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El Dueño de los Arenales

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El sábado pasamos el día en el barco. Santiago, Au, Pilar y yo. Fuimos a los arenales, a una boya blanca solitaria que hay alejada de la Escuela de Pieter y los barcos ribereños que copan las aguas limpias de cerca de la playa. Allí cubre un poco más, y aunque hay alguitas, hay un baño delicioso. Conocemos esa boya de este verano. Está justo en el límite de la reserva, la encañizada, como la llama Martínez. Tiene una gran lazada de cuerda, y la usamos para no tirar el ancla. Llegamos allí sobre la una del mediodía, y el mar estaba como el cristal. Nos dimos un bañazo de esos de los dioses y nos tomamos unas cervecitas tomando el sol y charlando. Tras el segundo baño preparamos la comida. Unas ensaladas de pasta que había hecho Au, con unos vasos de salmorejo con hielo. Estábamos con todo listo en la cubierta de nuestro querido Aoix, de apenas seis metros, velero alemán parecido al Arabel, cuando una barcaza de pescadores pero remozada en barco de comilonas se nos iba acercando sigilosamente. Cuando estuvo más cerca, ya comentamos… ¿será suya la boya? ¿Vendrán a echarnos?

 

“Oiga! Tiene que irse de ahí, esa boya es mía”. Con la mesa puesta miramos al capitán del otro barco. Casi con el primer bocado en la boca. En la boya no pone matrícula. Pero claro, nuestra no es. No tenemos más remedio que irnos. El payo del otro barco sin embargo, y aunque habíamos iniciado todo para largarnos de allí, sigue hablando. “Es que esto es una reserva marina y es mía”. Dice el pájaro con todos sus santos huevos… “Aquí no está permitido el baño”, dice. “Ustedes no lo entienden” le apoya una mujer rubia de labios pintadísimos… Martínez se cabrea un poco, yo estaba ya sacando el ancla…

 

“¡Pero si nosotros no podemos bañarnos aquí, usted tampoco! Le dice Martínez, y el capitán dueño del mar responde, ni corto ni perezoso, que es que la reserva marina está delimitada por las boyas y que es suya… En fin. Nosotros no dijimos más. Nos fuimos de allí, porque la boya no era nuestra, claro, llevaban razón en pedirnos que nos fuéramos, pero los argumentos del capitán eran irrisorios. El hombre, pescador, tendría licencia para pescar en esas aguas… pero de ahí que sean suyas y sólo él se pueda bañar allí… Pues eso, que nos alejamos unos 200 metros, y seguimos con nuestra exquisita comida, disfrutando del sol y el Mar Menor, que además nos dejó navegar plácidamente a la vuelta con un leve jaloque que daba gusto, con la Mayor y el Foque bien arriadas. Vamos… que el raro incidente, de esos que nos pasan a Martínez y a mí por herencia, no nos quitó el apetito. Fue un gusto darle la razón al marinero pescador aguateniente, y seguir con nuestro día de sol, salmorejo, mar y vela. Vale.

30/07/2006 22:40 achopijo #. sin tema

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gravatar.comAutor: Rifle

Qué grande el payo, ¿no? xDDD

Me recuerda (no sé por qué) a Umbral, con su "yo he venido a hablar de mi libro" xD

Fecha: 01/08/2006 01:13.


gravatar.comAutor: lola gracia

Pues a mí me recuerda a esas películas de vaqueros en las que salía la vieja con el rifle de una casa cochambrosa para que no se acercasen los forasteros

Fecha: 01/08/2006 09:39.


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