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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2010.

Vintage

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Son añicos ya, acho, y sigue ahí, dale que te pego, apareciendo en todas partes, como si protagonizara una campaña interminable de posicionamiento. La palabra vintage se puso de moda hace ¿cinco años? ¿seis?  Sin romper, se quedó ahí, en la maraña de la monotonía diaria, y ahí sigue, como ese ciclista que siempre está en el pelotón de los favoritos, pero nunca gana, haciendo la goma. En la tele, en las tiendas, en una camiseta, en un twit, en una conversación de fútbol, de arte, del corazón o de comida mismo... esto, aquello, lo otro… es muy vintage, demasiado vintage, toque vintage, para muebles, coches, motos, ropa.... Llegado este punto, ya da igual lo que quiera decir, que lo usa hasta el de la camisa para describir su resfriado.

Vintage nos suena a años veinte, pero unas Nike Air Jordan son tan vintage como el Charleston, porque todo lo pasado de moda es vintage. Desgaste, segunda mano, nostalgia, lo que brilló, que puede volver a brillar mientras esperamos tiempos mejores. Vamos, que ni pintado. Una camiseta de Butragueño sería hoy muy vintage, por ejemplo, más incluso, que una de Johan Cryuff, que lo vintage se alimenta de lo que pasa hoy para darle sentido a lo que pasó ayer, porque acho, en mañana no confía ni la abeja Maya. Sólo falta que le pongan vintage a un garito, y nos vayamos al Vintage a tomarnos unas copas vintage, con unos vaqueros vintage, a recordar momentos vintage, y cuando nos demos cuenta estamos pagando en pesetas, que igual es lo mejor, como dijo Krugman, nobel de Economía,  el otro día en un artículo ultravintage en el New York Times culpando al euro de todos nuestros males.

Igual era una moda más, pero la madre de todas las desgracias, la onmipresente gran crisis, actuando como un alter ego global, nos ha dejado el vintage como clavo ardiendo, y dale, que tenemos vintage hasta en la sopa. Una modica que haciendo de sí misma, forjándose una onomatopeya semántica y vital que la hace crecer, se alimenta del 21 negro. Lo vintage era un augurio que gritaba el posmodernismo tras el cambio de milenio. Allí estaba Dita Von Teese, para que perdiéramos la fe en el progreso, pero sólo vimos la nostalgia... o su escote, y ahora aquí estamos, empachados de vintage, y no es buen vino de crianza, como sería la traducción. ¿Ves vintage por todas partes? Vale.

Foto: Dita, entolosuyo

01/12/2010 14:57 achopijo #. sin tema Hay 9 comentarios.

Ángeles Magenta

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El bacalao rebozado en el Luis de la Rosario va a saber diferente esta próxima Semana Santa, mejor que nunca, si es eso posible. Son muchos años de vivir el Lunes Santo en el corazón de San Antolín, admirando el desfile de los Magenta, y viviendo el ambiente nazareno más castizo de la ciudad. Desde el año que viene, y en especial para la Semana Santa de 2012, será San Antolín, y el Cristo del Perdón quienes ocupen nuestros corazones, porque ya somos Magenta. Un grupo de amigos de siempre, los mismos que año tras año disfrutamos del Lunes Santo con deleite, portaremos a Los Ángeles de la Pasión, el nuevo paso que completa el desfile procesional de la Cofradía del Perdón. Un nuevo paso es siempre una buena noticia para Murcia, y cuando servirá para agrupar a la Hermandad Juvenil de los Magenta, aún más.

Los de San Antolín, allá por los últimos años del siglo XIX, refundaron la Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón, y reescribieron las constituciones. Un paso de ángeles, Los Ángeles de la Pasión, encabezaría el desfile de Lunes Santo, dicen los escritos. Pasaron 81 años hasta que Pepe Requena recogió aquella propuesta constitucional de la refundación, una idea que ha ido puliéndose poco a poco, como se construyen las grandes cosas, hasta que seis presidentes de la cofradía después y otros 33 años más, el cortejo nazareno del señor del Malecón completará su desfile cumpliendo con los planes de aquellos murcianos de finales del XIX que revitalizaron la antigua tradición cofrade en San Antolín.

Amigos, amantes de Murcia y de su Semana Santa, y especialmente cercanos a su procesión más castiza, no podíamos faltar para darle forma a este proyecto. Una forma que los nazarenos sólo trataremos de lucir de la mejor manera posible, ya que será el maestro Hernández Navarro quien nos deleite con la escultura de los ángeles, y otro maestro, Lorente, quien pula el oro murciano sobre el trono del paso. Entre huerta de limoneros, y bajo las faldas de la sierra, en el taller del Salzillo actual de la escultura nazarena, pronto habrá dos ángeles que harán realidad el sueño de generaciones de nazarenos Magenta, ofrecerán a sus estantes el regalo de la penitencia, y a Murcia un nuevo paso que admirar en procesión. Ya somos Magenta. ¡Viva el Cristo del Perdón! Vale.

Foto: Los Ángeles de la Pasión

02/12/2010 22:01 achopijo #. sin tema Hay 4 comentarios.

