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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2011.

McQueen

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Cuando seas papá, comerás sopitas. Nos decían… y venía el quejío ese simpsoniano de desaprobación. Pues bueno, los treinta pasaron como el viento, y aquí andamos muchos, pasando cursos vitales de papis, que acaba uno y empieza otro, con gusto y sueño. Si no eres papi, no comerás sopitas, y tampoco tienes por qué fijarte en los miles, cientos de miles, o millones de coches que llevan en sus ventanas traseras tapasoles de Rayo McQueen, el ídolo absoluto de la zagalería entre 0 y 3 años, aunque la fiebre llegue hasta los 34 mínimo. Este será el verano McQueen, acho, que estrenan Cars 2, y eso es como para que el mundo pare las dos horicas de película.

El rollo es que la primera vez que la veamos seguro que mola, que los de Pixar son top ten genios del mundo, no ya en cine, en la clasificación general, pero cuando la veamos la número 167 ya será otra cosa, que luego te despiertas de la siesta dominguera y sueltas un diálogo entre Sally y Mate, o bajas al garaje y los coches están guiñándote los ojos mientras bailotean la canción del verano.

Todo es McQueen. Sin darte cuenta, invade tu casa. No hay resistencia posible. Se multiplica. Cojines, mantas, mantitas, parasoles, paraguas, pijamas, zapatillas, chanclas, cubos, palas, coches, coches pequeños, grandes, camiones, libros, álbumes, cromos, sillitas, bicicletas, motos, servilletas, vasos, platos, cubiertos, biberones, pañales… El otro día un McQueen me guiñaba un ojo desde los calzoncillicos… Vamos que los papis, comemos sopitas con rayomcqueenes pequeñicos en vez de fideos.

El verano pasado lo pasamos con Bob Esponja, que sigue presente, pero el liderazgo de McQueen es incontestable. Una americanada… ya. Bueno, lo que hemos hecho en casa es McQueenizar los cuentos clásicos, que tiene su punto. Caperucita va por el bosque en su McQueen, los tres cerditos huyen del lobo a todo pistón en un McQueen de última generación, luego están Pulgarcito y el miniMcQueen, Blancanieves y los siete McQueenes, el McQueenito de plomo o el McQueen con botas, vamos, que McQueen es… como un toro, vale para explicarlo todo. McQueen, esa forma de vida.

Las abuelas le llaman Steve McQueen. Es un héroe a la antigua, que aprende a valorar más la ayuda a los demás que su propio triunfo, un tipo que nos vendría bien en estos tiempos que nos ha tocado McQueenear. Si este verano les saludo por ahí con el grito de guerra del bólido de moda, no me miren raro, que habrán sido las sopitas. ¡Ka-Chow! Vale.

Foto: Cars 2

02/07/2011 09:56 achopijo #. sin tema Hay 1 comentario.

Se vendió

Es una casa siniestra. Parece construida siguiendo las instrucciones de un niño pequeño. Cuatro paredes, puerta aquí y allá, un tejado grande y ventanucos gigantes. De ladrillos amarillos y subida sobre una especie de altura de mármol, como levantada un metro y medio del suelo. Lleva varios años con un cartel de ‘Se Vende’ amarillo fosforescente, colgado de una ventana y de la puerta, en la que, escrito en losas de cerámica, puede leerse: ‘Casa gran’. Rodeada por una verja de alambre y una extensión de unos 600 metros cuadrados de maleza, esparto, hierbajos y rastrojos. Tiene un pequeño porche hacia el Sur, con vistas a la lejana carretera de Pinoso, y dos colinas, que cierran la vista un par de kilómetros al frente. Al Norte, la subida a la cantera de rojo Alicante se esconde tras un terraplén que sirve de camino de entrada y que rodea la casa.

Es una casa de película de Oliver Stone. Su historia parece la inversión de un nuevo rico en unas tierras que en su día vivieron la fiebre del inglés, cuando venían con maletines llenos de libras esterlinas para comprar cualquier cosa con cuatro paredes y un patio y retirarse de la lluvia al sol de España, y beber mucha cerveza. No duró mucho, y allí se quedó aquel mamotreto, terminado a medio, en la nada de la campiña alicantina, rodeado de almendros, vides abandonadas, carreteras secundarias, torres de alta tensión, conejos, jabalíes y muchas tórtolas. El paseo recorre los caminos que bordean la casa. Siempre ha estado igual, como un símbolo remoto de una crisis que hasta en aquel rincón llegaba, solitaria, amarilla, con las ventanas cerradas, y el cartel de Se Vende golpeando la pared con el viento.

El domingo salí a correr. Estaba nublado. Decidí sudar un poco subiendo la carretera hasta los pies de la cantera, y volver por la tierra, a pesar del miedo extraño de aquella casa solitaria. Al bajar trotando, después del esfuerzo de la subida, llegué a la finca. La puerta estaba abierta, y un claro se había abierto paso entre la maleza que rodeaba la casa. Al acercarme, y abrirse el ángulo de visión, pude verle. Un hombre de pelo blanco, barba blanca, gafas de sol oscuras y piel roja cortaba rastrojos en una de las esquinas del terreno. Un Peugeot 406 con matrícula amarilla estaba aparcado en la puerta del porche, y una señora oronda, vestida con delantal, de pelo claro y piel roja, barría la puerta de la casa. Una ventana estaba abierta. El cartel de Se Vende había desaparecido. El hombre dejó la cortadora, se estiró y bebió agua junto a la mujer. Rieron. Un cambio, por fin. La casa solitaria amarilla había cumplido, por fin el sueño de quien la construyó. Un inglés prepara sus últimos días allí. ¿Remonta la crisis? Ojalá. Vale.

05/07/2011 11:37 achopijo #. sin tema Hay 2 comentarios.

Bikini

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Menos mal que los payos no usamos bikini, acho. No por nada, la cosa es que me imagino los cajones de mi armario con partes de arriba y abajo, y menudo pitote. Como no soy de perder cosicas, sabes que iba a tener algún bikini parejo… El tema bikinis esconde uno de los grandes misterios de las rebajas de verano. En el cajón de ofertas hay bikinis a manta, y allí andan ellas buscando el suyo. Es arte de magia, porque siempre encuentran las dos partes entre una maraña de colores, tiranticos, triángulos y flores, y sin esfuerzo. La sección de bikinis siempre está llena, y no me extraña. Aquello del bañador ya es raruno en las playas. Todo esto porque el bikini cumple 65 años en la era moderna, ahí lo llevas, porque en Pompeya ya usaban las romanas de bien sus trajes de baño en dos partes, que salen en los frescos correteando en bikini por la playa, con ramas de olivo y eso, aunque no sabemos cómo lo llamarían.

