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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2011.

Los Autitos

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Los cochecitos daban vueltas alrededor de dos surtidores de gasolina. Eran pequeños autitos, verdes, azules y rojos, con un número en la puerta, volante, acelerador y un parachoques de goma que protegía de los golpes. No iban despacio. Había que estar concentrado a la hora de hacer el giro. Un despiste te llevaba a los neumáticos y enseguida te adelantaban los demás. El encargado tenía que cogerte el volante y sacarte de allí subido en las gomas. Aquello era como perder. Pocas cosas me emocionaban tanto como aquellos autitos. Ilusión máxima. Cuando hacías un viaje entero sin salirte de la pista eras el Rey del mundo. Mi abuelo me llevaba siempre que entrábamos en La Manga. Parábamos allí, junto al Supermercado, poco después del Entremares, y a conducir.

Cuando se acababa la ficha, miraba a mi abuelo con cara de no romper platos y le hacía un gesto con el dedico, acompañado de carantoña de Oscar… ¿Otra vez? Y así pasaba la mañana. La cara de satisfacción de mi abuelo, que se reía a carcajadas antes de venir a darme una nueva ficha, tras asistir a mi representación, es la que guardo de él en mi recuerdo. Le brillaban los ojos de cariño, y sólo era el reflejo de la ilusión de su nieto, un zagalico de cuatro años que soñaba con salir de aquel circuito, llevarse el autito, que así les llamaba, y dar una vuelta por el recreo del parvulario.

El otro día tocó feria. Luces, sonido de bocinas, la tómbolica, olor a caramelo quemado y puestos de juguetes, pulseras y chucherías. Una feria pequeñica, de dos calles, para los más pequeños, típica de playa. Camas elásticas, castillos hinchables, unos coches de choque, un par de circuitos, el tren de la bruja… y un circuito de autitos muy parecido a aquel, pero con coches de Fórmula 1. Fue directo. Como si no hubiera nada más. El Guille señaló los autitos con una luz en la sonrisa que me llevó directamente treinta años atrás, justo al momento en el que le pedía a mi abuelo un viaje más. Como si hubiera estado allí antes, se lanzó a montarse en uno, como si lo hubiera hecho mil veces. Así miraba aquel cuadrilátero sobre el que daban vueltas tres coches de carreras. Los Ferraris, como él los llama, son algo más grandes, y desde aquí se ven mucho más rápidos que aquellos. El Guille no llegaba al acelerador, y se conformó con volver el año que viene. No le importó esperar un poco más... ¿Se heredan los recuerdos? Vale.

Foto: Autito

02/08/2011 11:46 achopijo #. sin tema Hay 2 comentarios.

Crocanti

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Seguimos diciendo treinta y tres para sonreír en las fotos, sobre todo los que no sabemos sonreír en falso. Porque hay profesionales de la sonrisa, acho, y no es peyorativo, que al que no se le nota es un plus. No es malo el numerico, que además es bonito. El número Larry Bird. Pero acho, hay una palabra que saca la sonrisa quieras o no quieras. La saca por todo, por la dicción obligada, por su origen italiano, y porque trae recuerdos que son risas, no se sabe muy bien por qué, aún sabiéndolo. Así es la vida misma. Es una palabra familiar, porque siempre ha sido la guinda a la comida de todos, cuando llega la hora del dulce, y alguien lo pedía así, arriesgando sin arriesgar, y la cosa se contagiaba, que la mitad de la mesa terminaba cediendo a sus encantos. Además, es muy de verano, como no podía ser de otra manera. Crocanti. Acho, el Crocanti. Menudo palabrón. Para camiseta molona con un 1983 en la espalda. Redescubierta hace poquico en Twitter ( @Wonka78 ) es un top hit palabras ochenteras con pocos rivales en la cosa del verano.

Es decir Crocanti y aparecer esa imagen de tu tía jovenzuela, con la melena ondulada y la camisa con hombreras, vaqueros lavaopiedra, y el camareta que llega con la bandeja llena de Crocantis para repartir, que los zagales nos lo pedíamos para hacernos los mayores… y qué rico, acho, que es cuestión de que lo suelte un par de veces el Mario Vaquerizo en la tele y tenemos palabra del verano, a falta de canción. Esto es muy crocanti, querido, lo vamos a pasar crocanti, un poco de música crocanti y nos vamos, es un tío súpercrocanti… Dame un crocanti y dime tonto, en todos lados cuecen crocantis… Beauh!

Con todo esto, es decir Crocanti, y la sonrisa está puesta para la foto. No se crean, que en la vigésimo tercera edición del diccionario de la R.A.E. hay una propuesta para nuestro Crocanti: (Del it. croccanti, pl. de croccante 'crujiente' ) Helado cubierto de una capa de chocolate y trozos pequeños de almendra, que no estamos hablando de ninguna tontería. Lo primero es el significado, y a partir de ahí, que evolucionen los sinónimos. Esa almendrita crujiente, ese chocolate que se derrite sobre la nata, esa capa de doble chocolate negro, ese trozo grande que se desprende, ese crujir único… El crocanti nunca morirá, y además, legado ochentero top. Ahí es nada. ¿Te has tomado un crocanti este verano? Vale.

Foto: Bombón-Crocanti

03/08/2011 09:42 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Castillos

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Hacer castillos de arena es como montar en bici, no se olvida. Otra de las cosas que uno recupera del baúl de los recuerdos cuando toca ser papi, es hacer castillos de arena, una ocupación recomendable al máximo en modo playa. En vacaciones, la consulta diaria con la almohada, incluye los planos del castillo a realizar al día siguiente en la orilla, así que no estamos hablando de cualquier cosa, sobre todo si te tocan unos padres jóvenes, guapos, modernos y simpáticos que deberían haber sido arquitectos en la sombrilla de al lado y te plantan un Taj Majal a un metro de tu puturrú de castillico estándar, ese de cuatro torres, cuatro muros y túnel de entrada. Como no te esmeres un poco más, minuto uno se te han ido los zagales al castillo de al lado y el tuyo te lo pisotea el primer zagalico paseante con mala leche que pase, Menuda derrota.

El principal motivo de hacer un castillo, a no ser que seas el típico que construye un castillo con intención de que ni lo destroce el tractro limpiaplayas, es destrozarlo. El fin de hacerlo es destrozarlo, que es lo que más les gusta. Es una de las leyes básicas de los zagalicos: A menor edad, más disfrutan destrozando castillos de arena. Opción manos estilo aspa de helicóptero, y opción y bailaré sobre tu tumba, bailando ska sobre las torres del castillo hasta que no queda nada. El papi sonríe, busca el cubo de nuevo, y vuelve a empezar. Ese es el castillo estándar.

