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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2011.

Sin complejo

Lo que le faltaba al complejo patrio era la madre de todas las crisis para seguir acurrucado. Aquí, en esta tierra de oportunidades, donde vive el sol más de 300 días al año y aún después de haber visto durante décadas cómo nos la hacen una y otra vez a babor y a estribor, aún tenemos que comernos a los agoreros patrios, que crecen como malas hierbas en pleno vergel de huerta, y ahora se hacen fuertes, cuando caen chuzos de punta. Ni a dos palmos de nuestras narices podemos vernos el futuro, porque antes de mirar a dónde podemos llegar juntos, aún hay a quien le da por mirar a dónde podemos caer. Es más fácil acertar un fracaso si no se comparte el intento de éxito, y erigirse en el avisador oficial del reino, por mucha Murcia que se quede en el camino. Se sigue pensando en sacar más rédito del error propio que de un acierto conjunto. Si hay algo que envidio cuando viajo fuera es que por encima de todo encuentro una unión que es inquebrantable, y que en mi tierra echo de menos en demasiadas ocasiones.

Somos gente generosa. Siempre he destacado esa cualidad murciana, la de agradar y ser hospitalarios, enseñar lo nuestro con un orgullo sencillo, por esa amabilidad que calientan muchos siglos de sol y dieta mediterránea. Pero sigo buscando una respuesta para la otra cara de esa bondad murciana que nos hace agazaparnos, vernos pequeñicos… y en algunos casos, demasiados, convertir esa ingenuidad en desconfianza y complejo. No creo que sea algo ideológico. Es simplemente una actitud. Sólo hace falta pensar en positivo para serlo y aportar todo aquello que cada uno pueda, de la mejor manera posible. Sabemos dialogar. Tenemos todas las herramientas para conseguirlo, incluso ahora, en plena crisis, tenemos delante de nuestras narices una nueva Región de Murcia en plena construcción. Hay una Región de Murcia por hacer, con un futuro inmenso para crecer y mejorar, que necesita a todos los murcianos. Mucho más allá de personas, ideas políticas y empresas.

Nuestras playas, nuestra cultura, nuestra historia, nuestra gastronomía, nuestra luz, nuestras calles, nuestros pueblos, nuestra sierra, nuestra vegetación, nuestras costumbres, nuestra hospitalidad, nuestra huerta, nuestro puerto, nuestro mar, nuestros deportes, nuestra pintura, nuestro teatro, nuestras fiestas… Compartimos demasiado para no sentir nuestro todo lo que hará más grande lo que ya es. Sólo tenemos que hacerlo Región de Murcia, juntos, todos, y la confianza hará el resto. No dejemos que el complejo de algunos sea un obstáculo para todos. Que vean que ese no es el camino para crecer. Vale.

05/10/2011 10:24 achopijo #. sin tema Hay 1 comentario.

La voz celeste

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Lo que me tiene enamorado es su voz. Es una voz azul celeste. Es lo que tienen esas voces únicas, que uno puede verles el color. Azules pálidos, suaves, claros que brillan en notas de un pajarito revoloteando, que protesta cuando esos crescendo hacen ininteligible cualquier palabra que no sea monosílaba. La voz de la Duquesa de Alba es, para mi, su gran legado, y aunque pueda parecer lo contrario, su principal encanto a sus 85 increíbles años. Esas puntillas de personalidad engrandecen figuras gigantescas, como la de Cayetana de Alba. Siendo peculiar toda ella, es su voz de azules notas musicales ininteligibles lo que la distingue entre su estrafalaria familiaridad. Esa voz es de otro siglo. Imagino hace muchos cientos de años a una princesita canturreando ácidos tonos azules de voz exhortativa a sus criadas para el peinado, sin que estas se molestasen lo más mínimo, por causa de esa música chispeante que se convierte en un constante signo de personalidad.

Es puramente eso. Personalidad, y azul, como no podía ser de otra manera. Esa maravillosa voz única. Todos, y digo todos, sea lo que sea que estemos haciendo, en el momento en el que sale la Duquesa en la televisión, paramos, congelamos el instante y prestamos toda nuestra atención, ya que de otra manera es imposible alcanzar a digerir alguna de sus palabras, cuando todo indica que va a hablar a micrófono o cámara. Una declaración de la Duquesa de Alba vale más que sus fotos, incluso las que hemos disfrutado estos días de hace 30  añicos haciendo top less azul celeste en Ibiza, nada menos. Si lo que nos deja de regalo es una frase, una oración completa, con su sujeto, su verbo escondido y hasta algún complemento, quizás taurino, cuando más se la ve suelta, el regocijo es máximo, y cuanto menos entendamos, mayor el asombro.

Hace poco redescubrimos la historia de Jorge VI, al que veremos siempre como Colin Firth, emocionar a una nación entera con un discurso que ganó gracias a su voz cortada y lenta, de un grisáceo color azul británico, que golpeó en cada nota de radio aquel 3 de septiembre de 1939. Voces de la historia. La Duquesa de Alba no tendrá que darnos un discurso de guerra, Dios mediante, pero si el Hola del próximo mes incluyera un cedé con sus palabras en el banquete, no lo duden, haría cola en el quiosco para guardar semejante documento para la historia. Así que, por la voz celeste de Cayetana de Alba, me alegro de su alegría hoy, no como esos agoreros que en todo ven enfados, y que ayer, en vez de sonreír por un enlace matrimonial, murmuraban espumarajos que nada, absolutamente nada, tienen que ver con ese celestial aullido. Vale.

Foto: Se descalzó, bailó, fue portada... pero no la pudimos escuchar

07/10/2011 09:46 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Jobs

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Hay algunas personas que el día de su muerte vuelven a nacer, y lo hacen para una vida eterna. Desde que supimos que Steve Jobs tenía cáncer esperábamos ese momento. La muerte, esa circunstancia que nadie puede cambiar, y que le da todo el sentido a la vida, como dijo el propio Jobs en varias ocasiones, se convierte en un punto de partida. Steve Jobs, el tipo que ha inventado el mundo actual, también puede tener cáncer. Siempre quedará la incertidumbre de hasta dónde podía haber llegado Jobs con cuarenta años más de trabajo e imaginación por delante. Nos queda todo lo que sigue avanzando gracias a su visión, sus palabras, su mensaje… y su estilismo, porque para mi, ante todo, Jobs era un diseñador infinito punto cero, un visionario con clase, que ante todo, consideraba que lo que se haga, hay que hacerlo bien hasta en el último detalle.