Siempre he sido muy fan de los bikinis. Es la prenda femenina sobre la que más me permito opinar, porque los hay que me gustan y que no me gustan, no como pantalones, camisetas o cinturones, que nunca sabes bien si es un sí o un no, y menudos disgustos si te lo juegas todo al no cuando es un sí. También de la palabra, a la que habrá que hacer pronto un Querétaro, que además vale como el 33 para hacerte fotos: BI-KI-NI, y para más bonico, es allí, en Fondo de Bikini donde vive el gran Bob Esponja, así que poco más bueno se puede decir del bikini… Si acaso que sin bikini, tampoco existiría el top less. Palabras mayores.

Dicho esto, demos gracias a Louis Réard, gabachazo de gafas de pasta – pasta y culo – culo, muy Yves Saint Laurent, que están tardando los modernens en recuperar, y gomina negra, que en 1946 echó el resto y presentó el bikini vía Micheline Bernardi, una bailarina del Casino de París, que para el bolo lo que hizo fue ponerse lo que no se ponía nunca en su número diario nocturno, lo que lo hace todo mucho más mítico, piscina mediante.

La cosa es que por entonces los américas estaban haciendo probaturas nucleares posguerra en el atolón polinés de Bikini, y el gafapastón apretó la tecla. - Yo inventé el bikini, le contaría a sus nietos, el payo. Tómate un breva. En general, hay que darle las gracias al bueno de Réard, aunque algún disgusto también nos hemos llevado, eso sí, nada que ver con el asunto de los bañadores huevera que algunos creen con derecho natural a ponerse. Pues eso, que feliz bikini a todos. Vale.

Foto: Louis Réard

06/07/2011 11:06 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Medio lleno

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“El éxito es tener siempre humildad y respeto, y ser valiente. Esforzarse para transformar lo que no queremos”. Mi compadre Alejandro Oliva escogía bien está fantástica cita futbolística, por ser de Ángel Cappa únicamente, para animar a otro hermano, un héroe de nuestro tiempo, Víctor Rodríguez, que cuando ustedes estén leyendo estas letras estará en algún punto del canal de Ibiza, con miles de metros de mar bajo su corazoncico, nadando para convertir en esperanza el cáncer, nada menos. Le animaba porque ese reto espectacular, cruzar de Ibiza a Alicante a nado, no empezó bien del todo. Olas y corriente obligaron a suspender unas horas la Travesía del Siglo, después de un año largo de preparación e ilusiones. Mientras los demás nos fajamos en nuestro día a día de julio, y ahí fuera se cuece la ciudad a 40 grados, 22 nadadores aprietan los dientes por cumplir su reto de esperanza.

Leyendo por encima el pedazo de Tour que muchos nos estamos perdiendo, con José Joaquín Rojas cortando la pana francesa a su antojo, poniendo a Murcia en un firmamento ciclista que merece ya un reconocimiento de los comentaristas habituales. No somos los colombianos de los ochenta, somos mucho más que eso. Tierra de grandes ciclistas, y pasión por un deporte que ha arraigado. Tiempo que falta por todas partes, cuando el miércoles se vuelve jueves y la semana empieza a caer. Los ratos de coche arriba y abajo dejan dos, tres, cuatro grandes sonrisas. Carcajadas que, a veces, en días como hoy, se agradecen mucho más que un baño al atardecer o un buen chorro de aire acondicionado tras una caminata a pleno sol, o un recuerdo en San Fermín (ya falta menos). Aún con el corazón encogido, con el laburo en marcha y la mente deslizándose por olas gigantes, el par de dos te saca a flote.

La radio… esa compañera fiel, que cuando suena en voces que saben afinarla, se convierte en el medio de comunicación platónico, inigualable. Miguel Massotti, Juan Bautista Sanz, Marta Ferrero... Ídolos... Una ración de casta murciana, profesionalidad y frescura al micro, y uno se presenta como nuevo en la reunión. La risa, es lo que tiene, que cura todo, y se pone uno en solfa en plan vermú con salchichica seca y olivicas partías… “Esforzarse para cambiar lo que no queremos”. Víctor se volvió a tirar al agua. Mañana por la tarde, llegará a Alicante, 180 kilómetros después. Los demás, qué vamos a hacer… tirarnos al agua, valientes, con humildad y respeto, y una sonrisa de vez en cuando. Nos reencontramos los jueves, ese día que ya es más sábado que lunes. ¿Ves cómo el vaso siempre está medio lleno? Vale.

Foto: @retoAEAL

07/07/2011 07:30 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

El Rayo Verde

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“Es un verde que ningún artista podría jamás obtener en su paleta, un verde del cual ni los variados tintes de la vegetación ni los tonos del más limpio mar podrían nunca reproducir. Si hay un verde en el Paraíso, no puede ser otro salvo este tono, que muy seguramente, es el verdadero verde de la Esperanza”.

El verano es época de citas. Los libros de la playa y el campo, de los días sin reloj, son los libros para gozar ese tiempo que se pierde entre descanso y disfrute. Me picó el Atlántico, por la lectura de una maravillosa aventura murciana, que pronto verá la luz, como un viaje por el Ecuador de la vida, que huele a sal, a curro, a legañas, a amistad, a compañerismo, a marina, a sol y a luna, y a mucha comida murciana cocinada con mimo en un desierto oceánico que inspira cualquier cosa que uno anhele, entre vientos, estrellas, nubes, lloviznas y mares de plomo.

Ese todo, condensado en un rayo de luz verde, efímero, que ilumina el horizonte un segundo, en pleno Atlántico, cuando la tierra parece cielo y agua, me cautivó.  Una luz única en los días y los recuerdos, que escapa a las ciudades y los continentes. Un sol caprichoso y juguetón, que ciega de amor. El rayo verde, como una anécdota gigante más, en un viaje con antes y después.