Descontrole

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Ha sido un descojone, acho. La crisis de los controladores ha dejado claras muchas cosas, pero sobre todo una, que los españoles tenemos un sentido del humor de primera categoría. No hablo de los cientos de miles cabreados en los aeropuertos, que no estarán para chistes, si no del reguerón de ironía finísima que ha dejado el asunto en Internet, en especial en Twitter, donde por cierto, entre descojone y descojone por el chiste de turno, ha sido donde mejor se ha podido seguir la información sobre el asunto desde todos los puntos de vista, y en tiempo real. – Mamá, mamá, en el colegio me llaman controlador… - ¿Y tú qué haces hijo? – Me pongo malo y me voy. Decía uno de los primeros que leí. Esta noche todos a usar Durex, que los otros están de huelga, aconsejaba @sergiofriede.

Otros proponían que Pérez Reverte tomara el mando de los aeropuertos, o que fuera Mourinho quien negociara la solución. De Mourinho decía @arrozman que se había hecho controlador, porque no podía haber nadie al que odiaran más que a él, y mezclando también fútbol con la crisis aérea, otros pedía militarizar la expedición del Barcelona para obligarles a jugar en el Reyno de Navarra, mientras que @Daniperucho se preguntaba si los jugadores de su Atleti tenían complejo de controladores, ya que perdían 1-0 porque no estaban haciendo nada en el campo.

Si hubo algo durante las vibrantes 24 horas de crisis en la red en lo que muchos se pusieron de acuerdo no fue el sueldo de los controladores, ni si alguien podría haber previsto el abandono de los puestos de control, muchos coincidieron en señalar que todo se producía por un homenaje al recientemente fallecido Leslie Nielsen, el mítico Frank Drebin, protagonista de Aterriza como puedas, película que se pudo ver ayer por la tarde en una cadena, para más retintín. También hubo cierto cuórum a la hora de destacar las ventajas que tenía la situación. Lo bueno de tener cerrado el espacio aéreo es que si vemos una lucecita moverse en el cielo es seguro que es un Ovni, retwiteaba @mariasolerglo.

A última hora, una vez que se reabrió el espacio aéreo español, la cosa empezó a caer. #controladores dejó de ser palabra de moda mundial en Twitter, y los chistes fueron desapareciendo, algo que plasmó @falele_ diciendo que tras la vuelta de los controladores también Twitter vuelve a la normalidad. Entre los miles de mensajes y comentarios, y para terminar, recojo un twit de @anono: En el mismo instante en que dejaron de interesaros mis derechos dejaron de interesarme a mí vuestras reivindicaciones, en referencia a los controladores. Hubo cachondeo, pero también reflexiones interesantes. ¿Cómo viviste la crisis de los controladores? Vale.

Foto: #controladores

05/12/2010 11:00 achopijo #. sin tema Hay 5 comentarios.

Vidas por un euro

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En el fondo de un bote de lápices, en un bolsillo del abrigo, en el cajón de los enredos, con los manojos de llaves, en la guantera del coche, debajo de los cojines del sofá, en la cajita de los céntimos, debajo de la cama o de la alfombra, en la bolsa de la compra… Un euro aparece de vez en cuando. Un euro olvidado, que esta Navidad tiene un destino especial, un euro que cura el dolor de otros. El dolor de enfermos que no tienen nada, en los lugares olvidados, donde enfermedades como el Chagas, Kala Azar, Tuberculosis, Malaria, Enfermedad del sueño y el SIDA infantil matan cada año a más de un millón de personas. Ese euro olvidado es más importante que nunca, porque desde este año hay tratamiento para el dolor de quienes más sufren: los enfermos olvidados. Un tratamiento para tratar a quienes más lo necesitan: Las pastillas contra el dolor ajeno.

El principio activo de las pastillas contra el dolor ajeno es el amor, y el tratamiento conlleva la práctica de la responsabilidad y la solidaridad, esenciales para mejorar el estado de salud, por sólo un euro. Un euro olvidado que puede salvar cientos de miles de vidas en todo el mundo. Esta Navidad Murcia tiene la oportunidad de demostrar que es una región solidaria. Sólo aquí podía surgir una idea basada en la generosidad y la solidaridad. Una idea que el murciano Jorge Martínez lleva más de dos años materializando, y que ya es una realidad, gracias a Médicos Sin Fronteras, los farmacéuticos, los distribuidores y la Comunidad Autónoma, además de todas las administraciones regionales del país, que han terminado por crear una campaña solidaria sin precedentes en España, con el éxito asegurado (se han vendido un millón de cajetillas y aún no ha comenzado la campaña) y que seguro va a suponer un antes y un después en comunicación.

Entusiasmo. Cuando Jorge Martínez me contó la idea, hace casi dos años, era imposible no contagiarse de su entusiasmo. Creo que esas ganas, unidas a una idea gigantesca, es la clave del éxito que ya está teniendo la campaña, y tendrá en los próximos meses. Lo más difícil de las grandes ideas es hacerlas realidad, y se ha hecho. En un tiempo tan complicado asistir al éxito de una iniciativa solidaria, hacer posible que todo el mundo pueda participar en la mejora de la salud de quienes más lo necesitan, es un inconfundible signo de esperanza, por el que brindaremos en estas fiestas, con el orgullo de que Murcia haya tenido un papel esencial para hacer posible que podamos ayudar a curar el dolor de quienes más lo necesitan. ¿Tienes ya tus pastillas contra el dolor ajeno? Vale.