En la Navidad de 2004 estuve pasando unos días en Palo Alto, muy cerca de Sillicon Valley, en California. Un paseo por su calle principal, la clásica avenida americana con cruces y semáforos que cuelgan del cielo, estaba poblada de cafés universitarios. En todos los anuncios de los corchos se ofrecían cursos de informática y diseño. El Apple Store, una preciosa tienda blanca iluminada día y noche, guardaba el ambiente del mejor pub de la zona, con bullicio de corrillos en la entrada a cualquier hora del día. En Stanford, donde al final de ese curso Steve Jobs pronunciaría uno de sus discursos más brillantes y más vistos de la historia, sentí ese espíritu universitario de campus, donde en cada esquina se respira innovación y ganas de comerse el mundo. Cuando años después seguí las palabras de Steve Jobs fundí muchas de aquellas sensaciones. Lo decía alguien que no ha sido universitario, y sin embargo impregnó con toda su sabiduría y experiencia vital lo que debe ser afrontar la vida para un chico con ganas de cambiar el mundo.

Ese legado es el que ahora sigue caminando por la vida, con Steve Jobs como parte indisoluble de los anhelos de millones. Un joven diseñador de la Universidad de Hong Kong colgó un diseño para conmemorar la muerte de Jobs. Un icono de Apple en el que el mordisco es la silueta del genio. Le han ofrecido trabajo, y su obra ha recorrido la red de arriba abajo. Esos destellos son el mejor legado de Steve Jobs, un nombre que quedará en la historia de la humanidad al lado de los más grandes genios. De sus palabras a los hechos habrá muchos fracasos, pero es seguro que en los éxitos estará él, ese Steve Jobs que el pasado jueves nació para la eternidad. Vale.

Foto: El diseño del zagalón

11/10/2011 09:31 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Ryan

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Cuando Spielberg hizo la peli del soldado Ryan aún no conocíamos cómo se las iba a gastar la aerolínea low cost por excelencia, y la vimos con ganas. Si ahora estrenan algo de salvar a Ryan me da que directamente pasamos de la trama. Si es un Ryan, que se apañe solico. Menuda imagen tienen. Si hay una compañía en el mundo que puede reírse a mandíbulas abiertas del rollo identidad corporativa, imagen, presencia en redes sociales, comunicación y tal, esos son los amigos de Ryan Air, y mira que su revistica mola, que es lo mejor que tienen, y es gratis, vamos a tirarnos de los pelos. Pero es ponerse en la cola y empezar a escuchar los gusarapos, que si la vida fuera un cómic se reconocería la puerta de embarque de Ryan Air por los bocadillos llenos de calaveras y remolinos.

El caso es que los aviones están llenos a full. Pero llenos. Que si uno cuela un bulto de más le descubren porque no cabe ni suspendido en el aire del pasillo. Todos nos quejamos, pero al final nos hacemos la lectura del asunto nosotros mismos, lo sabemos, es lo que hay, y aquí estamos, y la semana que viene, cuando nos pique el gusanillo del puente (y eso que nos los quieren birlar ahora con el rollo de la crisis) volveremos a buscar destinos tipo Bérgamo o Edimburgo a ver cómo nos salen. Es para estudiarlo, lo de Ryan Air. Pero sobre todo lo del armazón ese que tienen para medir las maletas de cabina. Creo que hay pocas cosicas que me molen más que el momento te ha tocado recorrer la fila con tu maletón claramente más grande que el esqueleto ryanero, llegar a él, remangarse, y darle un palizón a tu maleta hasta que la dejas hecha trizas y la cuelas en el sitio como si fuera un guante, que te vas del lado de la azafata como si te hubieras reído en la cara del dueño de Ryan Air, y ha sido al revés, claramente.

Ahora como hacemos el checking on line todos, hasta el de la camisa, en vez de que la cola avance como en el resto del mundo, los de Ryan han inventado la cola inversa, esto es, que los azafatos, elegidos tras un test mundial en busca del mayor ratio cenizo – sonrisa Profidén posible, vayan purgando la cola de billetes. Eso sí, lo que no han ensayado mucho es el romperlos. No he visto menos maña para ese asunto en mi vida. En fin, que después de los cabreos, el retrasico de rigor, los empujones y el sudorico, entras a tu sitio, y así dure el vuelo diez minutos, empiezan a pasar azafatas vendiéndote hasta uñas postizas, que si tiene algún misterio ese negocio es si alguien compra algo a los de Ryan. Nos seguiremos quejando, pero me da que seguiremos buscando Ryan para irnos un fin de semana. ¿Vuelas con Ryan Air? Vale.

Foto: Ryanair tras Ryanair

11/10/2011 09:34 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Gran boda vasca

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Nos fuimos de boda a Vitoria. Qué bonito es siempre cruzar España para mezclar amigos. Las b odas, esas celebraciones en las que las banderas autonómicas desaparecen, son un gran espejo en el que bailar y pasarlo bien todos con todos. Así que tocó hermanar Murcia con Vitoria y con Mondragón, y el resultado fue un coctel de los que ganarían premios a la amistad, que ya puede El Bulli buscar, que no iba a encontrar nada parecido. Allí, en la sala de plenos del Ayuntamiento de Vitoria, justo al lado de la Plaza de la Virgen Blanca, donde bajan al Celedón entre jolgorio, algarabía y muchas ikurriñas, se casó mi mejor amigo, Javi Ibiricu, y allí que nos fuimos unos cuantos huertanicos a disponer una alineación para gustar jugando al toque. Lo hicimos, sobre todo porque los locales se sumaron al jogo bonito desde el minuto uno.

