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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2011.

Judo

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Guardo mi kimono y casi todos los cinturones como uno de los más grandes tesoros de mis recuerdos. Empecé en el colegio, y seguí después en el mítico Gimnasio Yamato. Participé en varias competiciones escolares, que solían ser en el Colegio Mariano Aroca. De todo aquello tengo sólo buenos recuerdos, especialmente ligados a un aprendizaje que tiempo después considero muy importante, sin saber explicar bien el motivo. En los ochenta, además de jugar al fútbol, cuidar gusanos de seda, las chapas, las peonzas y las canicas, estuvo de moda el Judo. El olor a Tatami, el sudor sobre las colchonetas, el calentamiento colectivo y las clases sobre la naturaleza, la defensa personal, el respeto al contrincante y el uso de la inteligencia con la fuerza se grababan a fuego en los zagalicos, que sólo con ponernos el kimono y saludar al profesor ya nos veíamos un poco como superhéroes.

Según el cinturón, Obi, el tiempo que llevabas y la experiencia ibas teniendo a tu cargo a nuevos judokas que llegaban, de tu edad, algo mayores, o más pequeños. Les ibas enseñando lo aprendido cuando te tocaban de pareja. O soto gari, Ippon seo nague, Morote gari, Uchi mata… recuerdo claramente cómo ejecutar todas aquellas llaves, que milagrosamente, salían cuando las hacías en el momento que había que hacerlas. Los exámenes para cambiar de cinturón eran momentos mágicos. Si después del combate, pasabas, lo primero al salir de clase era ir a comprar el nuevo cinturón. El naranja representaba una barrera importante. En los campeonatos de fin de semana competir contra judokas por encima del naranja no estaba permitido si no eras ya naranja. Mi último cinturón fue el verde, que sigue al naranja-verde, y recuerdo un combate contra un azul-marrón (luego está el marrón, antes del negro) como el mayor hito de mi vida como judoka. A pesar de aguantarle un primer envite, perdí estrepitosamente con un Uchi mata que jamás olvidaré.

Con algunas medallas de fútbol y otras de natación, guardo las de Judo, con un cariño especial. Perdí la pista al judo murciano hace muchos años, aunque en los Juegos es de los deportes que no me pierdo cuando lo televisan, y de las medallas que más me llenan, que somos potencia judoka. Judo, el camino de la suavidad, sin golpes, usar la fuerza del adversario para vencerle. No sé por qué, pero estos días me vienen a la cabeza constantemente aquellas frases en las que nos explicaban, sentados sobre el tatami, cómo tumbar al enemigo, aunque fuera más fuerte y más grande, aprovechando sus puntos débiles, con inteligencia. ¿Fuiste judoka? Vale.

Foto: Cinturones de Judo

01/02/2011 08:54 achopijo #. sin tema Hay 7 comentarios.

El Rulo

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Quedarse con el rulo de cartón del papel higiénico en la mano es la más viva imagen del buscarse la vida. Supervivencia en un cuarto de baño… ¿Quién no se ha quedado alguna vez sin papel? No vamos a pasar los límites. Usen ustedes su memoria, esa que les encenderá la carica un poco, y recuerden sus soluciones, que todos hemos tenido alguna vez que usar la imaginación, y seguro que no siempre con los resultados más óptimos. Un buen amigo es anti papel. Dice que con agüica, como toda la vida, no habría problemas como que se acabe el papel. No sé yo. Problemas siempre pueden plantearse. Uno, que cuando falta el papel es secundario, pero no por ello menos importante, es el del rulo. Sí, sí, el rulo de cartón sobre el que desliamos el papel. Hemos ido mejorando el tacto, el olor, el dibujo… que hay por algunos que más que higénico, parecen ambientadores, que dan ganas de liárselos en plan momia para dormir.

Donde no habíamos dado ni un pasico era en lo del rulo, acho. En la clasificación de la cosa más fea del mundo el rulo de cartón del papel higiénico debe andar bien colocado, que no servía para nada. Es otra de las cosas que hemos hecho todos, juguetear con el rulo mientras pensamos cómo salimos del apuro. Sí, sí, lo de desliarlo y comprobar que es demasiado duro, mirar como si fuera un catalejo, y colocarlo tapando la cisterna, para terminar olvidándolo en alguna repisa y que luego te echen la bronca, por no hablar de los millones de atranques que han provocado en la historia los rulos del papel, que es otra de las grandes demostraciones de que el hombre tropieza dos veces en la misma piedra, y lo sigue haciendo. Por mucho que lo deslíes, si lo tiras al water, se atranca, acho, a ver si lo aprendemos.

Con todo esto ahí, ayer, de repente, un anuncio llama poderosamente mi atención. La humanidad da pasos de gigante cuando menos te lo esperas. En la era de los Ipad y las aspiradoras que limpian solicas, de repente, una marca de papel del culo, la nombraré, que se lo merecen, Colhogar, da un paso histórico que nos abre los ojos a toda la humanidad. Inventa el rulo del papel del culo desechable. Se acabó el rulo feo de cartón indestructible que olvidamos en la repisa. Cientos de miles de divorcios menos. Minutos de agobio que desaparecen, atranques olvidados. El nuevo rulo se deshace en el agua. No sé si Pizza Hut recuperará la Sicilian Pizza, pero de momento, es la noticia del año. ¿No creen? Vale.

Foto: Eso.

02/02/2011 10:29 achopijo #. sin tema Hay 12 comentarios.

Alemania

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Vamos a dejarnos de Roma, acho, que todos los caminos llevan a Berlín. En los últimos meses las autopistas, las carreteras, las rutas aéreas parece que se están doblando todas en dirección a la Germania, corazón de Europa, el pueblo de hierro, espejo en el que todos los europeicos de a pie tenemos que mirarnos para salir del agujero. Todo empieza en Alemania, y termina en España, me dijo una vez un noruego en una extraña fiesta erasmus en un piso de estudiantes, en los años buenos. Qué razón tenía, el payo. Empezar de cero es sinónimo de Alemania, que si un día de estos vemos al flautista de Hamelín nos faltan piernas para salir detrás de él.

Pues habrá que irse a Alemania… te acercas a la mesa de al lado, y es la frase que escuchas. Curso intensivo alemán son las tres palabras que más se están escribiendo en Google estos días, me juego lo que llevo, y lo mismo a que todos los que leen esta columna han visto estos días el cartel de la mítica película de Landa, ¡Vente a Alemania, Pepe!

