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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2009.

Radares

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Acho, en el mundo hay dos tipos de personas, los que ven los radares en las autopistas y los que no los vemos aunque los señalen con luces de neón rosa vivo. Porque acho, mira que hay por ahí una especie de humano que es como si tuviera en el píloro un detector de radares de multas que le vibra hasta el último pelo del escroto cuando se acerca a un kilómetro de uno y entonces te suelta eso de que ojo, que viene un radar, que aminores o te empapelan, y los que somos de los que no vemos radares, ni nos tiembla el escroto, empezamos a mirar pa toas partes así como si fuéramos una comadreja con ansiedá, y tenemos que bajar a cuarta y ponernos a 80 hasta que el hombre-radar nos diga que ya, que el peligro pasó. Acho, acho, acho, que los hombres-radar (aún no me he topado jamás con una mujer-radar) hasta conocen las matrículas de los coches que llevan radar móvil. Como lo lees, marivés.

 

Cuando empiezan a explicarte por qué ellos los ven a mi me pasa como a Homer Simpson, que escucho eso primero de que hay un mapa, que si está en la web de la DGT, que si el coche aparcado, que si son todos un C5… pero en el momento clave ya estoy pensando en una cañica fresca en la playa, o donde pijo sea ande voy con el coche, y por el retrovisor veo al hombre-radar mover sus labios, aunque el sentido de la explicación se ha desvanecido. Es superior a mis fuerzas. Porque la otra gran duda de los que no tenemos esa percepción innata es si hay aparatos en los coches que te avisan cuando detectan un radar, o si es que te avisan de los fijos que supuestamente informa la DGT de dónde los tiene, o si es una especie de transmisor de coche Bond que hace lo del escroto pero en plan máquina y avisa del peligro. Pues acho, no las tengo conmigo con esto. De hecho, yo creía que a los que no tenemos ni zorri del tema este de los radares no nos empapelaban, por eso de que si no haces caso, no te hacen caso, y el rollo es no pasar nunca de 140 en autovía. Creía yo que cumpliendo esa única reglaley uno se pasaba los radares por la punta del pijo, pero acho… el otro día llegó a mi casa un empapele de esos de radar, con su fotico y to, de 136, que la vía rápida tenía truco y era un tramo de 100, y todas mis teorías, de una, se fueron bicicleta.

 

Ese día es que íbamos en familia, y El Guille, como aún no habla el payico, no sabemos si lleva lo del radar incorporado a su píloro… Así que no me avisó nadie, y lo de hacerme el sueco con el tema no funcionó. Que no es mes bonico junio para apoquinar un empapele, ni na. Así que si antes me acojonaba en plan comadreja con el mono, ahora que sé de buena tinta que mi Ley de los 140 no zurula, voy a pedirle a mi médico que me trasplante un detector de radares en el píloro, a ver si entro en dinámica y este es el último empapele que me cuecen, que por otro lado, y para engrandecer mi curriculum de loser Murphy, cogen y anuncian un día después de que me llegue el multazo que van a premiar con 40 millones de puntos a los buenos conductores… ¿Estaban esperando a que me cayera la primera multaradar de mi vida? Ahora veo radares por todas partes, en todos los puentes, en todas las incorporaciones, en todos los Citroen, detrás de los matojos… Hasta jugando al Gran Turismo voy a 90 por Le Mans, que anoche vi un radar debajo de la alfombra de mi salón, acho… ¿Ves los radares? Vale.

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Foto: Radares

01/06/2009 09:25 achopijo #. sin tema Hay 20 comentarios.

Mykonos

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Después de bañarnos desnudos a las seis de la mañana en el Puerto de Mykonos, en un frío mes de abril allá por 1999, y rajarnos las piernas con las rocas escondidas en aquel mar azul violeta del amanecer del Egeo, teníamos que recorrer varios kilómetros hasta Anno Mera, pueblito en el centro de la isla donde estaba nuestro hotel, y no teníamos ningunas ganas, ni de andar con el escozor de la sal en aquellas heridas, ni de acabar aquella noche perfecta entre amigos de verdad, en el horizonte de los mejores años de nuestras vidas, lejos de nuestras casas, de nuestros problemas, y de responsabilidades que hoy podríamos describir como inminentes, aunque por aquellos días aún quedaban lejos. Éramos los reyes del mundo. Cada bocanada de aire mediterráneo era un suspiro de vida pura, con aroma a whisky aguado y una carcajada tras otra, de esas con las que uno se ríe directamente con el alma y el corazón, sujetas a una amistad verdadera entre nueve compañeros de clase, de sentimientos, de noches locas y de vida.

 

Cuando Rubén y yo nos quedamos trajinando los cables de la caja de cambio de aquel tractor sabía que estábamos a punto de vivir uno de esos momentos únicos, que se graban para siempre en la memoria. Recuerdo que miré hacía la carretera, y el resto ya subía una pronunciada cuesta que dejaba el Puerto de Mykonos abajo, con sus luces tenues amarillas reposando sobre las ya calmadas aguas entre los barcos. Había que arrancar aquel tractor como fuera. Rubén pelaba los cables con unas llaves, y yo le animaba con toda la fe que un ser humano es capaz de reunir. Cuando saltó el chispazo y tractor arrancó Rubén y yo nos abrazamos como si hubiéramos ganado en ese mismo momento la Copa de Europa con el Real Murcia y Athletic, respectivamente. Empezó a salir humo negro por una pequeña chimenea, y Rubén tiró de una cuerda de metal que había junto al hueco de la puerta. Sonó un PROOOB! PROOOOB! Que recordaba al claxon de un transatlántico, y arrancamos cuesta arriba a 20 por hora.

 

La palanca de la marcha era larga y terminaba en una bola negra. Sólo tenía dos movimientos. El volante era enorme, y el tractor, verde, sólo tenía un asiento. Me acomodé en la puerta, como saliendo por una hipotética ventana que no existía, para dirigir las maniobras de Rubén, que conducía. En dos minutos subieron los demás, que al vernos corrieron despavoridos a abrazarnos, subiéndose por todas partes. Todos encontraron su lugar en aquel tractor de la vida, y unos segundos después todos gritábamos levantando las manos, sonriendo con todas nuestras fuerzas, vociferando desde lo alto de la cuesta, con el Puerto de Mykonos a nuestros pies y el viento del mar sobre nuestras caras en dirección a vivir una vida que desde aquel momento iba a dar un pequeño giro hacia una nueva etapa, un giro que hoy se percibe, pero que en aquel momento sólo era una sensación absoluta de libertad. Era vida, pura vida. Todos sentíamos lo mismo. No dejábamos de abrazarnos, de gritar, de cerrar los ojos y abrir los brazos, y sentir aquella brisa con olor a gasolina quemada, mezclada con sal y mar, entre gritos ininteligibles de felicidad.

 

Hoy lo recuerdo con momentos de silencio, y de imágenes lentas, en la penumbra de aquel inolvidable amanecer, de sonrisas implacables y manos abiertas, miradas entre unos y otros, y el aire, y las luces de Mykonos a lo lejos, bajo el acantilado, como si fuéramos los únicos que aquella mañana vivíamos en el planeta. Así recuerdo aquel día, como el día en el que más viví en menos tiempo, gracias a esos años en los que los amigos son lo más importante.

 

De vez en cuando pasas días que parecen no tener salida y la vida te acorrala con absurdos agobios que se engrandecen y no sabes cómo pararlos. Esos días pienso en aquel tractor, en la amistad, en el transcurso de la vida, y sonrío. Los agobios se ven minúsculos, aunque sólo sea por un momento, y uno encuentra fuerzas para afrontar las cosas gracias a recuerdos como el de aquella mañana, que con el tiempo no sólo se ha convertido en inolvidable… también en un recuerdo necesario. ¿Tienes algún recuerdo que te dé fuerzas? Vale.

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Foto: El Puerto de Mykonos

03/06/2009 12:57 achopijo #. sin tema Hay 19 comentarios.