Foto: Una vida

07/12/2010 22:43 achopijo #. sin tema Hay 6 comentarios.

La Bandeja 2010

Ya nos hemos navidadizado, acho. Con los niños todo vuelve, y aunque aún son peques, El Guille me pregunta todas las mañanas por qué no han venido ya los Magos, se vive tan intensamente como aquellos años de ilusión desmedida. El árbol, los adornos, los planes, el pavo, la casa rural, la family, las comidas, las cenas, ojo con las cenas, los primos y los amigos, otra vez las comidas, la lotería, la radio, la manta del sofá y las tardes de películas en la tele. Yo soy de los que sí, que me mola el parverío de estas fechas, pero entre todo, y de largo, lo que más me gusta es haber heredado la responsabilidad de preparar La Bandeja. – Acho, ya vas a hablarnos otra vez de comida… - Bueno, es que la Bandeja no es comida, compare. La Bandeja es más ritual que otra cosa. La Bandeja es la Navidad.

Porque para mí La Bandeja es mi abuela Pilar, y las navidades de mogollón y los primos correteando por debajo de la mesa, la caja de los juguetes, la estufa y Telepasión española en la tele, y en el centro de todo, La Bandeja, presidiendo la Navidad. Aquella era tamaño XXL, organizada tras muchos años de experiencia y tradición. Mazapán de Moratalla, turrones de Jijona, Alicante duro, peladillas grandes, polvorones de La Estepeña, el mítico Suchard, el turrón turrón, las yemas, mantecados de limón… Bueno, aquello era un alarde de variedad navideña estudiadísimo. Tanto, que cada vez que alguien iba a coger, seguía un ritual entrañable de búsqueda y elección, tan personal, que quedarse estudiando La Bandeja era de las cosas más divertidas de la noche.

En casa yo preparo La Bandeja. No somos anfitriones de parvá familiar, que todo se andará, así que de momento preparo una mini Bandeja, pero bien surtida. Trato de innovar con algo cada año, aunque básicamente, mantengo la tradición. Este año fuimos hace unos fines al mercado de Navidad de Monóvar, acho, y había un puesto de turrones artesanales de Jijona. Reorganicé los planes bandejiles, y aposté por los turrones. Son como masticar un cacho de cielo al atardecer. Gloria bendita, acho. Turrones con siglo y medio de tradición, que se nota, no sólo porque lo ponga en la cajica. Aún me falta el toque exótico, que decidiré en próximos garbeos comerciales, y que espero mejoren el turrón de tutti fruti que el año pasado sufrimos en La Bandeja. ¿Has preparado La Bandeja navideña? Vale.

10/12/2010 08:50 achopijo #. sin tema Hay 1 comentario.

El Grifo

El cubículo era lo suficientemente grande. Se podían dar tres zancadas de largo, y una y media por ancho. Un cristal opaco hacía de puerta, y las paredes estaban recubiertas en forma de mosaico romano, en azules y violetas. La ducha, alta, cómoda, tenía tres opciones de fuerza y superficie de salida de agua. Mirando a la ducha, las toallas quedaban justo detrás, donde no llegaría el agua salpicada. Dobladas las pequeñas, colgando de un toallero moderno otras dos más grandes. Después de estirarme, beber agua en el vaso mirándome al espejo, e inspeccionar los utensilios varios, me dispuse a disfrutar de la ducha recién llegado del viaje, esa que te quita de encima horas de pesadez, y el leve dolor de cabeza del coche. Con tiempo para dejar al agua actuar, en esas duchas de hotel casi milagrosas, abrí el cubículo dispuesto a entregarme al descanso.

Cerré la puerta de cristal glaseado y estiré el brazo, por inercia, hacia el lugar donde todas las mañanas está el grifo… pero no había nada. La nada. Miré a un lado, al otro... y hacia arriba. Descolgué la alcachofa y trastoqué las tres diferentes posiciones de apertura. Busqué un botón, la roté sobre sí misma, pasé la mano cerca, lejos, despacio, rápido, por sí había alguna célula de movimiento… La volví a colgar, y repetí los movimientos varias veces. Con los brazos, con mi cuerpo. Presioné la pared, enfrente, a un lado y al otro. Salí del cubículo y volví a entrar. Descolgué y colgué. Dejé la puerta abierta, y la volví a cerrar. Inspeccioné el suelo. El desagüe también tenía dos posiciones. Lo pisé, por si el grifo se accionaba a modo de pedal, despacio, con un toque largo, con otro corto… y pasé los pies por delante, por si la célula estaba allí. Nada. Vacío. Ducha sin agua.