Los alemanes vienen aquí a descansar y jubilarse, así que tiene toda la lógica del mundo que nosotros nos vayamos allí a dejarnos la piel. Otra de las grandes excusas, no sin razón, es culpar al sol, a la calle y al buen tiempo, que a currar no vienen aquí los alemanes, y aunque usen calcetines con chanclas, de tontos, ni un pelo del bigote. Si es que no puede ser, tener seis meses de manga corta y tiranticos tiene sus contras. La lluvia fina esa de Baden Baden es que mete ganas de crear industrias siderúrgicas un día sí y otro también. Ahora, que para eso hay que nacer, acho. Pepe ahora no es el de antes, como no lo es España. Ahora sabemos hacernos el alemán, y daremos el pego, pero cuando salgamos del curro y siga la lluvia fina a ver de dónde sacamos el salero patrio, la ironía caliente y las ganas de darnos cera.

He estado par de veces, o tres por allí, y acho, la verdad es que los alemanes son como parecen, pero tienen un punto que asombra. Un punto… español. Sí, sí. Es lo que queda después de todo, que nos entendemos. El amarillo y el rojo, acho, será que nos falta el negro, de la selva y de las nubes de la lluvia fina, en la bandera. Ese punto de seriedad serena es en el que nos dan la vuelta. Los que ahora se irán, que cuando vuelvan, un verano de estos, se puedan quedar aquí, acho, que Alemania es Alemania, pero España tiene que ser España. ¿Te vas a Alemania? Vale.

Foto: El Flautista de Hamelín

04/02/2011 09:06 achopijo #. sin tema Hay 5 comentarios.

Historias y Leyendas

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La maldición dice que el Teatro Romea se incendiará tres veces lleno. Dos veces ya lo ha hecho. Por eso siempre, dice la leyenda, se deja una silla sin vender. Allí triunfó en su estreno La Parranda, años 20, y el barítono Marcos Redondo tuvo que repetirla, dicen, cinco veces. Salió a hombros por Murcia, aplaudido a rabiar. Allí llegó Federico García Lorca, con La Barraca, un frío enero de 1933, el día en el que conoció, en nuestra Murcia querida, a Miguel Hernández, el poeta oriolano, que ultimaba la publicación de Perito en Lunas, en la casa de Raymundo de los Reyes. Justo allí, frente al Teatro, bajo el suelo, pasa la gran muralla que rodea la ciudad.

En la calle Azucaque se aparecía el demonio, en forma de cabrito, cuando bajaba el sol. La calle, muy cercana a la Catedral, se quedaba vacía al caer la tarde, siglo XVIII. El callejón del cabrito, la llamaban. Cuenta el gran Alberto Castillo que hasta hicieron exorcismos para acabar con la maldición. En la Plaza de Santo Domingo, donde hasta bien entrado el siglo XX Murcia iba de mercado, estaba el cadalso, y allí ajusticiaron en la horca al bandido Jaime El Barbudo, allá por los albores del siglo XIX, bandolero que arrasaba por los campos de Alicante y Murcia. Apenas un siglo y poco tiene nuestro hermano el ficus, bajo el que encontramos a don Ricardo Codorniú, apóstol del árbol, repoblador de Sierra Espuña, en el que vive un cuco inmortal, al que se puede escuchar cantar en las noches claras.

El verano llegaba a Murcia en Trapería, cuando vendían fresas frescas en cestillos de mimbre, bajo los toldos que cubrían el corazón de la ciudad, desde el Corpus, hace sólo unas décadas. Vendedores de paños y tejedores dieron nombre a la calle que nadie pudo renombrar, como a la de los orfebres, la Platería, donde desde hace 800 años permanece la plazuela de Jofré, noble francés del séquito de Doña Violante, esposa de nuestro Rey Sabio, cuya avenida hoy comenzaba en el Alcázar menor musulmán, cedido a las religiosas de Las Claras y Las Anas.

Adelante, en las cuatros esquinas, se trataba a la puerta de los bancos, dicen que hasta hace bien poco, donde valía un apretón de manos más que la firma en un papel. Donde hoy vamos de tapas y bolitos, al borde de la Murcia musulmana, ajusticiaban a los reos condenados por la Inquisición, en Santa Catalina, donde admiramos la obra del primer premio Velázquez, el Maestro Gaya, llevado recientemente a las paredes de la vieja Platería. Murcia, Murcia, Murcia... ¿Conoces leyendas e historias de Murcia? Vale.

Foto: Ricardo Codorniú, bajo el ficus

05/02/2011 09:52 achopijo #. sin tema Hay 3 comentarios.

El Arco

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Sin duda es el mío. Hay otros… San Juan, Camachos, La Aurora… pero el Arco de Santo Domingo es el mío, como imagino será el de la mayoría. Incluso con el acordeón de los imitadores de Metodi Kirilov tocando alguna canción melancólica al caer la tarde. Tiene una luz especial, el Arco, ya sea para ir al Romea, como para llegar a Santo Domingo. Es una de esas zonas de la ciudad en la que se puede suspirar, recordar, ver pasar el tiempo… Tiempo que ha pasado, especialmente, para el café que lleva su nombre, y le debe todo a ese arco, que une la iglesia de Santo Domingo con la residencia de los sacerdotes y dependencias de la parroquia, a la espalda del Palacio Almodóvar. Quién no ha quedado en el Café del Arco… Es el sitio ideal para quedar con alguien desconocido, para una entrevista, una cita a ciegas, pararse tras unas compras, o acercarse con los niños, que corretean por la plaza sin peligro en fin de semana.

Pero lo mítico del Café del Arco siempre ha sido el cuadro. La mesicas y los detalles de aquel lienzo social de Murcia, fueron un mito durante todo el tiempo que estuvo expuesto. Quién no ha buscado entre los clientes a alguno de los personajes retratados en el café pintado, que dividía el espacio en dos realidades casi idénticas a veces. El espejo del Café del Arco, se llama aquel cuadro, que hoy he sabido, conserva el dueño del local. Fue Fernando Castillo, pintor, escultor, artista, su autor, y quien tuvo la idea de hacer del Café del Arco el espejo social de la ciudad. Banqueros, periodistas, toreros, arquitectos, directores de cine, cirujanos, poetas… permanecieron durante años dándole al Café del Arco una personalidad especial en pleno corazón de Murcia.