Así que me subí al Clorinda, con Julio Verne, para hacer un viaje extraordinario que no había hecho, en busca del Rayo Verde. Dice la leyenda que verlo con ella es caer en un amor eterno y puro. Un rayo verde que ningún artista jamás podría pintar en su paleta, que debía unir a Elena y Aristobulus para siempre. Viajar, navegar y una historia de amor para el verano, en busca de un atardecer mágico en verde, visto en las letras y la mirada única de Julio Verne… pero ya no puedo dejar de pensar en buscarlo, como una de esas cosas que hay que hacer en la vida, y cumplir algo más que un sueño. Más que envidia, es admiración, por aquellos que han visto esa luz, en comunión con el mar, y seguro que con ellos mismos. ¿Has visto El Rayo Verde? Vale.

Foto: El Rayo Verde

08/07/2011 12:58 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

La Real

Fumaban puros. En la urbanización decían que el humo era su arma secreta. Te desconcentraban mirándote los envites con el puro mordido entre los dientes, camiseta de tirantes, barba de dos días, calvas despeinadas y bañadores del mercado. Anillos de oro. Eran la clásica pareja de barrigones, a vueltas de todo, con el humor de bar vallecano más fino del mundo, y varios trofeos de mármol y oro raído ganados en buena lid en bares, fiestas de barrio y mesas de madera y aluminio. Un rival de champions para dos pimpollos que llevábamos aquel verano apenas dos afeitándonos, pero jugábamos más mus que cualquier otra cosa, fiebre cantinera de los primeros años universitarios. Con desparpajo, señas falsas hirientes que nos perdonaban por ser niños, mucha compenetración compadrera, un metalenguaje más que machacado y algo de suerte, nos plantamos en la final.

Aquella tarde hacía un fuerte Levante. Llevábamos todo el día echándonos cartas, algo viciados en cortar rápido, confiando en nuestra charlatanería, quizás demasiado. Teníamos miedo de haber olvidado el juego, y dejar de sumar antes de envidar a chica. Pero estábamos confiados. El día sabía a final de copa del mundo. Dos pacharanes cortos, suavizados con sprite, ellos. Dos tónicas heladas con limón, nosotros, y unas almendras. La partida empezó al tanteo. El primer juego lo ganamos sin querer. De eso que te sales… Ellos también habían cambiado su manera de jugar. Sólo sacaríamos las armas al final, y eso nos relajó. Tenían miedo. El remolino de espectadores crecía con la hora. El Levante iba cediendo a la tarde, y cada envite a pares se vivía como un penalti de la selección española. Fueron cayendo los juegos, hasta llegar a lo que parecía escrito, una última mano con empate a dos en todo.

La mano era suya. El más barrigón y charlatán, el del pin del Rayo, al que su esposa besaba en la calva cada vez que ganaba un amarraco, uña meñiquera, tenía la mano. Le tendí la última carta, justo cuando mi compañero me hacía el ciego en milésima de segundo. Levanté mis cartas sin mirarlas, y le cacé vivo. No pudo contenerse. Tímido guiño. 31 de mano. Fumaban. El humo flotaba. Miré las cartas una a una, esperando. Siete de copas. Mi compañero decidió alargar los segundos. Siete de oros. La paciencia dio sus frutos. La mano envidó a grande. Siete de espadas. La dejamos ir, y mandamos a la chica al cine. Sota de oros. Hice campana en mi lóbulo derecho, en sus jetas. Guardamos la emoción. En los pares dije: Voy a ver tu órdago al juego. Descubrió. Se abrazaron entre júbilo. Dejé caer la Real como el que recibe las primeras gotas de una lluvia esperada. Una vez en la vida. ¿Juegas al mus? Vale.

10/07/2011 11:12 achopijo #. sin tema Hay 2 comentarios.

Cala Reona

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Un día a la semana tocaba Cala Reona. Bocatas, neverica, unas palas, el balón de fútbol y dos o tres sombrillas. La excursión de entre semana, día para tostarse al tonteo de la playica. Los veranos de los dieci, que tenían esas cosas. Había que llevarse unos bambicos viejos, para el paseo por el monte, y el salto desde la rocas, el verdadero motivo del calarreonismo manguero. Las cuatro alturas, y el abecedario en el aire, hasta la U, la V o la W, incluso. Arena diferente, y baño de dioses, sobre todo los días de fondo, con ese verde turquesa de anuncio mediterráneo, cuando protagonizábamos todo el día las imágenes que ahora nos vende Estrella Damm con la canción del verano. Eran días de fábula. Asociación de ideas que se nos grabó a fuego a los mangueros que teníamos fijado el día Cala Reona en el calendario. Vuelta al anochecer… tras cervecica en la vieja cantina, y si acaso, plan para volver el viernes a la fiesta de la espuma.

Los veranos fueron menguando, y con los días contados, fueron cayendo las excursiones. La cala sigue igual, o casi, que la discoteca y cantina han ido sufriendo remodelaciones, como el chiringo que nació en el otro extremo… pero la arena, el baño, las rocas… todo sigue igual, y sigue siendo recomendable ir entre semana, como todo. Siempre tuvimos la sensación de que no se había explotado aquel lugar lo suficiente, y a la vez, ese alma de defensa de lo que no se debe cambiar mucho, por si se termina estropeando. Sin embargo, alguien con vista puso su saber estar en ese lugar idílico para la nostalgia de muchos, y descubrió en Cala Reona el sitio que había en potencia. Estilo, sencillez, lejos del jolgorio, con identidad propia, abierto al mar y la playa, sin alardes ibicencos, ni aspiraciones de vidilla modernen más allá de lo necesario… y color. Mucho color, Cala Reona se ha quedado para disfrutarla, quince años después.

Un día de playa en Cala Reona sigue siendo necesario, con los peques, con amiguetes, con la familia. Todo vale, y si hay suerte con el baño, puede ser el día del verano. Pero para día del verano, la que hay montada este sábado noche. Un fiestón, esta vez si, que puede alardear de original, en el panorama discotequero de la Costa Cálida, tan cambiado. Mad Men party, años cincuenta y glam para una noche diferente en un lugar incomparable. Avisan de que el estilismo rozará el vestuario de película hollywoodiense, y podremos darnos el gusto de echar unos mojitos camiseta hawaiana mediante, a la orilla del Mediterráneo, que los de la Damm se van a quedar a dos cuerpos. Una buena noche para recordar aquel calarreonismo en Súper 8. ¿Conoces Cala Reona? Vale.