Por no llorar, me entró la risa tonta. Salí del cubículo, e inspeccioné el exterior. Las paredes por fuera no tenían nada, ni botones, ni grifos, ni letreros. No había instrucciones tras la puerta, y en el lavabo no había más que el grifo principal. También activé el bidé, el bidé sólo, el lavabo sólo, los dos a la vez. Nada. La ducha parecía de atrezzo. Por una cosa de esas de cabezonería provinciana descarté llamar a recepción para preguntar. Eso jamás. Aunque tuviera esa sensación de estar en una cámara oculta celestial. Pasaban los minutos, y el tiempo se me echaba encima. Así que, apechugué. Ducha de asesino en baño público, vía lavabo y jabón. Refrescante a medias solo, y dolorosamente cansina. Con el pelo limpio, y resignado, cojo la toalla grande para secarme… y… ¡Bingo! Allí estaba el grifo en forma de botón de fuente. Sin buscar, encontré. La paradoja del grifo. ¿Encuentras los grifos? Vale.

11/12/2010 11:53 achopijo #. sin tema Hay 4 comentarios.

El fútbol perdido

No es oro todo lo que reluce. Menos mal que a España le quedan los refranes, sabiduría popular que aguanta el paso de los años, con la que rasgar los cantos de sirena envenenados que la ceguera hace resonar cuando cambia el viento. Cada vez antes, y cada vez más previsible, quienes tienen la misión de empequeñecer el fútbol, enarbolan la bandera de la crítica y la exigencia, ya sin importar nada más que el último resultado, aprovechando para pintar de oro las veletas, navegando de empopada hacia el ventajismo, disfrazado de virtudes incontestables en este país de locos, en el que seguimos llamando fútbol a lo que es otra cosa. Lo que faltaba por ver.

Entre la gran mayoría asentada en el veletismo histórico de los gigantes, un minúsculo grupo de valientes héroes resiste gracias a la fuerza de sus corazones, su poción mágica, una pasión sana e incondicional, que aguanta como la aldea de irreductibles galos, a la fuerza del imperio blanco y azulgrana, y a la vez, mantiene su advocación al fútbol verdadero. Hinchas que lloran las palabras de quienes, ciegos de brillos entre cantos de sirena, manchan sus sentimientos a la más mínima contrariedad en el juego. Da igual todo lo demás. El trabajo, las victorias, el apoyo de los hinchas, los aplausos, la entrega, la pasión, el escudo, la ilusión... Sólo valen cuando se gana, para quienes el fútbol es sólo marcar más goles que el contrario.

Ver oro en ganar siempre es la enfermedad del fútbol en España, y ver hojalata en la pasión incondicional es no conocer la grandeza de este deporte. De la España de plástico hemos heredado la exigencia, y hemos perdido la esencia del escudo, de los colores, de la pasión. Anima España cuando gana, y exige, pita y se enfada cuando pierde. Esa es la Ley del Imperio, escrita por sufragio universal en los graderíos de los grandes estadios, esparcida hasta los últimos confines del fútbol, contra la que casi hay que esconderse para contravenir. Cuando tu equipo encaja un gol y algún pobre imbécil se levanta gritando apoyo para sus jugadores, en vez de reírse de ellos con el compinche de al lado.ç

No son mártires, esos que están cuando cae el equipo al suelo, cantando su amor incondicional, ni tontos, ni descreídos, ni ciegos…no son de hojalata, ni de oro. Son el alma del fútbol, verdaderos creyentes de esta religión única que hace de los hinchas el alma del fútbol. Sus alegrías, son mayores, sus decepciones, encuentran consuelo en la incondicionalidad, y sus equipos, todos, son grandes, sólo por ellos, porque esos hinchas que siempre ven orgullo en su escudo, sea el que sea, esté donde esté, no distinguen el oro de la hojalata, porque en fútbol, en el verdadero fútbol, eso da igual. Vale.

13/12/2010 14:59 achopijo #. sin tema Hay 3 comentarios.

El Árbol

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La mañana del árbol era mítica, acho. Sábado de macuto y nervios, del tipo excursión con el cole o partido de semifinales contra Los Maristas. Había que ir temprano para poder elegir bien el pino, o los abetos pequeños. Ir al Valle Perdido siempre era sinónimo de aventura. Las vistas de Murcia, los caminos de tierra, la Cresta del Gallo, el olor a campo, las kickers, el jersey de ciervos, los palos, las piñas… y aquel campo de fútbol donde jugábamos 25 contra 27 un partido gigantesco, en el que nadie sabía realmente el resultado final. Ir al Vivero a elegir el árbol de Navidad llevaba todo eso intrínseco, y por eso molaba tanto. Mamá medía el hueco que habíamos hecho en el salón para el árbol, y nos llevábamos dos o tres maceteros grandes para comparar la base. Preparábamos todo, el papel albal, las cajas con los adornos, la pintura plateada… para que al volver todo estuviera dispuesto.

Caminico de tierra, y parking sin señalizar. Estábamos en el Vivero. Me acuerdo que todo parecía un cuento de Teo. El jardinero, botas, mono y gesto amable, nos daba los buenos días, y preguntaba si habíamos sido buenos, todos decíamos que sí, y pasábamos a las calles de árboles de Navidad de todos los tamaños. Había que mirar el tronco, que las hojas estuvieran fuertes y sobre todo, la forma. Que se pareciera lo máximo posible al árbol que llevábamos pintando y coloreando en los cuadernos de dibujo los últimos siete años de nuestra vida, de más a menos, para que la estrella pudiera colocarse arriba. La elección no era fácil, pero llegaba un momento en el que lo veías, como si fuera casi una mascota. La parafernalia después de la elección es de esas cosas inolvidables. Las cuerdas, el mimo del jardinero, las instrucciones de riego, el sobrecico, y para terminar, la charla sobre el respeto por la vida de los árboles, justo antes de coger las piñas, que eran de regalo.