Tres Euros de Antimurcianismo

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Que algo que haga Jesús Belzebú Samper en esta ciudad sea alabado por las hienas, las que visten a temporadas piel de cordero, y las que llevan años luciendo baba carroñera, es imposible. Casi tan imposible como que algún día el murcianismo sea un sentimiento sano, puro, limpio, en general, y que no haya que leer las crónicas de la prensa que sigue al equipo con el que se enfrenta el Real Murcia para informarse de lo que ocurrió en el partido. Aunque la costumbre ha hecho ya que los murcianistas tengamos un manual incorporado con el que traducir las andanadas de complejo con las que se redactan esas crónicas en esta ciudad, desde hace ya demasiado tiempo. Más aún cuando está demostrado que el virus del antimurcianismo inconsciente es contagioso, y actúa rápido (léase El Cedazo). Ahora toca el tema de los tres euros por visitar la Nueva Condomina. En cuanto leí la noticia pensé que eso no es dinero para mi club, y más teniendo esa supermasa social, que se menta con boca abierta cada vez que se pierde ‘haciendo el ridículo’, y al día siguiente se critica la labor social del club, al más puro estilo piñata. Pijo, si yo voy a llevar a El Guille a la Nueva pagaré el doble, que para mi forma de entender el murcianismo eso no es pagar a nadie, es ser Real Murcia, es hacer Real Murcia.

Aquí es que aún se piensa que el abono se paga porque te otorga derechos, así que claro, tres euros por el paseo murcianista harán que toda esa mugre que se cree murcianista, cuyo himno del centenario ha sido llamar perros a los jugadores y predicar el anticristo samperiano ponga el grito en el cielo, que Samper quiere robarles tres euros más del cartero, la vi llorar… acho, como si ya no hubiera ‘robado’ bastante. Aquí no vale nada, porque lo que vale es lo de la acera de enfrente, siempre. Que da igual que venga Pinita, un portugués, o un magnatísimo saudí y fiche en plan Florentino, que tiempo al tiempo, los del codico y las pipas, la risa floja y el complejo, con sus camisetas del Real Murcia sobre el chandal del Barça, o del Madrid, lo mismo da, iban a encontrar pronto motivos, que es innato aquí, y de momento irreversible. Yo me rendí, que si seguía en esta línea me veía en Sangomera cada dos meses, que a mi la razón lo que me pedía era prender antorchas y salir a buscarles… que gracias a la Virgen de la Fuensanta he aprendido que arrieros somos, y que en los buenos momentos se perdona todo, aunque no se debería, y confío en que algún día llegarán, y no me refiero al equipo y sus resultados deportivos, me refiero a una afición orgullosa y fiel.

Así seguimos, soportando mofa tras mofa de nuestros profesionales radiofónicos en la emisora regional, aguantando los comentarios del creciente antimurcianismo inconsciente, tragándonos titulares lunes tras lunes, no crónicas porque hemos superado el no leerlas, asentados en un odio irracional, incomprensible, no a una persona, como a lo mejor cree alguien, un odio a un sentimiento global que nos alcanza a todos los murcianistas en el corazón, ya que, por suerte, aún mantiene unidos a cientos de fieles murcianistas en la única fe posible. Sí, unos cientos, que nadie se espante. Aprovechar esta iniciativa para sacar el rosario antisamper es ruin, tanto como todo lo demás, por eso ya no nos sorprende a quienes formamos esta incomprensible resistencia de murcianismo, en un entorno antimurcianista mayoritario que comenta en dicha noticia en La Verdad cosas como que sí, que irán a la visita a hacerse fotos junto al trofeo Mar Menor y el banderín del Yeclano. Ingenio para mearnos en la cara a los murcianistas, y lo firma un murcianista convencido. Si esto no es esperpento puro que resucite Ramón María y escriba un Luces del Real Murcia. Por cierto, ese murcianismo imperante ya ha crucificado a Pedro, nuestro primer fichaje, que ni le han visto, pero ya le han llamado perro… ¿Tres euros por un paseo por el interior de Nueva Condomina y la historia del Real Murcia? Una gran iniciativa, que apoyo a muerte. Que paguen los 15.000 supermurcianistas. Si esto fuera un equipo de verdad, se podría dejar a la voluntad, porque los verdaderos murcianistas dejarían en ese bote más de tres eurillos. Vale.
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Foto: Nueva Condomina
04/06/2009 09:57 achopijo #. sin tema Hay 17 comentarios.

Birras a 3.000

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No, no crean que la calidad de la cerveza más cara del mundo es diferente a la que se toma usted los sábados en la barrica metálica del Café Bar, en Alfonso X, ni que es una cerveza con burbujas de oro que beben los millonetis excéntricos para quemar euros mientras nos miran con cara de sibaritas, no. Acho, la birra más cara del mundo es ilegal y puede usted degustarla a 3.000 euros cualquier domingo en la Nueva Condomina, y además, casi seguro que es un botecico de esos de Estrella de Levante, 33 centilitros de refresco celestial murciano, que los venden a euro fuera del campo cada dos metros. En unos años hemos pasado de tararear el himno de la Estrella de Levante con el corazón murcianista antes de los partidos, que casi se le saltaban a uno las lágrimas, a tener que meter un bote al campo escondido y bebérselo como si fueras un delincuente, acho, que hay cosas que jamás entenderé en la vida esta de derechos y libertades.

 

Resulta que un hijoputa delincuente va a su doctora, y como no le atiende como él quiere, por sus santos cojones, coge y le mete un truco bien metido. Un puñetazo que le revienta un ojo. El machito delincuente infringe mil quinientas leyes, y deja a la especie humana a la altura de las heces. Pues bien, para que esa barbaridad sea catalogada de atentado ha habido que esperar años, y una vez que se considera atentado y se juzga, la multa para el cobarde malnacido que agrede a su doctora porque le sale de los huevos es de 60 eurillos. Ahora, que no se le ocurra al malnacido irse al fútbol y beberse una cervecica con su pastel de carne, que la Comisión Antiviolencia le clava un multazo de 3.000 euros y se queda panchita. Que alguien me lo explique para que lo entienda, o mejor resucitamos a Ramón María del Valle Inclán y que reinvente el esperpento.

 

La Comisión Antiviolencia tiene trabajo, complicado, porque la violencia en el fútbol es un problema social importante, como lo es la violencia en la sociedad, pero es inconcebible que las diferencias establecidas en la aplicación de justicia sean tan flagrantemente injustas. No sólo por no poder tomarse una, o dos si son pequeñas, cervecicas viendo el partido de tu equipo, como se puede hacer en países con un problema de violencia en el fútbol exponencialmente más importante que aquí, como Inglaterra o Alemania, sino por el absoluto menosprecio al comportamiento violento de delincuentes en otros ámbitos, como el que sufren a diario los profesionales sanitarios. La labor policial en los campos no debe ser buscar a un tipo que esté tomándose una cerveza, debe ser erradicar cualquier tipo de comportamiento violento. No se puede coartar la libertad de un colectivo para prevenir el posible, nunca seguro, comportamiento violento de una minoría. Es tan injusto que yo diría que es inconstitucional, acho.

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En un cualquier concierto se puede beber una cerveza, en un torneo internacional de Tenis, en la Fórmula 1, hasta en un partido de fútbol de Tercera División en el que hay un solo policía barrigón como seguridad, o en el Cine, en el Teatro, en el Ballet… uno puede tomarse una cerveza en el descanso, pero no en el fútbol de Primera y Segunda División, excepto en los palcos VIP, que esa es otra. Allí los millonetis se las toman que da gusto, y no una cerveza, que alguno se ve los partidos con una botella de champán, mientras un aficionado normal paga una multa de 3.000 euros si le pillan con un botecico de Estrella en su silla sucia. La Ley Antiviolencia en el fútbol es una buena idea, de base, pero es evidente que necesita una urgente revisión, y que el trabajo de las fuerzas del orden en los campos de fútbol sea sólo ese, mantener el orden normal de las cosas, no ir más allá. Animación sin represión. Vale.