Foto: Cala Reona

13/07/2011 09:10 achopijo #. sin tema Hay 1 comentario.

Pretemporada

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Los domingos sin fútbol son como la punta sin chocolate del Bollicao. Más aún, cuando no estamos de vacaciones, y no hay suficientes días como para no saber en qué día vives, como pasaba en época de los libros de Santillana y los veranos de diez semanas. Ahora, es época de culebrones y pretemporada. No podría ser de otra manera. Las colas de los telediarios son para los puntos de mira de los gigantes de plástico, esos equipos que ya parece que fichan por fichar, o para que no fiche el otro o el otro de más allá, porque bueno, una cosa u otra, ganarán. Los demás, a movernos en el fango de los representantes, las habladurías y las prisas de los aficionados. Los hinchas patrios, a lo de España, caballo que come y no ve más allá de un palmo de sus narices. Hay que fichar rápido, más que los demás, se tienen que quedar todos, hay que dejarse todos los cuartos posibles y el objetivo siempre es estar en lo más alto. Par de piedras.

La ilusión ya la dejamos para cuando vayamos primeros… Ahora toca el recelo. Ay! Este mundo futbolísticotaurino… y los ingleses renovando abonos el último día de la temporada pasada. Aquí es que cada año es el año uno. No hay pasado. No se mira la planificación, sólo vale que cuando salga un nombre, lo hayamos visto en Ibiza algún verano, tatú mediante, con alguna zagalapia y sus gafones de sol. Vamos, que sea escuchar el nombre y nos suene, que si no, ya toca torcer la cara, y el primer balón será el que dicte sentencia. Mal control, serán pitos y ladridos… Cómo echo de menos al gigante Don José Rico, Panadero de Archena, fe eterna… qué prontico se nos fue de la grada baja.

Aún en estas, algunos vamos levantándonos cada día con más ilusión y ganas de fútbol. La nueva equipación, el primer día de entrenamiento, los nuevos, los del año pasado, los que llevan ya dos, tres años, el peinado del mister, el dibujico del abono, los números que bajamos, y el estudio pormenorizado de la pretemporada, que casi, es la cuerda necesaria para cuatro semanas más sin temporada. Mientras Neymar, Agüero y Cesc pelan la pava por medio mundo, y copan los titulares arenosos, aquí andamos midiendo plantillas entre los doce candidatos serios al ascenso, entre los que se cuenta, primera vez historia, el club de Cartagena, y no el Real Murcia, estando los dos en la plata. Ciclos… Aunque muchos no lo entiendan, aquí dejo escrito, que somos unos cuantos los que en esta pretemporada, mantenemos la ilusión más descomunal, por aspirar a ser aspirante, y que nos llamen locos. Que este año el Murcia, siga siendo nuestro Murcia, que si el fútbol es ciencia, es por esa ilusión incomprensible para la matemática. Vale.

Foto: El Neymar ese

14/07/2011 09:25 achopijo #. sin tema Hay 1 comentario.

Bragas Brasileñas

Nos han puesto un mercadillo al final de La Manga, y los sábados, miravés. No va a hacerle sombra al mítico de Cabo de Palos, pero tirará del carro, que con el mercadillo sólo nos falta un cine para olvidarnos del coche mangarriba mangabajo, y que no abran nunca por la puntica. Ha servido para el bautismo estival de mercadilleo, que siempre toca. Lo chungo es la tierra, que el calor de las diez de la mañana se multiplica con la tierra y las piedras. – ¡Ropa de tienda a precio de calle! Nena, no vuelvo si no te lo llevas… Gritaba por un megáfono profesional una prima de Sofía Loren entre churretes de sudor y uñas postizas.

Entre los puestos de fruta y melones gigantes, los de pirateo peliculero y policos de marca, donde arrasa La Martina. Buscando una camisa hawaiana para la Mad Men party he topado con un puesto de camisetas y polos para ancianos, de esos de telilla, con botones y bolsillo cremallera, que directamente parecía un camerino de Hollywood dedicado a los fifties. Rayas discotequeras en grises, blancos y azules... que a mi no, pero a Don Draper se lo cuelan en una temporada completa y se pone de modé minuto uno.

El momento mercadillo ha sido en un puesto de braguitas, anunciado en un cartón de medio metro: La moda de hoy Bragüitas Brasileras (2 por 5 euros) (tal cual) a lo que acompañaba el grito de megáfono: - Bragas del Brasil, para ti y para mi. Allí, detrás del jefe del puestazo, una guiri de piel roja, ojos claros, pelo largo, con buenas curvas, y chanclas con calcetines, se probaba, literal, unas brasileñas allí mismo, encima de un tanga blanco, mirándose al espejo de gafas que le había dejado un chaval marroquí tatuado que regentaba el clásico puesto de Ray Ben, ‘las gafas del berano’, tal y como rezaba el cartón, mirándose el contorneo de nalga así, por encima del hombro.

Justo enfrente, el Rey del Pollo, sudando la gota gorda, señalaba la escena para que un cliente ajeno al mercadilleo, no se perdiera el momento braga brasilera en guiri, pero este, no quería ni mirar, que el recado de acercarse a comprar el pollo a media mañana no parecía santo de su devoción, periódicos, pan y llaves en mano. Un puestecico de sombreros veraniegos, otro de camisetas de fútbol (siempre se agradece) con la nueva del Madrí y Cristiano, con números de oro, como máximo trofeo canirulo, y el omnipresente Rayo McQueen, en todos los puestos de juguetitos, y ropa de zagalicos, completan el primer día de mercadillo del verano. Qué bien ha sabido luego el baño al flojo Levante. ¿Mercadilleas? Vale.