Había que plegar los asientos del coche y viajar de vuelta despacio y agazapado entre el árbol y los asientos delanteros, y eso siempre era, ya de por sí, algo guapo. En las curvas te clavabas las ramicas de pino, y había que vigilar el tronco, no fuera a pringarse todo de savia. Con razón tenían los ambientadores forma de pino, que un minuto en el coche y olía a bosque verde que daba gusto, acho. Luego, todo era otra vez parafernalia, cuerdas, subir, barrer las hojas, el papel de periódico… y los adornos. Por la tarde, pintábamos las piñas, y así pasaba, el día del árbol. ¿Cómo era tu día del árbol? Vale.

Foto: Mítico ambientador de pino

14/12/2010 12:42 achopijo #. sin tema Hay 2 comentarios.

Potico

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Tengo un poto en mi despacho. Cuelga de un armario negro insulso que parece un portero de discoteca con el pelo a lo afro, verde y rizado. En lo alto, hace que la habitación respire un poco, y la ilumina, que luz sí que hay, aunque estemos en pleno corazón de la ciudad. Hace ya tres meses que convivimos entre horas de laburo, y de vez en cuando me dirijo a él para suspirar, compartiendo algún secreto. Potico de mi vida, le digo, si no fuera por estos raticos. Entonces me acuerdo de que tengo que darle condumio, que no me pase como alguna de estas semanas, que me olvido de él entre el trajín diario, y una mañana me encuentro a mi Potico cabizbajo, con sus rizos amansados sobre la espalda cuadrada del armario. Le pongo un palmo de agüica y en un tris el payo se recupera que da gusto verle vigoroso crecerse y moldear sus hojas. Qué prodigio, recuperar así el tono. Quien pudiera, Potico, gozar de esa capacidad de venirse arriba.

Me recuerda a Wilson, el balón que hace de Viernes en la peli de Tom Hanks. Porque a veces el despacho es una isla desierta, en la que uno se encuentra solo, quiere salir cuanto antes, pero no puede. Así que sí, por no volverme más loco de lo que ya estamos todos, me he hecho amigo de Potico como de pocos. Hay días que lo acerco un poco a la ventana. Sobre todo cuando hace solecico, que sé que le mola. El otro día lo acerqué para charlar sobre el tranvía. Le dije que en cuanto esté listo se acabó el coche, y creo que le gustó la idea. Cuando el día está gris le pongo su agüica, que no le entre morriña de la vida en el exterior, y cuando voy a tener visita lo coloco más visible, en el hombro derecho del armario, que los que vienen al despacho le echan una mirada que sé que le gusta. Es un coqueto, el payo, y como se sabe protagonista, le dejo que disfrute esos momentos. - ¿Has visto que Potico tengo, acho? – Sí, sí, le da mucha vida al despacho…

El otro día le pillé una hoja con las puertas del armario. Qué dolor, acho. Enseguida noté que la puerta no cerraba bien, y reaccioné, aunque casi pude escuchar su quejido. Menuda bronca me echó. Le pedí disculpas, y le puse medio botellín de agua, y nada, la hoja dañada en dos minutos estaba la más alta de todas… Acho, tan alta, que yo creo que me estaba sacando una peineta de las de campeonato, el payo. Menudo genio. Me hice el loco, que tenía sus motivos. Ahora cada vez que abro el armario, lo retiro un poquico, no vaya a ser que. Potico y yo llevamos 3 meses juntos, y espero que sean muchos más. No sé que haría sin él. ¿Tienes un Wilson en tu día a día? Vale.

Foto: Mr. Potico

15/12/2010 08:44 achopijo #. sin tema Hay 18 comentarios.

Billetes escritos

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Guarda este billete un año, y al siguiente, serás rico. Era un billete de 5.000 pesetas, que para más misterio, me encontré en el mar, bañándome un domingo de verano en una playa de la Torre de la Horadada. Cuando te encuentras un billete, hace muchísimo que no me pasa, otra consecuencia de la crisis, supongo, una de cada cinco veces lo es, el resto, es un papel que lo parece. Aquel, parecía que iba a ser eso, porque las letras pintadas con bolígrafo azul confundían, pero lo cogí, y gané. En la parte superior izquierda, escrito con buena letra, pequeña, ponía: Guarda este billete un año, y al siguiente, serás rico. Bueno, nos gastamos el billete cinco minutos después, lo que tardó en secarse, en gambas y pulpico en el chiringuito, la consecuencia es que diez años después de aquello, no soy rico, pero sí me acuerdo del homenaje que nos brindamos.