Fue Manuel Clavel el encargado de renovar tan señalado lugar, y lo hizo con cantidades ingentes de talento, para mezclar modernidad y usabilidad, y mantener el aire característico que siempre tuvo el Arco. Clavel ha fusionado la ciudad con el Café del Arco, que todo es un abrazo entre el estilizado escaparate, la calle misma de Murcia y las mesicas para el cortado y el periódico. Hoy es Martínez Cánovas, pintor, artista, quien ha dado un salto generacional para trasladar a pequeños retratos personalizados el espíritu del espejo, que se ha perdido, en la idea original que tuvo Castillo. Herencia desigual, pero tan válida, que ha hecho que El Arco del Café, siga siendo lo que siempre ha sido, pero hoy, y ese abrazo de la arquitectura moderna siga cosechando premios internacionales. ¿Crees que el Café del Arco mantiene su identidad? Vale.

Foto: El espejo del Café del Arco

08/02/2011 17:15 achopijo #. sin tema Hay 1 comentario.

El Conejo

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Ese gato parece un conejo. – Es que es un conejo. – Pues parece un gato. De chiste, pero ojo, que las mitologías china, egipcia y vietnamita, parece ser, lo mezclan así como tanto monta, que monta tanto... Gatos, liebres… conejos… Un peligro para las cocinas, vamos. Pero no este año, que toca. El año del conejo empezó el otro día, y desde entonces lleva en marcha uno de esos fenómenos de convergencia mundiales que de vez en cuando nos estampa en nuestras narices este mundo modernen que nos ha tocado vivir. Que si sale una choni en el nuevo hit televisivo del año que busca a una nueva princesa de barrio con su conejito tatuado, que si leemos la noticia del conejo con los genitales más grandes de la historia, que si el plan del conejo es el mejor para pillarse un iphone por la patilla, que un coche rompe un conejo gigante en mil pedazos, o que Playboy saca colonia del conejito, da igual, el caso es que el día 3 de febrero empezó el año del conejo, y se ve que este año no se queda en China. Será ya un síntoma de que son los dueños del mundo, y de aquí a nada todos somos un animalico y comemos arroz con palillos.

Por cierto, que yo soy la serpiente, y no lo digo porque comamos conejos, acho, no me sean ustedes así, que no van por ahí los conejos, que diga… los tiros. Porque para conejo, el que se ha sacado de la chistera el mago Mas, de nombre Artur, acho, que su cash parece el bolso de Mary Poppins. Mientras aquí seguimos haciéndole agujeros al cinturón, allí sacan conejos de la chistera como si fueran churros, acho. Conejillos de indias, es lo que parecemos a veces aquí los del acho y el pijo. En manos de Bugs Bunny ponía yo el mundo, que eso sí que es un conejo.

Qué le vamos a hacer, el año del conejo también se da para hacer diferentes lecturas, aunque una vez sí, y la otra también, el conejo siempre acaba en la olla...  Acho, y ahí sí que sí, en lo que no nos gana nadie es en un buen arroz con conejo, que este año, bien azuzado con brasicas y con sus níscalos debe salir especialico. Un arroz y conejo, en el año del conejo. Fríe ñoras, y que sigan haciendo magia, que siempre nos quedará nuestra paellica para darnos el homenaje y brindar por todos los conejos, incluidos esos que huyen a las primeras de cambio, que haberlos, los hay. ¿Ves conejos por todas partes? Vale.

Foto: Mítico playboy rabbit

09/02/2011 09:01 achopijo #. sin tema Hay 12 comentarios.

Viernes

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Los viernes íbamos al Togo. Llegábamos poco a poco, cada uno de su rutina semanal, y Juan, o Ángel, o Emilio, nos ponían un quintico, y un plato marineras, que en los bares no se usan las preposiciones. Dejábamos las carpetas, las mochilas, los malos rollos, y básicamente, nos metíamos unos con otros, con nuestras jetas, los chistes de siempre y las historias de esa semana aderezando ese humor fino que hace de la ironía murciana fiel compañera de bareto. Solíamos hacer aperitivo-comida, claro, hasta que llegaba el cambio de turno toguero, el bar que es como Nueva York en la vida de las tascas murcianas, nunca duerme. Aquel par de horas largo era lo más viernes del mundo.

Esas dos horas, si hay sol, son el viernes platónico murcianístico. A eso de las dos de la tarde Murcia afloja, que casi puede escucharse a la ciudad bajar la intensidad. Las terracicas, las ventanas de los bares, los corrillos en los pasillos…

El viernes también es día de pachangas. El frenazo a la monotonía semanal, a las llamadas constantes, a los achaques del estrés, se vencen mejor sudando la gota gorda. Durante años mantuve mi pachanga de viernes viva, allí, en las tres pistas donde todos hacíamos las pruebas del mítico Chupol, en el Barnés. Los chicos, y unos cuantos amiguetes, pachanga de hora completa, exigente, que cerraba la semana a veces con la mejor guinda, ganando y marcando el golico que dejaba respirar ese gol que todos llevamos dentro. Otro rollo es el pádel. Divertido, y normalmente, jugado a rachas, los viernes tarde noche es más difícil encontrar pista de pádel que un aparcamiento en el centro. Lo que hacíamos en el Togo mítico a mediodía lo hacen los del pádel y la pachanga tras la ducha, como pistoletazo al Friday night, que nunca ha sido muy de Murcia, pero ahí está.

Pero la mejor época de los viernes era la del cine. Día marcado. Primera sesión si era posible, a la peli que tocaba, y solico. Hay dos tipos de personas en el mundo, a los que nos gusta ir solos al cine, y a los que no pueden ni planteárselo. Antes de todo, de quedar, de la pachanga, del plan que fuera, el mejor viernes era el que había algo que ver en cartelera. Mucho antes, los viernes eran de libro, sofá y tele. Cerca de las Estrellas, de madrugada, con el gran Trecet, y Esteban Gómez. NBA por un tubo, cuando Jordan vestía las paredes de nuestras habitaciones. Que pasen ustedes un buen viernes. ¿Cómo eran tu viernes? Vale.