Foto: Bragas brasileras

18/07/2011 20:13 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Abuela

Hola abuela. Hoy es martes. Un día menos para las vacaciones. Ya sé que estás disfrutando de familia y nietas, en el campo, lejos del calor de la ciudad y estas tardes largas, semivacías de todo. Leyendo los periódicos, viendo los telediarios, repasando las tonterías veraniegas… antes de escribir dos cabreicos murcianos de esos que me entran, he pensado que hoy iba a escribirte, que hay que cuidar a los fans, y ahí estás la primera desde antes de que yo supiera escribir. Eso es fidelidad. Que las abuelas sois así, pasión inalterable, y los nietos lo sabemos, aunque a veces pasemos tiempo sin agradecerlo. Qué mejor que unas letras, acho, que no puede ser que haya dedicado una columna a Anita Obregón, y mi abuela ahí, leyéndome todos los días, para luego darme dos palos o dos sonrisas como el cielo de grandes, cuando se ha emocionado con lo que he escrito. Así que entre novelón y novelón, la columnica de hoy es para ti, y para todas las abuelas, claro, que sería mucha presión.

 Las abuelas… No sé, pero si ahora mismo cogéis el teléfono, llamáis a vuestra abuela, y le decís que la queréis mucho, muchísimo, no os vais a equivocar, y esta columna habrá servido de algo después de más de tres años. Probad. Que esas cosas parece que las decimos mucho, porque ahí dentro sentimos que el cariño es gigantesco, pero decirlo es tan importante, o más, que sentirlo. Sobre todo un martes 19 de julio a media mañana, que afrontar la semana después de esa llamada será como cantar mientras coséis. Aquí es que somos muy del espíritu de que cosas pequeñas, casi insignificantes, pueden convertirse en el mejor momento del día, y eso, amigos, es ya muchísimo, en los tiempos que corren.

 Mi abuela Mamen siempre ha dicho que a era mejor comprarme un traje de marinero que invitarme a comer, cuando aún no sabía ni hablar. No sólo ha sido hincha mía, así, innata, además me conoce como nadie, y yo siempre le hago caso, porque cuando me dice las cosas es como si me las dijera dejándome elegir, y así ha sido siempre. Las abuelas siempre tienen razón.

 Lo del marinero va por otro lado, que ese es otro capítulo: Las abuelas y los dobles sentidos. Porque si hay algo que le gusta, es invitarme a comer, y ya os digo que nunca me ha comprado un traje de marinero. Es cosa del lenguaje abuelístico, ese metaconocimiento nietos – abuelos en general, que se sirve de sonrisas y carantoñas… bueno, y de comidas de esas del paraíso gastronómico familiar, con el secreto mejor guardado, ese ingrediente que sólo una cocina de abuela guarda. Todo bien, abuela. Ahí vamos, ya sabes… poniendo ganas, y viendo todos los vasos medio llenos, aunque algunos lleguen más secos que la mojama. Con ilusión de la próxima cita (nos vemos pronto), y ver la cara que me pones… Sigue bien. Un beso enorme, y un te quiero de martes a media mañana. Vale.

19/07/2011 09:07 achopijo #. sin tema Hay 4 comentarios.

Medusas

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Ha sido cosa de julio. Los fines de semana de junio no habían llegado, que el Mar Menor estaba opaco, pero sin los huevos fritos. Ha sido julio, y en dos semanas, la plaga medusera de magdalenas marrones que bailan a medio metro de profundidad y cruzan el canal por decenas. Ahora el Mar Menor está cristalino, pero lleno de medusas, esas medusas tan características de nuestro paraíso, que de vez en cuando se empeñan en batir el record del verano. Este 2011 andan cerquica, que mira que hay. Ni redes, ni japoneses, ni productos, ni brigadas de limpieza… Las medusas llegan una noche, como si descendieran de su planeta lejano en un gran ovni con forma de magdalena marrón que se posa en el Mar Menor de madrugada y deja una legión de medusas que eligen nuestro marecico para pasar su verano. Siempre las vemos como el enemigo… y en este tema hemos probado muy poco aquello de unirnos al enemigo.

Las medusas no tienen por qué ser el enemigo. Estas llevan años viniendo, y siempre lo han hecho en son de paz. Acho, les falta regalarnos flores. Nadan pausadamente, no atacan, ni pican, se las ve a la legua, que no se esconden como sus primas pequeñicas del Mar Mayor, de tentáculos invisibles que te cruzan el pelo ese picante en cuanto surfean una ola, son hasta relajantes, con sus matices de marrón claro y oscuro, y sus florecillas lilas colganderas. Son suaves al tacto, se dejan acariciar, coger, tocar… Lo único que les falta es que con pimienta y limón estuvieran ricas, ricas, pero no. En eso fue en lo único que pensamos para unirnos a ellas, y aún así, no han sido desconsideradas. Igual, si seguimos tratando de exterminarlas un año se cansan y bajan del ovni con sus tentáculos láser, y nos hacen un destrozo de los buenos.

El pacto de las redes puede valer, que se entiende que haya bañistas que no quieran medusas ni en pintura, pero mientras, deberíamos ir quitándonos un poquico el asquillo, que no es para tanto. El mar es para compartirlo, igual que con los pezqueñines, con las medusas magdalena, y a empezar a vender el bautismo en buceo con medusas a los guiris, que se lleven la foto a Noruega buceando con 37 medusas alrededor en póster para el despacho. Falta una leyenda, que habría que encargar a nuestros literatos, que engrandezca el asunto. Las medusas del Mar Menor, las mejores amigas del hombre, que cuente la historia de cómo acordaron compartir el mar, y por eso no pican. Camisetas, gorras, peluches gigantes, merchandising, locales, bares, discotecas, nombres de cócteles, platos combinados… Adoración a las medusas, y la damos la vuelta a esto en un periquete... Las míticas medusas del Mar Menor, en luces de neón. ¿Explotamos las medusas? Vale.

Foto: Huevofrito magdalenus

20/07/2011 08:36 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Corbatas

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No. No nos pusieron a todos el mismo termostato. Si existe una verdad, es esa. El tema de la temperatura es una de las grandes mentiras de la humanidad, porque 24 grados serán 24 grados, no lo dudo, pero no representan lo mismo para todos, así que algo falla. Por eso tenemos esas bonitas disputas con los aires acondicionados, mientras unos se traen la chaquetilla de punto, otros andan sudando y dándole a la flecha hacia abajo cada vez que pueden, y no miran los demás. Menuda contienda. En estas, surge la guerra de las corbatas. Una batalla más dentro del mundo del termostato. Qué quieren que les diga, yo recurro al refrán del calvo, que es muy salomónico. Ni en plan surfero, pero tampoco como si esto fuera la boda del fin del mon. Así que soy Sebastianista. Entiendo a Bono, acho, y a los ujieres, pero acho, en vez de ir todos encorbatados por echarles un cable a los ujieres, que diseñen un uniforme de verano para ellos, y nos dejamos de sudores.