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Foto: Cerveza en el Mundial de Alemania

05/06/2009 09:30 achopijo #. sin tema Hay 15 comentarios.

Summertime!

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Acho, me apetece una sangría fresca, fresca, en vaso de plástico, con los pies llenos de arena, recién salido del mar. Me apetece una sardinada bajo el sol de mediodía, mientras pica la sal, y una cerveza grande tan fría que se le erizan a uno los pelillos del cuello, y se le cierran los párpados. Me apetece bucear con los ojos abiertos mirando al infinito verde del Mediterráneo en La Manga. Me apetece dejarme caer al fondo del mar, echando todo el aire por la nariz. Me apetece un melocotón en la orilla de la playa, lavado en el mar, ese primer mordisco con un ligero toque salino, y la posterior explosión de dulzura ciezana. Me apetece volver a Murcia escuchando a Andrés, al atardecer, un domingo de junio, cantando con Pilar y El Guille que se ría. Me apetece un arroz multitudinario en La Torre, con las gracias del Paco, los cabreos del Andrés, las Leyes del Pedro, las hipérboles de Tomi, la baza del Hugo, el disfrutar de mi compadre Tomasso, el ingenio del Marqués, y el murcianismo de mi hermano Oliva.

 

Acho, me apetece esa copa tonta en la terraza del Café del Sol, a la fresca de agosto, cuando esa ráfaga de aire diaria recorre las calles de la ciudad. Me apetece un día de Arenales, en el barquito, con los tupper bien cargados de ensaladilla y tomatitos cherry. Me apetece volver entre los borreguitos del Mar Menor, con el lebeche de la tarde, y el pie metido en el agua, recostado en la proa. Me apetece chiringuito torreño, y caracoles con tomate, y pasear por la tarde por los cafés, y saber qué se lleva este verano entre la modernen cool murcianística. Me apetece caminar por las terminales de nuevos aeropuertos, morenico Murcia, y el carrito de las maletas. Me apetecen nuevos sitios, y hablar en inglés macarrónico, y entenderme con la buena gente de por ahí. Me apetece mochila y Pilar, y Guille observando y señalando cosas. Me apetece hasta volver, con cien fotos y recuerdos, camisetas nuevas y anécdotas que contar. Me apetece ver al Guille andar, y escuchar sus primeras palabras.

 

Acho, me apetecen los días de Murcia, con aparcamientos por doquier en la ORA gratuita, y el calor en las esquinas, vacías. Me apetece los días de comer en el Corte Inglés, y hacer el papeleo agostero, y esas noches peligrosas de Rodríguez estudiante, de Código y Frasquito. Me apetece el silencio del campo, y la lectura en calma, con el sonido de los pinos centenarios en los largos días del campo. Me apetecen las tórtolas al despertar, y la verbena de La Romana, y bailar. Me apetece bailar house al amanecer, y rancheras en el frontón, y cantar con Calamaro el argentino, de viva voz, Diez años después. Me apetece leer la Marca en la terraza, y escribir en el foro murcianista en verano contra los que antes de ver a los fichajes los llamen perros y se quejen de Samper. Me apetece ilusionarme con el Murcia, y sentirme hincha, y tener ganas de fútbol, y los torneos de verano, y el Tour, aunque si no lo corre Valverde, lo boicotearé y no lo veré. Me apetece Ibiricu, y Carlitos, y recordar. Me apetece Pieter, y Cabo de Palos, y Campoamor, y la Casa Grande, y cenar en La Amistad, con una botella de Cardhú de vino de lágrima. Me apetece un verano más, y me ha apetecido clavar hoy el clásico post veraniego. ¿Qué te apetece de tu verano? Vale.

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Foto: Mar Mayor, en La Manga

10/06/2009 11:15 achopijo #. sin tema Hay 19 comentarios.

CR ¿7?

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Acho, acho, acho, yo lo que quiero saber es qué número va a llevar el chulico del Cristiano en el Madrí, acho, acho… ¿le quitará el 7 al Raúl? Menuda tienen ahí montá, nenico, aunque supongo que el Floren, con esa carica que tiene, habrá previsto el rollo y ya habrá trazado una estrategia al respecto… Es una bonita película. ¿Quién será el encargado de decirle al cojo que se olvide del 7? Y si hay que decírselo al Egoconpiernas del Cristiano, ¿cómo se lo dirán? Pagaría por asistir a todos esos momentos en torno a la confirmación del número que va a llevar cada uno. Que seguro que Raúl soñaba con darle así en las narices al Villita cuando llegue con el 7, y que El Guaje, aunque lo merecería más, mirase al suelo y se conformara con el 9, o algo así. Porque supongo que con el Egoconpiernas no habrá discusión, que lo de CR7 hay que exprimirlo al máximo, y ahí Nike tendrá palabrotas cosidas a todos los contratos habidos y por haber.

 

Qué bonito es todo esto del 7, acho. Raulito va a ser el nuevo quieroynopuedo del mundo, una vez que Amaya Montero ha demostrado por quincuagésima vez que nunca lo conseguirá, tener tipín, digo, será González ‘El Cojo’ Blanco el que herede esa idiosincrasia de la utopía con piernas, en un quieroynopuedo futbolístico de antología, cuando se le vea corretear por el campo recogiendo los balones que se van fuera mientras Kaká pone clavos en las escuadras de media España y el Egoconpiernas rompe redes desde 50 metros por doquier… El número que lleven será lo de menos… Aunque ahí, puede que aún Raúl gane una batalla futbolística en su vida, que el Ególatra portugués no es tonticiego, y el payo igual coge y le cede por respeto el 7 a Raulito, se gana a la pesca para un par de años y se carga el rollo CR7 de una… La verdad es que está bonita la situación.

 

Yo no pagaría 94 millones por el chulín, pero no porque no los valga, que el hecho de que los paguen para mi ya es síntoma suficiente de que los vale, sino porque no me gustaría tener a un payuzo como ese en mi vestuario. No sé, pero a mi me dice el cuerpo que con Pellegrini este no va a irse los festivos al campo a comerse unas migas… En cambio a Kaká lo veo más en esas. Todo es posible, que acho, tampoco conozco en persona al chulín, pero sí que se conoce a un tipo por cómo juega al fútbol, y las expresiones futbolísticas al uso que le dibujan la personalidad, y el Ronalderas es, con Alves, el mayor lagarto que yo he visto nunca vestido de corto con botas de tacos. Ahora, no hay otro como él para pegarle, al balón, digo, ni para driblar y pegar al salir del regate, que lo hace siempre como la vez aquella que a todos nos ha salido un enganche completo, que hasta uno siente placer sexual cuando el balón toca la red.

 

Así que achos, hoy os pregunto: ¿Quién crees que llevará el 7 blanco el año que viene? ¿Quién crees que debería llevarlo y por qué? Yo me voy a mojar, pero con más dudas que Santo Tomás. Será Raúl, porque lo cederá CR, que igual pilla el 9 (por lo que nos dice Sushi que ya registró lo de CR9), ya que Kaká asumió el 18 como un señor, acho, ¿ya nadie quiere el 10?… Pues lo que pierden en marketing con el CR7 igual es directamente consecuencia de no doblar los ingresos… Interesante… ¿No? Vale.

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Foto: CR7, el Egoconpiernas

11/06/2009 12:20 achopijo #. sin tema Hay 22 comentarios.