Foto: Togo II

14/02/2011 11:13 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Ni 10, ni 7

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Será que no soy blanco. Será que no soy culé. Será. Pero sí soy futbolero, de los que jugó un millón de partidos, porque me gustaba tocar y tocar, pisar y buscar el hueco más letal y a la vez, más plástico. De los que ve un partido, sea el que sea, sin ir con nadie, por contemplar cómo se recibe un balón, cómo se acaricia en un centro, cómo se dibuja una jugada en la mente de un diez. Me gusta el fútbol de siempre. Ese que une los tres grandes orígenes del Rey de los deportes, el que lleva una pizca de potrero, barrio, favela, calle y frío. Del chico que se la busca y sabe esconderla. También el que llega de escuela, mide el pase, purifica el disparo a media distancia y levanta la cabeza para ver su línea. El que surge de lo aprendido de viejicos entrenadores de barrio y chándal, que sonríen cuando su zagal ha mirado al banco antes de subir al corner. Admiro la potencia física. Los futbolistas que llegaban a las pruebas y eran elegidos porque sí. Salto, cuerpo, velocidad… el balón era secundario, aunque siempre terminaban dándole, aunque fuera un poco.

Las tres cosas son fútbol, y la mezcla de las tres la perfección que hemos rozado algunas veces desde que los ingleses nos regalaran esta vida en vida que es el fútbol. ¿Ronaldo o Messi? No miro su personalidad, aunque está en cada pelota que tocan, en cada gol que marcan, en cada gesto sobre el campo, y les delata. Para bien. Para mal. Son los mejores, por números, por superioridad. Evidente. No discutible. Futbolero soy, amante de la pelota, y ninguno de los dos me llena como Diego, como Enzo, como Zinedine, como Johan… La elegancia, el fútbol, es más que ser el mejor. Messi es potrero formado, no pulido, que corre más que nadie, y mantiene un físico de tren sin ruedas. Ronaldo es un portento de músculo y potencia, salvaje, con resquicios de la calle, en destellos, puntadas de calidad, pero que chirrían. No bailan la pelota, ni el diez, ni el siete. No suenan los violines.

También disfruto sus goles. Los cañonazos imparables, las carreras de cabeza bala, los toques rápidos de la Masía, los autopases teletransportados, los huecos de la nada… Pero sí tengo peros. Ellos no son el fútbol que hemos visto en otros grandes. Lo serán, sin duda, porque tienen mucho más que los demás, pero hay un vacío de elegancia en el cetro de los reyes del fútbol. ¿Messí, Ronaldo… o ninguno de los dos? Vale.

Foto: Bochini, o el fútbol

14/02/2011 11:15 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Más 'cosicas'

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Los días en rojo en el calendario, el sonido de la lluvia sobre el coche parado, sacar la mitad del kiwi con la cucharica, los imanes de ciudades en el frigorífico, acertar con el papel en la papelera, el intermitente derecho de un camión que da paso, la risa suave de un anciano, subirse los calcetines hasta las rodillas, un bebé comiéndose un limón, la niebla cubriendo la huerta, el tweet de un desconocido que te alegra el día, limpiar las hojas secas del poto, despertarse justo antes de que suene la alarma, una sonrisa mientras corres, el botón para desplegar los espejos retrovisores, los saludos a distancia y los gestos sonreídos, el calor de una fotocopia, los dedos manchados de tinta después de leer los periódicos, pedir un donut después de mucho tiempo, quitarse la bufanda a medio día, descubrir fachadas de edificios, mirar al infinito por la ventana, bajar de una los dos últimos escalones, leer las dedicatorias en una vieja carpeta, una formación de pájaros que cruza el cielo de la ciudad, los buenos días del conductor del autobús.

Los e mails de amigos para un inminente encuentro, hablarse mirando al espejo, evitar las miradas en el ascensor, sin evitarlas, pisar las losas por colores, buscar el sol de la mañana por las calles, un barrendero que baila mientras trabaja, niños que corren a la puerta del colegio, bajar al trastero a buscar una maleta, limpiarse lágrimas en el cine, un calendario que te regalan, que te pille el encendido de farolas paseando, ver cómo se apaga una oficina desde un semáforo, el abrazo de los once en el gol, el ruido de los tacos en el vestuario, la camiseta más vieja del armario.

Los piñones quemadicos del asado, la flor de los almendros en la soledad de la carretera nacional, un camarero que siempre responde rápido, echar presión a la cerveza, un viejo bajo que se convierte en tienda, que te inviten a un décimo de lotería, un niño que te pregunta la hora, las tertulias de cada mañana en el casino, el azul fuerte del mar antes de la lluvia, la marinera en el bar del mercado, devolver un balón a un patio, un corazón grabado en un árbol, regalar tu libro favorito, seguir celebrando los cumpleaños, todos los te quieros del mundo, el entusiasmo de quienes creen en sí mismos. ¿Qué cosicas te alegran los días? Vale.

Foto: donut!

14/02/2011 11:18 achopijo #. sin tema Hay 3 comentarios.

Salto al pasado

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Los grupos de estudiantes pasaban por nuestro lado, justo al aparcar el coche, tras un día cruzando España. Les mirábamos como si nos viéramos a nosotros mismos a través de quince años de nostalgia, y nos devolvían la mirada con timidez, y algo de vergüenza. Las terrazas, repletas de carpetas, mochilas y corrillos al caer la noche, nos recibieron con una sobredosis de nostalgia directa al corazón, y llegaron los abrazos.  Volvimos, y en un instante todo era igual que en 1996. Quince años después la perspectiva de los recuerdos engañó al paso del tiempo. Como un puzzle que va apareciendo cada segundo más nítido, aunque falten piezas irrecuperables por encajar y el paso de los años hubiera pulido la capacidad para ver el resultado actual del rompecabezas. El tiempo sustituye al tiempo, y ver a quienes han sido parte de tu vida unos años inolvidables, hace el resto.

Volver es necesario. La canción de Andrés Calamaro fue la primera que sonó en el coche, camino del regreso. La vida es una gran sala de espera, la otra una caja de madera, decía Andrés, un Carpe Diem para un piso de estudiantes hinchados de anhelos, ilusiones y ganas de todo en una ciudad que hicimos nuestra capital de la alegría. Diez años después, mejor dormir, que soñar, dice la misma canción. La vuelta nos enseñó la realidad, un día a día que conocemos bien, aunque no sepamos mucho los unos de los otros, porque es tan parecido, que asusta. Luchando… Como todo el mundo. Pero juntos, estas horas de regreso han servido para soñar despiertos, y vivir la intensidad que la amistad deja marcada para siempre cuando se han compartido sueños, aunque algunos se hayan roto por el camino.

