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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2010.

Barracas

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Acho, los vascos llaman barracas a las atracciones de feria, así que cuando pasan por aquí en primavera parece que saben a qué nos referimos cuando les hablamos de una barraca, aunque tuercen la expresión cuando les dices que vamos a comer. El caso es que ahora lo de la barraca es un poco como la campana de Pavlov, que es mentarla y a uno se le pinta una nube de pensamiento con zarangollo, choricicos, michirones… y la imagen es la mesica rodeada de cañicas. Bueno, es un logro para nuestra historia que sigamos usando esta preciosa palabrica, pijo, aunque sería bueno no olvidar qué es una barraca, y más aún, promocionarla, que la historia está para aprender de ella. Los cortijos, los caseríos, los orrios… pijo, y las barracas. Que mucho curre se han pegado decenas de generaciones de murcianos construyendo sus barracas, para que llevemos al ostracismo esa maravilla de la construcción huertana. Acho, que en cada peña huertana debería haber una barraca, y que hubiera un concurso y premiar a la peña ganadora con algo gordo, que no muriera nunca la tradición, ni se perdiera la fórmula secreta, para construir una casica fresca sin aparato de aire acondicionado.

La clave, dicen, eran los ventanucos, que dejaban pasar la luz y retenían el fresquico… por no hablar de los adobes de los muros, que preparaban los mismos huertanos que labraban el campo y construían sobre los tallos de girasoles secos, que se usaban para el esqueleto,  después cubierto con los mantos de albardín. Las cañicas para rodear, para el corralico, el hornico, un buen lebrillo al sol, y la paja liá, rastrojo de trigo y sisca, para el toldo y el techico, que menudas siestecicas en estera debían pegarse con un vinagrillo en la boca y el sombrero en la frente mis amigos antepasados, después de inaugurar la barraquica, y celebrarlo con el buen hacer de algún matachín. Brindando por la casica fresca para la labranza, después de que llegue el solazo de Murcia que obliga al cobijo a mediodía. Los huertanos, como nosotros, pasaban las horas en la calle, al aire libre, o trabajando, o celebrando, que ahí hacemos lo que podemos para mantener la tradición, y por eso la huerta es alegría.

Yo me imagino a los huertanos como lo más parecido a un hobbit, acho. Igual el bueno de Tolkien pasó por aquí y se inspiró en nuestras barracas, la huerta y su alegría, el coraje y la generosidad, la buena vida y la primavera para crear a esos pequeños seres bondadosos, porque mira que la Comarca se parece a cualquier pedanía huertana de principios de siglo, y misteriosamente los vistió con zaragüelles, chalecos, camisas de cuello de tirilla y fajín. Lo raro es que cuando Frodo tiró el anillo no dijera mirando a cámara: Acho, por fin. Bueno, por fin tenemos aquí las Barracas, y volvemos a tener el reto de comer en una todos los días de la semana, con los primos, con los amigos, con los vecinos, con los compis de curre, con la novia, con los amigos de la novia, con los del ex curre, con quien sea, y nos faltarán días, eso sí, un brindis por las barracas auténticas, y la huerta de Murcia, que nunca falte, y si hay alguien de fuera, un minuto de paliza, y que se vaya sabiendo qué era una barraca murciana. Vale.

Foto: Barraca murciana

04/04/2010 09:36 achopijo #. sin tema Hay 6 comentarios.

Guarros

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Y lo recordarán en plan guays, en plan la gracia y eso… Como si lo estuviera viendo. El Fulanico, qué cabrón, el payo se metió a un edificio y cagó en el ascensor, acho, que dejó un pastelón de cinco kilos, el payo… - Acho, qué cabrón… jajaja, qué marrano… y luego se comió a la Menganica, como recompensa. Y se darán con el codo, y se reirán, y los demás ya sabrán qué hacer para ser el centro de atención en la siguiente. Hay que superar lo de Fulanico. No hace falta haber hecho muchas tonterías para entender hasta dónde se puede llegar haciendo el gamba, pero lo que vivimos los vecinos de La Fama y alrededores el día del Bando está superando cualquier predicción. Algunos edificios contratan seguridad privada. No me extraña. No es ya mear en la calle, o echar mil potas, que si hay que poner 5.000 baños, deberían ponerlos, es ya buscar en la degradación cómo superarse. El niñato que cagó en el ascensor del Edificio Antonio Machado será un héroe, y yo sólo espero que llegue el día en el que recuerde el Bando de 2010 con vergüenza, aunque no sé si llegará, y ese es el mayor problema de todo esto.