Así que hay que innovar. Siempre he sido fuerte en el tema chorlitos. Mis castillos llevan reminiscencias gaudiescas, con chorlitos y torres empinadas, deformes pero uniformes y eso. Aunque mis mayores éxitos este verano no han sido en castillos… Que todo cambia. Un día convertí el castillo estándar en San Siro, con sus cuatro torreones en las esquinas, pinté el campico, las dobles tribunas y puse algas como vallas publicitarias. Los papis paseantes se paraban a mirarlo, acho. Aunque los peques lo usaron como parking. El siguiente éxito fue eso mismo, un castillo parking con plazas y carretera, que ahí sí que sí, estuvieron jugando media hora seguida. Menudo triunfo. Así que desde aquello, cuando bajamos a la playa y les digo a los peques que vamos a hacer un castillo dicen que no, que un parking y una carretera… ¿Cómo son tus castillos de arena? Vale.

Foto: Castillito

05/08/2011 10:56 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Feriantes

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“Minipizzas caseras. Elavoracion propia”. Letras rojas sobre fondo blanco, el cartel cubre el total del cajón de la camioneta, un remolque del tamaño de una cabina de teleférico con lo justo para vender. Mostrador, horno y un par de lejas para enseñar las bebidas, y un pequeño expositor para tres pizzas tamaño plato de postre que se venden a porciones. Un zagalón, cuatro pendientes de oro, camiseta de tirantes, bañador con calzón de camuflaje, chanclas de dedo, tatuaje por todo el brazo y cuello, rapado militar con cresta neymarera en color fuego, cicatriz en la ceja, pómulos marcados, cigarrillo en la boca, abre los pestillos de los ventanucos mientras le dice a una familia guiri que la porción son two euros, and beer por three euros. La feria ha llegado al pueblo. Un mercadillo inmenso bajo las luces y las banderas de España en los balcones dirige a la zona de casetas, coches de choque y atracciones.

Los feriantes, esa raza única de currelas, llevan la ilusión al pueblo, en pleno agosto, un año más. Es la misma caravana que el fin de semana pasado coincidió a 20 kilómetros, y que el próximo estará a otros 15, al Norte o al Sur de allí mismo, da igual dónde. Algunos se ven después de una semana, otros después de dos. En las cabinas las caras lo dicen todo. Resignación. La gente pasea igual, pero compra menos, se divierte menos, y los zagales tienen menos caprichos. Cosa del guión, la prima de riesgo, que llega hasta el último euro de la última caja, la del feriante. Churros Canuto, mil churros en un minuto. Una cinta grabada repite la propaganda de una churrería con forma de tómbola, enfrente, una gitana guapa y rubia limpia con destreza, mientras tararea Noches de Bohemia, un cubo para hacer algodón de azúcar. A su lado, un puesto de hamburguesa, patatas y bebida por cinco euros apila hamburguesas hechas, preparadas para vender en una bandeja de horno.

Dice mi compadre Oliva que en Montevideo la gente está triste de contenta. En la feria, se vive esa misma sensación, una resignación vital fuerte, con chispazos de genialidad entre pequeñas ilusiones, que se termina disfrutando, aunque sea sólo por observar cómo todo sigue, como siempre, cuando llegan los feriantes al pueblo. Llevan, incluso este verano negro, la alegría hasta donde tienen que hacerlo. – Venimos porque hay que venir, que esto no sólo es ganar perras… Espeta un viejo feriante, frente a su atracción de tiro. - ¿y si no vengo y la gente quiere disparar? Ante el silencio, y la aprobación, me invita a un disparo. Fallo. Escopeta de feria. Vale.

Foto: Noria

09/08/2011 09:08 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Los Manguitos

La piscina pequeña está a reventar. Me recuerda al recinto vallado de los preescolares en el Colegio, cuando nos pasábamos el rato observando a los pequeñajos jugar entre ellos, con el baby puesto de capa. Sus conversaciones siempre son divertidas, sorprendentes, reveladoras. Los niños y la naturalidad. La tiendecita de la zona vende manguitos de Bob Esponja, Cars y Dora la Exploradora. Los peques llevan todos un par de esos manguitos, con los que flotan lo suficiente para no beberse la piscina entera. Todos los días toca el momento manguitos. Inflar, abrir, colocar, y los peques, como si llevaran un traje de superhéroe con hombreras, están listos para el último baño de la mañana. Sin pensárselo, corren a tirarse a su piscina de tres palmos, a marcar su territorio, corriendo con esa pose característica a la que obligan los manguitos, como si fueran pequeños forzudos.

Con el agua por la cintura, se pasan el baño piscinero corriendo, saltando y jugando en el agua, agotando el cansancio a ver si hay suerte para la siesta. Cuando alguno trae un juguete el resto lo ficha con precisión, y comienza la estrategia global para hacerse con él. Es matemático. Se organizan midiendo los tiempos para ir acercándose poco a poco, hasta que establecen contacto. El primer intento siempre es beligerante, y no suele tener éxito, que se las saben todas. El dueño, esconde, pero hay estamos los papis con el hay que compartir.

Al poco se presentan, juegan un poco después de hacerse dos o tres preguntas que no suelen responderse, mirando a los papis y vuelven cada uno a lo suyo. Porque la piscina pequeña está repleta de niños… y de padres, madres, tías, tíos, abuelos y abuelas, que siguen con la mirada cada movimiento de sus pequeños. Cada vez que uno sale a corretear por el bordillo se activa la alarma, mientras, como un hilo musical, o la voz de la siguiente estación, se repiten las mismas instrucciones: Con la boca cerrada, no bebas agua, deja a tu hermana, no corras por la piscina… pero los zagalicos van a lo suyo, a abrir la boca, a beber agua, a molestar a sus hermanos y a correr, sobre todo, a correr en cuanto tienen la más mínima oportunidad. Todo… al ponerles los manguitos. Vale.

24/08/2011 10:48 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Bolsaplaya

No se preocupe que no es una paliza económica. La bolsa de la que hablamos hoy es la de la playa, esa bolsa de rafia clásica con dos asas, bien grandota, que paseamos todos los días playa abajo, playa arriba, y aparcamos junto a la sombrilla, elemento indispensable para esa estampa de familia que baja su jornada playera. Suele ser ella quien la porta, pero de todo hay. Si todo va bien, hay una sola bolsa de la playa que sube y baja, y su sitio en casa es siempre el mismo, terraza de la cocina, o terraza, inamovible. Siempre localizada. En algunas casas se acumulan dos, y hasta tres bolsas de playa, lo que a veces propicia bajar a la playa con dos bolsas de la playa, no vaya a ser que en una haya algo que no hay en la otra… Lo más fácil, bajar las dos.

Lo más importante de la bolsa de la playa es que no usemos apenas nada de lo que llevamos en el interior, como característica principal, y como segunda norma, que lo que sea que busquemos una vez en la playa, a ser posible sudando y lleno de arena, sea lo que no encontremos, porque, evidentemente, estará en el fondo, justo al lado contrario del que miremos primero. También es importante molestar a quien esté descansando o tomando el sol junto a la bolsa en el momento de buscar lo que sea que busquemos, ya sea móvil, fruta, agua, un pañuelo o la pelotita de las palas, que suele ser la pelotita de las palas.