Nos acordaremos siempre de este fin de semana de febrero de 2011 como los días en los que nos cercioramos de que hay caminos en la vida que siguen siempre vivos entre recuerdos, y que basta una minúscula gota de realidad para resucitar a la nostalgia, y disfrutarla. En cada esquina, surgía una historia que compartir, a la vez, y entre todos… y eso hicimos, viajar en el tiempo, vernos de estudiantes, en un reencuentro que fue enormemente efímero, y a la vez, cerró un círculo de más de quince años, abriendo un camino por el que volveremos a volver. ¿Has viajado en el tiempo? Vale.

Foto: 6-6 (Resultado final)

15/02/2011 09:25 achopijo #. sin tema Hay 4 comentarios.

Lo del tren

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Lo del tren. Da pereza hasta seguir quejándose. Pero es que es de traca, acho. En un ratico bajas de arriba a Madrid, en un Alvia, supuestamente más incómodo que el Altaria. Sería lo de Murphy, porque nos tocaron los asientos del revés, y te pasas las horas luchando por no rozar con los pies al de enfrente, racionando las miradas, que menudo cansancio. El Alvia se desliza por la vía, como si operarios uniformados hubieran echado tres en uno un minuto antes de que el tren haga el recorrido. Cuando llegas a Madrid compruebas hasta tres veces que la hora del billete era real. La sensación de que merece la pena, por todo, usar el tren en vez del coche es absoluta… No sé si la recuerdan. Pamplona – Madrid en un suspirico de charla y comodidad, cobertura de móvil, tableta, iphone… Película en condiciones, sonido pulcro y silencio, silencio, silencio. Además de cristales limpios, moqueta, baños frescos y periódicos para leer en el vagón del bar.

La frontera Norte – Sur de la vida es el cambio de estación en Atocha. Dejar la zona del Alvia para zambullirse en la Altaria, Madrid Atocha Cercanías, es como cruzar la línea de puntos invisible entre dos mundos que cabalgan a distinto ritmo. Alvia es blanco, con pasarelas mecánicas, estilo aeropuerto, con publicidad en pantallas planas, luz y comodidad para trasladar las maletas. Altaria Atocha cercanías es el agujero negro de las comunicaciones históricas de la capital, una catacumba con destino al Sur. Los ríos de gente que vuelve del laburo a las ciudades dormitorio se cruzan con los que cambiamos de latitud, y de ritmo. De la luz blanca, al gris de años y años. No hay carteles, no hay señales, no hay luminosos… y para enganchar el tren, hay que apostar en la vía, para subir en los dos minutos que para el Altaria.

Frío. Colas desorganizadas. Hasta te rompen el billete a las bravas, no como en el puestecico del Alvia, donde una azafata te sonríe, te llama por tu nombre y suavemente, con una regla de Renfe, se deshace del número de tu billete. Escaleras mecánicas viejas, mugrientas, y el tren. Repleto, con goteras, olor a empanadilla de ayer, cáscaras de plátano, amontonamiento de maletas, cristales sucios, películas que se cortan, sonidos imposibles, crispación entre los agobiados trabajadores... La vía suena seca y rugosa, como si fuera la de la línea 1 del suburbano madrileño. Las paradas se sienten largas, el trayecto se hace sin ritmo, y las cuatro horas parecen doblar la distancia con Madrid entre el Sur, y el Norte. Murcia El Carmen. Carreras a los taxis. Minúsculo andén. Séptima ciudad de España. Sigue pasando Lo del tren. Vale.

Foto: Alvia. Limpio.

16/02/2011 09:59 achopijo #. sin tema Hay 2 comentarios.

El Teatro

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No, acho, como el Romea sigue cerrado, no voy a hablar de él. Casi nos hemos hecho a la lona que lo viste, y cuando viene alguien de fuera ya nos sale el aquí había un teatro… Que pase pronto, y volvamos. Pero antes, acho, tenemos un pedazo de Teatro, sí, con mayúsculas, al que ir, y no sólo disfrutar de él, hacerlo de toda una ciudad. Porque pijo, Cartagena está de moda. No podemos negarlo ya más. Soy más murciano que el limón que le echo al pastelico de carne, pero pijo, el orgullo que siento paseando por la Muralla, el Puerto y la Calle Mayor de Cartagena es orgullo, no envidia, y hay que darse cuenta. Es mi segunda vez, y será por eso de cogerle el tranquillo, pero no puedo pasar más tiempo sin postearlo: No se pierdan el Teatro Romano de Cartagena.

Apasiona. Lo hace, especialmente, si tienes la suerte de que sea la grandísima Elena Ruiz, coordinadora de Arqueología del Ayuntamiento de Cartagena, quien te lo explica, con la perspectiva de un brillo en los ojos de más de veinte años de trabajo in situ. Ilusión hecha historia. Ahora, además, está de moda, Cartagena, y el Teatro, acho, que ayer mismico pisé las madericas del escenario que había pisado hacía unas horas la Salma Hayek, ahí es nada. Cosas del mundo de los fenómenos de convergencia, por unas cosas y otras a veces estás ahí, en el centro del mundo, en el lugar más insospechado. Pero el Teatro Romano de Cartagena resulta que es como uno de esos sitios en los que uno se siente en el centro de la historia, que la puedes sentir a capas de piedras y muros que componen un rompecabezas perfectamente descifrado para disfrute del que visita.

De todos los visitantes al Teatro, los que menos, los murcianicos. Anda que somos. Visitan más el Teatro Romano los guiris que nosotros mismos, y más que ellos, españolitos de otras provincias, pijo. Con Cabo de Palos y los calderos a la vuelta de la esquina, o restaurantes de primer nivel en plena ruta modernista cartagenera. Los tenemos de plomo, acho. A ese 23 por ciento de murcianos, teniendo el Teatro reabierto dos mil años después, hay que darle vida, que es una excursión para permitirse el lujazo, incluso en los tiempos que corren, y es Cartagena, donde también se dice acho, y pijo, y el pulpo, lo hacen al horno. Teatro Romano. Están tardando. ¿Has ido últimamente a Cartagena? Vale.

Foto: Iba a poner a Salma... pero he puesto el Teatro

18/02/2011 09:11 achopijo #. sin tema Hay 3 comentarios.

