20100122124209-guardiola11209.jpg

Lo que no sé es cómo he pasado tantos años de inviernos murcianicos sin la chaquetica esta que ahora está, acho, que es de esas cosas que uno agradece se pongan de moda, porque además del pego, acho, sirve. Aún más para un ansiosudador como el que les escribe. Hace ya meses largos, y siguen aquí. Tanto que ayer mismo me pillé dos chaquetillas de punto en el Corting en un dos por uno de esos de rebajas, que eso ha sido todo en estas rebajas crisísticas, y ahí voy, con ellas más lombriz que cualquier otra cosa, sin sudores braceros, ni coloretes de Heidi, y además, me cabe el abrigo como si fuera un guante de franela, no como con los jerseisacos de antes, que te tomabas un golpe con el abrigo puesto y había que llamar a un soldador profesional para que te lo quitara sin problemas. Sí, sí, para los inviernos aprimaverados de nuestra Murcia del alma lo mejor del mundo es que haya llegado la modica de las chaqueticas.

 

Además, pijo, llevan dos bolsillicos así delante que no he visto cosa más útil en una prenda de vestir más elegante y funcional, que una riñonera es útil, pero mira que es fea una riñonera, empezando por el absurdo nombrecico que le pusieron al artilugio, por no llamarlo bolso, digo yo. Si guardo un respeto por los arriñonerados es por mi hermano Atrilista, pamplonica de bien, que es por eso. Acho, que en Pamplona llevan riñonera o si no los fusilan, que es el primer artículo de la Ley foral de lo viejo: - Para estar empadronado en Pamplona es esencial llevar riñonera, o chándal Adidas, o camiseta de manga larga con rayicas lilas y grises o verdes y grises, y en invierno, forro polar. Cuantas más prendas se combinen, menos impuestos se pagan. ¿Y qué llevan los pamplonas en las riñoneras? Bueno, eso es vox pópuli, pero no seré yo quien lo descubra. Lo que ellos llevan en la riño aquí se lleva en otros sitios.

 

Lo que no sé es si a Iruña ha llegado lo de las chaqueticas britimodernens… pero me da que igual allí pasó la modica hace una década, acho, que allí al que no toca en un grupo lo exilian a Zaragoza en un plis. Ya hablamos de la finura de los jerseys, y de lo bien que nos viene a los que merodeamos las tres cifras (Sr. Jena dixit), que solemos ser de termostato salvaje, así que gracias al brit pop por moverlas, y que me hayan llegado, aunque sea tarde, porque voy con mis chaqueticas bernaleras más cómodo que un San Bernardo campante por Chamonix. Lo que no hago muy bien es combinarlas con camisas… pero todo se andará, que lo que tienen las chaqueticas es que un día pareces Sean Frutos Murcia guay, y al siguiente un lord inglés que toma el té y escupe al decir las eses… Habrá que buscar la línea media, un poco a lo Guardiola, que es quien ha terminado de fijar el concepto chaquetilla, ¿no? ¿Tienes chaqueticas? Vale.

.

Foto: Guardiola, chaquetiquia...

22/01/2010 12:42 Autor: achopijo. #. Hay 8 comentarios.


Blog creado con Blogia. Derechos de autor con . Estadísticas. Suscribir RSS. Admin.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras