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Acostumbrados a la Derrota

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Noche de verano. Estrellas en el cielo, luna llena. Campo abierto andaluz. Olivos centenarios en la inmensa llanura de hierba verde. La hacienda vallada con maderos y entre flores silvestres suena el canto de grillos y chicharras. Bajo dos de los olivos descansan media docena de toros bravos, a sus anchas, impasibles al paisaje, sobre el césped, vigilantes, defendiendo siempre su terreno. Toros bravos, negro azabache, de metro setenta largo erguidos, resoplan con el gesto fiero y bravo, rudo y bello.

 

De repente algo turba la calma. Los toros se levantan y se envalentonan. Resoplan. Pisan tierra. Buscan a su derecha, a su izquierda... parecen prepararse para defender su casta y su honor. El ruido viene de la valla. Agazapados, Sergio Ramos y Fernando Torres, con el uniforme de la selección española, con los ojos fijos en las bestias, aguardan con un balón bajo el brazo. Los toros ya saben que han vuelto a las andadas... Sergio y Fernando se miran fijamente. Una... Dos... y tres! Torres golpea el balón elevado fuerte dirección a los astados y ambos saltan la valla de madera y corriendo se dirigen impasibles a toda velocidad hacia los dueños del verde prado. La luz de la luna hace que brillen los ojos de los dos futbolistas, y se vea el humo que resoplan los astados que esperan pisando tierra a los futbolistas. El balón cae a la vez hacia el centro del campo, donde esperan los seis toros seis, que cuando se acercan los dos futbolistas derrapan y corren envistiendo hacia los jugadores...

 

En el momento en el que se van a encontrar todo se para. Suena una guitarra española, acompasada lentamente por unas castañuelas... a cámara lenta Torres esquiva la envestida del primer bravo, apoyando su mano en el lomo del animal, y a la vez controlando el balón que lanzó al saltar de la valla, el toro enviste a tres metros de altura y Torres se zafa de él, pasando de tacón bajo las piernas del animal hacia Ramos, que está hombro con hombro con dos astados, uno a cada lado, y recibe la bola tocándola levemente para controlarla con el pecho, pisarla y frenarse en seco, haciendo que los toros sigan su camino derrapando. Zafado de ambos, Ramos busca a Torres que corretea con dos bravos detrás hacia el hueco, acercándose hacia la portería que forman los dos olivos centenarios, donde Ramos, antes de que los dos bravos vuelvan a su lado envía el balón con precisión milimétrica. Torres controla en carrera matando la bola. El niño se frena en seco y se da la vuelta. En un segundo se le vienen encima dos toros bravos de dos metros cada uno. El niño pica la bola por encima de uno y gira sobre sí mismo, esquivando el primero, que con un cuerno en la envestida, le arranca la camiseta de cuajo. Sin camiseta, Torres encara al segundo toro. Cola de vaca y deja al toro negro azabache sentado sobre sus traseras y resoplando, envistiendo al aire. Torres recula y se mira la herida que le ha dejado la camiseta arrancada. Al segundo ya tiene encima otro astado, y otea la vertical para poner el balón a Sergio Ramos.

 

El Olivo centenario está más cerca, y El Niño envía un centro medido. El balón se eleva y Ramos lo busca en carrera, pero uno de los toros va en dirección contraria al central español justo al medio de donde caerá el esférico. El choque es inminente. Vuela Ramos por encima del toro, que enviste sin llegar a alcanzar al jugador español, que logra conectar un cabezazo espectacular por encima de la cornamenta del animal, dirigido a la base del Olivo centenario izquierdo, corazón del hogar de los bravos toros, portería en el enfrentamiento. Cuando el balón está llegando a su destino y la victoria parece clara para la dupla de futbolistas, uno de los toros bravos enviste saltando hacia arriba y conecta con su cornamenta el balón, hiriendo de muerte al esférico en una doble envestida. El balón cae deshinchado y roto al césped. Ramos desde el suelo, sigue atento la trayectoria descendente del cuero, con gesto triste. Torres y el toro que tiene encima, se dan una pequeña pausa para seguir ese momento a cámara lenta, mientras el balón cae... Al tocar el césped todo se silencia y vuelva la velocidad normal. Los toros, Torres y Ramos se han quedado con la mirada fija en la estampa. El balón yace en el suelo, roto. El toro que lo ha parado aterriza a la vez y se coloca mirando de frente a ambos jugadores. Pisa el suelo y resopla. Muge mirando al cielo. Retumba... Torres y Ramos se miran un segundo. Una... Dos... Tres! Salen corriendo como activados por ese sonido, y el resto de los astados tras ellos... Se cruzan, redoblan como buenos banderilleros, y terminan con los toros tras ellos saltando la valla. A salvo fuera de ensenada. Se miran. – Por los pelos... otra vez jugamos bien... pero..., le dice Torres guiñándole un ojo a Ramos...

Ramos se quita la camiseta de la selección, se la cuelga al cuello y ambos se marchan en dirección a la luna... alejándose de la valla. Al otro lado los toros vuelven a recostarse en sus posiciones... -¿y dices que en Sudáfrica no hay toros? Le dice Ramos mientras se van andando...

 

Mundial de Sudáfrica 2010. La selección se acostumbra al fracaso... cuidadito esta vez.

MAHOU 5 ESTRELLAS. Con la Furia Española. Acostumbrados al fracaso... No hay nada que perder...
05/07/2006 10:49 achopijo #. sin tema

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