 En ese minuto me tocó leer en la boda, que ya voy siendo más menos un profesional del asunto. Me costó, que me salían las lágrimas del píloro hacia arriba, y no sé cómo pude aguantarme. Pero ahí estuve, sacando un par de carcajadas y luego algunos lagrimones, que es lo que querían los novios, y sólo diciendo verdades, recordando dos o tres momenticos. Cada día me doy más cuenta de que son los recuerdos de instantes los que son capaces de describir mejor qué sentimos. Así que nos tragamos el frío y la lluvia de Álava con un buen Beronia, entonamos una lucida Parranda, más que aceptable, y asistimos a un bodorrio norteño, con los mismos ingredientes que cualquier otra boda por aquí cerca, esto es, Paquito el Chocolatero, por mucho que estuviera en la lista negra del novio, abrazos grupales, manteos, corbatas manchadas, mucha comida buena, servilletas al viento y una dj que recibía más peticiones que tiempo para poner canciones.

 Sigo diciendo que me gustan las bodas. Me gusta comentar el traje de la novia, en este caso, un atrevido diseño vintage con todo lo que hace falta para que estuviera al día, los entrantes de la celebración, los comentarios de los invitados, apretar la mano de quien has oído hablar tanto tiempo, los temas de conversación en la mesa, y de lo que más, los primeros bailoteos de la peña, sobre todo, esas reminiscencias sementeras que brotan en la fase dos de la boda, cuando empieza el baile y se atreve con lo que sea hasta el de la camisa. Bodón precioso, en el que una vez más, quedó claro que cuando juntar amigos con amigos da buen resultado, estamos ante una de las claves de todo. ¿Qué tal tu última boda? Vale.

Foto: Los novios

PD: Discursico leído en la gran boda vasca de Javi y Nai

Vitoria, 8 de octubre de 2011 - Boda de Javi y Nai
 
Hemos tenido muy pocos partidos vitales aquí, en Vitoria. Cuando alguien me habla de Álava, el Alavés, el TAU, Vitoria… siento un cosquilleo especial, como si pudiera decir que es parte de mi casa, y eso se lo debo a Javi, claro, aunque hayamos venido más bien poco por aquí, y sea hoy ese día en el que vamos a preparar un buen cóctel, como ayer mismo decía Javi. Un cóctel de alta escuela, el que formamos alrededor de Javi y Nai. Cuando ayer estuvimos en su casa, me sentí como cuando juegas un partido importante y sientes el calor de tu público... Fotos de Guille y Miguelico, mis hijos, y ese ambiente en el que reconoces muchos años de amistad. Así que por lo primero por lo que tenemos que brindar hoy es por el hermanamiento de Vitoria y Murcia, que existe desde que Javi es Javi, al que hoy sumamos Mondragón con los brazos más abiertos que nunca. 

Javi es mi mejor amigo. Nos conocimos en Cazorla, allá por 1990, cuando Schillaci acababa de ser el máximo goleador del Mundial. Desde aquel campamento ha sido como un hermano mayor, del que he aprendido muchísimo. Siempre me ha dicho que le encanta cómo cuento las cosas, dándome ánimos para mi profesión de periodista como él ni imagina, y por eso, supongo, hoy me toca decir unas palabras.

Una vez le tocó venir a mi graduación universitaria. En Navarra, nada menos. La Uni más pija de España, o una de ellas. Hablamos, y le dije que viniera con chaqueta, que todos íbamos a ir de chaqueta ese día, y que luego tocaría comida familiar y tal, antes del lío de la fiesta y lo demás. Bueno. Se lo tomó al pie de la letra.

Nunca olvidaré el momento de abrirle la puerta del piso, yo con mi traje del Corte Inglés gris perla, mi chaleco y mi corbata fea, y él con unos vaqueros lisos oscuros, los botines, una camisa de cuadros y…. claro, una chaqueta. Pero… Una chaqueta de punto azul eléctrico de botones, en plan como las del abuelo, pero ¡chillona que parecía fluorescente! Eso sí… era Lacoste. No podéis imaginaros la pinta. Nos miramos diez segundos largos en el dintel de la puerta. - ¿No ibais a llevar chaqueta?

Ahí estamos, en todos los bares de lo viejo de Pamplona, de aperitivo, posando el día de la graduación, todo el piso y la banda con sus trajes, y Javi, en el centro, abrazado a todos, con su chaquetica Lacoste azul eléctrico de punto fino. Un puntazo.  

Ese es Javi. Cómo no te voy a querer… Cada vez que le recuerdo lo de la chaqueta pone la cara de cuando pierde el TAU con el Madrid. Mira que le gusta que cuente cosas. Pero cuando es lo de la chaqueta… se muerde el labio… 

Si esto fuera una peli americana de las de high school, justo antes de esta escena, en la que el amigo del novio habla sobre el protagonista en su boda, habríamos visto una sucesión de escenas de toda una vida. En nuestro caso, de los últimos ventipico años. Hubiera sonado Fading like a flower, de Roxette, que es el tema romanticón de nuestra banda sonora particular. Mientras, hubiéramos visto a dos zagales de apenas quince años sentados en una playa infinita, viendo amanecer en el Mediterráneo, por detrás de Isla Grosa, sin decirse nada, después de una noche de hogueras y canciones, mirando al infinito… quizás pensando en que algún día iban a llegar momentos como el de hoy.

Hubiéramos visto aquel día en el que saltamos un muro de cinco metros para colarnos en una discoteca de moda para la fiesta de la espuma. Saludos a muchos metros, entre cientos de huertanos bailando en una plaza, quedando para dentro de un rato en un gesto, con una mirada, levantando el pulgar. Miles de abrazos de llegada y de partida, en una estación de autobús, en otra de tren, aquí, allá, por media España. Muchos brindis al Carpe diem… Millones de risas, de esas en las que no puedes reírte más, porque, sobre todo, las compartes al cien por cien. Fútbol, tenis, ciclismo, baloncesto, Sanfermines y el baile en las fiestas de Unciti. Hubiéramos visto atardeceres únicos a los pies de El Cielo de Mallorca, mientras los aviones vienen y van, un concierto de Oboe, dos camas juntas para ver el programa de Nochevieja… y de todo aquello, un momento especial.

Un momento mejores amigos. Una de las veces que nos tocó despedida, decidimos que íbamos a coger la sartén por el mango, y que íbamos a pasar un rato más juntos. Luisfer, Javi y un servidor, bajábamos a la calle donde nos esperaban para volver a nuestras rutinas después de algunas vacaciones… No se nos ocurrió otra cosa que saltar en el ascensor con todas nuestras fuerzas para que se quedara atascado. A sangre. Gritando… Lo conseguimos. Rompimos el ascensor y allí nos quedamos hora larga, hasta que vinieron los bomberos a sacarnos. En mis 34 años de vida no tengo otro recuerdo que represente mejor lo que es la amistad que aquel… y de todo aquello…

 Hasta ver a mis hijos Guille y Miguel correr hacia él y Nai a darles un abrazo.