Números, sumas, restas, cuentas, cifras, letras sueltas, en sueco, en alemán, en árabe, dibujos… o el más clásico de todos, el billete-lista de la compra… Desde aquel día miro los billetes, sobre todo los viejos, por si hay algún mensaje interesante. En San Francisco, California, di con varios billetes de un dólar firmados en plan graffiti, a todo color, y lo más curioso, en un cambio recibí un dólar que era mitad de diez dólares, mitad de un dólar, pegado con fixo, que guardo en alguna de las cajas con recuerdos de viajes.

Como vienes, te vas, habían escrito en un viejo billete de cien pesetas que alguien guardó en una caja en la vieja casa del campo, como para llevar la contraria a quien definió la volatilidad del dinero sobre la cara de Manuel de Falla. Hace poco, en un billete de diez euros había escrita una estrofa de un poema de Machado, en otro de cinco recuerdo un Forza Toro! en el cambio de un restaurante en Roma, y en varios, un teléfono móvil, con iniciales, o con tres ‘sugerentes’ XXX. También he visto alguno con fecha y lugar, que lo hace interesante, porque trazas parte de su historia. En los viajes, desde entonces, en billetes pequeños, que tienen más recorrido, suelo escribir en el borde, y muy pequeña, la dirección web de mi blog, como el que lanza un mensaje en una botella al mar, con la esperanza de encontrar un comentario de algún receptor del billete. Si has hecho algo parecido, puede que tu billete esté en el grupo Billetes Escritos, que ayer encontré en Facebook. ¿Has escrito alguna vez en un billete? Vale.

Foto: Modelo lista de la compra

20/12/2010 09:23 achopijo #. sin tema Hay 3 comentarios.

La Mili

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Pedí dos prórrogas, y al final no hice la Mili. Había que preparar papeleo y cumplir los plazos, aún así, siempre quedaba la duda de que algo hubiera salido mal, y te llamaran a filas. En una de ellas recibí una carta en casa en la que me citaban en el cuartel, y menudo día pasamos. Al final resultó ser una bromica de amiguete, y justo cuando veía la cosa como una aventura, que casi me apetecía, se destapó el pastel, y tocó volver a pensar en El Piso, los libros, apuntes y viajes en bus cruzando España. Fuimos los primeros que nos libramos de la Mili, y digo nos libramos porque la Mili molaba, pero si lo decías eras un raro, lo que molaba era quejarse, y hablar de ella como vaquero del oeste, con una pajilla en la boca y el ceño fruncido, tú no sabes lo que es sufrir, no siento las piernas, allí no haces amigos, haces hermanos, y lo cabrón que era el sargento. De mi grupo de amiguetes, sólo uno hizo la Mili, y aquello le dio un aura de hombre-hombre que aún hoy le dura. La Mili te hace hombre, decían.

Ya no llegan historias de la puta Mili, ni hay chistes, ni se tienen noticias de Mengano que está en Ceuta haciendo el servicio, el payo, o de Zutano el insumiso, que la solución era la Insumisión, pintada de moda en los altos ochenta, y que suponía ‘la otra mili’, la de la calle. A los Nini de hoy lo de la Mili y la Insumisión les suena igual que a nosotros aquello de la perra gorda y la perra chica, y eso que nos libramos. A mi es un tema que me gusta sacarle a los cuarenta, cincuenta y muchos, acho, que mucha puta mili, pero es preguntarles por su pelotón, y cambiarles la cara. Esa mueca de felicidad, en el momento en el que se convierten en segundos en Clint Eastwood a la vez que afloran recuerdos secretos de pactos de sangre, es una auténtica maravilla. Las marchas nocturnas, los madrugones, las prácticas de tiro, los arrestos, los permisos, los compañeros, aquel sargento, el capitán y las anécdotas de película… Muchos siguen siendo amigos, otros, se han perdido la pista, e incluso en estos tiempos de Facebook siguen pasando años sin un reencuentro que seguro sería, cuanto menos, interesante.

Eso es lo que les hace falta a los Nini, que vuelva la Mili y los metan en cintura… Suelen sentenciar, y los que nos quedamos ahí, a las puertas, asentimos, como si supiéramos, que sabemos, pero sin saberlo, porque los de mi quinta vivimos la previa, leímos El Jueves, y escuchamos muchas historias, pero nunca pelamos patatas, ni pudimos ser héroes insumisos del barrio. ¿Te han contado historias de la Mili hace poco? Vale.

Foto: Puta mili

21/12/2010 17:34 achopijo #. sin tema Hay 11 comentarios.

Chef Joaquín

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Un pedazo de Ferrari, gris plata, brillante, reluciente, en la puerta era un indicio de algo, pero no sabía bien de qué. Podía ser bueno, o malísimo... Pero algo quería decir. La imagen del carrazo en el parking del restaurante bar, un edificio renovado, sin alardes, que hace esquina a la entrada de San Cayetano, entre un mar de plásticos y bajo la protección del Cabezo Gordo, era de foto costumbrista. Cuando sales a comer a un sitio nuevo, sin tener referencias, recomendado por alguien de quien te fías sea lo que sea lo que te diga, todo se apunta.  La distancia, el tiempo, el cómo llegar, las instrucciones… De lo que pase en la comida dependerá que haya merecido la pena. Si hay algo que me gusta más que comer por ahí, es hacerlo en sitios que no conocía, y era el caso del Rincón de Joaquín, y no sólo mereció la pena, se convirtió en el descubrimiento del año.