Don Capitán

Pablito tiene seis años. Es la primera vez que está en un hospital. Estos días es la primera vez para muchas cosas, y sigue muy asustado. Desde el accidente todo ha cambiado para él. Pablito se pasaba el día corriendo por la calle, jugando al fútbol y al escondite con sus hermanos y vecinos de su calle. Cuando se subió a aquel árbol nunca pensó que todo fuera a cambiar, y que terminaría en un hospital sin poder abrir la boca, con los ojos vacíos, y lágrimas enormes cayendo por sus mejillas cada poco tiempo, sin llanto. Pablito tiene la mirada perdida, ni habla, ni sonríe, ni mira a nadie. Su mamá no encuentra consuelo en nada, ni en nadie. Las palabras de los médicos sobre prótesis, terapias, recuperación o nuevas técnicas se pierden en el infinito de la habitación, que se echa encima de toda la familia, día tras día, desde la amputación. Su padre no aguanta verle destapado, con el pijama recogido sobre el pequeño muñón en su pierna izquierda, y se pasa las horas en el pasillo. Todos llevan días sin dormir. Sus hermanos no han ido al colegio en dos semanas, la abuela, en casa, reza sin parar, con una fortaleza ejemplar, pero se deja vencer por la desesperación en solitario, esperando un milagro que sabe que no va a llegar.

 

Las madres de los amigos de Pablito van al colegio con el alma encogida. Podría haber sido mi hijo, piensan, y se les encoge el corazón hasta que palidecen y una lágrima presiona sus ojos. Los niños preguntan por él: ¿Podremos jugar al fútbol otra vez con Pablito? Y miran con esos ojos ingenuos, pero desde un remoto convencimiento de incertidumbre triste. La noticia ha corrido por todo el pueblo. Pablito ha perdido la pierna. Tuvieron que amputársela. No quedó más remedio. Desde que llegó al hospital, Pablito no habla. No gesticula. Ha perdido la vida, pero sigue allí, en la cama, lanzando un hondo ¿por qué? a su pequeño mundo, un por qué que resuena en los corazones de cientos de familiares, amigos, compañeros, amigos de amigos, conocidos, médicos, enfermeros, vecinos de estos y de aquellos, pasillos de colegios, de hospital, bares, peluquerías… La historia llega a miles de oídos, y encoge miles de corazones.

 

Al tercer día negro Pablito sigue igual. La primera lágrima de la mañana recorre su moflete derecho, lentamente. Su padre, en el pasillo, camina de losa en losa, con la cabeza agachada. Mamá, con fuerzas sobrehumanas, limpia la lágrima, y acaricia la cara de Pablito con dulzura. Sus ojos no pueden llorar más. Mientras, al fondo del pasillo, empieza a escucharse por toda la planta un sonido fuerte, que retumba en el largo corredero. Es una especie de pito chirriante, acompañado de carcajadas enormes. Pablito no lo escucha, ensimismado. Sus padres no lo perciben totalmente. Suena como un eco lejano, aunque cada vez va tomando una forma más definida. Es como un sonido de fuera de aquel mundo de tristeza que había invadido la habitación de Pablito. Un sonido que abría una ventanita a un lugar olvidado de esperanza.

 

Cuando Golosino se asomó a la habitación de Pablito nadie se percató. Su madre refugiaba su dolor en una revista. Pablito, tapado, pero con la silueta de su única pierna muy definida bajo las sábanas, permanecía en la misma postura que los días anteriores, sin vida en sus ojos. Su padre seguía por el pasillo, andando hacia ninguna parte. Golosino metió su nariz de payaso roja por el borde de la puerta, y sacó el pito de barco por debajo de ella, y lo hizo sonar fuertemente: ¡¡Meeeeeec!! La mamá de Pablito se sobresaltó. Aquel sonido lejano le sonó como dentro de ella, y hasta dio un pequeño bote de susto. Bajó la revista de golpe y vio a Golosino de repente, que estaba en la puerta de la habitación con los ojos cerradísimos y tapándose los oídos como si fuera el fin del mundo. La mamá de Pablito esbozó una mínima sonrisa. Por una centésima de segundo había salido de aquella habitación.

 

-         ¿Alguien ha oído ese ruido? ¡¡Llevo todo el día persiguiendo el pito, y nada, que no lo encuentro!!

 

Otra leve sonrisa. El padre de Pablito llegó a la habitación. Nada más ver a Golosino el cuerpo le pidió pedirle con educación que se fuera de allí, que no estaban para bromas… Pero el payaso, sin dejarle tiempo, se le tiró y le abrazó con fuerza, mientras le decía: - Ahhhh! El jefe, aquí está el jefe del barco… ¡¡El Capitán!! ¡¡Llevo todo el día buscándole!! ¿Dónde se había metido?

 

El papá de Pablito también se rió, y aquella sencilla mueca le hizo sentir tan bien como jamás había imaginado. Algo en su interior se frenó de golpe, y sonrió abiertamente. Pablito estaba allí, pero nada había cambiado. Golosino se acercó al niño. Le miró de cerca, desde un lado de la cama, desde el otro. Husmeó por encima de su cuerpo, mientras murmuraba: - Interesante, interesante… uhmmm. Dejó el pito en su cama, y le dijo: - ¿Este es el nuevo Capitán? Interesante. Si les da problemas el nuevo Capitán toquen el pito, que vendré enseguida. Los padres de Pablito sonreían forzadamente, pero sonreían, y respondían al payaso, que llevaba un parche en el ojo. Golosino se fue, y Pablito seguía igual. El payaso tampoco había conseguido nada con él, aunque abrió una ventanita en aquel mundo. Una ventanita que se iba a convertir en lo más importante para la vida de Pablito, y de su familia.

 

Al día siguiente Golosino fue a la habitación de Pablito directamente, a primera hora. Pablito estaba solo, con una enfermera, que le curaba. Su madre bajó a desayunar y Golosino habló con el padre para que le dejara entrar a él solo. Aceptó, sin pensarlo mucho. Antes de entrar, Golosino se ató la pierna izquierda al muslo, fuerte, con una venda. Se había puesto pantalones anchos, y se recogió la pierna en forma de muñón. Se disfrazó con un gorro de capitán, una barba postiza y una chaquetilla de marinero, y se puso en la puerta. Pablito no se inmutó… Pero cuando el capitán, con gesto de marinero, un ojo cerrado, una pipa enorme en la boca, y siempre la nariz de payaso, dio un paso enorme a la pata coja para entrar a la habitación, los ojos del niño se torcieron milagrosamente hacia aquel personaje. -Hola. Soy El Capitán del Barco, buenos días. ¿Sabe usted si alguien ha preguntado por mi? Dijo Golosino, con voz grave y ronca. El niño le miraba directamente. Sus ojos recorrían la figura del capitán, a la vez que la ventana de luz abierta en el mundo de aquellas semanas de Pablito se iba abriendo cada vez más. Pablito se detuvo en su pierna, y cambió su gesto. Despacio, sacó una mano de debajo de las sábanas y señaló la pierna que no tenía Golosino, mientras le volvía a mirar con gesto de curiosidad.

 

-         ¿Mi pierna? A los marineros les digo que me la comieron los tiburones que maté una vez que me caí al mar, y luego les doy un mordisco en la oreja. ¿Tu eres marinero?

 

Pablito le miró fijamente dos segundos largos, y sacudió la cabeza diciendo que no.

 

-         Así que no eres marinero… Ya decía yo. Eres capitán también, por lo que veo…

 

Pablito asintió con la cabeza rápido, y sonrió levemente.

 

-         Ya decía yo… Pues te diré un secreto. ¿Sabes guardar un secreto?

 

Pablito asintió otra vez rápido.

 

-         Mi pierna no me la comieron los tiburones… Me la cortaron en un hospital, muy lejos de este barco, para poder ser capitán.

 

Pablito abrió la boca, y se puso la mano, asombrado.

 

-         ¿Qué le pasó a la tuya?

-         Me caí

-         Pues ya eres Capitán. Te llamaré Don Capitán. Bueno, Don Capitán, me voy a seguir la ronda que luego tengo un partido de fútbol.

 

Pablito suspiró sorprendidísimo en voz alta, otra vez, abriendo mucho los ojos, y enseguida preguntó:

 

-         ¿Cómo juegas al fútbol sin pierna?

-         Me pongo una que aunque me den patadas no me duele.. ¿Es que no tienes una?

-         No.

-         ¡Marineraaaaaa!

 

La enfermera apareció enseguida.

 

-         Diga señor

-         Quiero una pierna dura, bien fuerte y futbolística para Don Capitán, pero ya mismo que se pongan a construirla con oro y diamantes… ¿De qué equipo la quiere usted, Don Capitán?