 

Espero que al menos, cuando pasen unos años, sepan entender que realmente no tuvo gracia. Estaría bien que pasados unos días, esos niñatos pudieran ver lo que pasó unas horas después de su gamberrada de borrachera. Que desde una ventanita en el techo observaran, no ya cómo los vecinos que llegaron esa tarde a casa y abrieron el ascensor lo cerraron entre arcadas, y tuvieron que esperar el otro, con niños, bebés, ancianos… que pudieran ver cómo Daniel, un hombre mayor que pasa los sesenta, y que ha dedicado su vida a cuidar del edificio, a saludar a los vecinos, a resolver problemas, a cargar con la basura, llegó a primerísima hora del miércoles, después del Bando de la Huerta, su día de asueto en estas fiestas, para limpiar el estropicio. Que vieran cómo Daniel preparó un cubo con agua y lejía, una espátula, dos paños y dos estropajos viejos, y se arrodilló, con dificultad, sobre el suelo del ascensor, sintiendo el dolor del reuma incipiente en su cadera y espalda, absorbiendo el putrefacto olor de la mierda de niñato descompuesta y varios pises de alcohol puro de borrachín, que le obligaron a abandonar el ascensor varias veces antes de seguir con la faena.

 

Que vieran cómo aguantó un par de arcadas mientras despegaba los trozos de caca marrón, mientras se manchaba las manos con agua y lejía, e iba despegando costras y recogiéndolas en el cubo vacío, con los estropajos, con las mismas manos con las que debería estar quitando hierbas del jardín, o arreglando una cerradura a una anciana vecina.  Deberían ver cómo se levantó Daniel del suelo, con las rodillas doloridas y una mueca servicial en su arrugado rostro, sin un ápice de cabreo, después de estar cerca de una hora dándole a la espátula, hasta que el ascensor quedó como una patena, y que los primeros vecinos en usarlo no se percataran de la barbarie que el día del Bando dejó a su paso por este viejo edificio del barrio de La Fama. Deberían ver todo eso, justo cuando se acuerden de su fechoría entre risas y recuerdos en algún banco de parque, entre porritos y motos, historias de ligues, hitos de borracheras y Bandos, y si al darse la vuelta, en vez de Daniel, fuera la cara de su abuelo el que limpia, mejor aún, a ver si al menos, sienten la vergüenza de un acto que nos avisa de que hay algo que no estamos haciendo bien. Vale.

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Foto: La gran meada (foto del gran Manolo Gambín, de su serie 'El Otro Bando')

08/04/2010 10:53 achopijo #. sin tema Hay 22 comentarios.

Derbisiones

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El Partido. Loco. Bonito. Intenso. Fue un derbi de los que salen de vez en cuando, con alternativas, y ambos equipos dejándose la piel. Luchaban cada balón. No se vio mucha continuidad, precisamente por eso mismo. El Murcia tenía ganas… y el Cartago, también, y se notó desde el primer minuto. Nos divertimos, y eso, en un derbi, no es común. Luego está la nube negra, que cuando más puede hacer, lo hace. Los que la conocemos bien sabemos distinguirla. El Murcia fue mucho mejor durante 20 minutos de la primera parte, pero no aprovechó. El Cartagena, durante otros 20 en la segunda, y sí los aprovechó. Un penal que va a al poste, y entra, otro que va fuerte a un lado, y acierta el portero, y del 2-3 al 3-2. Fútbol es fútbol.

 

El Ambiente. De partido grande, pero a la vez, de partido de plástico. Olor a nuevo. El paseo en corteo murcianista se hizo raro. Parecía un desfile en la Fifth Avenue de New York, con el público tras la cinta, y el murcianismo saludando. Sentí un ambiente verde, de partido grande, pero sin el color que da el conocerse bien, los partidos todos los años, o casi todos, y la inexistencia de un foco de animación claro en el Cartagonova. O cantan todos, o no canta nadie. La afición murcianista me gustó. Sobró algún cántico contra… pero en general, estuvo a la altura. En un día tan complicado para los murcianos (menudas caras llevaban algunos en los autobuses), se cumplió. Sobre todo animando con el 3-1, y creyendo hasta el final.