La Cabra

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Ya menos, pero acho, de vez en cuando damos con La Cabra. Sí, la cabrica que se sube al taburete al son del acordeón, pim, pam, pom y chachachá. De niño era momento mágico, que era sonar La Cabra con Paquito el Chocolatero y salir echando humo a la ventana a tirarles duros envueltos en papel de aluminio, que vivíamos alto y no era plan. Cogerlos al vuelo era lo mejor para los cabristas. Pues no han roto siestas los de La Cabra, acho. Menudo tino tenían. Igual era marketing avanzado, que la ley del cabrista sólo tiene un epígrafe que obliga, el que dice que debe hacerse después de comer y sin dejar pasar mucho tiempo, no vaya a ser que no se despierte a nadie. Impresionaba ver cómo La Cabra se subía al perigallo como si tal cosa, y luego en el Félix Rodríguez de la Fuente las veías en piedritas en medio de paredes y nieve y te parecía lo más normal del mundo.

La Cabra. Quién no ha cantado lo de la cabra en el autobús de la excursión, acho. Yo tenía una cabra… badabadum, badum, badum, badero… A grito pelao. Muy de cabras éramos y somos, sin saberlo, pijo. O de Arruis, que eran parte de la lección de fauna murciana, y Sierra Espuña. Santiago y cierra España, y Arrui y Sierra Espuña. Pero acho, para cabras, La Cabra del mito de la caverna, la cabra de las cabras, la que es molde de todas las demás, La Cabra de todo, La Cabra de la Legión, y dos piedras, pan, pijo y habas tiernas. Menudo porte, que lleva la paya hasta la barbaza y la barbilla mirando al infinito. Que vas tirando del hilo y al final el toro es nuestro símbolo por medio cuerpo, acho.

Por dos tontunas y un anuncio no hemos celebrado el mundial de fútbol cantando La Cabra, que sería un himno con letra muy para cantarlo en los partidos y no comer chicle, y la silueta del cabrón ahí, bien cornúpeta, extinto y mítico insulto de grada lateral condominero, en el centro de la enseña nacional, porque mira que hemos sido, y somos de cabras, acho. Porque a locos, a los españolitos, ni a los murcianicos, nos ganan ni las cabras, que de ahí también podríamos pescar orígenes. Así que la próxima vez que se topen con cabristas míticos, piensen que La Cabra es tan nuestra como el toro, acho, y aunque sea por las siestas rotas de ese cabrón en el que están pensando, ayuden a mantener la tradición de La Cabra. ¿Echabas duros a los cabristas? Vale.

Foto: La Cabra

19/02/2011 09:32 achopijo #. sin tema Hay 4 comentarios.

Eterno Panadero

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Levantaba a todo el estadio. De repente, un espasmo incontrolable le ponía en pie sobre su asiento en la grada baja, y brotaba un murcianismo puro de jovialidad extrema, tan natural y risueño, que a pesar de su avanzada edad parecía el anhelo de un niño por convertir a su equipo en el mejor de los equipos. ¡UH-AH! ¡UH-AH! ¡UH-AH! Empezaba, y al poco toda Murcia acompañaba con palmas esa emocionante explosión de alegría. Lo hacía de vez en cuando, pero especialmente cuando achuchaba el contrario, o después de una buena jugada, para premiar a los once pimentoneros. El Panadero de Archena era el alma del Real Murcia en la vieja Condomina. Tuve el enorme placer de conocerle en persona, y darle un abrazo algunas veces, después de victorias, y recibirlo, después de derrotas. Le acompañé hasta su grada un día, uno de los últimos, cuando casi no podía caminar. No hay enfermedad que pudiera con su profundo amor por su equipo, y su responsabilidad con los suyos.

Siempre animar al Murcia, y siempre respetar al rival, solía decir. Don José Rico, el Panadero de Archena, es un mito para el fútbol. No sólo para el murcianismo. Sus ánimos incombustibles siguen siendo la referencia de toda una afición. De niño relacioné el significado de la palabra Panadero con quien era el encargado de animar a la afición, y como si fuera una onomatopeya sentimental, aún le sigo concediendo a la palabra ese sentido, único entre los pimentoneros. Ha habido homenajes. Pero el murcianismo le recuerda, y lo hará durante dos, quizás tres generaciones. Luego… desaparecerá. Aún a veces echamos de menos, cuando empieza alguna discusión sobre jugadores, tácticas, entrenadores, en pleno partido, cuando este se pone cuesta arriba, su entusiasmo y esa capacidad para unir a todos bajo un mismo sentimiento.

Sin duda, el Panadero de Archena y su espíritu deben mantener esa unión murcianista para siempre. Por eso es importante que sepamos cultivar su legado. Algunos piensan que el fútbol es una cuestión de vida o muerte, pero decía Bill Shankly que es mucho más que eso. Lo es. Los detalles históricos que deja un sentimiento como el de cantar goles con el corazón domingo tras domingo, toda una vida, merece cuidar la historia y vencer al olvido. Una estatua, altar murcianista, es necesaria, para que eternamente siga vivo el mensaje de Don José Rico en su afición centenaria, un murcianismo señorial, respetuoso, orgulloso e incondicional. Un sitio para él en donde estaba la grada baja, cuando desaparezca el viejo estadio de la Puerta de Orihuela, y para todos, es imprescindible. ¿Te levantaba de su asiento el Panadero de Archena? Vale.

Foto: Don José Rico: ¡UH-AH! ¡UH-AH! ¡UH-AH!

20/02/2011 09:53 achopijo #. sin tema Hay 5 comentarios.

Rutinas urbanas

A veces las ciudades crecen más rápido que sus calles. Pasa tiempo hasta que los edificios, las manzanas y los cruces se urbanizan. Nos tocó esperar un rato, en una zona vieja, nueva de Madrid. Las empresas eligen sitios comunicados, sin importar demasiado la distancia. No son polígonos industriales, y tampoco zonas comerciales. Barrios que empezaron a crecer casi como ciudades dormitorio con futuro incierto. Clase media, y a pocas manzanas, solares, nudos de carreteras y muchos cables. Una gasolinera vieja, una nave industrial abandonada, un edificio de cristal recién estrenado, una señora con un carrito de la compra, dos ejecutivos que bajan de un taxi con el ipad y el periódico, la cola para salir del parking y aceras de diferentes dibujos. Trayectorias de desarrollo en todas las direcciones, y un barrio sin sitio, allí, ni en la periferia, ni en ninguna parte, al que asiste un vecino con cara de circunstancia tras el tendedero de su ventana, en el edificio más viejo del cruce en la avenida principal. Ya había llegado la comida rápida. La última vez que esperé por allí no había hamburguesas, y fue sólo un par de años antes.