 Nai…te llevas un Javi. Te explico.

 Hace poco, hablando con mi hijo Guille, que es ese rubio guapísimo de ahí, repasábamos la familia. La abu Aurora, el abu Santiago, la Abu Katy, el abu Joaquín… Le decía a Guille que abu Aurora es mi mamá, como Pilar, mi mujer, es su mamá. - ¿y tu papá es el abu Santiago? – Si. Lo entendía perfectamente. Entonces, de repente, se quedó un poco callado, pensando, y me dijo: - ¿y tú tienes un Javi? Javi es su padrino.

Le dije que sí… y que además, Javi era mi mejor amigo. Me miró… y después de un rato de estudio, dijo: - No, yo tengo un Javi, y tú no. Javi es mío…(hizo una pausa… y añadió: - y de Nai. Así que ya sabes Naiara. Tienes un Javi, aunque vas a tener que compartirlo con Guille… Disfrútalo, porque, ya lo sabéis todos, Javi, es un corazón como no hay otro igual.

11/10/2011 09:44 achopijo #. sin tema Hay 8 comentarios.

Foteros

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Las filosofías de la vida en foticos en el muro de las redes sociales. Una de las corrientes que nos deja este nuevo mundo de conexión total es observar las diferentes idiosincrasias para subir fotos a los perfiles, principalmente de Facebook, que es la red social de las foticos por excelencia, pero con ramificaciones fuertes en los programas de mensajería instantánea. Hay muchos tipos diferentes de foteros. Los que suben casi todo, en plan se toman un café y suben la foto del vasico del café vacío, y los que no han subido foto alguna aún, que tienen el germen del asunto redes sociales por desarrollar, porque les da ese yoquesé colgar nada, no vaya a ser que vete a saber. Entre esos dos, una amalgama de estilos y vicios que, sobre todo, dicen de la personalidad de cada uno.

Los comidistas suelen subir fotos de manjares, así, con la idea de dar envidia al personal, van subiendo platos de gourmet. Son muy de domingos, y suelen terminar con fotos de gintonis o similar. El tema fotero de las redes sociales tira mucho hacia el mira cómo me lo monto, compadre. Luego existe toda una corriente de foteros de lo extravagante, que usan fotomontajes hechos, y casi nunca, o nunca, se retratan a sí mismos, o suben fotos reales. Son esos perfiles que huelen raro, con fotos de unicornios, brujas, hadas, elfos y caballos corriendo sobre agua, que suelen acompañar con poemas o citas ultraprofundas… qué repelús, acho. Similar es el grupo que sólo sube fotos cómicas, de caretos extraños, marranadas varias, chimpancés y monjas y esas cosas. Algunas tienen su gracia, pero otras… Es claramente un subir por subir.

Luego están los que rozan el narcisismo, que suben fotos suyas artísticas, así, como que no quiere la cosa, pero que se nota desde las antípodas que el payo, o paya, ha estado preparando la fotico en cuestión cosa de dos o tres días. Suelen subirlas así, como si fuera cosa de improvisación, pero cágate lorito. Son los reyes del autoetiquetado, que hay que valer para eso. Por último, y por destacar sólo los grupos más clásicos del foterismo social, están los ligones y ligonas, que se hacen amigos como si fueran mismísimos donettes. Estos son los cachotas y tetonas que cuelgan foticos subidas de tono, pero lo justo, dejándose ver, como que no quiere la cosa… Aunque hay un subgrupo que directamente se pone la foto de perfil como si estuviera en un concurso de culturistas. Fulanita es ahora amiga… y una retahíla de payos ahí, dándole al quiero ser tu amigo, acercas el ratón, y resulta que sale Menganita con la camisa abierta chupando un boli. ¿Y tú, de qué tipo de fotero eres? Vale.

Foto: Típica foto

14/10/2011 11:04 achopijo #. sin tema Hay 2 comentarios.

El Ciruelo

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Don Gregorio sabía todo sobre uvas y ciruelas. Le venía de familia, y de su tierra, esa Murcia que ya en los años sesenta era conocida como la huerta de Europa. Por toda la Región despegaban empresas de exportación de frutas, verduras y conservas de gran calidad, mediado el siglo XX. Gregorio empezó su negocio con sus propias manos, vendiendo uvas y ciruelas, trabajando de sol a sol. Aquel trabajo hizo que su familia tuviera un futuro, su dedicación hizo el callo y la fértil tierra murciana, el resto. De vender las mejores ciruelas de la zona su nombre quedó como El Ciruelo, un cariñoso mote como lo son los miles y miles que permanecen en las familias por toda la Región de Murcia. Con el tiempo la empresa creció, y fue dando trabajo y qué comer a cientos de familias. El negocio avanzaba poco a poco, con trabajo y dedicación, y sobre todo, respeto por quienes formaban la familia de El Ciruelo.

El tiempo pasa rápido, y tras muchos esfuerzos, épocas buenas y malas, cosechas perdidas… El Ciruelo se afianzó en la exportación de frutas de calidad. Modernizó sus plantas y reunió a más de mil trabajadores en diferentes instalaciones. Maquinaria, tecnología, ferias internacionales… Llegado el siglo XXI se puede decir que El Ciruelo es una empresa moderna, que compite con las más importantes del sector, donde jamás han tenido un problema con sus trabajadores, y Don Gregorio, orgulloso, sonreía cuando se daba una vuelta por el legado que han sido capaces de construir, después de tanto esfuerzo, desde aquellos días en los que le conocían a él como El Ciruelo, hasta sentir el cariño de quienes trabajaron a su lado.