 

Cartagenerismo. Es inevitable, pero recuerda tanto al Ciudad… que asusta. Todas las camisetas que poblaban la grada eran de este año. No vi ni una sola de otras temporadas, y estuve buscándola. Roza el esperpento que la afición que está a diez jornadas de subir a Primera con opciones clarísimas cante más a Segunda B, que a Primera, o que sólo se una (hasta la Tribuna) para botar contra Murcia. Aún así, hay base para que esa afición crezca, y aguante. Allí ya son el Efesé de toda la vida, algo que el Ciudad no logró nunca. Cuando se gritó eso de ¡¡Este no es, el Efesé!! Muchos parecían no entender… Veremos qué pasa en los próximos años, con atención. Sería malo para todos que no volviéramos a vivir este partido. La última vez que estuve en el fondo norte del Cartagonova éramos 300 murcianos, y al campo fueron unas 6.000 personas, y era el mismo partido, pero en Segunda B. Desde luego, todo fue muy distinto.

 

El Viaje. Sanísimo murcianismo. Madurez ultramurcianista. Sentimiento de mentalitá. Compañeros de grada de tantos años, otra vez todos juntos, ya peinando canas. Recuerdos, anécdotas, y post partido con opiniones muy meditadas y masticadas en muchos años de experiencia. Compartir charla con Josu, Iñaki, Lousan, Alejandro Campillo, mi compadre Juanico, un guiri murcianista que es el ejemplo a seguir de cualquier hincha, el señor Soto, los davides (grande el almuerzo previo)… y así hasta 55 grandes de este sentimiento en un mismo bus, fue lo mejor del día. Volvimos contentos, con un nuevo recuerdo murcianista que añadir a nuestra historia, aunque fuera una derrota dura, apenas sentimos un rasguño en una piel tan curtida. Unos zagalicos rompieron una luna de una pedrada… En todas partes cuecen habas. La Policía no hizo su trabajo. Mereció la pena, y a ver si repetimos pronto, aunque el destino sea otro, que al fin y al cabo, se trata de seguir al Real Murcia.

 

El Clásico. Pues acho, no lo vi. Estuve en el Entierro, entre carcajadas de El Guille, y babeos varios, que disfrutó el enano más que nunca, con los tractores, Mickey Mouse, el dragón y los juguetes. Cogí mi balón, gracias a Peter (man), que las carrozas pasaban a 100 por hora, que parecía querían llegar a ver el final del Clásico. Hoy ya he oído eso: Los barcelonistas del Cartagena han tenido un finde completo, los madridistas del Murcia, el peor de sus vidas… resoplido, resignación… así son las cosas, pobres diablos, pero esa es la realidad. Vale.

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Foto: Golazo de Chando (qué remate...)

12/04/2010 10:46 achopijo #. sin tema Hay 29 comentarios.

La Cabaña

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Pues acho, el otro día fuimos a La Cabaña, que íbamos de celebración, y la hicimos en plan guays. Claro, pijo, que nunca habíamos estado en un restorán con estrellica Michelín, y teníamos curiosidad. Además, viste murcianístico conocer esos sitios, que ya tenía yo ganas antes de la star, pero después, aún más, que así de tontico soy. Así que dejamos a los rubicos durmiendo con los abuelos, y nos cabañizamos. Acho, y cómo nos reímos aprendiendo a estar. La cosa es que da un poco igual lo que pidas, porque allí, sin pedir ya cenas largo, acho. Que empiezan a ponerte mariconás todas riquísimas, y no paran, y así entre pizquica y pizquica, te cuelan lo que has pedido a la carta. Así terminamos, que parecíamos Obelix y Montserrat Caballé cuando íbamos para el coche. Acho, la relación entre contenido y nombre en estos sitios es inversamente proporcional al tamaño de la cosa, esto es, cuanto más pequeño es el bocatto, más largo el nombre, así te ponen una reducción de foie con pipas vestida con plata al aroma de orégano con base de pan y aceite del himalaya, y el puturrú es del tamaño de una uña de gorrión, pero acho, luego sabe a todo eso.