Luego también creemos que la bolsa de la playa es el bolso de Mary Poppins. Esto es, que si necesitamos algo, por raro que sea, en la playa, como una tirita por un corte, agua oxigenada o una pinzas de depilar, acho, estamos seguros de que tiene que estar en la bolsa de la playa, como si fuera un milagro, y a buscar y rebuscar como si aquello fuera el ojo de la felicidad. Pero acho, que estamos convencidos. En nuestra retina tenemos una imagen de las pinzas de depilar allí, en el fondo de la bolsa, de aquel día que vaciamos la bolsa en casa. La bolsa de la playa… Luego, la mayoría de los días, usamos la crema y punto, y paseamos la bolsa, que bajar a la playa sin nada es imposible. Acho, imposible. ¿Qué llevas en tu bolsa de la playa? Vale.

24/08/2011 10:49 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

La Travesía

El tiempo entre costuras vuelve a ser el libro del verano. En la playa es el que más se repite bajo las sombrillas, entre algún periódico deportivo. La única viajera del ferry de La Manga a La Ribera que leía, llevaba un ejemplar de la historia de Sira Quiroga, el mismo que leía una chiquilla sevillana que tenía su sombrilla cerca de la nuestra en Cala Mesquida, la semana pasada, al Norte de la isla de Mallorca. Este año crucé pronto el Mar Menor, para pasar la tarde al otro lado. Con la excepción de la lectora, el resto de viajeros eran de distintos países, casi todos ingleses. Familias enteras que a las cinco de la tarde se embarcaban como entretenimiento, y quizás con intención de cenar en el primer turno en algún bar de pescaíto frito en el concurrido paseo de Santiago de la Ribera. Se nota que es final de agosto, por ese ambiente enrarecido, en el que parece que todo el mundo cuenta los días, y porque hay menos medusas, aunque aún hay.

Entre los viajeros, una familia de niños rubios con pecas, réplicas exactas del niño que salía en la caja de ‘Mad’ el juego en el que gana el que más pierde. El padre, un ‘Mad’ de cuarenta con perdigón cervecero, pantera tatuada en el antebrazo, y camiseta del Liverpool, corría hacia babor o estribor cada vez que íbamos a cruzarnos con una lancha motora, para enseñársela a los peques. Ella, enfermera, pude ver el carnet indentificatorio de un hospital cuando pagó los cuatro euros de la travesía, repartía crema a diestro y siniestro por cara, espalda, brazos y piernas de sus zagales, que correteaban por el barco perdiendo el equilibrio constantemente. Lo pasaban bomba. El sol abrasaba. Aún así, los asientos fuera del techado estaban llenos. Alemanas, madre e hija, tomaban el sol con los ojos cerrados entregándose a ello.

El barco, dirigido por dos zagalones de los que aún no se afeitan, marinericos del Mar Menor, icues del siglo XXI, navegó más lento que a otras horas. Cada año, más barcos, más alejados de la costa ribereña, descansan sobre muertos de cemento a poca profundidad. Algunos, parecen abandonados, viejos y sucios, el sol se come sus cubiertas y las algas el exterior del casco. Sea la hora que sea, el paseo de La Ribera siempre está lleno de gente. Apenas media hora de navegación, dos, tres, cuatro pequeñas historias, mientras mi acompañante pudo dormitar antes de nuestra cita con el mar. Este año he vuelto a disfrutar del ferry, y de un día, y una noche, al otro lado. Vale.

24/08/2011 10:50 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Tres Momentos

Uno. Tumbados al sol de mediodía, en un precioso día de Jaloque, sobre la fina arena blanca del Pudrimel, en el Seco Grande. Dos toallas, una bolsa, orientados al sol, descansando de la rutina, una pareja pasa la mañana entre arrumacos y carantoñas. Cuando el calor aprieta, un bañico de barquita, suave y tierno como ningún otro que haya visto este verano. El top less de ella no llama la atención en una playa semivacía, a pesar de apurar agosto. Sí lo hace una silla de ruedas a la vera de ambos. Mientras toman el sol no se puede saber quién la necesita, pero cuando él la coge en brazos con cariño y fuerza, y ella se recuesta sobre su cuello para abrazarle, destino el mar, todo cuadra. Se bañan en el verde turquesa transparente de la orilla, juntos, charlando. Ríen, comentan, disfrutan del mar en calma que deja este último Jaloque de agosto. Se besan. Por instantes la silla de ruedas negra que aguarda junto a las toallas, desaparece. Ayer asistí al baño más bonito del verano.

Dos. Los días de Levante pasados han dejado la punta del Esparto llena de plásticos, hilos, cuerdas, y algunas botellas rotas. La posidonia inunda la orilla, aunque no molesta tanto como los restos de basura que el mar devuelve tras tres días de furia y corrientes. Una mujer, con un pañuelo anudado a la cabeza, madre de familia, con su bikini molón, gafas de sol y una sonrisa que llama la atención, armada con un sable de zagalico y un cubo de Bob Esponja, pasea por la orilla, 300 metros arriba y abajo, hacia la playa, hacia el mar… Recoge plásticos, restos de galipote, cuerdas, bolsas rotas… Cuando llena el cubo, atraviesa la playa entera hasta la basura, y descarga para volver a su tarea. En apenas una hora el aspecto de nuestra zona de playa parece otro. Después de seis o siete cubitos de plásticos y restos, se baña placenteramente.

Tres. Emmanuel llegó hace dos años a España desde Camerún. Ha recogido melones, pintado casas y limpiado en fiestas de pueblos antes de la venta ambulante. El camión lo suelta en una punta de La Manga a primera hora. Recorre todos los días más de 20 kilómetros, para vender polos de marca, gafas de sol, pareos y vestidos. A veces, pasa toda la mañana sin que nadie le compre. Dice que lo mejor es que le hagan caso un rato, porque así, descansa. Escucho toda la conversación, apurando una clarica en el Chiringuito de Playa Chica, donde un matrimonio del Norte, por el acento, ha llevado a Emmanuel obligado a tomarse un tinto de verano, cuando él les explicó que Ramadán no, que él católico. Sus cosas sobre la barra, ojos cerrados y trago de segundos interminables, mientras cuenta su historia, y ella le compra tres vestidos de playa. Tres momentos verano, de este 2011, que no olvidaré. Vale.

24/08/2011 10:55 achopijo #. sin tema Hay 2 comentarios.