La semana pasada, cuando todos los trabajadores, todos, de la planta de Alhama leyeron un emocionante manifiesto en su apoyo, tras unas denuncias de dos extrabajadoras sobre un supuesto trato vejatorio a la hora de ir al aseo, su hijo Jose, que ahora lleva la empresa, que quiso estar presente, no pudo evitar llorar de emoción. Fueron sus propios trabajadores los que defendían el honor de su empresa, una familia, como él siempre ha querido. Seré el primero que acepte una sanción si la Inspección de Trabajo decide que la denuncia de las extrabajadoras tiene fundamento, pero si no es así debemos pensar que el daño que se le ha hecho a la Región de Murcia, a su agricultura y al sueño de Don Gregorio será irreparable. Hoy es el gilipollas de la semana en El Jueves, y la noticia del cartelito ha dado la vuelta al mundo, cerrando puertas a nuestra bendita fruta. Por si no hubiéramos tenido bastante con el pepino. Desde luego, que lo que ha ocurrido con la denuncia de El Ciruelo deja mucho en lo que pensar. Vale.

Foto: Los trabajadores, con la empresa El Ciruelo

14/10/2011 11:08 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Al revés

Hay días en los que todo sale al revés. No esos días en los que pareces Murphy, que de esos hay muchos más, y está la cosa más repartida. Un golpe en el dedo meñique del pie, se cierra la puerta del ascensor, la tostada se cae por el lado del aceite, se te rompe un vaso, se te olvida la cartera, el mando del garaje no funciona, se te acaba la batería del móvil en el momento justo, y cuando enciendes el ordenador se funde a negro... Eso pasa a menudo, que Murphy es mucho Murphy.

 No, hablo de esos días en los que parece que alguien ha trazado un plan minuciosamente para que todo se vaya liando un poco más, por varios frentes, y te sientes Mortadelo poniendo cubiletes de agua en las goteras con las manos y los pies sin dar abasto, hasta que al final parece que lo mejor es mojarse y dejarlo por imposible, acurrucarse y esperar a que pase la tormenta. Hay veces que no puedes taponar todas las vías de agua a la vez, por mucho que lo intentes, y si tapas una, parece que por la otra sale aún más agua.

Cuando viene un día de esos más vale respirar hondo, y asumir esa frase de abuelo que siempre me repito cuando me veo Mortadelo: - La vida es muy corta para enfadarse, Yayico. Así que suspiro, y al mal tiempo, buena cara, que ya vendrán días mejores, porque si hay algo que lo cura todo es el tiempo, sobre todo si sabemos utilizarlo, que ahí va otra frase de abuelo. Cuando llueve es cuando las goteras se dejan ver, así que cuando pare, ya sabemos donde hay que corregir para que cuando vuelva a llover las goteras enmudezcan, que todo tiene un punto de apoyo para que veamos el vaso medio lleno en esta vida, porque de los errores se aprende, sobre todo, si uno sabe ver dónde están. Así que si sale un día al revés, lo mejor es darle la vuelta. Vale.

P.D. En el artículo de ayer, debido a un error mío, afirmaba que fue Don Gregorio Velasco, El Ciruelo, quien estuvo presente en la concentración que realizaron los trabajadores en apoyo a su empresa. Don Gregorio falleció hace muchos años. Quien estuvo presente fue su hijo José Velasco, El Ciruelo también, quien desde los 13 años levantó la empresa desde la nada hasta lo que es hoy. Mis disculpas.

15/10/2011 12:23 achopijo #. sin tema Hay 3 comentarios.

Colecciones

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No valgo para coleccionar, acho. Lo pierdo todo. Los que perdemos los paraguas siempre que los usamos somos de ese tipo de peña que no podemos coleccionar nada. Es una cosa innata. Era empezar una colección de aquellas de minerales en sus cajitas, comprar la pirita, y a la semana siguiente, cuando íbamos a meter el cuarzo rosa la pirita ya no estaba. Para ser coleccionista hay que ser de una pasta especial, no sólo ser paciente, hay que ser de esos que pueden pintar soldaditos de plomo y montar maquetas de barcos. Lo único que he logrado coleccionar han sido un par de álbumes de cromos, el de Willy Fog, que lo completé, y el de la temporada 87-88. De los demás, terminé por aliarme con alguien que tuviera verdaderas opciones, así que mi estatus en el coleccionismo de recreo ha sido el de conseguidor, suministrador, así que como para hacerme profesional.

He tenido en mi mano coleccionar bufandas de equipos de fútbol y camisetas, también de equipos de fútbol, pero ha sido imposible. También entradas, que las guardas con toda la intención de un día entregárselas a tus nietos y a los dos días es como si se hubieran volatilizado... qué desastrico, pijo. Lo bueno es que luego, a los años, de repente, aparece una en un libro, en una carpeta o vete a saber dónde. Cajones, mudanzas y año tras año en El Cambio, por cierto que estamos a dos semanas vista de hacerlo, se han ido perdiendo por aquí y por allá. Que si regalo, que si prestado… y aunque me queda una buena representación, la cosa no puede llamarse colección. Si acaso la de imanes del frigorífico, que ahí sí llevamos unos años manteniendo cierto rigor, que es viaje que hacemos, imancico que se crió para la puerta, que ya casi no nos caben. Para imanes de frigo nos hemos quedado.

Luego hay quien colecciona búhos, o enanitos... Así que bueno, tampoco estamos tan mal. Un colega colecciona tablas de skate, y las tiene puestas así como si fueran trofeos de caza en el salón. En casa teníamos una buena colección de piedras. Sí, sí, piedras, a ser posible en plan cantos, que la cosa era escribir con rotulador el sitio donde las habíamos cogido, y montar una estantería con cachos de medio mundo, vamos, un rollo imanes de frigo, pero de los años ochenta. A saber dónde andan todas esas piedras. Botes de cerveza, de la Coca Cola en diferentes idiomas y tamaños, chapas, tarjetas de visita y aquellas colecciones de gomas de borrar de diferentes olores… ¿Qué coleccionabas? Vale.

Foto: Típica cajica de minerales

17/10/2011 13:11 achopijo #. sin tema Hay 1 comentario.

El Fotomatón

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Es una de esas cosas que aguantan en las calles, como que no quiere la cosa. Quién no se ha hecho la típica foto una noche de jarana en un fotomatón, intentando batir el record Guiness del mayor número de personas que aparecen en una foto de carnet, que el peligro está en picarse y en ir sumando peatones al reto, hasta dejarse todo el suelto y reventar la tinta de la máquina. Aún quedan muchos fotomatones por ahí, donde siempre han estado, que todos somos capaces de visualizar al menos dos en nuestra zona de influencia, y a pesar de Steve Jobs, los móviles con cámaras digitales y la revolución de la imagen, ahí seguimos, poniendo el piloto automático cuando nos toca visitar la Comisaría para hacernos el DNI o el pasaporte, pensando en el fotomatón más cercano.