 

Yo es que disfruto comiendo que es una barbaridad. Ya lo decía mi abuela cuando no levantaba dos palmos del suelo: A este niño es mejor comprarle un traje de marinero que invitarlo a comer. Mi abuela siempre lleva razón, así que háganse una idea de cómo disfruté con los mil puturrús que pusieron allí de apetizers. Hasta un mini caldo con pelota que fue una delicia, de abuela, por cierto. Además, tienes el aceitico allí en un tubo de ensayo, con su pan crujiente y su sal especial, y cosicas crujientes riquísimas en platos raros, que se comen cuando te salga del pijo. Pedí la carta de vinos, y me entraron sudores cuando la trajo el metre, que iba descojonao de mesa en mesa soltando nombres de puturrús como si fueran chistes. Sudores, porque acho, más que una carta de vinos aquello era la Enciclopaedia Vinorum de la mesilla de noche del mismísimo Baco, acho. Al final trajo uno de Caudete sencillico y bien bueno, que no sé ni cómo elegimos, aunque el payo, para la carne me puso una copa adicional de otro, así con su sonrisica de metre más pájaro que Woodywoodpecker.

 

Me apreté unos trocicos de kobe, que tela marinera, acho. Eso eran cachicos de cielo. Antes, el tartar de atún, los guisanticos, y las verduricas en distintos puntos de cocción, que fueron maravilla, claro. Cuando llegaron los apetizers del postre, sacamos la bandera blanca y las cornetas, y tocamos en retirada. Cuando llegó nuestro postre, que los pájaros te hacen pedir el principio, ya no estábamos para florituras, aún así, lo probamos. Me quedé con las ganas de que me pusieran un gintoni, a ver cómo se las apañaba el metre. Será la próxima vez, que volveremos, pero será a mediodía, acho, que aquella noche tuve 17 sueños, y en todos fallecí. Pero bueno, a pesar de la hinchazón, y las pesadillas, me moló La Cabaña, y me cayó guapo el chef, Pablo González-Conejero, que vino al final a darnos la mano y a charlar. El payo dijo que habíamos pedido bien, y que para la segunda estrellica le faltaba mucho más de lo que le faltaba cuando empezó en esto para la primera… fue muy plástico en eso. Lo malo, que se puede fumar, y anda que no jodía el sabor de los puturrús el ducados del tipo de atrás, que se ahumaba un cigarrazo entre cada platico, el payo. Salud y larga vida a La Cabaña. ¿Has ido a un estrella Michelín? Vale.

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Foto: La Cabaña, que parece mentira que sea ahí donde se copetea de boda...

13/04/2010 11:19 achopijo #. sin tema Hay 22 comentarios.

Escotes y Tiranticos

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Acho, unos payos que se llaman Boogie Motosierra han organizado un fiestón aquí, en Murcia, al que llaman Bizarre Party, así en plan Mardi Gras de Nueva Orleans, y para el broche final han puesto a Chimo Bayo, y yo con en casa entre biberones. La habrán liado buena. Es lo que toca, que una vez pasamos abril ya no hay vuelta atrás, acho, llega la época de los escotes y los tiranticos, aunque este año se está resistiendo la cosa. Se ve que como el achopijo lleva varios artículos hablando de la primavera murciana y eso, y es más gafe que el gato negro del callejón de la 13 Rúe del Percebe, parece que un personaje de Tim Burton nos ha robado el primaverano; pero no se alarmen, que todo llegará. Les prometo que si esta semana no tenemos manga corta el próximo artículo será navideño, a ver si así le hacemos un quiebro al chupacabras burtoniano robaprimaveras. El caso es que este año el pistoletazo ha sido muy plástico con la cosa del volcán de Islandia, que eso es lo que pasa cuando explota la astenia primaveral y los ojos deciden ir por su cuenta saltando de escote a tirantico, poniendo a prueba la elasticidad de los cuellos por la calle.