La Prima

Si no le han contado un chiste o le han hecho una gracia a costa de la prima de riesgo es que usted no está en España. A falta de canción del verano, este 2011 negro tenemos a la prima de riesgo tocando las palmas, que te bajas al chiringo a olvidarte de todo, y allí está la paya, en la barra, tensando la cuerda, como enviada especial de los mercados, ese ente maligno que achucha a países con sol y playa. El caso es que aunque la tenemos presente en el píloro, es mentarla por la parroquia, y todo son sonrisas y carcajadas, como esperando a ver quién hace el chiste nuevo, o repite el último, en esa vorágine de la ironía que hace apretar las carcajadas de aprobación según se repita el chistecico, el crescendo clásico, que termina en el descojone por el descojone. Pero ojo, que una cosa no quita la otra. Así somos. Si no nos reímos un poquico a costa de la prima sí que estaríamos perdidos.

Como el asunto triple A, y los B negativos y eso. Que el otro día hablaban dos zagalones en la esquina de irse a tomar cañas y el uno le decía al otro que el Banco Central de su casa le había bajado la puntuación a B negativo, que estaba la cosa tizná, que si no se tranquilizaba el asunto, le iban a intervenir las birras del viernes noche, y que ahora tocaba recuperar la confianza de los mercados. Tírale del hilo, acho. Con tanta prima de riesgo, bonos basura, Standard & Poor´s y tal, ahora hablamos con rollo económico como si tal cosa. El otro le dijo que tenía contactos en una agencia de calificación, y que podía comprarle algo de deuda, aunque no le aseguró que lo del viernes fuera a seguir en pie, y no cuajó la cosa, creo.

Menos mal que bajó la prima, porque lo de riesgo con más de cuatrocientos puntos sonaba  ya a poco, pijo. En qué momento deja de ser de riesgo para convertirse realidad, al menos podían decir el número mágico, que era un sinvivir lo de los puntos. Para ser broker estamos, acho, y lo chungo es que los alemanicos sean aquí los jefes del asunto. La vara de medir, nada menos. Luego para tirar pepinos fuera daba igual el riesgo… Estos alemanes… Mucha prima de riesgo, pero si hay que medir la cosa en fútbol, la referencia somos nosotros, que con prima o sin prima, les dimos bien. ¿Te sabes el último de la prima de riesgo? Vale.

24/08/2011 10:42 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Probador 2.0

Si en algún sitio tiene que haber aire acondicionado es en los probadores, acho. Pues no. Hay aire en todas las tiendas, menos ahí, en los probadores, donde la pesca se mediodesnuda en mediometro, mediovistiéndose, mediosudando, para cabrearse enterica. Ya no por lo higiénico, ni por el olor, que no da tiempo, quiero pensar, acho, por la comodidad. Ya no hay cabinas para encerrar a López Vázquez. Nos quedan los probadores. Sufro la probadorfobia desde el principio de los tiempos. Me cuesta probarme hasta zapatos, acho. Pero cuando toca probador en toda regla... Con los pares de pantalones colgando del brazo, las bolsas, las perchas, giro hacia esa puerta de material, donde empieza el pasillo de boxes y un puente de oscuridad kilométrico se abre ante mí.

Que tenga banqueta y perchas, en plural. Pues no. No tiene. No suele. Así que toca gimnasia. No hemos mejorado en años. Los probadores siguen siendo 0.0. Habitáculo de medio metro, si acaso espejo, y ya. Semipestillo (eso casi siempre) pero normalmente roto. Aire acondicionado fuera. Sudores minuto uno, sube, baja, sube, baja, deja pantalón, quita percha, deja percha coge pantalón, uno, dos, uno, dos… Llaman a la puerta, sujeta que no abran, mete una pierna, pata coja, se cae la cartera, pisas la percha, suena el móvil… - ¿Cómo te queda? Lo dejo todo. Salgo en calzoncillos corriendo con los ojos cerrados y que sea lo que Dios quiera. Acho… Por favor, al menos que quiten el ojo de buey de la coronilla.

Debía ser obligatorio una banqueta acolchada, tres percheros mínimos, un espacio adecuado, al menos par de metricos cuadrados, para poder estirarse, y sistema de cierre seguro, incluso un suministrador de toallitas, acho, que sería el lujo total, un probador en el que sea un descanso probarse ropa, no un suplicio… ¿Es tan difícil? Acho, ahora que está tan así lo del tema digital, no se puede crear un programica que te escaneé el cuerpo con el que no haya que probarse la ropa, y te diga la talla, el largo, el ancho y cual es la prenda que necesitas, sí, un probador 2.0, con el que verse sin necesidad de contrapostos puerta, pantalón, percha, móvil, cartera, pata coja… ¿Tienes probadorfobia? Vale.

24/08/2011 10:43 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Movilitis

Que a nadie le extrañe que dentro de unos añicos alguna pesca tenga el dedo pulgar más largo que el índice. Menudo desarrollo en la evolución estamos pegándole al pulgar, acho, con el rollo móviles. Al menos los que padecemos movilitis. Daños colaterales de la comunicación global, podríamos encasillarlo así. Móvil, teléfono, Twitter, Facebook, Linkedin, Google plus, el mail… y dale que te pego al pulgar, que algunos se dan la vuelta a la mano por encima del teléfono de tanto ejercicio pulgardero. La movilitis lleva años en desarrollo, pero desde el Iphone la cosa se disparó. Hay niveles, pero es evidente que la cosa va a más. Hace unos veranos no se veía a casi nadie con el móvil en la playa. Era una cosa extraordinaria, y al que lo sacaba se le miraba de reojo con acento freak, o incluso de chulismo. Hoy es mucho más normal. Bajar a la playa a tomar el sol, descansar… toalla, sombrilla, libro… y móvil.

Cuando suena la alarma del despertador, o cuando uno se levanta, ahí está uno de los principales síntomas de la movilitis. El primer diferencial está en el silencio. Silenciar o no silenciar por la noche. Los movilíticos lo mantienen en guardia. Lo menos movilíticos, lo silenciamos, y los que están libres de movilitis, lo apagan. Si suena en mitad de la noche, abrir un ojo y ver qué pasa es de crónico. Los movilíticos miramos el móvil antes de levantarnos de la cama, un repaso global antes de ir al baño. El que se lo lleva está en la última fase… Porque ya no se despegará de él en todo el día hasta la mesilla de la noche siguiente. Si va en el bolsillo, hay que tocarse el bolsillo de vez en cuando, y por supuesto, salir con el cargador en el bolsillo, por si hay una emergencia.

Verlo todo, o no verlo todo. Actualizar en tiempo real. La movilitis aguda, la que ha crecido exponencialmente, precisa de un control absoluto de los tiempos. Esto es, el dospuntocerismo militante, responder a todo, aunque sea un Ok, o una J, en el momento en el que se enciende la lucecita de mensaje. El principal síntoma de la movilitis es la actualización como necesidad. ¿Se puede estar conectado sin actualización constante? Los que sufren la movilitis como daño colateral, esto es, parejas, amigos, familia… Es lo que no entienden, con razón, la mayoría de las veces. Canibalismo 2.0… ojo con él. ¿Tienes movilitis? Vale.