Joaquín Madrid es un chef con todas las letras. Hijo de agricultor, nacido allí, en su pueblo, San Cayetano, donde ha montado su templo gastronómico, como herencia del envío de productos de la tierra al Norte. Discípulo de Marcelo Pesajovich, cocinero de España en 2001, y de Martín Berasategui, Joaquín me ganó por esas cosas por las que un chef te gana, porque todo lo que probamos en su templo fue una maravilla, pero también por su saber estar, por la pasión con la que desgranó sus creaciones, ofreciendo una amplísima y sorprendente carta, rubricada con dos o tres referencias a los alimentos de la tierra, fomentando lo nuestro en la buena cocina, y todo sin alardes, ni moderneces, ni pijadicas de moda, tan habituales. Joaquín sabe que somos comensales, que queremos disfrutar, y que sabemos distinguir y apreciar lo bueno, pero sin pasarnos, y esa, creo, es la clave del Rincón de Joaquín.

La mesa estuvo siempre atendida. No faltó de nada, y los platos iban llegando en su preciso momento. Detalles que cuando se tienen, se notan, y que podríamos obviar, ya que todo estaba para enmarcarlo. Una cremica de alcachofas, acho, que si la sirven en el cielo no me extrañaría… El secreto ibérico, los embutidos caseros, el canelón de txangurro… Bueno, si no lo conocen aún, están tardando, que mira que da gusto poder recomendar un sitio cuando sabes que vas a acertar. Les toque o no les toque el Gordo, pueden probar, que la nota será una anécdota. El Ferrari de la puerta era la metáfora escondida aquel día, porque el Rincón de Joaquín es eso, un Ferrari de la cocina murciana, con un motor sin rival, el chef Joaquín Madrid. No se lo pierdan. ¿Conocías El Rincón de Joaquín? Vale.

Foto: Joaquín y su equipo (www.rincondejoaquin.com)

21/12/2010 23:40 achopijo #. sin tema Hay 6 comentarios.

Navidad feliz

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Las notas del acordeón de Metodi Kirilov bailan la Trapería de villancicos lejanos, desconocidos, pero tarareables, sobre las luces blancas que cuelgan de las fachadas y los adornos rojos de las tiendas. El mediodía llega bajo el gris del primer día del invierno, cuando las bolsas y paquetes achican las losas de la Trapería, en el trajín de la Murcia que viene y va de recados y regalos. La prensa en La Covachuela, después del último libro para regalar una historia, y queda el disfrute del paseo en solitario por la gran arteria de la Navidad murciana. Los acordes alcanzan la cola del Gato Negro, donde se puede mascar la derrota lotera, y se palpa la poca confianza que hay en El Niño este año. Un señor con sombrero de ala corta, un estudiante con prisa y cascos gigantes y dos chicas que miran una en la bolsa de la otra. En las Cuatro Esquinas se repiten los corrillos de toda la vida, la crisis, los recortes, las protestas de los funcionarios… y algo de la lotería. Enseguida huele a Viena, a horno dulce y casero, mientras a los hasta luegos habituales se une una sonrisa felicitando la Navidad.

Unos zagales regalan pegatinas deseando felices fiestas. El vendedor de cupones sonríe de oreja a oreja cuando dos niñas le colocan dos estrellas en el corazón, y amaga con regalarles un décimo. La gente se agolpa en los puestos de Santo Domingo, curiosea, sobre todo, y otros esperan ya para empezar un nuevo día de aperitivos y últimas compras en el tercer o cuarto turno del día. De cada tres, uno habla por el móvil de una comida, o una cena, o ambas. No pasa un minuto sin asistir a un abrazo sincero, y más sonrisas, que hoy es Nochebuena y mañana, Navidad. El olor a azúcar quemada recuerda entre algodones fucsia que también es el día de los niños, que corren a saludar a Papá Noel, resguardado en el Callejón de Basabe, cambiando ilusión por la mejor de las sonrisas del día, la de un niño que rebosa fantasía.

Dos señoras han roto las hostilidades en Alfonso X, y preparan con limón y pimienta un plato de patatas fritas, junto a dos vermús. La suerte llegó para algunos, y es la noticia más feliz, entre tanto gris. El Gordo cayó en Molina de Segura, pero sin caer, que el lotero lo devolvió. El 50 es demasiado redondo, y la suerte, caprichosa, tanto, que encontró un camino de vuelta, aliándose con un destino sorprendente, que devolvió a Molina las imágenes de alegría y champán. Un vistazo al móvil, Hotmail, Twitter, Facebook… Desde su Navidad, los de siempre y otros muchos, desean felicidad, y leyéndoles, tras el paseo, el último que sonríe, soy yo. Feliz Navidad. Vale.

Foto: Trapería navideña

24/12/2010 11:14 achopijo #. sin tema Hay 11 comentarios.