En pocos sitios se siente uno más tontico que sonriendo a la cámara del fotomatón. Menudos eran aquellos en los que una voz robotizada femenina te decía que subieras o bajaras, y terminaba con un sonría por favor, que anda que no era una mina para las telebromas. Esa gotica de sudor justo en el momento en el que ya no había marcha atrás, y salías así con cara de que te estuvieran apuntando con una pistola. Que tire la primera piedra quien no se haya hecho la clásica foto con la novieta al volver de la feria, en el fotomatón, que aquello era felicidad mazapán, y lo demás tontunas. Acho, qué tiempos de fotomatón… y ahí siguen. Ahora las fotos salen antes de que hayas corrido la cortinilla. Es una cosa de impresión. Sale el flash, y sale la tira con seis fotos seis, como si fuera un churro. No he visto servicio callejero más óptimo.

El otro día es que le hice unas fotos al Guille, que fuimos a la Comisaría a hacer papeles. Acho, lo único es que los fotomatones son para mayores de edad, que el rulo del taburete no subía y el pobretico Guille ni haciendo la jirafa le llegaba el flequillo al flash. Así que me toco subirle a pulso, que sudé como si hubiera corrido un maratón, sujetándolo para que saliera en el encuadre. Menuda postal de fotomatón. Salió perfecta la fotico, acho, y luego, ojos de plato, fuimos a la cita y en menos de media hora salimos del sitio con todos los papeles, que si en algo hemos mejorado es en lo del DNI, acho, que ya ni te manchan los dedicos de tinta, y a uno le entra la nostalgia de la mañana entera allí perdida. Menudo aparato digital tienen para las huellas… Eso sí, las fotos, en fotomatón, que todavía no hay app en el Iphone para hacerse fotos de carnet válidas para el papeleo. ¿Has ido hace poco a un fotomatón? Vale.

Foto: El Guille, fotomatonizado

18/10/2011 12:56 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Fútbol recreo

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Desde todas las clases bajábamos corriendo al patio con los equipos hechos, a ver qué campo podíamos coger. En la pista de futbito se podían disputar, tranquilamente, seis partidos diferentes, con seis balones y más de cien jugadores, sin que nadie se equivocara de portería, ni le pasase el balón a alguien de otra clase. Era una habilidad parecida a la que se desarrollaba jugando al Space Invaders para evitar las balas de los marcianitos, algo que se convertía en un sentido más, casi innato. Los dribblings a los contrarios ganaban valor, ya que había que esquivar a los jugadores de los demás partidos, y para marcar un gol, había que hacerlo en una portería donde había más de un portero. Los partidos del recreo eran un tesoro del fútbol de calle, nuestra cantera potrera de recortes y chupones, donde uno podía arreglar el día ganando el partido, marcando el gol decisivo.

Entre todo lo que sucedía en aquellos partidos estaba el momento patadón de los mayores. El balón se escapaba a menudo hacia otro de los campos en juego, y si te tocaba un curso mayor, se seguía la Ley del recreo a pies juntillas. Los mayores podían patear el balón lo más lejos posible, incluso lanzarlo más allá de la valla del colegio, lo que obligaba a un parón que a veces era mortal para el partido, hasta que alguien de la calle devolvía el esférico. Allí desarrollábamos nuestro fútbol de calle, ese que se ve en destellos de Silva, Xavi o el mismo Iniesta, de recorte cerrado en un palmo de terreno, o reposa la habilidad españolísima de armar el disparo en menos de un segundo.

Hasta hace poco, al pasar por la puerta de un colegio durante el recreo, o al terminar las clases, distinguía claramente esa vorágine futbolística, con niños concentrados en su balón y en su cancha, mientras se mezclaban en el patio, pero cada vez se ve menos. Cada vez hay menos balones en los recreos, y más corrillos alrededor de otros juegos. Hasta es posible dar un día con un solo partido en el campo de futbito, con chavales jugando al ralentí, casi de combina, sin necesidad alguna de esquivar, o labrarse un partido entre diez más. Si no está libre el campo, no existe esa voluntad de jugar, aunque sea, en un lateral, con dos jerseys de portería. Hasta en eso se nota cómo cambian las generaciones. Ahora el fútbol de calle, ese que se jugaba en cualquier parte, pierde. Se aprende en las escuelas balompédicas de horas extraescolares. Aquel fútbol denominación de origen, el fútbol del recreo, también se está perdiendo. Que no lo notemos. Vale.

Foto: Es difícil encontrar una portería pintada en la pared

19/10/2011 09:23 achopijo #. sin tema Hay 3 comentarios.

El cole tiene un precio...

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Eastwood mira desafiante con los ojos entrecerrados, cigarro bien calado en la boca, con su poncho vaquero ocultando sus manos y el arma que es capaz de disparar tres veces antes de que cualquiera pueda desenfundar. La muerte tiene un precio. Esa música, y los ceños fruncidos con barbas de dos semanas. Será porque me enganché sin remedio a pescar al Indio y sus secuaces, en la peli de la 2, pero a la mañana siguiente, cuando me tocó buscar el hueco en tercera fila para dejar al Guille en el cole, me sentí Clint, con mi poncho y el embrague y el acelerador como si fueran mis pistolas, con un Mercedes todoterreno delante a la misma distancia que yo del único hueco disponible en dos manzanas para poder hacer la de las nueve en punto, y dejar el carro con las luces de emergencia ante la pasividad de la autoridad local, que armada con pistolones de paciencia, controla el caos de peatones y coches de papis y mamis a las puertas de los colegios.