24/08/2011 10:44 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Sardinas

Un completo chiringuitero, jarrica, sardinas y chopitos, y luego que sea lo que tenga que ser. Pues no es nada un platico de sardinicas recién hechas a la brasa, triunfo seguro. A la murciana, esto es, la sal gorda y tres limones de Santomera bien hermosos que realcen. Las sardinas son de día, que hay que mancharse sí o sí, y tiene que oler uno a sardina, pijo. Mucho mejor, siempre, apretárselas in situ, esto es, que la camiseta, toalla y bañador cojan bien el humico sardinero de las brasas, que saben mejor, siempre, después de la parafernalia, como todo. La jarra, de cerveza, o de tinto de verano, que con la sardina baila hasta el de la camisa, y por eso son sardinderos los sardineros, entre otras cosas, que casa con todo en verano.

Cuatro dedicos. No hace falta más, y el mítico plato de plástico. ¿Alguien se ha comido unas sardinas en un plato de cerámica? ¡Sacrilegio! ¿Y con cubiertos? ¡Llamen a la Guardia Civil! ¡Ahí hay un payo que está comiéndose las sardinas con cuchillo y tenedor! Hay que tenerlos finos, acho, o ser de chancla y calcetín, que ya ni eso. Comer con las manos es uno de los placeres perdidos de la vida, y las sardinas son un reducto eterno. Como dice mi compadre Andrés Martínez, de esa gente que le gusta comer como arte: - Todo lo que se pide por docenas está bueno. Pues claro que sí, acho, y además, con las sardinas pasa como con los bolitos en los bares de bien, que recargan sin apuntar, y luego cobran a ojo, que el tema docena abarca desde las 12 a las 18, que sale un plato con 17 sardinas y lo mismo da, que da lo mismo, y así te las vas pimplando, sin contar, pijo, que es verano, y ni miramos la hora, ni sabemos las sardinas que llevamos.

Pero lo mejor de las sardinas es que hay en todas partes, que nadie pone un chiringuito si no hay sardinas. Ya tendría delito la cosa, que debería ser requisito indispensable para la licencia asegurar la venta de sardinas a la plancha. Así que hoy nadie se me queje, como otras veces, que el achopijo abre el apetito, y luego hay que se pasa buscando pulpo y no encuentra. A dos pasos de su verano, seguro, puede hoy brindar por un platico de sardinas. Que las disfruten bien. ¿Una sardinada? Vale.

To Lousan.

24/08/2011 10:45 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Carmel

La arena es blanca, las olas verdes, inmensas. Rugen al romper, justo en la orilla. A unos metros de la arena, siempre mojada, hay abetos enormes, entre rocas y acantilados que forman un valle espectacular, que termina en el océano. El Pacífico hace menos espuma. Da la sensación que el agua del mar es dulce, y suena a violines antiguos. El sol brilla bajo nubarrones gigantes de blanco fuerte, silueteado por un azul oscuro único. Unas tablas de madera fuerte, unas escaleras, un viejo embarcadero en ruinas sobre las rocas y frío húmedo. La sensación de limpieza absoluta.

Un pastor alemán majestuoso, cuidado, corre por la orilla de la playa buscando un palo que le lanza su dueño. Un tipo alto, delgado, canoso, de ojos azules, con gabardina beige, pantalón de pana verde oscuro, camisa de cuadros y pañuelo, relojazo brillando, y botas Timberland desabrochadas, sonríe a carcajadas mientras abraza a su chica, pelo lacio, curvas perfectas, pantalón vaquero ajustado sobre unas botas de cuero sin tacón, jersey de cuello alto, melena de suavizante al viento, uñas pintadas y collares largos, treinta años más joven.

Carmel es uno de los municipios con mayor nivel de vida de toda California. Un trocito de paraíso en la costa pacífica, al Norte de San Francisco, en el condado de Monterrey. Es un pueblito pequeño, disperso, con grandes extensiones de terreno, en plena ruta de la Highway One, una autopista imperdible que cruza California por la costa Oeste, entre las más impresionantes vistas de acantilados y playas. Casitas sencillas, y chalets enormes, ocultos tras bosques de inmensos árboles, Carmel sólo se abre a la luz en una playa legendaria, de esas que parece en vivo un fondo de escritorio para el ordenador. Con apenas tres mil habitantes, y con un alcalde del star system, nada menos que Clint Eastwood, que tiene allí un Club de Jazz, es la playa de las playas, aunque bañarse sea para elegidos, por el frío, y por las focas... ¿Cuál es tu playa de las playas? Vale.

24/08/2011 10:45 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Las Palas

¿Quién dijo fútbol? El deporte nacional son las palas, acho. Todo el que ha jugado al fútbol ha jugado a las palas, y todo el que no ha jugado al fútbol, también, así que no se hable más. Las palas es el deporte rey, pero claro, no hay federación (que yo sepa) que si la hubiera podríamos estar federados todos. El caso es que todos nos hemos divertido echando unas palas, y eso que no gana nadie, aunque siempre que terminas uno se siente ganador, porque cuando se cae la bola, acho, siempre es culpa del otro. Ese es el secreto de las palas, porque además, cuando se juega a contar los toques, cuando se supera el récord, acho, qué cosas, también es porque tú has salvado esa piedra que te lanzó tu contrario.

Un juego en el que no gana nadie, pero ojo, comprende más estrategias que el mismísimo ajedrez. Acho, que anda que no se juega diferente según quién sea el que tengas delante, o el momento. Como cuando iba la cosa de ligoteo y te echabas unas palas con la guapica de turno… y venga a tirarle bolicas elevadas, suavísimas, tanto que a veces te quedabas a medias con cara de bobalicón, haciendo el voy yo a recogerla, no voy yo, no vas tú, voy yo, jejeje, jijiji, jajaja. Vamos, lo mismico que la partida esa por compromiso con el tío de turno, que te pega tres pedradas seguidas para que vayas a por la bola, como si no supieras que ha sido a propósito. O si no, la partida con el colega de toda la vida. Esas son las buenas. En las que el trabajo mental juega antes que los movimientos, con un crescendo en potencia que terminas jugando a 50 metros dándoles unos trompazos al asunto que más que palas la cosa parece béisbol.

En esas partidas, lo guapo es lo de jugar en el agüica. Sí, sí, tobillos. Para tirarse en plan Arconada en el momento justo y salvar el record, la jugada soñada por todos, aunque la pelota se vaya a la Antártida del golpazo. En este tema, hace tiempo que dejé de ver esas palas míticas ovaladas de madera fuerte, que hacían un ruido seco, y que se jugaban con pelota de tenis gastada. Muy Jimmy Connors y seventies, aquello. Nunca faltan palas, acho. Cuando vuelves a la playa, allí, en la bolsa, hay unas siempre, y nunca son las que imaginabas que estarían, y las pelotas, son como las canicas, siempre aparece una donde menos te lo esperas. Deporte rey, acho… Aunque lo mejor, de largo, es cuando paseas y te cae una pelota al pie. Te agachas, la devuelves, y sonrisica buena. ¿Echamos unas palas? Vale.