-         ¡Del Murcia! , dijo Pablito con entusiasmo.

-         Del Real Murcia. Es todo.

-         Sí señor, eso está hecho. Respondió la enfermera.

 

Golosino empezó a andar a la pata coja por la habitación, haciendo ejercicios de estiramiento, para preparar el partido que tenía. Pablito se incorporó en la cama. Sus ojos brillaban como en las mejores mañanas de Reyes, y se reía a carcajadas con los movimientos de Golosino a la pata coja.  Después de cada estiramiento estrambótico, Golosino chocaba la mano de Pablito, y este reía, y reía… Tanto que su padre le escuchó, y se le paró el corazón de la alegría. Abrió los ojos y corrió hacia la habitación aún incrédulo. Cuando entró, Golosino empujaba la pared a la pata coja, estirando, con la cara y el cuello rojos del esfuerzo, con la pipa y la nariz roja de payaso, mientras Pablito se reía con todas sus fuerzas.

 

-         ¡¡Papá, Papá, van a ponerme una pierna del Real Murcia y podrán darme patadas sin dolor, y podré andar, y jugar, y soy un Capitán!!

 

El padre de Pablito no pudo contener dos lágrimas enormes. Abrazó a su hijo como si hubiera vuelto a nacer. Lo apretó contra él con todas sus fuerzas y no le importó subirle sobre sus hombros y que se viera el vacío de la pierna. Al abrir los ojos vio como Golosino tenía los ojos enrojecidos, pero seguía metido en su papel. El papá de Pablito le dio la mano.

 

-         Me voy, que empieza mi partido. Mañana vendré y veremos cómo va la construcción de tu pierna del Real Murcia. Saludeeeen… ¡ARRR! ,dijo el payaso.

-         ¡ARRR! Respondió Pablito, haciendo ambos el saludo militar.

 

Nada más salir de la habitación Golosino rompió a llorar de emoción. Se cruzó a su madre, pero no pudo decirle nada. Cuando ella entró en la habitación y vio a Pablito repitiendo los ejercicios de estiramiento que había hecho Golosino hacía unos minutos, y a su padre junto a él, sonriendo, su mundo cambió, y sintió que Dios había escuchado a su madre rezar, porque aquello sólo podía ser un milagro.

 

Pablito aceptó la prótesis, entendió con el tiempo que la vida hay que afrontarla como viene, y hoy lleva una vida normal. No jugó al fútbol, pero sí ha ido a todos los partidos que el Real Murcia ha jugado en casa desde aquellos días, y en su prótesis siempre ha habido una pegatina con el escudo del Real Murcia. Aquella historia abrió los mismos corazones que cerró unos días antes, y se convirtió en ejemplo de superación para todos los que conocían a Pablito. Pero sobre todo sirvió para que muchos comprendieran la importancia de la imaginación, no sólo en los niños, en todos los seres humanos, aunque muchas veces, la mayoría, sólo a través de los niños pueda entenderse la importancia que tiene creer en los milagros. Vale.

 

PD. Dedicado a Pupaclown, y a los payasos que todos los días recorren con ilusión los hospitales de todo el mundo

12/06/2009 12:03 achopijo #. sin tema Hay 22 comentarios.

Birlochas

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El zagalico disfrutaba como si aquello fuera un milagro. Su padre le enseñaba con mimo cómo hacer piruetas con la cometa, y él las aprendía enseguida. Hacía girar la cometa, que caía unos metros, y luego remontaba el vuelo, soltando cuerda rápido para que subiera con el impulso del viento, y de la pirueta, y miraba a su padre con una satisfacción absoluta. Desde el balcón de mi casa me entraron unas ganas locas de volar cometas, como en tiempos. Ya no se ve mucho, y aún cuando yo era un niño, las volábamos en la playa. Enseguida recordé uno de los pasajes que más me llamó la atención del imprescindible relato de Jinojito El Lila, del Maestro Jaime Campmany, en el que Jinojito cuenta como los zagalicos de Murcia se reunían antes de las lluvias de primavera en la Plaza del Ensanche a hacer competiciones de birlochas. Menuda se la tenían que pasar los zagales, entre la temporada de boliches y peonzas, con una temporada de birlochas, nada menos.

Las birlochas eran cometas hechas a mano. Inventadas por los propios zagales, con palicos y cañicas, y colas de trapo. Allí se juntaban de varios institutos, según dice Jinojito, y echaban las birlochas a competir. La cosa era que ganaba la que más subía, y más rápido, y luego bajaba, claro.  No sé yo si sería capaz ahora mismo, y así a la mecagüen, de idear una birlocha que subiera ni un metro, pero se ve que los zagales de la época, aún sin estudiar ingeniería, se las apañaban a gustico. Será que ahora en vez de quedar en la plaza quedan en un cibercafé para echarse unas partidas a la Play, o ni salen de su salón. Lo único que tienen en común las birlochas y los videojuegos es que los mejores los hacen en China, acho, qué cosas. Birlochas, qué palabro más bonico además, ¿Qué no? Habría que mirarse poner una Plaza de las Birlochas por ahí, donde sea que las volaban, que quedaría murcianístico y precioso, acho. ¿Habrá por ahí quien guarde birlochas de aquellos tiempos? Porque sería maravilloso ver algunas de ellas, y conocer la técnica que tenían los zagalicos.

Por esas cosas que llamamos en achopijo el fenomenazo, y que viene a ser la demostración de que el destino es algo que alguien parece manejar desde allí arriba para las pequeñas cosas de la vida, al día siguiente un telediario, en uno de esos fenómenos de convergencia, cerró con una imagen de la playa de la Malvarrosa, en Valencia, llena de cometas impresionantes y decenas de niños con sus padres con el mismo gesto del zagal de la playa en La Manga que vi desde mi balcón, el día anterior. Se ve que un día al año se juntan allí para volar cometas, y traen auténticas obras de ingeniería china cometil.

El viento en La Manga se ha convertido en parte del paraíso de los dos mares. Es un lujo para los surfistas, los del kite, la vela... En las horas centrales del día, sea lebeche o levante,  siempre hay viento. Si quieren ver esa cara de entusiasmo, y hacer algo diferente, que seguro que les hace recordar otros tiempos, hoy les animo a volar birlochas, o cometas, como prefieran, que a mí me arregló el día ventoso ver a aquel zagal soltar hilo emocionado, y a la vez, imaginarme cómo serían aquellas competiciones de birlochas en Murcia, con Jinojito y sus amigos. Vale.

Foto: Cometas en Valencia

14/06/2009 11:27 achopijo #. sin tema Hay 8 comentarios.

Lo del Eneldo

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Con el tiempo casi he conseguido dominar los cabreicos fulgurantes, esos que te suben desde el píloro hacia los ojos como si fueran un cohete de furia que hincha las venas del cuello, y que, normalmente, en mi caso, suelen desencadenar pequeñas chorradas que me río yo de Murphy y de toda su familia, porque si hay alguien marcado por el cabreico en el mundo, acho, ese es un servidor. Si fue primero la ansiedad o el cabreico es una cuestión que podríamos discutir durante siglos, sin llegar a un punto de encuentro. Porque los que me conocen dirán, con los ojos así entrecerrados a lo Homer cuando se pone interesante, mirando por encima de las gafas, y con la mayor condescendencia del mundo reunida en una frase, que los cabreicos son consecuencia de mi ansiedad patológica, y que incluso, que me pasen esas cosas pequeñas que prenden el cohete, es culpa de mi ansiedad vital perenne. Claro, es que ellos no están a mi lado cuando me ocurren esas cosicas, y lo fácil es no aceptar que por destino a un payico de Murcia le ha tocado el pato, así, porque sí.