Acho, es que nadie debe desestimar el poder de un escote, y/o un tirantico, aunque hay quien ni se entera, que ese sí es uno de los misterios de la naturaleza humana. Cierto es que la pesca escotedependiente es mayoritaria, y más aquí, que jugamos en casa ese partido desde hace ya muchas primaveras, pero acho, sigue habiendo peña que no se queda con la copla: - ¿Has visto eso? Y ves al payo que mira arriba, abajo, a un lado… - ¿el qué? – Nada, nada… y por dentro estás pensando cómo es posible que un ser de mi misma especie no se haya fijado, porque lo normal es que no haya ni que preguntar. No me diga usted, escotedependiente clásico, que no ha cruzado un gesto así (¡beauh!) doblando la cabeza 45 grados, levantando cejas, incluso moviendo la manico en plan italiano, con otro peatón al coincidir sus miradas en algún escote y/o tirantico en plena calle, que son momentos míticos del primaverano, que hasta terminan con un resoplido o suspiro de campeonato, que entrelíneas se entiende eso de cómo está el patio, menuda época, o el clásico taxista: me gustan todas, sin duda la expresión más plástica cuando explota el volcán.

Es que lo del escote da para una tesis, que tiene más un escote que un top less de aquí al volcán de Islandia ida y vuelta, porque mira que puede estudiarse, lo del balcón, como una vez me dijo Bitterconch que se llama al escote... que si collarcico, que si pendientes grandes, que si no, que de botón, que de tirante, que si tal o que si cual, son detalles, cuya suma es la causa de que los ojos de un noventa por ciento largo de peatones acho hagan la guerra por su cuenta en estos largos meses de solecico bueno, al menos teórico. Así que hoy, lectores acho, les deseo toda la suerte del mundo cuando sus ojos decidan por sí mismos, y que los dioses de la primavera repartan suerte con las miradas y el buen humor, que ellas lo saben todo, nadie lo dude, y cada escote y/o tirantico está ahí por lo que está, que nada es casualidad ¿No? ¿Eres escotedependiente? Vale.

Foto: Menuda explosión, la del volcán, digo...

20/04/2010 11:56 achopijo #. sin tema Hay 6 comentarios.

Bryant Park

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El paseo por el Midtown terminó con la clásica visita a la New York Public Library. Llevábamos andando desde las siete de la mañana, sin parar, emocionados con la ciudad que huele a cebolleta y caramelo quemado, pero casi no sentíamos los pies, y esa tarde tocaba aún ir de compras al Soho, y a los almacenes 21Century. Ya era hora del segundo lunch, hora española, cuando casi es plena tarde para muchos neoyorkinos. Nos compramos dos Baggles de espinacas y queso, tostadicos, y dos colas Light, y nos sentamos en el césped de Bryant Park a descansar. Hacía sol, pero se sentía fresco. El césped olía a recién cortado. Había mucha actividad en el parque, y a pesar de la cercanía del tráfico y el murmullo de la city, Bryant Park era un pequeño oasis entre cristales, cemento y asfalto. La descripción de la guía era correcta. Pilar se recostó sobre mis piernas y enseguida se durmió. Recuerdo que miré el anillo en su mano, que usaba como almohada sobre mis piernas, y miré el mío, en mi mano derecha, apoyada sobre el césped, y sonreí.

 

A unos metros un chaval blanco de unos diez años jugaba alrededor de una papelera. Su madre estaba con un bebé, bolsas, biberones, silleta, jerseys… El chico había utilizado varios papeles para hacerse una pelota, y jugaba al baloncesto en una minúscula papelera, que tenía un diseño peculiar. Hacía fintas, quebraba, daba vueltas sobre sí mismo y lanzaba ganchos y triples una y otra vez. Cuando encestaba, levantaba el puño, y saltaba dedicando sus canastas a la grada de un supuesto Madison Square Garden en Bryant Park. A veces, los papeles se desprendían, y la pelota se le partía en dos o tres pedazos, y entonces se enfadaba. Llevaba una gorra de los Knicks, una camiseta blanca gigante del GAP y unos pantalones vaqueros anchos. Las zapatillas eran unas Vans negras enteras, con la suela blanca. Espigado, con el pelo castaño y los brazos muy finos.