No hay nada menos decoroso que el sudorismo. Es peor, mucho peor, la incomodidad del calor indespegable, que un tipo sin corbata, pero bien vestido. Tampoco es cosa de poner leyes… lo que hay que hacer es acudir a ese sentido que a veces olvidamos tan incomprensiblemente: el sentido común. Yo soy de corbatas. Hace unos añicos descubrí lo bien que sienta comprarse una corbata así, como colofón a un paseo de media tarde. Eso si, si no es para una boda, a partir de mayo, me olvido, que antes que el corbatismo prefiero cumplir con mi termostato. El que pueda, que la lleve, claro que sí. Con las corbatas es que pasa lo de la elegancia. Hay por ahí zamarros que sin corbata van más elegantes que con ella, y eso a los que la necesitan para dar el punto, les pone ciervos. Es eso. Hugh Grant sin corbata va más elegante que Bono con corbata. Menuda frase.

A las que les queda la corbata siempre bien es a ellas, pero qué poco la usan. Me gustan lisas, aunque cuando me veo en fotos de hace unos años, con mis primeras corbatas llenas de dibujos y formas, entra morriña corbatera. Las clásicas corbatas de padre. Soy muy de Windsor, y me he atrevido con la línea fina un par de veces, pero en eso soy más Bono que Hugh Grant. Eso sí, en el asunto corbatero tengo un record mundial a mi nombre. El porcentaje de utilización de corbata y mancha que mantengo regularmente me sitúa en el liderazgo absoluto de la clasificación de manchadores de corbatas, una disciplina en la en España igual copamos ocho puestos entre el top ten. Menudo clásico, la mancha corbatera… Así que un argumento más, sin corbata, es también ir sin mancha por la tarde. #poruniformedeveranoparaujieres Vale.

Foto: Primeras corbatas...

25/07/2011 09:06 achopijo #. sin tema Hay 1 comentario.

El Arroz

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Dicen que el secreto del arroz es no tener prisa… Y que cuanto más tarde se sirva, más bueno estará. Puede valer, pero si no sale bien va a dar lo mismo esperar o tomarlo quemando; los arroces que pasan sin pena ni gloria se olvidan pronto. Los que no se olvidan, los que permanecen en el recuerdo de los sabores exquisitos, vuelven a nosotros cuando se tiene la menor ocasión. Mantener el nivel es el verdadero éxito de los arroces que están en esa clasificación celestial que todo maestrillo lleva en su librillo, el librillo de los mejores arroces. En casi todas las listas, el arroz de la abuela, o el de casa, siempre suele estar en posición inalcanzable, casi podríamos decir que gozan de un sin calificar porque rompe el escalafón. A partir de ahí, hay un libro por hacer, un viaje de muchos domingos buscando los mejores arroces de la Región de Murcia y sacro imperio; esto es, zonas limítrofes que pillan lo mejor de por aquí, y lo mejor de por allá, donde se encuentran verdaderos tesoros arroceros.

Maestro entre maestros, arrocista, no arrocero, está mi compadre Luis Losana. Científico del arroz de Calasparra, en estudio en el IMIDA desde hace un par de años, mide la calidad suprema del bomba, ese arroz que nos distingue mundialmente. Una labor profesional, mermada ahora por la madre crisis, que Losana sigue ejercitando cuando saca un mediodía, arrocería arriba y abajo. Ahí su religión le dicta que la materia prima, Calasparra, y al fuego. Quique Dacosta tira alto, pero es para hacerle caso. La Venta de la Magdalena, y su arroz  y conejo, otoñal, o para días de frío, como el de los hermanos Belando, en el Algayat, pasados unos kilómetros el límite con Alicante, por la Algueña, y el mítico del Segis, entraría en mi top ten. Ahora, el de  puerto y mar, hay que hacerle hueco al perlines de Miramar. Cabo de Palos, donde todos los calderos son de las rocas del cielo, un punto encima está el perlines.

Gana mucho el arroz que se descubre en un bar perdido, mantelito de papel. Hay que mirar la cartera, que en arroces no valen cuentos. El que se dispara, es que ha perdido el cuerpo. No todo es la previa. El arroz que gana es el que uno olvida su precio; si en la descripción, el postre es la manduca, mejor olvidarnos. De arroces, la huerta, la sierra y los límites. Carrascoy, Moratalla, Jumilla, la vega baja alicantina, Santa Pola, Garrucha… Y en Murcia, El Torrao de San Juan, que en el centro cuesta tirar de arroz, y allí, en la misma barra, descubrí un arroz de dorada el otro día que marcó el territorio para otra temporada más. Domingos de arroz… ¿Hay algo mejor? ¿Dónde has comido el mejor arroz? Vale.

Foto: Bomba Calasparra

25/07/2011 12:28 achopijo #. sin tema Hay 2 comentarios.

El Estaciolero

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18 botes de Coca Cola, cinco de Pepsi, cuatro de Fanta de naranja, tres de limón, tres de Sprite, 24 latas de cerveza, de todas las marcas, desde los ochenta a hoy, una rueda de bicileta, dos ruedas pequeñas de coche de juguete, una pelota de tenis, compresas, condones, cajas de lombrices, unos 500 metros de sedal de todos los tamaños, anzuelos, poteras, plomos, boyas rotas, cadenas oxidadas, una cabeza de muñeca sin ojos, una sillita de muñecas, un sujetador, dos bañadores desarrapados, una camiseta roída, color negro, dos latas de melocotón en almíbar, siete latas de atún, cinco de berberechos, dos de mejillones, nueve latas de algo indeterminado, cajas de cartón de varios tamaños, cientos de cajetillas de tabaco entre nuevas y absolutamente decoloradas, una hélice oxidada de motor, la cadena de una bici, dos mangos de cuchillos, una silla de madera hecha añicos, botellas rotas, cristales marrones, amarillos, naranjas, blancos, transparentes, de botellas, tarros, botellines, litros, quintos, tercios, cientos de miles de colillas de todas las marcas, bolsas de hipermercados de todos los colores, restos de bolsas, una pieza de lego, una moneda de peseta, un desatascador, un patito de plástico, un bote spray duplicolor, una zapatilla Paredes putrefacta, pan en descomposición, peces muertos…