 

Puse las dos rodajas de salmón fresco desespinado en el centro de la sartén, con una gotica de aceite y una pizca de sal. Primero, por el lado con piel, a fuego medio. Esperé prudente a que se calentara lo suficiente, para que no se me pegara, como otras veces. Utilicé la espumadera fina, que podía meter fácilmente bajo los fileticos, y enchufé el ventilador para evitar que se ahumara toda la cocina. No tenía hambre de cernícalo, así que seguí todos los pasos para evitar cabreicos innecesarios en días de estrés. Pero acho, se me escapó el control de una cosa. Sólo de una cosa, y por ahí entró Murphy, hasta el tuétano. Como todo iba divino, y el salmón estaba cogiendo un punto de color al que habría que bautizar como sabroso para hacerle justicia, quise rizar el rizo, y ensimismado por el buen transcurrir de los hechos, y seguro de mí mismo dado el estupendo trabajo anticabreico llevado a la práctica, decidí especiar el salmón con un toque de eneldo, que al salmón le va que ni pintado.

 

Salivé. Me gusté. Se activó, un poco, todo hay que decirlo, el hambruna cernícala, y a la vez, los niveles de ansiedad subieron un punto. Abrí la caja de las especias, bajé un punto la vitro, cogí el eneldo, lo abrí con cuidado levantando la tapita que deja pasar la especia por unos agujeritos pequeñicos en forma de círculo, y a 15 centímetros de la sartén asesté un golpecito de muñeca sutil para dejar caer sobre ambos filetes una cortina de eneldo superior para rematar aquel manjar de sabroso salmón fresco. Ahí estaba esperando el espíritu de Murphy. Vio el hueco, y prendió en un segundo, mechero en mano, la mecha del cohete. La tapa verde del eneldo se desprendió como si no tuviera ningún tipo de sujeción, y miles, cientos de miles, millones diría yo, de hojicas finas de eneldo verde que te quiero verde cubrieron en forma de Fujiyama los dos filetes de salmón. Mi desarrolladísimo reflejo antimurphy estaba adormilado. Reaccioné tardísimo. Cuando miré el tarro quedaban 17 hojicas de eneldo en el interior del bote. Ya no se oía el crujir del salmón, ni se veía aquel color sabroso. El eneldo se quemaba sobre la sartén sin aceite, y cuando reduje el Fujiyama con la espumadera para desenterrar los filetes, descubrí dos trozos negros de carbón humeante con olor a incienso quemado de más.

 

Apagué el fuego. Me senté en la silla de la cocina y noté como el cohete subía por el esófago, despacio, cargado de nitrato, hinchando la aorta… Pero cerré la boca, apreté un poco el puño, guiñe dos veces muy rápido el ojo izquierdo, y cogí aire. Sentí eso que se siente cuando uno no bosteza y el bostezo vuelve a los pulmones, pero multiplicado por mil. Suspiré, y me sentí mejor. Allí estaba, con Murphy sentado a mi lado apretando los labios y asintiendo con la cabeza. Como diciendo… - Yo también pase por esto. A mi también me pasó lo del eneldo. Limpié con un cuchillo la capa negra de eneldo quemado. Gasté dos limones en aliñar el salmón, y me lo comí con un vaso de Marina Alta más frío que la vida. Una vez más, vencí al cabreico, con resignación murphiana... aunque varias pregunta atormentan mi mente: ¿Por qué yo? ¿A alguien más le pasan estas cosas? ¿Por qué no pude disfrutar aquel salmón?  Vale.

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Foto: Tarrico de Eneldo

17/06/2009 11:40 achopijo #. sin tema Hay 20 comentarios.

Cañas Antiestrés

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Acho, qué alegrías se coge uno cuando se entera de iniciativas realmente provechosas para la pesca. Lo que he leído hoy que hace un bar en Cullera es para cogerse el coche y salir pitando allí a pasar la mañana de cañicas, que íbamos a volver relucientes de alma, acho. Y es que están de moda las soluciones antiestrés, por la crisis y eso, que ayer mismo me regalaron un corazón de esos para apretar. Si de lo malo, lo peor de los últimos tiempos fue la decisión aún incomprensible de Pizza Hut de retirar de su carta la Sicilian Pizza, de lo bueno, lo mejor, es lo que han hecho los iluminados de un bar en Cullera, aquí a dos pasos, acho. Para afrontar la crisis han decidido exigir a los clientes que les insulten a base de bien cuando pidan una caña. Ojo, que la cosa no es fácil, porque se pueden cruzar los cables en cualquier momento, que no creo yo que los camaretas estén exentos de la susodicha crisis mundial para estar aguantando indefinidamente eso de: - Oye tú, cacho mierda, ponme una cañica. A la décima tiene que prender la mecha, y que la cosa se tuerza. No me digan ustedes que no es una maravilla. – Oye, mecagoentuputamadre, una caña.

 

Pero ojo, no vamos a ponernos exquisitos con la medida más ingeniosa y eficaz contra la crisis que he visto en estos dos últimos años de colas en el Inem, que como se corra la voz, verás tú las colas en la barra del bar, que además, si el insulto es gracioso la cañaca le sale gratis a uno. Que en dos días lo está presentando Obama como medida global para los McDonald´s. En serio, que cosa más pensada y española, a la vez, no he visto yo desde que nací, y son 32 palos de ver muchas barras. – Marica, ponme un tercio. Según voy pensándolo, más ganas de cogerme el coche y salir zumbando, no sólo por desahogarme yo, si no por ver el cotarro que se debe estar montando, que los asiduos a esa barra igual están viviendo el cielo en la tierra estos días viendo como entra la pesca al bar a decirle a sus compadres de toda la vida que son unos buenos hijos de puta. – Oye, tú pedazo de cerdo, échame otra. Sólo atisbar la infinidad de posibilidades que esto plantea es regocijante.

 

Yo creo que a la tercera caña la cosa empezará a rozar niveles de guionista gafapastoso, que por ahí debe andar el tope, y a la quinta cualquier previsión se quedará corta, que ahí puede ser uno de los únicos sitios en el que se pueda contemplar como Dios nos lo dio, el más puro ingenio españolístico. A todo esto, suponiendo que los camaretas sean normalicos, pero dale que sean tipo Murcia en los noventa, con la rapidez mental que se estilaba cuando no había crisis, que te doblaban un chiste en cinco golpes de reirse con el píloro en un segundo y sólo te quedaba rendirte ante su genial velocidad mental. – Oye, tu, si, si, tu, cabrón, ¿sabes ya quién es tu puta madre? ¿No? Pues ponme otra cañica mientras lo piensas, pedazo de mierda. Pasada la quinta ronda espero que hayan previsto una patrulla de la Guardia Civil que se turne y vaya de paisano, porque con tanto insulto de partida, en la fase de la borrachera en la que se insulta a la autoridad las cosas se iban a poner feas. Yo me imagino a los camareros poniéndolas y asintiendo así, como diciendo que sí, que mientras dure la promo ahí estarán, pero entredientes, rechinando: - Ya pasará la puta crisis esta, que os vais a enterar… ¿Nos vamos para Cullera? Vale.

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Foto: Ayer me regalaron un corazón antiestrés

18/06/2009 09:23 achopijo #. sin tema Hay 5 comentarios.

La Mosca

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Esta ha sido la semana de la mosca, acho. Menos mal que fue Obama el que la mató, que si llega a ser el Bush se podría haber montado una buena. Y eso que aunque fuera Obamica el asesino de moscas salieron los defensores de los animales a protestar, que le han enviado un matamoscas al Obama y to. Acontecimiento planetario el de la mosca, de los bonitos. Porque anda que no se pueden hacer metáforas con la cosa. Como chorizos, acho. El hombre más poderoso del mundo matando una mosca, y jactándose de ello… Pero a mí lo que me impactó fue la técnica Obamera para la caza de la mosca. Acho, me pareció burdísima, qué quieres que te diga. Aquí somos más finos en el arte de cazar moscas, bien entrenado en aquellas clases de tres a cuatro de la tarde en el colegio, cuando cada cinco minutos una mosca se posaba en la esquina del pupitre verde, y el reto amenizaba la lección. La leyenda dice que había quien sabía colgarle un letrero a la mosca con un pelo y que luego volaba como los aviones de la playa por la clase, con el mote del profesor enganchado  como cartel anunciador. Verlo, yo nunca lo he visto, acho. Lo que sí he visto es a auténticos cirujanos recreriles desalar a las moscas con un lápiz afilado, y convertir una mosca en hormiga.