 

Después de ver un rato sus jugadas, y con Pilar aún dormida, me dediqué a contar los pisos de los edificios que daban sombra a la mitad del parque. Se perdían en el cielo, y al llegar a la planta diez costaba mucho no perderse, por el brillo del sol en los cristales, y la monotonía. Requería concentración absoluta… creo que no terminé de contar ni uno solo. Mirando al cielo, haciendo cálculos mentales… y de repente noté al chaval a mi vera. - Excuse me, Could ya blablabla me, bag, blablabla? Me dijo, mientras su madre miraba atenta desde el banco, con el bebé sobre sus brazos. Creí entender que si le dejaba la bolsa (a mi lado estaba la bolsa del sitio en el que habíamos comprado los baggles, una bolsa de cartón clásica americana, con servilletas dentro). Como no reaccioné rápido, el chaval la señaló. – Of course! Le dije, y se la entregué. La cogió con un thanks que gritó cuando ya se había dado la vuelta. El chaval cogió sus papeles pelota, los amasó, y los metió en la bolsa que le acababa de dar, la cerró con cuidado y creó una pelota más compacta, que cabía justísima por el aro de la papelera, y siguió con su partido.

 

Al poco, Pilar se despertó. Le conté lo del chaval, y hablamos de las muchas pelotas que habíamos hecho en casa cuando éramos críos, con bolsas, papeles y cinta aislante. El chaval seguía tirando triples. Pasamos a su lado, y le pedí un pase con un gesto. El chico enseguida me tiró la pelota, finté, driblé, y di media vuelta antes de lanzar en suspensión, un tiro fácil, que tocó el aro, se elevó sobre la papelera y entró limpia… El chaval, como si fuera el narrador de la ESPN dijo: - Stephonnnn Maaaaarbury! Yeah! Mientras Pilar aplaudia y gesticulaba, y nos dedicó un bye bye antológico con una sonrisa que acompañó su madre desde el banco. Abracé a Pilar, y salimos de aquel oasis, repuestos y después de vivir un momentico de esos especiales, sencillos, repletos de vida. Al bajar al metro, bajo  la calle 42, un tipo leía una revista de basket, y en la portada se leía: Starbury rules! En un reportaje sobre el número 3 de los Knicks, protagonista del partido en el Madison de Bryant Park hacía sólo unos minutos. Marbury, cuatro años después de aquel día, juega en Boston, y el chaval de las Vans habrá dejado de jugar partidos en papeleras… pero aquella canasta la recuerdo como una de las mejores de mi vida. Vale.

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Foto: Hoy toca el recuerdo de Bryant Park

21/04/2010 11:26 achopijo #. sin tema Hay 7 comentarios.

La Power

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Acho, habemus modica de las buenas. Ahora está pegando lo de la pulsera Power Balance, que se llama, que con ese nombre no sé cómo ha dado el salto, porque lo tiene todo para ser un producto de esos de teletienda que anuncian por las mañanas y que regalan con la compra del abdominator. Pues contra todo pronóstico, y adelantándose a la modica de los swatch finicos de colorines acharolados, que suena muy modernen y pijiveranístico a la vez, nos ha llegado la pulserica esta que dicen afina el equilibrio, quema el estrés e insufla potencia física y lucidez. Échale cualidades al perro y no te quedes corto, que va a ser darle la mano a alguno y verle el pulsero y mearse encima, acho, no vaya a ser que el pulserista te lance unos metros por el aire en plan Bud Spencer cuando te sacuda la manopla, que el power puede ser incontrolable. Yo ya he visto suficientes para, al menos, colocar esta modica al nivel del Lifestrong del amigo Lance y las pulsericas amarillas contra el cáncer.

 

El caso es que el pulsero cuesta 30 pavazos, por lo que, calibrando éxito y posibilidades, tenemos a algún pájaro forrándose por las esquinas en plena crisis, que lo que necesita ahora a la sociedad es equilibrio, fortaleza mental y física y lucidez, así que la pulserica como remedio ha sido dar en la diana, sobre todo para el pájaro.  Pero no se crean, que lo que sustenta el asunto es que la pesca se cree la película. Está hecha de neopreno y silicona, y según su web brinda al cuerpo nuevamente un estado de armonía y equilibrio como lo tuvo antes de la contaminación por sustancias químicas, comidas rápidas, la falta de ejercicio y el estrés. Acho, y no es necesario que esté en contacto con la piel, que funciona en plan wireless. Eso sí, te avisan de que no la metas a la lavadora, ni a la secadora, que se escachufla la cosa. Es un rollo aura de positivismo sano, como las capas esas invisibles de las naves de los aliens que repelen las bombas humanas.