El muelle es un estercolero del tiempo, en El Estacio. Parece mentira que desde lejos se vean las cañas, las rocas y el mar, entre dunas, y el palmito que crece a pocos metros del Mediterráneo. Pescadores, barcos… y una dejación absoluta dejan un reguero de basura pudriéndose al tiempo de veranos e inviernos, colores que desaparecen, bolsas que permanecen como una ramificación más de la vegetación, entre las rocas, como un cementerio de nada, que es un vergonzante la humanidad estuvo (está) aquí. El olor a sal de dos días de Levante quema el hedor. El metal y el plástico no se descomponen. Es frío, feo, y asalta un sentimiento de culpabilidad extraño, cuando descubres que ahí, en ese límite del cabo, el cruce de dos mares, y el atardecer más bonito del mundo, se alza un tesoro de basuras ingente ¿Tanto cuesta organizar una batida de limpieza? Al menos antes del verano… ¿No hay siquiera voluntarios?

Hubo miles que zarparon prestos en la guerra contra el chapapote. Elogiable. Admirable. Pero es una pena que El Estacio lleve acumulando mierda todos los años de mi vida sin que nadie haga (hagamos) nada. Un lugar así podría acoger, incluso virgen como está, aún entre torres feas y un descontrolado urbanismo, el paseo más bonito que existe, entre dos mares, en un cabo donde cambian los vientos y se puede ver salir y caer el sol en el mar. Pero para andar, a veces, hay que mirar al suelo. Ya forma parte del paisaje, y uno se descubre a sí mismo contando botes, buscando el rastrojo más llamativo… en vez de mirar al horizonte y respirar hondo, sintiendo los mares. ¿Nos lo miramos? Vale.

Foto: El Estacio

26/07/2011 09:35 achopijo #. sin tema Hay 1 comentario.

Cremica

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Se me agarra el sol que parece Fernando Molinos, y yo el Diego Maradona, acho. Menudo marcaje me hacen los rayos ultravioletas. Si no me pongo cremica, en el camino a la playa ya me quemo, que me vuelvo cangrejo en un tris, y me hago natural de Sheffield. Menos mal que no me pongo calcetines con las chanclas. Nunca me ha gustado el momento crema, esa es la verdad, pero los que somos preferidos del solecico tenemos poca cintura, factor 50 en vena, columnica del compañero Dani Vidal incluida, a diario, si no queremos chamuscarnos, la piel, y las entrañas, que con los tiempos que corren mejor leer playismos varios. El caso es que prefería el manoseo, y el proceso de echarse en la toalla, el desenrosque del tapón, y la medida de cremita en mano, que suavemente masajea los hombros, cuello y espalda, a la nueva moda impuesta por la conquista del mundo protector solar de los frisfrús, pijo.

Acho, no. El frisfrús es para limpiacristales y matainsectos, pero ¿qué Ley ha aprobado meterle pistolón a la cremita solar? Yo no he votado eso. Ahora te das la vuelta, como condenado a fusilar, y quien sea que cargue el pistolón, juega con tu ansiedad playera hasta que te hunde tres o cuatro ráfagas de cremica azuloide desde los riñones a la nuca, que se te ponen de punta hasta los pelos del empeine, qué susto, acho… y mira que está fría, pijo, que se le quitan a uno hasta las ganas de bañarse. En vez del chapuzón, que me disparen cremahielo para el sol, que me despierto de un brinco. Creemos que mejoramos, y lo que hacemos es darnos cera. Ansiedad en la playa. Lo que nos faltaba. El momento cremita va muriendo. Lo próximo es que se extienda sola la crema inteligente, o que la hagan transparente, que sería ya el colmo.

Nos roban el momento cremita. Ya no se ve a parejas dándose mutuamente masajes, ahora vemos a parejas correteando, haciendo trinchera detrás de las sillas y bártulos de playa, disparándose crema a discreción. Dónde vamos a llegar, pijo. De todas formas, los Maradonas del sol nos quemamos todos los años, con lo mal que está ése asunto, y venga lunares, y a sufrir, que luego el dermatólogo nos echa la bronca, y con razón. Échense cremita, descarguen el gatillo, y sigan haciéndolo a la antigua, hombre, que no se nos escape el momento. ¿Te has quemado? Vale.

Foto: Colt crema 5.0

27/07/2011 08:14 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Más cosicas

A veces, leer cosas pequeñicas, o escribirlas, hace olvidar por un rato esas otras cosas, que merodean el aura, estropeando el día. Por eso, de vez en cuando, hago el ejercicio de escribirlas. Las letras las hacen incluso más apetecibles que ellas mismas. Son cosicas. Pequeñas cosicas.

Abrir las manos hasta que tira la piel, respirar hondo con los ojos cerrados, meter los pies bajo la arena, dejar caer un puñado lentamente, sonreír con ella a mucha distancia, entre mucha gente. Cantar en el coche por una carretera secundaria, los polvos de talco en el cuello cuando terminan de cortarte el pelo, abrir un yogur y chupar la tapa, el ruido al destapar una cerveza, aquellos calcos de las quinielas, el peta zeta, el fresquito y los palotes. Conducir despacio por tierra, volver a ver una película olvidada, encontrarse un papel en un viejo libro, y una flor seca, las botellas que llegan a la playa tras un temporal, poner una grapa, recoger unas fotos impresas, ponerle pilas a un reloj antiguo, el sonido del viento en los pinos en el campo, los fuegos artificiales del verano, a lo lejos, la música de una verbena lejana, dejar pasar en un paso de cebra.

El ruidito de las varas del arcén en la autopista, escurrir una camiseta mojada, mojarse el pelo en el lavabo, apretar los ojos con los puños cerrados, cortar la cinta aislante sin que se arrugue, mirar una bandera grande ondear, tirar piedras al mar, encogerse bajo el agua y caer al fondo, hacer el pino contra la pared, una pelota hecha con bolsas de plástico y fixo, sacarle el corazón a un tomate y chuparse los dedos, el cojín de encima de la barriga en el sofá, acariciar su pelo mientras duerme, las gambitas del arroz, la palomita dulce quemada, las veletas de los caserones, abrir la botella de champán.