Petardos

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Los que no somos de montañas rusas tampoco éramos de petardos… Los cuatro o cinco que traté de tirar se me gripaban, acho. De eso que encendías la mecha, esperabas un poco para tirarlo y justo cuando iba a lanzarlo, se apagaba, y se quedaba la mecha con el tamaño infarto estándar. Los vendían en los kioscos, los de mecha corta, y esos que se tiraban contra el suelo y explotaban, que algunos usaban como amenaza con el mismo resultado que si fueran pistolas, brazo apuntando y arriba las manos. Los petardistas de adn montaban unos pifostios mininos con los petardos, que los desmontaban, elaboraban mechas más largas, fabricaban petardos bomba en hojas de chopo, y volaban todo tipo de envases, latas, vasos… con una precisión militar, los payos. No había una época de los petardos, la cosa venía según le daba al petardista de turno, de traerse una bolsa y empezar la tarde a ritmo de explosiones.

No era como peonzas o canicas, que tenían su calendario fijo… Aunque sí que había un día de petardos, marcado a fuego en la agenda de los petardistas, y en el que sí o sí, había que participar de alguna manera, que ese día sí se ponían en juego puntos en el status del recreo-patio-calle, lo que marcaba el día a día de los zagales, y ese día era hoy, los Santos Inocentes. El 28 de diciembre, estratégicamente situado entre Navidad y Nochevieja, se echaba el resto, tanto, que algún hermano mayor, e incluso padre, entraba en el ajo con petardos del tamaño de sandías y formas de cohete, que en La Ilusión, mítica tienda de bromas y petardos, sólo vendían bajo supervisión de un adulto, y que implicaba firmar varios permisos. Menudo canguelo, acho, cuando ponían un cohetazo de esos en medio del patio, que tenía una mecha que ni el Challenger, y aquello empezaba a echar humo y chispas y subía que se perdía la vista, chispoteando de aquí hacia allá. –Si hay un adulto no pasa nada.

Los petardistas ponían ojos de gacela, y los caguistas nos escondíamos detrás de la columna pasando el trago, que lo nuestro era contar que le habíamos puesto un petardico de esos de cigarro al portero en todo el paquete, y pasar el trámite apurando el día. Luego, claro, las noticias no fallaban, en un pueblo de Valencia a un zagal le habían saltado un ojo con un petardo. Benditas columnas. Supongo que quedarán petardistas, y algún sobresalto tocará hoy, que esa era, según uno de los profesionales del asunto hace 20 años, la diferencia entre unos y otros: Yo siempre sé cuando va a explotar, y tú nunca lo sabes. ¿Tirabas petardos? Vale.

Foto: Petardos

28/12/2010 14:07 achopijo #. sin tema Hay 4 comentarios.

Feliz Año, campeones

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Nos dieron una estrella, que lucimos orgullosos en nuestro corazón. Gritamos de alegría durante dos, tres, cuatro días, y nos abrazamos fuerte, con los amigos de siempre, con vecinos, compañeros, desconocidos… Salimos a los balcones a repartir alegría, y vestimos las calles con nuestros colores. Sacamos nuestro viejo orgullo, unos y otros, allí y aquí, y le dijimos al mundo que somos un equipo, en el que todos nos hemos hecho campeones. Durante unos días emocionantes fuimos el país que nos sentimos, gracias a una alegría gigante, que compartimos sin preguntar, ni buscar culpables. Era nuestra y así la vivimos aún hoy, meses después, cuando recordamos y no podemos evitar sonreír, y vemos a Iniesta, Villa, Casillas… Del Bosque, como nuestra propia gran familia, esa de la que todos nos sentimos aquellos días de Copas, Estrellas y goles de emoción contenida.

En 2010 España fue más España que nunca, por el fútbol de nuestras vidas, el deporte Rey, al que todos hemos jugado en el recreo, con el que todos hemos soñado, cerrando una era de gloria deportiva sin igual. NBA, Wimbledon, Roland Garros, Fórmula 1, Moto GP, París, Alemania, China, Sudáfrica... En el impero de la España deportiva, hoy no se pone el sol. El equipo por antonomasia, sin balón de oro, sin un 10 genial, un equipo campeón, en el que son 23 los que han sido el mejor, puso la última piedra en el camino, este 2010, paradójico año inolvidable.

Una Estrella que brilla bajo una sombra que se alarga y divide, crispa y preocupa, a un país que se tambalea entre recortes y protestas, un paro desbocado, y la incertidumbre de cientos de miles de familias. Este 2010 nos ha enseñado que somos un país con orgullo de campeón, justo cuando más necesitamos estar unidos para que la incertidumbre se vuelva confianza. Diremos feliz año estos días, como siempre, y parecerá la coletilla de otras nocheviejas, sabiendo que 2011 viene de culo, y lo haremos con nuestros mejores deseos. Lo primero, será vencer a quienes crean que los que confiamos en nosotros somos unos ilusos, como lo éramos cuando soñábamos levantar una Copa del Mundo, por eso, con cada feliz año estos días, repetiré un somos campeones del mundo, porque esa Estrella es real, y es la España que ahora necesitamos para dejar la sombra atrás, sin buscar culpables, sin mirarnos el ombligo, sin esperar a un diez genial… sólo jugando en equipo y creyendo en nosotros mismos ¿Iluso? Feliz Año… ¡Somos campeones del mundo! Vale.

Foto: España campeona

31/12/2010 09:10 achopijo #. sin tema Hay 3 comentarios.

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