Los jefazos se sorprenden de que venga en transporte público, porque no se creen que tarde menos que en coche. Tras la espera, comentamos. La gente vive el tiempo como se lo organiza, y es muy complicado que cambie. Así son las ciudades hoy. En coche pasa la hora algún día, y en transporte público, se llega en la mitad de tiempo. Sorpresa mayúscula. El lunes, volverán a coger el coche. Rutinas urbanas de gran ciudad. ¿Pasará lo mismo en nuestras pequeñas grandes ciudades? Los barrios son imprevisibles cuando están en pleno desarrollo. La Murcia, Cartagena, Lorca que vienen están previstas, pero dará igual.

Aquí también pasa, creo. Una empresa llama a otra, y las zonas se expanden insospechadamente. Un restaurante, dos bares, una academia, el trazado de una buena avenida, el devenir del tráfico, y el transporte público cambian un barrio de un año a otro. La planificación a largo plazo es complicada, y lo fue más pocos años atrás, cuando las grúas parecían huir de la ciudad hacia todas partes, construyendo bloques y sembrando de vallas publicitarias los solares del extrarradio. El frenazo nos ha dado un margen, y aunque aquella hora de espera en el palpitar de barrio en formación de gran ciudad nos hizo ver lo que hay un poco más allá, cuesta pensar que aquí no sean las rutinas las que terminen de generar la ciudad en la que viviremos mañana. ¿Ves como crece tu ciudad? Vale.

22/02/2011 09:06 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Banksy

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Las líneas amarillas de prohibido aparcar cruzan la acera y suben por la pared en una esquina, convirtiéndose en una flor. Una cebra aguarda junto a una cuerda donde están tendidas sus franjas negras, esperando que se sequen. Una niña se eleva sobre el muro que separa Israel y Palestina en Gaza, agarrada a unos globos. Samuel L. Jackson y John Travolta encañonan con plátanos caracterizados como sus personajes en Pulp Fiction. Una niña cachea a un militar contra la pared. Banksy. Banksy. Banksy. Es el artista sin rostro, un grafitero inusual, londinense, el primero que logró sacar del graffiti un movimiento artístico que iba un paso más allá. Originalidad. Mensaje. Alegoría. Banksy ya es un mito. Un héroe. Sus obras se venden en subastas a precios desorbitados. Donde pinta, hay una revolución mediática. Le acusan de haberse vendido a la industria del arte, y él ha respondido con una película (Exit through the gift shop, 2010) que ayer pudimos ver en la programación de febrero de la Filmoteca regional, en el Aula de la CAM.

Banksy cierra el círculo. La peli nos cuenta la historia de Thierry Guetta, un payo con gracia y estrella, de esos que por extravagancia natural, llaman. De grabar a los nuevos artistas urbanos por medio mundo, a convertirse en uno de ellos, haciendo lo mismo que todos, y nada propio, Guetta se convierte en el mensaje de Banksy al mundo del arte (sin pasar por la tienda de regalos). En un arte incipiente, que surge del ya viejo graffiti ochentero, lo que hace Guetta inspirado por Banksy es vender lo que casi nadie había podido, el nuevo arte urbano que Banksy, y otros, ya habían hecho famoso en el mundo. Entre ellos, un artistazo con muchísima presencia en Murcia, Sam3, con imagen en la película que representa la nueva ola de arte urbano mundial, y su Hiperion, aquel gigante que mecía a una niña en un columpio en pleno barrio de Santa Eulalia.

El graffiti es artesano, porque es arte y porque es sano, decía Geronación en un viejo tema, y puede serlo, a pesar de las muchas connotaciones que pueda tener para quienes ven gamberrismo y suciedad, porque no todo es arte, ni todo es arte urbano, ni si quiera todo lo que se pinta en una pared es graffiti. Banksy ya ha marcado a una generación, y ha cerrado el círculo de un movimiento artístico que va más allá del graffiti, con una película esencial para entender qué es arte, y qué no lo es dentro de ese nuevo mundo, en relación únicamente con el talento. Busquen a Sam3 por las calles de Murcia, viejas casas abandonadas, vallas publicitarias, y descubrirán de qué estamos hablando. ¿Qué te parece el arte urbano? Vale.

Foto: Puro Banksy

23/02/2011 08:48 achopijo #. sin tema Hay 6 comentarios.

Álex Cristina Cartagena

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Álex, Cristina, Cartagena. Con tres palabras de película guardaré el recuerdo del día en el que metí un dedico en el maravilloso mundo del cine. Fuimos al rodaje por echar un vistazo curioso, aprovechando que estábamos por Cartagena, y pasó todo de repente. En un segundo estábamos compartiendo plano con Santiago Segura, a las órdenes de Álex de la Iglesia. Como para no contarlo, twitter mediante, y a la contracolumna achopijera por la vía rápida, que cosas así no pasan. Porque tuvimos la suerte de conocer el cine por dentro, y allí, entre todo el movimiento del staff, los actores, el director, el increíble Teatro Romano de escenario, como si fuera el conejo que persigue Alicia, entre tanta emoción condensada, estaba ella. Una niña vestida de rosa, que llevaba su sonrisa de un lado para otro, trotando en libertad como si el campo cinematográfico fuera su mundo. Si no fuera real podría decirse que era la viva imagen de una musa en pleno proceso de creación.

Cristina tiene diez añicos. Es bilbaína, pero también cartagenera. El otro día sacó un 9 en un examen, y eso a pesar de pasarse los días de rodaje con sus amigos Álex de la Iglesia, Santiago Segura, José Mota, Fernando Tejero, Salma Hayek… y el de Los Protegidos (Antonio Garrido), como ella le llama. En el cole no se lo creen, pero a mi me da igual, me confesó, sincera. A la vera del director, se acurruca y comenta con él, y el jefe le devuelve carantoñas, caricias y atención. Cristina se plantó en el Teatro hace unos días. Fue constante, porque quería conocer el cine, y el propio mundo del cine la adoptó, y ya forma parte de la película. Antes de contagiarme de su naturalidad para moverse por todo el decorado, entre staff técnico, cables y grandes estrellas, fuimos parte de todo aquello. Azar. Casualidad. Quien sabe si algo de Twitter… pero sin tiempo para pensarlo estábamos en un plano de la película. Aparecimos en el instante preciso, y ya podemos decir que hemos estado detrás de una claqueta de cine.