Saltar desde una roca al mar, dormir diez minutos antes de comer, picar el hielo, esperar a que termine de meterse el sol, abrir el frigorífico y encontrar lo que no buscas, beber agua después de comerse una zanahoria, barrer debajo de la alfombra, saltar toda la escalera, la bruma de las mañanas de verano, la silueta de las palmeras en la huerta, pisar sólo las losas blancas, el olor a verdura fresca antes del gazpacho, seguir un barco de vela por el horizonte, mirar hacia arriba en las calles de toda la vida y descubrir nuevos balcones, encontrar pulseras guardadas hace años, releer un libro en verano, hinchar un flotador, encontrar una concha perfecta, huellas que se borran en la orilla, y esos suspiros que recolocan todo, cuando uno vuelve a entender por qué es feliz. Vale.

28/07/2011 08:44 achopijo #. sin tema Hay 4 comentarios.

Juanma 6

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Los campos de fútbol me quedaban grandes. Mi regatico en una losa, y los pases al hueco, eran de pitiminí. En aquellos años, no supe dar el salto de la calle a la tierra de campos kilométricos donde zagalones con pelo en pecho rompían cualquier atisbo de fútbol de salón. Pero había quien sí podía dibujar recortes, pases y goles con temple y calidad, entre esa marabunta de complejidades. Aquel lateral con vocación ofensiva, que más que lateral, era extremo, era una de esas pruebas de que los zagales con cara de buenos y flequillo también podían jugar en los infantiles del Real Murcia, y estar por encima de todos los demás. Mi amigo Antonio Pujante era como yo pero al revés. Le sobraba campo. Corría como una moto, y le pegaba al balón entre el Macho Figueroa y Roberto Carlos. Lo usaban de líbero, que era pura potencia. Gracias a él conocí a Juanma, un número 2, pero por los dos unos que podía utilizar tranquilamente, un futbolista diferente, que logró lo que logran muy pocos. Llegar hasta el final.

Para mi Juanma siempre fue ese futbolista que demostraba que no era todo medir más, ser fuerte y correr para marcar la diferencia. Desde aquellos años he asistido a su evolución como futbolista, estudiante, murciano, buena gente, y todo ha sido confirmar una trayectoria futbolística que no es muy común. Si hay algo que suelo decir cuando hablo de él, es que podía haber marcado más goles, porque Juanma llegaba a puerta que daba gusto, y el fútbol le cerró esa puerta (aunque ha marcado goles en los que se puede ver su firma de extremo estilista) porque cada año ha tenido un cometido más importante que el gol en el equipo, con el que ha cumplido siempre, a pesar de ofertas de grandes clubes, y en varias etapas de su carrera.

El capitán del Real Murcia. Una identidad que el deporte murciano debe aprovechar al máximo. Un jugador de club mucho más allá que Xavi, y que nadie se eche las manos a la cabeza, que Juanma es producto Real Murcia, un producto que es absolutamente necesario guardar para que no se rompa el molde. Licenciado en derecho, jugador en todas las categorías, murciano de marinera y Bando de la Huerta, y ahora certero comentarista, conocedor de esta afición, ciudad y equipo como nadie. Juanma es el mayor trofeo que tiene el Real Murcia, y como tal, espero que el club deje que su afición le ofrezca el homenaje que se merece, aunque él sabe que tiene todo el cariño, estas cosas hay que hacerlas materiales, precisamente, porque con Juanma trasciende a él mismo. Juanma es donde tienen que mirarse todos los jugadores de todos los Real Murcia. Su retirada del fútbol es un premio para todos los que le hemos admirado desde la infancia, porque Juanma Valero, capitán, ya es eterno. Vale.

Foto: Juanma, llegando

29/07/2011 09:00 achopijo #. sin tema Hay 3 comentarios.

Siesta D.O.

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El granizado de café se derrite por completo a la mitad, en las copas de plástico. El sol abrasa sobre las hojas secas de palmera washingtonia que cubren el chiringuito francés. Suena Miles Davis. Trompetas suaves que apaciguan el débil Levante que acaricia la arena. El verde del mar se vuelve azul intenso a unos metros de la costa. No hay crestillas hoy, y la Isla Grosa permanece desde primera hora de la mañana abrazada por decenas de barquitos que se esconden del viento en su playita Sur. Las horas desaparecieron justo cuando cambiamos el baño y hacer el muerto durante minutos largos, en aguas de cristal verde, por sardinas y chopitos al tinto de verano. La luz de la arena brilla desde el confín de la playa. En algunos momentos, parecen verse pequeños riachuelos de aguas incandescentes, como oasis de calor, que se elevan sobre el horizonte. Después de las risas, los recuerdos, el alboroto y la algarabía, el mejor jazz se alía con el cansancio.

Los pies semienterrados en la arena, la toalla, húmeda, sobre la cintura, recostado en la hamaca de bambú, jugueteando con una sombrilla de palillos que traía un mojito, a pesar de cerrar los ojos, se siente la playa en blanco. Descanso. Minutos sin hora. La sal pica, acariciando el cuerpo, como la brisa que de vez en cuando parece bailar sobre un crescendo en la música del genio, piano, platillos, melodía inconexa… La trompeta masajea esos minutos de relajación, cuando llega ese momento en el que conquistas la esencia de la playa. Y todo culmina con un pequeño sueñito de dioses, un éxtasis de relax que es poco comparable a nada, donde el misterio es haber perdido el chinchineo de los hielos, los susurros, el griterío de la playa, las notas sueltas de Miles, y permanecer en un limbo donde lo único que queda es el sonido del mar llegando a la orilla, y tu.

Una siesta con denominación de origen. Ese momento debería llevar un sello, Mediterráneo, tan saludable como la dieta. Minutos de verdadero descanso. Al despertar, Miles toca más vivo, más fuerte. Los sonidos se distorsionan, el momento se va perdiendo lentamente, como en un deja vu. El cuello cruje, estiramiento, y duele abrir los ojos como si fuera el mismo sol el que hubiera bajado a la arena. Aterrizas. Vuelves. Nuevo. La sombrillita está en la arena, el granizado de café voló de la mesa. Un beso, una sonrisa… ¿Dónde estoy? Vale.

Foto: Miles Davis

31/07/2011 12:00 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

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