 

Power Balance es una frecuencia en sí, almacenada en un medio (el holograma), que restaura el equilibrio electromagnético del cuerpo aislando a cada célula viva de los factores externos… acho, la clave es el holograma. La Power va más allá que aquella mítica pulsera para viejos, que era de oro con dos bolas de cierre, y tenía propiedades porque las bolas presionaban estratégicamente para mejorar la circulación. La Power lleva el holograma protector y desestresante. La verdad es que si mola algo es el holograma, acho, porque mira que el pulsero es feo de cojones, eso sí, si me atracan y llevo la Power, yo creo que si me pongo en posición de Ranger y me defiendo con la Power como escudo, el chori no tiene nada que hacer, acho. Les ha faltado, a los de la Power, promocionar un grito de invocación al holograma, y nos convertimos todos en Power-Rangers en un plis. Activa tu Power Balance, pie retrasado, pierna en flexión, brazo estirado, junta los puños, levanta la cabeza y grita: -¡El poder del holograma! Y ya serás un Power Ranger más. Si consiguieran un efecto rayo reflectante con el sol… En fin. Que yo no digo na, pruébenla, aunque yo para desestresarme, mejorar mi lucidez, y entrar en paz conmigo mismo, prefiero la Estrellica de Levante, aunque tengamos que pasar por alto lo del equilibrio. ¿Conoces a alguien que lleva o va a llevar (mira que hay algunos que tienen toda la pinta) la Power? Vale.

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Foto: Andresico, ¿tienes ya una? (jejeje)

22/04/2010 12:25 achopijo #. sin tema Hay 17 comentarios.

Aliens

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Acho, dice Hawking que igual deberíamos cortarnos un poquico con eso de buscar vida inteligente en el cosmos. Vamos, que el bueno de Stephen ‘Bigbang’ Hawking hace gala de la filosofía huertana por antonomasia, esto es, el manido virgencica, virgencica… que me quede como estoy. Lo que diga Hawking hay que tenerlo en cuenta, que sólo echando un ojico a lo que le ha dado por estudiar, uno se queda morguen. Acho, que el payo es titular de la Cátedra Lucasiana de Matemáticas, vamos, que si se hace entrenador le tacharían de amarrategui injustamente. Que si Oxford, que si Cambridge… pues na, que lo que diga Hawking hay que escucharlo sí o sí, así que estamos tardando en cortar los mensajes de paz y amor a las estrellas, no vaya a ser que… y es que Hawking dice eso de que aliens, haberlos, debe haberlos, que ya sería mucha chiripa que estuviéramos solicos en la negrura. Pero ¿andestán? Quilosá!

 

Por eso dice que mejor no caer en su trampa, que los aliens deben hacer la del siete, esta es, la de vagar por la negrura en plan estoy dormido y no existo, y en cuanto unos tontacos humanos le lanzan mensajicos y les mandan la señal de la tele de los juegos olímpicos, abren así un ojico y se dejan caer en plan Mars Attacks, y cuando tal, pumba, te meten la jeringa y te dejan más seco que la mojama llevándose hasta los pelillos de las alfombras. A mi es que los aliens siempre me han dado mala espina. Quitando a E.T., acho, que nadie se creyó que era un extraterrestre, a pesar de su nombre, dime tú a mi qué alien te da buen rollito, porque quien te dice a ti que no te va a abrir la boca y te va a salir el pequeñico ese que sale a veces de las bocas de los aliens y te va a morder la oreja, o la yugular, que los aliens no escatiman.