24/08/2011 10:46 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Delayed

El aeropuerto está hasta arriba de guiris, tarjeta de embarque en mano, compañía low cost, y piel de cangrejo después de sus días al sol de España. La cola en zigzag avanza rápido hacia el control de maletas. El paso por el detector siempre es curioso. Un grupo de zagalones alemanes hace esperar al resto en una de las colas. Les han requisado de las maletas botes de espuma de afeitar gigantes, champú, gel y colonia. Cumplimos con el horario. Viajar en avión es cómodo… hasta cierto punto. Hay dos tipos de personas, los que van al aeropuerto confiados en que no suceda nada extraño con apenas media hora de antelación, y los que vamos cumpliendo con las dos horas de rigor, por si las moscas. Cuestión de costumbre, creen algunos. Cuestión de precaución, creen otros. En pleno agosto todo puede pasar, desde una huelga salvaje, hasta retrasos de los de hotel de aeropuerto.

 Una vez dentro, con tiempo para el paseo por las tiendas, y ese picar algo, que esa hora de duty free siempre entra hambre, la palabra a evitar es ‘Delayed’, parpadeando sobre el vuelo en las pantallas que marcan el final del viaje. En la puerta de embarque de al lado la gente hace dos colas. El avión saldrá en hora. La gente que llega cruza el hall de la zona de embarque con sonrisas y velocidad. El retraso trastoca todos los planes del regreso, pero se asume. Alguien se tumba en una hilera de sillones. Un viejo periódico del día, arrugado, pasa de mano en mano, mientras se repasan una y otra vez las fotos en los teléfonos móviles, que se comparten entre unos y otros, mientras se recuerdan las historias de los últimos días, apoyados sobre las maletas o paseando por las tiendas, apurando algún souvenir de última hora. – El vuelo está retrasado, aún no sabemos cuando vamos a llegar…

Los vuelos baratos, es lo que tienen. Los viajeros comparten cabreo entre sonrisas en la cola del embarque, que se forma en amagos cuando se ve algo de movimiento entre el staff de tierra de la línea de bajo coste. Toca comprobar los equipajes de mano, mientras revisas por enésima vez tu check in on line y el dni. Dos horas más, sobre las dos horas, más lo que falta aún… los cálculos siguen cambiando. Encajonado en el asiento, releyendo una vez más ese viejo periódico del día, sin sitio para el equipaje de mano, la azafata repite las medidas de seguridad. ¿Es tan barato un vuelo barato? Vale.

24/08/2011 10:46 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Pelota Picá

Pues el otro día aparecimos de repente en una playica nudista. Qué de Murcia somos, acho. Estábamos de turismo por ahí, en una calica que nos recomendaron. – Llegad, y iros hacia la derecha, que está la mejor zona… y nosotros, ni pillarlo. Así que en vez de irnos por la playa dimos un rodeo, en plan nos vamos por las dunas y los árboles y llegamos directamente al sitio. Calorazo de agosto de este que cae, que viene bien llegar con el baño en los talones para disfrutar el mar minuto uno. Con todos los bártulos, llegamos a la playa y sorpresón, allí estaba hasta el de la camisa en cueros picados, pero arriba y abajo, de todas las edades, tamaños, colores, acentos y formas, con un recibimiento de postal ochentera de Torremolinos, sueca o alemana, lo mismo da. Enseguida nos miramos unos a otros así, levantando cejas, pero dándole a la tecla del disimulo. Que hay que hacerse el moderno y hacer como que uno no mira en las calas estas.

- Eso tiene que ser malo para el asunto… espetó alguien enseguida. Tanto solecico ahí no tiene que ser bueno… corroboró otro alguien. Clavamos nuestra sombrilla, que la cosa iba de textil y nudista a la par, y nos dimos el baño de rigor, en plan círculo de amistad del Mar Menor, en aguas cristalinas, todo hay que decirlo, para debatir sobre el asunto nudista, y terminamos por aprobar por consenso que todo el mundo está mucho mejor, pero mucho mejor, con un bikini o un bañador que en pelota picada, sobre todo si es tema playa nudista. Piel roja seca. ¿Es que los nudistas no se protegen del sol? O es que haciendo nudismo se pega más el Lorenzo… Porque acho, era un común denominador el tema lagartista de libro.

Hicimos el amago, claro, de despelotarnos, pero teníamos todos un moreno de bañador que igual deslumbrábamos a alguien, o nos quemábamos antes de ponernos cremica, así que desistimos, que no era cuestión de desentonar. Eso sí, nadar en plan comando es de las cosas más relajantes del nudismo, ahí dimos la razón al movimiento, y nos bautizamos como nudistas de agua. Otra cosa… qué pájaros los nudistas, que se cogen siempre la zona más guapa de la playa. ¿Has hecho nudismo? Vale.

24/08/2011 10:47 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

El Papamóvil

El coche número 1 del Stato Della Cittá del Vaticano, SCV1, es la matrícula del mítico Papamóvil, ese supercoche que recorre los trayectos de ríos de gente tirándole papeles y animándole con banderas de todos los países mientras el Papa saluda con ese gesto característico de los notables y la sonrisa, dejando alguna bendición colectiva que despierta pasiones. El Papamóvil es algo así como el Batmóvil, porque el Papa es algo así como un superhéroe de nuestros días, siempre con su traje blanco, su capa y el coche tuneado, con cristales blindados, chasis antibombas y piel ignífuga. Pues no flipa el Papamóvil, acho. De zagalico siempre quise uno para mi colección de coches, pero era chungo encontrarlo, que la Iglesia para eso del merchandising anda un poco pez.

Fue Juan Pablo II el que empezó con el asunto. Ahora, lo que dice la pesqui que lo ha visto en esta visita a España es que anda más rápido que el anterior. Es uno de los detalles que deja Benedicto XVI, su Papamóvil tira más, y por tanto, pasa más rápido, o igual es cosa del chófer, quién sabe, acho. Vamos, que te descuidas y sólo ves el cristalico puerta, por el que se accede al cubículo mítico. Conduces más lento que el chófer del Papa, es uno de los clásicos chistes que habrá que modificar a partir de ahora. Además, los zagalones de seguridad que corren al ladico así con el walkie talkie y el micro mirando a todas partes, que anda que no molan tampoco, van a tener que entrenar más, que han subido el ritmeto.

Un mercedicos… tiene el Pontífice. Pero ojo, que ha habido Papamóvil Ford, Toyota, Renault, Chevrolet… y hasta un Land Rover, que anda en el Imperial Palace de Las Vegas, ahí es nada. Lo que no tengan en Las Vegas. Lo que está claro es que es original y único. A nadie, ni a políticos, ni a reyes, ni a gurús, ni pesca que ande la vida con chófer le ha dado por el modelo Papamóvil. Será que lo de ir de pie, aunque sea agarradico a la barra no es producente. Igual podría usarse un modelo similar para cuando tengamos que celebrar triunfos deportivos, que un bus descapotable para Rafa Nadal, Alonso o Contador se queda algo grande, el Ganamóvil, así en plan Gabarra bilbaína, y usarla siempre. Molaría, merchandising a parte. El Papamóvil, acho, qué guapo. Vale.