La técnica murcianística se diferencia de la obamera en que se salva la vida a la mosca, y una vez la tienes presa, puedes elegir. Cuando la mosca se para quieta hay que colocar la manico así abierta a unos 15 centímetros, e ir acercándola poco a poco a la mosca, con paciencia. Como el guepardo cuando da pasos sigiloso bajo los matorrales, acechando a la gacela. Una vez que la mosca está a tiro de brazo hay que asestar el movimiento definitivo, que requiere velocidad, precisión y concentración máxima. El movimiento del brazo debe elevar la mano levemente hacia la trayectoria que uno suponga que seguirá la mosca en su huida, y a la vez, se recoge la mano en forma de puño para atrapar al moscardo. Es como un fiiiiiuuuup! Así hacia arriba, que perfeccionado, ofrece unos resultados superiores al 50 por ciento de éxito. Cuando la coges, la mosca no muere nunca. El siguiente gesto es ponerse el puño cerrado junto a la oreja y escuchar el aleteo de las alas. Una vez comprobada la caza, el cazador decide, según circunstancias. Hay quien lanza con fuerza la presa contra una pared, y hay quien se acerca a una ventana y la suelta. Yo suelo liberarlas, acho, que se siente uno mejor, esa es la verdad.

Que si, que yo he cazado moscas a porrillo. No sólo en clase, que de vez en cuando se cuela una en el coche, o en la cocina, y hay que ponerse a ello. Que lo que le pasó a Obama es un mito periodístico. Siempre hay una mosca en las entrevistas, acho, y suele ser cojonera, de la que hace más ruido que un motopico. Porque mira que hay también moscas, y moscas. De vez en cuando se encuentra uno con lo que yo llamo la mosca de los Pirineos. Una mosca que no huye, acho. Que acercas así los dedicos en forma de pinza, y la paya se queda estatua. Pero bueno, aunque somos más finos cazando moscas, lo que más somos es tolerantes, que mira que tenemos aquí resol y piscinas para que vengan las moscas, y convivimos con ellas con cierto respeto mutuo desde hace siglos. Desde lo de Obama, para las entrevistas, además de grabadora, libretica y boli, un medio limón con clavo como los que ponen todos los años en el paso de la última cena en Viernes Santo, y así evitamos asesinatos metafóricos planetarios. Vale.

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Foto: Obama, con un matamoscas en el Museo de Cera de Londres

21/06/2009 08:26 achopijo #. sin tema Hay 12 comentarios.

Puertas

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Acho, ¿y lo de las puertas correderas? De un tiempo a esta parte los mecanismos de las puertas automáticas vienen fallando, así, a nivel global, y como por un virus universal que les ataca directamente. Ahora es raro no tener que frenarse y mirar así como un gilipuertas, y nunca mejor dicho, buscando el sensor para que se abran las puertas de cristalico. Se ve que con el tiempo el máquino puertil se agota de ese curro diario que debe ser abrirse en canal cada vez que sientan la presencia de un ser vivo, u objeto lo suficientemente grande… porque acho, yo que soy rarico para esas pequeñas cosas de la tecnología que nos rodea, siempre me he preguntado ¿hasta qué tamaño estará pensado el sistema de abrir las puertas? ¿Se le abre a un perro? ¿A un escarabajo? Ahí, el ingeniero que inventó las puertas automáticas debió tener una duda existencial preciosa… igual a un payuelo de 1,50 metros no se le abre una corredera, que menuda discriminación, acho.

 

Digo que llevo un tiempo teniendo que frenarme, acho, y eso antes no pasaba. Pero es que hay algunas puertas que hay que pararse y estudiar la estrategia para afrontar la entrada, y eso, acho, no puede ser, hombre. Si encima empiezan a fallar… igual es por la crisis, o porque la electricidad llega ahora con menos fuerza, por eso de que hay quien no paga, y las puertecicas se abren como con desgana, que más de uno se ha dado trompazo porque le pudo la confianza y las puertas no se abrieron a tiempo. Cosas de la crisis global, la económica, y la de la tecnología, en ese ir patrás constante en todas estas cosicas de la técnica. Con lo señoriales que eran, y son, que se mantienen en muchos hoteles, las puertazas esas que dan giros sobre sí mismas, aunque para entrar por ellas así, sin pensárselo, hay que tener entre 4 y 7 años. De zagalico te metías sin pensar y a correr dando vueltas hasta que salías despedido, fuera o dentro, que eso era lo de menos… Ahora tengo que contar hasta tres, o hasta seis, antes de meterme en una de esas, y si llevo maleta igual paso media hora estudiando los tiempos, que he perdido reflejos. Una de las grandes pesadillas de la vida es quedarse encerrado en una puerta de tres espacios en un bucle eterno, como un hampster, y que la gente se te quede mirando por los cristales, señalándote, mientas sudas.

 

Ahora se llevan mucho también las puertas esas de fábrica, que se abren presionando una barra horizontal, que las ponen hasta en los aseos de los bares, acho. Digo se abren presionando por decir algo, porque lo normal es presionar la barrica y echar todo el peso del cuerpo sobre la puerta, pero no lograr nada más que un quiero y no puedo, que a la tercera, y después de un aspaviento, igual se abre la puerta. Ahora, prefiero estas de barra, que sabes a qué te enfrentas, que las correderas automáticas, que como sigan en la progresión de lentitud a la que están abocadas vamos a terminar por cerrar los ojos y santiguarnos antes de cada paso, o ir tirando cuerdas al otro lado cuando alguno pase delante de nosotros, que hay algunas que para cerrarse recuperan la velocidad original, y si te pilla en medio puede hacerte un destrozo, acho, que no es ninguna broma. El otro día me encontré con una puerta automática, corredera, giratoria y acristalada. Acho… Me di la vuelta y me fui. Que entrar ahí era más inseguro que hacer puenting con el Botones Sacarino, y además, si entraba, luego había que salir. ¿Se te cierran las puertas? Vale.

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Foto: ¿No sería más fácil una puertecica normal?

24/06/2009 10:22 achopijo #. sin tema Hay 6 comentarios.

Cala Varques

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Cala Varques es un trocito de paraíso, al que se llega de repente, a través de un bosquecillo espeso, arenoso, con hojas de pinos secas sobre la fina arena blanca y sombras frías que apenas dejan pasar rayos sueltos de sol Mediterráneo. Cuando olvidas que estás siguiendo un sendero que terminará en el mar verde blanquecino de Mallorca, la isla te posee en aquel rinconcito único, y la hora corta de camino se hace atemporal, entre enormes pinos ancianos, y el cuchicheo monótono del viento sobre las ramas, que parece que la isla desvencija por todas partes, meciéndote hasta que uno anda acompasado con la brisa única, en el corazón del Mar Mediterráneo. Las rocas dejan una apertura amplia, entre arbustos y troncos viejos, que parecen colocados estratégicamente. La arena, fría en el camino, hace que cada varios pasos un escalofrío suba por el tobillo despacio. Se escucha una chicharra, lejana, a ratos, y cuando todo se vuelve onírico, y se experimenta una sensación de luz absoluta, comienza a escucharse la caricia del mar sobre una pequeña lengua de arena transparente.

 

El sendero se acorta, y se abren los pinos, que se agarran a las rocas, y buscan el sol hacia la pequeña calita, justo cuando la luz ciega los sentidos, y se eriza todo el cuerpo al pasar del frescor de la brisa y la arena, al calor del mar, que no pica, pero ciega. Si cierras los ojos el sonido de las olas mínimas adentrándose en la arena, brillando únicas, se escucha desde el alma, y sustituye al seseo del viento sobre las ramas de los árboles, en el camino, que ya queda atrás. Una media luna de arena blanca, que parece oro fino, se abre entre dos cabos de roca blanca, castigada por temporales, suavizada por las caricias de siglos y siglos, donde el Mediterráneo ideó un capricho único, que sigue construyendo, lentamente. El color del mar es nuevo. Ni verde, ni blanco, ni azul, y los tres se ven, quietos, entre los besitos que el sol deja en cada crestilla que forma el mismo viento que luego va a parar a los pinos, que parecen ser los guardianes de esa maravilla del mundo.