 

Lo que no creo yo que pase es lo que nos dijo el bueno de Shyamalan, que venía a ser muy parecido a lo que ahora nos revela Hawking, pero con un detallico, que los aliens chupadores de recursos que vagan de civilización en civilización, planeta a planeta, eran alérgicos al agua, los payos. Menudos aliens, acho, lo malo es que si existen esos, igual somos los murcianos los que más peligro tenemos, que aquí estarían como anchoas en marinera, enseñándonos las pezuñas por debajo de las puertas. En todo caso, que sí, que es inteligente lo que dice el señor Bigbang, y yo voy más allá, hasta que no podamos hacer nosotros la del siete, deberíamos hacernos los suecos por el cosmos, y dejarnos de tontunas, que lo que nos faltaba ahora es una invasión alienígena, cuando un volcán casi acaba con nosotros. Así que acho, si ven un ovni un día de estos, ni lo señalen, pongan las manos así por detrás, busquen una piedra a la que patear, y silben lo de verano azul mientras rezan que pasen de largo, que si los hay, Hawking dice que vendrán a vaciarnos, y si lo dice Hawking… ¿Crees que los aliens vendrán a chuparse la tierra? Vale.

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Foto: Hawking, ingrávido

27/04/2010 10:39 achopijo #. sin tema Hay 16 comentarios.

Bizcochos

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Acho, ayer hice un bizcocho. Hacía ya unos añazos que no me ponía, pero no me inspiraba con un par de discursicos, y me dio por ahí, y no salió mal la cosa. Las tardes de sábado solíamos hacer bizcochos en casa. Yo era el pinche, y Au, la chef bizcochera. A mi me molaba, sobre todo, por picar masa cuando Au no miraba, que me ponía fino, y luego cuando toda la casa olía a bizcocho, yo estaba como Yoyó (Winnie Pooh) cuando se jama diez toneles de miel, tumbado en el sofá masticando los ay, ay, ay, esos aletargados que provoca el dolor de tripa… Porque es que me ponía tibio, acho. Me pasaba la tarde bajo la espalda de Au, metiendo el dedico en el bol. Au me pillaba una vez de cada cinco. Me gustaba hacer la raspadura de limón, y echar la levadura, que gracias a mi, nunca se le olvidaba a Au, que me dejaba a mi esa responsabilidad. No nos salían muy allá, aunque se podían comer, y además, lo suyo era que salieran roticos, que estaban más jugosos.

 

Cuando me ha dado a mí por hacer bizcochos lo que me cuesta es seguir la receta, acho. Pero que es superior a mis fuerzas mentales. Igual es cosa de la ansiedad… o va con el yo, el superyo, el ego y el superego, o el alma mismo, acho, pero las manos, se me van solas. Si pone dos danones, le echo dos y medio, y un poquico más así, a ojo. Pero lo que no puedo, por nada del mundo, es no darle al bizcochico un toque así creativo, acho, esto es, echarle tres o cuatro cosicas que la receta no ponga. Bueno, esto no es sólo cosa de bizcochos, que me pasa con guisos y pasta siempre. Por eso no he cocinado, yo creo que jamás, el mismo plato. Si me metieran en el McDonald´s a hacer Big Macs podría liar una minina, acho, porque mira que es aburrido hacer lo mismo. Ayer me inventé un bizcocho de yogur al chocolate con nueces, y aroma de limón, que me quedó guapo, porque no batí los huevos hasta lo necesario, y se rompió que te cagas de irregular, que se tostaron así las grietas.

 

Por un lado preparé el chocolate enyogurizado con leche y polvico de nueces, y por otro lo que es la masa clásica bizcochera. Luego la pelambre del limón, y polvico de galletas, que le da consistencia, con un par de toques secretos, y al horno al turbo. Lo llamé el bizcocho Eyjafjallajokull, acho, en honor al vocán, porque es lo que parecía cuando salió, y mientras se hacía, que no salió el chocoyogur a borbotones en plan lava porque no quisieron los dioses élficos. Pero acho, qué rico está, y qué recuerdos removiendo la harina, aplastando grumos, y esparciendo el azúcar… y echando mano a la masa, claro, que me pasó lo mismico, acho, que no pude ni cenar, y me pareció ver a Tigger a los pies de mi cama con una toallita. El próximo voy a atreverme con algo más sorprendente, a ver qué me sale, que me sentí libre echando cosicas al bol. Cuando quieran les preparo un Eyjafjallajokull a medida. ¿Haces o hacías bizcochos? Vale.

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Foto: Yoyó Pooh (luego os pongo una fotico de mi bizcochico)

28/04/2010 10:59 achopijo #. sin tema Hay 4 comentarios.

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