24/08/2011 10:48 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

La Perdiguera

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Fondo arenoso y profundidad. La suficiente para tirarse de cabeza desde los embarcaderos. Salían mújoles de lomo verde de palmo y medio a veces, pescados a mano, con la caña de bambú, a masilla con azafrán, en la playa de poniente. Los días en la Isla Perdiguera eran completos. Un baño largo en buen mar, quizás el mejor del Mar Menor, buenos arroces del terreno, con gamborradas de recuerdo, quisquillicas autóctonas, fritadas de pescaíto, tomates como naranjas y un helado en la playa, que era de conchas y arena algo gruesa. Llegaban las golondrinas, las míticas María Dolores, barcazas clásicas, repletas, justas para llenar los dos chiringuitos… ¿El bueno es el de la derecha o el de la izquierda? Siempre conocías a alguien, y mientras los mayores echaban la siesta en la sombrilla, la expedición por las dos colinas, buscando balas y munición de las maniobras militares.

Los aviones hacían prácticas allí, en el murito construido, en los años cincuenta. Los T6 pasaban a vuelo raso ametrallando, en sus prácticas de tiro. No se sabe si en esas prácticas acabaron con todas las perdices, que por eso se llama Perdiguera la isla, porque había perdices; nada que ver con ponerse morado a pescaito y calzarse el perdigón para todo el verano. Barquitos, alegría, jolgorio y buenos momentos, años ochenta. De repente… vacío. Perdimos La Perdiguera. Como si la hubieran conquistado los nihilistas. Ni en los pocos paseos en barco que he disfrutado los últimos años se decide ir allí, a su buena playa de poniente. Cierto que la cercanía de la rambla la hace destino de suciedad, una de las lacras del Mar Menor, pero… ¿No sería un plus rehabilitar ese tesoro de la Costa Cálida para recuperar su esplendor?

No vale el asunto de los barcos, porque el tráfico en el Mar Menor sigue creciendo. La explotación de lugares como La Perdiguera es posible, de una forma sostenible; es incluso deseable para la protección de la fauna, la flora y el mar… y algo tan importante como todo eso: los recuerdos. Aguas cristalinas, fondos limpios, baños de fábula y gentes respetuosas es lo único necesario para exprimir nuestro litoral al máximo. Excursiones restringidas, zonas de expansión, vigilancia, estudio de la fauna, parque temático… Hay mucho por hacer… - Acho, pero es una isla privada… - Acho, ya lo sé, y qué importa eso, a toda gran experiencia vital se le puede y debe sacar partido. ¿Recuperarías La Perdiguera? Vale.

Foto: Isla Perdiguera (Mar Menor)

25/08/2011 18:49 achopijo #. sin tema Hay 1 comentario.

El Final...

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El típico graciosote ya ha entonado la canción del Dúo Dinámico, así con gesto como de hacer gracia, el payo... y tú partirás… (moviendo las manos así como si fueran panderetas). Aquí está. Para mí, la imagen del final del verano era ver alejarse los edificios de Campoamor, por la ventanilla de atrás del Seat Ritmo, cuando ir a la playa era una hora y media si no te tocaba camión. Salíamos hacia Murcia, por la vieja carretera de San Pedro, y yo me ponía de rodillas mirando por detrás cómo se alejaban los edificios de Campoamor, y sostenía dos lagrimones en los ojos así de grandes.

Era cuestión de dos o tres días, esos momentos en los que todo indica que la cosa iba cambiando, y en la tele, anunciaban la vuelta al cole, justo cuando habías acabado con los cuadernos de deberes. Hay muchas cosas que son el final del verano, pero eso de que entre el 20 y el 30 de agosto llueva un día es como un mensaje divino, acho. Esto ya se tambalea, y aunque luego septiembre nos deje una mini ola de calor  Murcia, lo del verano-verano, va tocando retirada. La playa se alisa, el mar se pone color hierro y el viento sopla con fresco en vez de con caricias desérticas. Muchas cosas siguen siendo iguales, sobre todo esa sensación de cambio de ciclo, que nos hace tener planes para correr, adelgazar, estudiar y empezar proyectos en septiembre, como si fuera enero, con su cuesta incluida. Pero, como todo, el final del verano tampoco es ya lo que era.

Antes era normal lo de los lagrimones, porque el verano era como una minivida en medio del año, en dos meses había quien cambiaba de arriba abajo. Ahora con tanto ir y venir, semanas por aquí, por allí, viajes, y días que se deja uno para septiembre o Navidad, lo del veranazo ya no se estila, y ese periodo de vacaciones de los dos meses de playa ha seguido menguando con el tiempo. Ahora, se puede decir, que nos pasamos el verano terminando el verano, acho. Los que hemos llorado el último día, después de aquel beso, aquella lambada en la playa, o aquellos primeros tapones en la disco, somos los que sabemos que aunque nos lo pinten de otra manera, esto ha sido un verano. Supongo que los chavales de 12 años sentirán algo similar, o que se ajuste a aquello, y alguno, hoy, mañana, o pasado, vuelva a la ciudad, asomado a la ventanilla del coche, con dos lagrimones agarrados en sus párpados…Vale.

Foto: Ellos

26/08/2011 20:26 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Calblanque

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Sonrientes, en bañador, aún mojados y con arena amarillo tierra en los pies, después de un abrasador día de playa y excursiones, posamos en el cartel que avisa de ‘Playa muy peligrosa’, señalando el ‘muy’ con desenfado, en una de esas fotos míticas que uno guarda en el corcho del estudio y que registra un momento irrepetible. No suelo perdonar un día en la playa de Calblanque al año. Es bueno para el espíritu pasear por el parque, bañarse en esas aguas mágicas, buscar nuevos puntos de vista de la costa cartagenera más autóctona, y disfrutar de la llegada lenta en el coche, con el palmito recibiéndote en los caminos de tierra, y las colinas fundiéndose con un azul de otro mundo.

Cuando leí en Twitter que la Sierra de Atamaría estaba ardiendo, ya en la cama, repasando las graciejas de los peques aquel día, fui corriendo a la terraza. Desde el faro del Estacio se podía ver un punto incandescente a lo lejos, en medio de la noche y la parrillada de luces de la lengua de edificios que une los dos faros. Un punto de dolor en el horizonte que me tuvo mirando al infinito lanzando un por qué sin respuesta, uno más de esta vida que nos deja todos los días sinsentidos gigantescos. Calblanque es un país pequeñito de lo nuestro. Un trozico de tierra donde hemos guardado tesoros incalculables para que los hereden nuestros hijos y nietos, y no sólo ellos, el planeta y la historia. Recordé los muchos días de paz y alegría que he pasado haciendo excursiones por el parque, los días de playa, y de cómo durante años ha sido la visita obligada fuera quien fuera quien viniera de visita a la Región.