 

La isla parece recostarse sobre Cala Varques, en una esquinita guarecida por los elementos. La primera imagen es inolvidable. Pero dejar el peso, acercarse a la orilla, y dejarse engullir por esas aguas, poco a poco, hasta sumergirse y nadar hacia el infinito es cruel, por no poder experimentar más veces esa hecatombe de sensaciones. Recuerdo que nos tumbamos en la orilla, que las olitas nos hacían arena, y reposando el camino, nos comimos unos melocotones aderezados con el sabor del mar, mientras el sol de mediodía en la isla de Mallorca nos mantenía sobre aquellas aguas ingrávidas, mirando al horizonte azul, después de verde y blanco, con los pinos y dos brazos de roca abrazándonos, no sentimos nada más que el latir más puro y diáfano del espíritu del Mar Mediterráneo, en Cala Varques, el instante platónico que desde aquel día da nombre a mi verano idílico. Aquello era descanso. Puro descanso. Vale.

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Foto: Cala Varques, uno de mis sitios inolvidables

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PD: A Sans, y Angel

25/06/2009 09:59 achopijo #. sin tema Hay 9 comentarios.

Michael Jackson

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La primera imitación que hice en mi vida fue a Michael Jackson. Aquí donde me veis, acho, hacía el giro cantando Bad! Y lo cerraba con la cogida de huevos y el pelopatrás, todo a una, y no lo hacía mal, a juzgar por cómo se reía la gente… claro, que era un mico, y ya se sabe. Se reían todos menos Aurora, que eso de andar tocándose el paquete no lo parecía muy educativo, y siempre consideró a Michael un maleducado. Yo creo que luego, cuando toda la movida de los niños y los malos rollos ella siempre pensó que ya lo decía ella. A mi me daba un poco de repelús, esa es la verdad. Ni la estética, ni el pelico ese, ni el tema de Wonderland me inspiraban a mi mucha confianza. No veía yo trigo limpio, pero acho, sí que tuve una época de su música. Para mi el auténtico temazo de Michael es Bad!, de largo, y el video, tela marinera. Dirty Diana, Thriller, por supuesto… enormes temazos, y luego, el Heal the World, acho, muy pasteloso, pero que anda que no se clava, que ha sido la noticia y ha desbancado de mi psique al titi ro ti de Fanta sabe total.

 

Habrá muerto de todo, acho, que con tanta operación y los rollos que llevaría de sangres y medicamentos, que debían de ser mininos, más de uno habrá dicho nada más saberse lo de su muerte que no le extraña. Sí, así, aventurándonos a todo. Na bueno. – Si es que no se puede… Aquí en la huerta habrá dolido, que la gente con las muertes estas magnánimas llora por dentro y en tierra de generosidad, aún más, y uno empieza a recordar cosas. Yo me he acordado de mi disco Bad! Y que empecé a pintar graffitis por aquel video, y por aquellas letras rojas en spray. Y me he acordado de la discoteca del Casino, en La Manga, bailando con los pasospatrás en plan semibreak dance, mientras sonaba Dirty Diana, y en el campamento de Cazorla, cuando tocaba discoteca.

 

Fui al estreno a ver Moonwalker. Tuve varios discos. Grabé cintas suyas. Le imitaba. Dejaba sus videos en la MTV cuando los pillaba zappeando. Me apenó su malrollismo. Siempre pensé que Janet no tenía talento, pero más cabeza, y ahora ando por youtube viendo videos de los Jackson Five, porque da la sensación que sólo cuando Michael era un niño era verdaderamente quien quería ser. Lo que vivió después, la cárcel de su aspecto, la turbidez de sus excéntricas ideas, el icono Jackson, yo creo que sólo sobrevivió por su música, con lo difícil que es eso, y si no miradle a la cara más de diez segundos seguidos. Así que hoy suspiro por el adiós a Michael Jackson, me quedo con su música, y con cualquiera de las sonrisas que repartió con sus hermanos, cuando aún era él, Michael Jackson, el niño rey del pop. Descanse en paz. Vale.

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Foto: Bad!

26/06/2009 09:29 achopijo #. sin tema Hay 16 comentarios.

Abelardo

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Abelardo es mi compi de macarrones madrileño. Decir que mi año junto a él de pareja de hecho fue el mejor de mi vida no es un atrevimiento, ni mucho menos, acho, que en nuestra tele se veía la cámara del telefonillo, y sólo con eso ya nos reímos más de mil horas ese año. Nos metimos el Madrid universitario en el bolsillo con receta murcianística, cánticos de los CUCS, vasos en la oreja, achos a grito pelao y semanas enteras de reírnos más que articular palabras. No conozco a nadie que tenga un corazón más grande que el de Abelardo, ni más murciano, que tiene el tío un murcianismo innato que ya quisiera yo para mi, por inconsciente. A Abelardo le sale la generosidad y la sencillez por los poros, a chorros. Es un amigo tan grande que decir que es un colega me sabe a mentira, porque Abe es mucho más que eso. No he visto jamás a nadie que vaya por la vida generando buen rollo con los niveles abelardianos, donde quiera que esté, con quien quiera que se junte, en cualquier sitio, si está él, en 50 metros a la redonda la peña se ríe a carcajadas, se abren cervezas, tiran fuegos artificiales, se canta, hay abrazos y se termina queriéndole tanto que asusta. Qué tío, el Abelardo, acho.

 

Pues coge el payo y se casa este año. Miravés, el Abelardo. Que además es guapo de los guapos que no es que sepa ser guapo, es que es guapo por condena, el payo, que se pone calcetines blancos con papos de ortopedia y unos vaqueros lavao piedra con una camisa de seda negra y blanca y botones de oro y el payo quedaría niquelao. Pero que terminas preguntándole dónde se ha pillado la camisa. Abelardo es un mito coolhunterístico en potencia, que no se crea nadie que lleva rollo metrosexual, que el Abe lo que lleva es la guapura cosida a su alma natural, que se le sale del cuerpo mirando por esos ojazos azules, como el mar de su Cabo Roig del alma. Se nos casa con Mamen, una princesa toledana que le vio desde el primer día esa inmensidad, y entendió el Abelardo way of life como nadie. Que menudo way of life de despiste a lo más Murcia que tiene desarrollado mi hermano Abe, que si yo soy como Murphy, el de la Ley, él tiene un gen Rompetechos que aún le hace más interesante. Menuda parejica hacen, acho.

 

No es fácil encontrarse a un tipo así en la vida, que si lo descubren los de donetes lo fichan por un euro más que al Cristiano Ronaldo para hacer el anuncio ese de amigos por todas partes, porque el Abelardo deja huella, y le quieren en toda España: El Acho, El Murciano, El Abelange… le conocen de muchas formas en todos los rincones del país, y de aquí a poco, le conocerán por sus implantes, que además de todo esto es un dentista como la copa de un pino, que nadie se extrañe, que no he visto yo más interés por estudiar y aprender jamás. Porque Abe, en todo lo que hace, pone su corazón gigante. Este finde le llevamos a Mojácar. Juntamos a más de 20 hermanos suyos, y aún faltó alguno, y pasamos 50 horas inolvidables, cantando, bailando, riendo… sobre todo porque allí estaba él, con sus ojos azules y su eterna sonrisa, poniendo su corazón sobre nuestra amistad. Abelardo, sigue siendo feliz, acho, que eres el mejor. Vale.

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Foto: El buen rollo hecho persona, en Mojácar, el sábado pasado

30/06/2009 09:47 achopijo #. sin tema Hay 18 comentarios.

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