Embrague, primera, intermitente y cerrar los ojos tras volantazo, para ganar por un cuerpo el duelo. Casi pueden verse los matorrales secos cruzarse entre los morros de los coches, que hay que tenerlos como los de Mortimer para aguantar la mirada del conductor al que has superado por el arranque suicida, mientras el zagal se aferra a su cinturón sobre la silleta de Rayo McQueen. Un día más, por misterios del conglomerado urbano, nada más, puedes aparcar y que la campana suene con el niño de la mano y la mochila pertrechada para afrontar un nuevo día de clase. Son quince minutos de duelos a cada metro de carretera, donde la Ley hace la vista gorda hasta que pasado el cuarto de hora de la campana, vuelve el toque de queda, que al poco retraso, uno se encuentra el pescozón amarillo calco de los 200 euros, y ahí, con la Ley, no valen miradas Mortimer.

El cole tiene un precio. Sólo hay que ponerle la nota musical, los silbidos, y en vez del movimiento de dedicos en las culatas, un primer plano al volante. Lo mejor, no dar con un Mortimer un día de los que se te hacen las 08.55 horas, que una vez pasado ese minuto, lo lógico es que empieces el día a trompicones, y haya que tragarse dos vueltas a la manzana, a esperar que Clint se apee de su sitio. Ahí están, como si no estuvieran, dando paso de cebra, mirando cada duelo por si de repente un lunes se convierte en día de furia, los locales, en sus veinte minutos de currelo fino. Igual, sin ellos ahí, como que no quiere la cosa, para llevar a los zagales al cole habría que contratar a la banda del Indio. ¿Has tenido duelos en tercera fila? Vale.

Foto: Mortimer

23/10/2011 18:18 achopijo #. sin tema Hay 1 comentario.

¡Periodismo!

En la redacción temíamos a los jueves. Bueno, un temor de esos que más que miedo era incertidumbre, porque grandes noticias, casi siempre malas, sucedían los jueves, y tocaban horas de aquellas que se consumen como si fueran minutos, mientras todo el periódico curraba a destajo preparando la mejor información posible. Esos días se respira en la redacción una sensación especial, única, por la que uno se convence de por qué es periodista. Es como saborear el paso de la historia en presente, y sentirse parte de lo que está pasando, en el filo de la vida, teniendo la oportunidad de contarlo para que todo el mundo pueda compartirlo. Los sueldos ridículos, las horas intempestivas, los errores en las informaciones, las jugarretas de tus fuentes, el futuro incierto de tu medio… ese día a día romántico de periodista, que vive por su vocación más que por cualquier otra cosa, recibe la ilusión suficiente para otras cien semanas de rutina, notas de prensa y llamadas telefónicas, que todo tiene su encanto, pero días así, son especiales entre los especiales.

Este pasado jueves eché de menos vivir en una redacción. Por fin un jueves en el que las grandes noticias no eran accidentes y muertes. Un jueves con una buena noticia que contar, y además, con todos los matices del mundo. Vivir uno de esos días desde el otro lado también ha sido gratificante, sobre todo porque hoy día es mucho más sencillo asistir al desarrollo de la información, y además seguirla a través de muchos medios a la vez. Sentí envidia, de la sana, claro, pero también, y eso fue lo más bonito, orgullo profesional, al ver cómo, fuera cual fuera la redacción, en todos los medios se respiraba ese mismo esfuerzo, muy por encima de la línea editorial de cada periódico, radio o cadena de televisión. Reacciones, trabajos de hemeroteca, datos, testimonios, información completa por todas partes, directos, reportajes… y además, casi sin excepción, bien trabajada y amoldada a los nuevos soportes informativos.

Todos los periodistas que han comentado desde el jueves el anuncio de ETA en las redes sociales han dejado varios mensajes de unión para los suyos. Felicitaciones por el gran trabajo realizado han sido constantes uno y dos días después del anuncio, entre los profesionales de un medio, e incluso entre profesionales de medios que son competencia. Hemos escuchado a todas las partes y leído opiniones de todas las procedencias, que han servido para que cualquier lector pueda formarse una opinión enriquecida. No es habitual, por desgracia, sentir el privilegio de formar parte de esta profesión de una forma tan general, repito, sin importar los intereses o la línea editorial de cada medio, porque todos han hecho Periodismo, con mayúsculas, una hermosa profesión que muy a menudo queda denostada, pero que es esencial para que la sociedad avance, siempre, y especialmente cuando hay grandes noticias que contar. Vale.

23/10/2011 18:19 achopijo #. sin tema Hay 4 comentarios.

Pipioladas

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La leyenda era que a un pipiolo le habían hecho bajar al cauce del río y sólo podría subir por el otro lado. Estuvo allí un día y una noche, mientras los cabrones de tercero se turnaban para vigilar que no subiera. Se quedó dormido entre las cañas, y le mordieron las ratas. Salió de allí en una ambulancia, con la rabia y espuma amarilla saliéndole por la boca… Otra de las buenas era la del barco. Pintaban con tiza un barco de vela en la pared, y el pipiolo tenía que soplar con todas sus fuerzas, porque hasta que el barco no navegara, el novato no se podría mover de allí. Todo entre alguna colleja, escupitajos espalderos, huevos, harina y pintarrajos varios, porque acho, las pipioladas eran las del instituto, y punto. Octubre era el mes de las novatadas, y el Cascales (mi instituto) no era el que más fama tenía, que en mis tiempos, las novatadas del Alfonso abrían el telediario, acho, y menudos zamarros salían fumando Celtas en la verja de entrada.

Los comandos de agitadores estaban formados por lo más granado del núcleo repetidor de segundo y tercero de BUP, seguidos por esos secuaces suficienteros, con algún toque femenino rompedor, que menudas eran ellas haciendo novatadas. Si se formaba un comando de zagalas había que dejarlo todo y seguirlas, que las pipiolas triplicaban el porcentaje de pollo en rebeldía, algo curioso, y la cosa siempre terminaba con tirones de pelo, gritos e incluso alguna victoria de las novatas. Nosotros lo teníamos crudo. Rebelarse contra un comando de agitación no estaba en el abanico de posibilidades. Hasta el más pipiolo sabía que la relación de rebelarse y la magnitud de la putada era directamente proporcional, a mayor resistencia, mayor putada, y más tiempo.