Pero fue solo después de charlar con Cristina cuando la experiencia cobró un valor añadido. Una niña de diez años entiende sin esfuerzo que en el cine no hay diferencias entre la realidad y la ficción. En el cine hay magia, como la había en sus ojos al hablar de todos esos nuevos amigos que ha hecho, estrellas en el mundo real, aunque después de unos días entre ellos no le importara lo más mínimo que la creyeran en su clase. Fuimos parte de aquel mundo mágico sólo un ratico, acho, pero será inolvidable como experiencia, porque esencialmente, fue natural y sencillo, aunque para nosotros siempre será un chispazo entre los recuerdos de nuestra vida. ¡Viva el cine! Vale.

Foto: Followercete achopijo

24/02/2011 22:37 achopijo #. sin tema Hay 7 comentarios.

La Salita

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Había dos butacas, mecedoras, viejunas, con sus buenos cojines, y un sofá de sillones, o sofá-sillón, que no sé si ese concepto existe, o ha existido alguna vez. Todo en función de la estrella de aquel sistema solar en torno al brasero de la mesa camilla, epicentro de la galaxia ochentera en toda vivienda que se precie, ese cuartito que hemos llamado siempre La Salita. Sí, pijo, la salita de estar, que no era el salón, ni el cuarto de estar. Era el sitio coqueto de la casa, donde tomarse un algo en taza de la que salga humo, o donde jugar una partida a la oca, el parchís o la brisca con la abuela. Cerca, siempre, una manta, a ser posible esa de colores por cuadros separados por una gruesa línea negra, de punto de lana, y algún mueble con películas betamax o VHS, según división vital, algunos libros, de serie b, Agatha Christie y esas cosas, y la cajita de la costura en danza.

La salita era para las tardes de sábado y festivos. En domingo empezaba su abandono, y la pura y verdadera salita era sin televisor, aunque se incorporó allí antes incluso que en las cocinas, según mini encuesta hecha en dos minutos y sobre la marcha. ¿Dónde pusiste la segunda tele de tu casa en la salita o en la cocina? Las siestas de mecedora saliteras, acho, ahí es donde nació mi síndrome de abrazo al cojín, diagnosticado ya como crónico, con ese despertar de la media tarde sin sentir las piernas al calorcico del brasero. Suerte la mía, que soy hijo único, mimado que te cagas por la pata baja, y por eso tuvimos salita. Cosas del ritmo de vida, quien sabe, poco a poco se fue perdiendo su esencia, se convirtieron en habitaciones de hermanos, en despachos, en salitas sin fuste, abandonadas por las pantallas de plasma y los sofás de diseño de los salones, o las cocinas gigantes americanas de telecomedia.

El caso es que en los nuevos pisos todo es más pequeño, y pensar en una salita es casi sinónimo de pensar en un meterte una piscina climatizada, lujos para la pesca esa que sale en la tele enseñando casas que lo flipas y te sientes una sardina enlatada. La mesa camilla, acho, con los días contados, quién nos lo iba a decir, y ahora si no tienes cheslong no eres nadie. Menos mal que aún quedan abuelas, y tardes que pasar entre recuerdos y partidas de brisca, al calor del brasero, donde una casa es más acogedora, en La Salita. ¿Tienes salita en casa? (Dedicado a @martinortega10) Vale.

Foto: Jugar a la Oca en la salita

26/02/2011 11:34 achopijo #. sin tema Hay 1 comentario.

110

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No, no es la talla de sujetador de una estrella porno, acho, es el numerico que vamos a grabar a fuego sobre el 120 clásico de las autopistas. Hay que borrar del disco duro la señal de 120, y dejar de acostumbrarnos a ver la aguja de los kilómetros a la hora de comer. A partir de ahora el velocímetro deberá marcar el aperitivo. El tema de la semana, acho. España reduce su velocidad de crucero, que menuda metáfora en bandeja nos dejan estas cosicas, pijo. Íbamos a 120, y ahora tenemos que soltar el pie. Si le pusieran sonido a España sonaría a globo deshinchándose, como si hace un par de años alguien hubiera pulsado el off y todo el país va parándose, apagándose, enlenteciéndose…

Con la bajada los coches perderán tiempo, y ahorrarán combustible, según dicen los estudios. Todo son bajadas en este 2011, acho. Madrid un ratico más lejos, recalcular las medias, y ojo con las multas, que los que miran debajo de la alfombra cuando se quedan solicos ya andan diciendo que esto no es más que una medida recaudatoria para clavarnos multas a destajo. Otra forma de verlo es multa margen por delante. En vez de no pasar de 140, no se podrá pasar de 130. Pero de todo esto lo más evidente que queda es un ¿Por qué? Tan grande como los toros de Osborne.

El caso es que cuestionar lo del 110 es ser un freak, dice Blanco (que lo de Pepiño le molesta), anarcoide. Bueno, como la mayoría ya somos freaks de algo, no perdamos la finura hilando ironía con lo del 110, que ni Xavi Hernández da más juego que esta decisión… supongo que tomada tras la evaluación de estudios de gasto, eficiencia, accidentalidad, tiempo… y también de imagen política. Por eso aún extraña más que también nos llame anarcoides.

Decían en Twitter que nos reducen la velocidad para ganar tiempo, por si salimos de la crisis entre que llegamos o no llegamos. En vez de viajar mirando el paisaje, será el paisaje el que nos mire a nosotros, o que pobre del que pillen conduciendo a 120, fumándose un piti y escuchando un cedé pirateado, además de una iniciativa para declarar al guepardo animal non grato en España, ya que puede correr a más de 115 kilómetros por hora...

El currelo de cambiar las señales, ya sea con pegatas, o cambiando palitroques es un buen castigo a quien le toque, que hay que hacer un pleno, sin medias tintas. Me imagino el encargo para Pepe Gotera y Otilio, y en sus bocadillos, rayos, centellas, cadaveras y chuzos de punta. No se apuren. Aún con la bajada y la pérdida de tiempo, seguimos siendo más rápidos que el trenecico. ¿Por qué crees que bajan la velocidad a 110? Vale.

Foto: 110

27/02/2011 10:52 achopijo #. sin tema Hay 5 comentarios.

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