Días después, la rabia parece que va a durar para siempre. Al menos los sesenta años que tardará en recuperarse plenamente la Sierra de Atamaría. Qué vergüenza llevar a nadie ahora, que vea los palmitos chamuscados en el Pico del Águila… pensaba. Pero no será así. Voy a seguir con mi visita anual al Parque, y llevaré allí a todo el que reciba, que sienta la misma rabia que sentimos los murcianos ante semejante barbaridad, porque además, Calblanque sigue vivo, y ahora, aún más, sentimos el deber de protegerlo, igual que nuestra fauna y flora, tan rica y tan denostada, cuando hay que tragarse palmeras washingtonias y vegetación alóctona por doquier, teniendo la riqueza que tenemos. Defendamos lo nuestro. Defendamos Calblanque. Vale.

Foto: La Sierra de Atamaría, tras el incendio (La Opinión de Murcia)

P.D. A Pilar...

27/08/2011 10:09 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Jornada 1

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¡Pipas, Fanta, Coca Cola, Cerveza! Los puestos de cascaruja y bebidas lanzan sus ofertas, poniendo música al ambiente. En un tenderete de bufandas, banderas y vuvuzelas un padre viste a su hijo con los colores de la familia. Dos sonrisas sin comparación. Pipas, auriculares, puros, regaliz y abrazos. Muchos abrazos. El reencuentro de amigos de sentimiento deja un reguero de carcajadas, te lo dijes, equipazos, golazos, viajazos y recuerdos. Corros entre cañas y gente que vuelve después de algunos años. A otros se les echa de menos, de viaje o fuera, llaman al móvil a poco de la hora señalada, escapándose de todo un instante para participar, aunque sea a miles de kilómetros, del primer día de una nueva vida futbolística. Da igual añorar tiempos pasados, escenarios y compartir recuerdos, el fútbol mismo siempre se abre paso entre el sentimiento de quienes lo llevan en el alma, en primera persona.

Da igual que donde antes había un viejo bar con historia hoy exista un restaurante de comida rápida, el fútbol todo lo puede. Pudo con el Almarjal, y con la Condomina. Un tranvía, una nueva esquina, una nueva peña… Botes, cánticos, palmas, petardos. A lo lejos, un banderón ondea a las puertas del estadio. ¡Pipas, Fanta, Coca Cola, Cerveza! Empieza a escucharse la megafonía, compruebas que llevas el carnet por décima vez, un vistazo a las taquillas, cuando estemos arriba querrán hacerse socios los que no se han hecho, con fulano arriba vamos a mejorar, el mejor fichaje, el pedazo central que hemos robado al rival… los comentarios invitan a entrar en todas las conversaciones, siguen los saludos, las sonrisas… ¿Este año qué? Abrazos esporádicos, y esas mariposas, tan parecidas a las del enamoramiento adolescente, siguen subiendo por el píloro, esperando ese momento único, cuando empieza todo.

Pasar el torno, el sonido del click en la máquina, y enfilar la escalinata. Se apagan los sonidos, mientras el campo va apareciendo poco a poco. Una sensación de hogar, de casa, de siempre. Aparece el campo perfectamente dispuesto. Dentro huele a césped. Cartulinas, papelillos que vuelan, nuevos saludos. Una parada en el pasillo, y un vistazo al Estadio, ese primer día, todos los años, ese primer día. Todo encaja. El fútbol está aquí. Las pancartas, los jugadores correteando, el míster concentrado, el sonido de los chuts en el calentamiento. El marcador ya dispone el choque. Un año más la ilusión es mayor. A pesar de tantas cosas, el fútbol sigue ganando, por encima incluso de los sueños como aficionado, por encima de las derrotas, los empates y las victorias. En pie, aplaudiendo, sale tu equipo al campo. Empezamos. Vale.

Foto: NC

28/08/2011 09:53 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Tito Paco

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Era Semana Santa, o los días previos, hace ya unos cinco o seis años. Aquella mañana madrugué, para ir al mercado a hacer unos recados. En vez de recorrer toda la Avenida de la Fama, una vez que tenía los tomaticos, los pimientos, los alcanciles… Busqué una salida, y me colé entre algunos puestos, saliendo por la Calle Melilla, que enlaza con Puerta de Orihuela, junto a La Condomina, en la calle donde está la mítica Confitería Consuegra. De repente, allí estaba. Con esa expresión icónica, tan suya, tan nuestra. Murcia en una cicatriz. Casi podía escuchar su voz quebrada recitando, tan reconocible como la de un padre; y su acento, acentico, con toda la naturalidad de quien lo canta al viento con el mayor orgullo que nadie haya sido capaz. Sin miramientos, deleitando a quienes siempre supimos ver esa tierra nuestra que nos hace brillar los ojos en su gesto, aunque fuera el mejor actor que haya existido.

Paco Rabal, el tito Paco, ese murciano sideral que habíamos llorado hacía pocos meses, que parecían meses aunque fueran años, presidía un graffiti inmenso en blanco y negro, perfectamente ejecutado sobre alguna foto reciente. Boina, perilla seca, mirada profunda, y el aire de jeta aguileño más tierno que nadie haya podido nunca perfeccionar. Una mariposa recorrió mi alma de murcianico, y de español, pijo, claro que sí. El graffiti es artesano, porque es arte y porque es sano, dice la canción de un grupo rapero de los ochenta… Aquel graffiti de Isaac, un genio de las paredes murcianas, me había llegado directo al sentimiento, y lo había hecho a través de Paco Rabal, ese murciano universal al que veíamos como familia, como ese tío que se va y viene, con una jeta tan grande como su genio y su ternura.

Hace ahora diez años que nos dejó Paco Rabal, y escuchar en la radio sus diálogos como Juncal, hablando como su madre lo parió, me ha hecho recordar aquel momento, un momento achopijero de los de tener guardado siempre, y entonces no tenía blog, ni columna, ni había mencionado la pasión y admiración que siempre sentí por el Maestro de Murcia, Francisco Rabal Valera (Águilas, 1926) actorazo a las órdenes de Visconti o Buñuel, guaperas en sus tiempos mozos y tío abuelo de todos los murcianos desde que los de mi generación tenemos memoria. Me quedé un buen rato en aquella pared, mirándole. Esperando que me guiñara un ojo, sonriendo como un bobo zagalón de ventimuchos, como si estuviera a solas con él, y juro por estas que escuché un ¡¡Viva Bullas!! y respondí, ¡¡Viva!! Muchos años, don Francisco, Tito Paco de toda Murcia. Vale.

Foto: Paco Rabal, en graffiti

31/08/2011 09:02 achopijo #. sin tema Hay 2 comentarios.

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