Mi estrategia fue la del nifunifá, y me salió bien. Pasé por la puerta dispuesto a todo. Cuando me tocó el cuestionario tuve suerte, y al jefecillo del comando que me tocó en suerte le caí bonico, y me absolvieron de novatadas. Ni un mísero huevo. A uno que entraba antes que yo le mandaron al quiosco del río a comprar revistas porno, y el payo fue, compró la Lib y la Playboy, y dos fortunas que le encargó el jefecillo. Lo hizo sin rechistar, y con una sonrisa de oreja a oreja, el payico. Cuando el jefe del comando le dijo que tenía que dejar las revistas en el cajón del profesor, al chaval le cambió la cara. Menos mal que en eso, llegó un jefe global del instituto, un zamarro con barba y un palillo en la boca al que yo en su día eché 35 tacos, cogió las revistas ante el silencio sepulcral general y desapareció por la Glorieta tan pancho. En la Universidad era otra cosa, que el miedo con 13 años no es el mismo. ¿Qué pipioladas te hicieron o hiciste? Vale.

Foto: Juas!

25/10/2011 08:05 achopijo #. sin tema Hay 2 comentarios.

La Cisterna

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Tres, cuatro, cinco veces al día nos las vemos con las cisternas de uno, dos, tres o cuatro aseos diferentes. Así que todos los días de nuestra vida, desde que dejamos los pañalicos, hemos pasado por ese momento, qué cosas, acho. Bueno, a no ser que hayamos pasado algunos días en plan Coronado, que ni con los yogures de muesli. Pero vamos, que ahí está la cisterna currando 365 días al año, 24 horas, que ni las urgencias de los hospitales. Por ese motivo hay que tener presente siempre un grandísimo respeto por los inventores del artilugio, y no enfadarnos demasiado cuando se rompe, que es normal, acho, con el tute que le metemos al artilugio. A quién no se la ha roto la cisterna alguna vez… Es cuando se te rompe cuando te das cuenta del volumen de curro que se pega la pobretica mía.

Las hay de muchos tipos, pero esencialmente, el mecanismo cisternil no es que haya cambiado mucho con el paso del tiempo. Cuando yo era pequeño y se rompía la cisterna en casa pasaba lo mismo, acho, pero lo mismico que ahora si se rompe en mi casa, treinta años después. Esto es que en el tema cisternas, perdónenme si se me ha escapado algo, sólo hay una era. Nada de botones, ni de digitalización, ni rollos hoteleros de cisternas por rayos láser, ni pijos en vinagre. Siempre hay un botón, siempre sale agua, luego espuma, y se produce el movimiento ese de aspiración hacia un mundo desconocido, perfectamente dibujado por los Toreros Muertos en aquel mítico temazo: La agüita amarilla.

Cuando se nos rompe qué hacemos, pues la abrimos, que normalmente es cosa del botón, y nos pasamos dos o tres semanicas tirando de la cisterna a pelo, ahí, en todo el mecanismo puro, que vemos cómo el agüica se llena y se vacía, y tirando del alambre podemos hasta ahorrar agua en cada viaje, cosa que con el botón no se puede siempre. El paso siguiente en la avería es el de la fase de modo avión, que se creen los del Iphone que ellos inventaron esa frase, pero nanai. El modo avión de la cisterna es cuando suena el agua como si no hubiera un mañana, que parece que hay un avión despegando en el aseo, y entonces tenemos que cerrar la llave de paso del agua, poniendo fin a la fase. Lo siguiente es que suele tocar visita histórica al retrete, y al ir a despejar, no zurula, pero que ni agua, ni na… claro, pijo, si cortamos la llave. Es el momento cubo de agua, que puede durar máximo un día. Es ahí cuando llamamos al fontanero, o al familiar o vecino manitas, que nos arregla la cisterna en un tris, y ale. De ahí, al ostracismo otros cuantos añicos, hasta que toque. ¿Se te ha roto la cisterna? Vale.

Foto: El sistema clásico

26/10/2011 09:34 achopijo #. sin tema Hay 2 comentarios.

Tintín

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Yo era rubio de pequeño. Es una de mis frases de cabecera en la actualidad, tanto, que casi estoy por hacerme una camiseta con el lema y señalarlo cuando me pregunten a quién ha salido El Guille, que luce un precioso rubio sueco, como el mío a su edad, aunque por los gestos de la gente nadie se lo crea demasiado. Bueno, era rubio, y zurdo, así que me llamaban Schuster cuando me veían jugando al fútbol, y Tintín cuando me saludaban por la calle pinzándome el moflete. Así que Tintín fue lo primero que leí con devoción, a la par que Asterix.

De hecho, aunque siempre he dicho que soy periodista porque me gustaba narrar los partidos que jugaba con los playmóbil en mi alfombra, la primera vez que se me ocurrió ser algo, después de Peter Pan, fue ser Tintín, y por tanto, periodista, que sus aventuras tenían algo esencial, aquello que luego nos enseñó en la facultado el mítico profesor Vilarnovo, el kata to eikos, el símil es lo posible. Quién no ha querido ser Tintín alguna vez… Que hasta tengo miedo de que me salga la vena freak y me de por plantarme en el estreno con un pantalón por las rodillas, calcetas y jersey azul, con el flequillo maquinero vintage y un Milú a mi vera.

Tintín es el personaje que más tiempo ha pasado en las paredes de mis habitaciones, desde zagalico, pasando por la adolescencia, con camisetas incluidas, hasta la actualidad, gracias a un marco precioso de El Cetro de Ottokar. Por encima de Michael Jordan, Tony Hawk o Andrés Calamaro. Así que soy de los que mira el calendario y repasa el especial de Cinemanía del mes de octubre, bien cuidado en la mesilla de noche, antes de dormir, esperando el estreno. Spielberg ha dicho que Tintín es el verdadero Indiana Jones… algo que ya me dijo mi padre cuando fuimos juntos a ver Indiana Jones y la Última Cruzada, en los cines Centrofama en 1989. Ahí es nada, acho.

En la estantería de los cómics, donde descansan los libros de niño que han resistido mudanzas y cambios generacionales de habitación, junto a los Asterix y los Petit Nicolas, están los libros de Tintín, con aquella mítica tela en el lomo, descosida, que de vez en cuando, cuando los releo, es como cerrar los ojos y volver a vivir la ilusión de querer viajar por el mapa del mundo viviendo aventuras increíbles. ¿Irás a ver Tintín? Vale.

Foto: Le sceptre d´Ottokar

 

28/10/2011 14:01 achopijo #. sin tema Hay 1 comentario.

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