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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2011.

El Cipotegato

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Habla de su pueblo con la pasión de quien lo siente por dentro de sus venas. Lo hace siempre de una forma profesional, como si su periodismo innato, ese que le llevó a estudiar fuera de casa hipotecando el futuro de su familia, después de toda una vida de trabajo en una vieja frutería de la plaza del Ayuntamiento, fuera parte de la ecuación de su vida. Su perfecta entonación, las pausas adecuadas, una locución bajo un tono de los que suena a melodía en las ondas, se funde con el amor que siente por su pueblo, cuando cuenta con detalle el origen de la fiesta que sitúa en el mapa a Tarazona de Aragón. Marcos Ruiz Baños (Tarazona 1977), periodista de raza, amigo, compañero, esconde el acento mañico, de baturro simpaticón a lo Paco Martínez Soria, el más mítico turiasonense, que clava cuando echamos unas cañicas recordando los años buenos, cuando narra la carrera de su Cipotegato del alma para Aragón Televisión, o Aragón Radio.

El Cipotegato es una de esas fiestas de pueblo a las que hay que ir una vez en la vida. Lo prometí hace quince años, y aún no he podido cumplir, así que sigue pesando en el cuadro vital de los debe, al menos mientras sigamos en plan Peter Pan para lo que queramos y podamos. Un debe que no quita para conocer, gracias a la pasión periodística de Marcos Ruiz. Una celebración sin igual, que compite, muchas veces en desigualdad informativa, de lo más injusta, con la tomatina de Buñol, una fiesta, sí, más internacional, pero con menor tradición e historia que la lluvia de tomatazos que recibe el Cipotegato turiasonense.

Es un orgullo para él. Un premio para recordar toda una vida. El ciudadano de Tarazona agraciado por el sorteo pasa todo el año preparándose para ser un digno Cipotegato, un antihéroe que representa una tradición de siglos. Primero, cuando en el Corpus indultaban a un preso, que recorría el pueblo entre las pedradas de sus conciudadanos como última pena; luego, reconvertido en la figura de un bufón que hacía lo propio para diversión de los niños en el siglo XVIII, hasta que la cosa se fundió en este personaje, abufonado, encapuchado y vestido de colorines y arlequín, armado con una bola, al que acosan a tomatazos durante un cuarto de hora desde principios de siglo XX, para celebrar las fiestas de San Atilano, patrón de Tarazona. Cuando se abren las puertas del Ayuntamiento, por delante sólo hay pasión desbordada. El Cipote es animado por miles, mientras llueven tomates, y su gente, le abre paso entre la multitud. Minutos eternos, que al terminar se funden en un jolgorio más allá de una celebración de Champions League, cuando el Cipote, aclamado, se sube a su estatua y saluda, entre el éxtasis general. Voy a escribirlo, a ver si así, cumplo. El año que viene, no falto, y lo vuelvo a contar. Vale.

Foto: El Cipotegato

02/09/2011 09:02 achopijo #. sin tema Hay 4 comentarios.

Septiembrenero 11

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Una discoteca de la costa celebra la Nochevieja del verano el 31 de agosto. Tiene sentido. Septiembre es el lunes de los meses, decía alguien el otro día en Twitter. Lo es. Es un enero encubierto. Es el mes en el que retomamos, o deberíamos retomar todo aquello que en junio o julio dijimos que retomaríamos en septiembre, y el mes en el que volvemos a empezar de cero. No pudimos ni empezar con la operación bikini, y ya estamos en el borrón y cuenta nueva de después del bikini. Entre moros, cristianos, carthagineses y romanos, nos pasamos septiembre de fiestica, entre feria y feria. Ganas de escuchar al genio de la tómbola un año más, y de cruzarnos unos tunos el día ese de septiembre que terminas en el Campamento echando unas leches de camella, que aunque suene malamente el asunto, suelen surgir momenticos de los de recordar.

Además, este año nos ha tocado pasar la página y del sol, a la lluvia. Como si el cambio de estación fuera darle a la manivela. Muy para hablar del tiempo en el ascensor, salvando incluso eso de ¿qué tal el verano? Arrancamos pues la cuesta postvacacional metidos en el fango aún, que la crisis es ya de la familia, la Esteban sigue en la tele, y los cobardes que siempre ganan, sacando pecho, como si fuera un orgullo ser blanco o azulgrana. La liga es como la crisis, los ricos más ricos, y los pobres más pobres, otro tweet que dejo ahí, de estos días. Pero también tenemos noticias buenas, de esas que nos mantienen en la cuerda. Habrá noche de huertos, pase lo que pase, día del pastelico de carne con su Estrella, que no falte, y le han dado el Príncipe de Asturias a un tipo que gana carreras sin dejar de sonreír, y acho, además no es español.

A falta de ídolo del verano nos llegó casi con la campana el momento alcaldesa belga en el castillo de Olite, por cierto, un destinazo para esconderse un fin de semana, allí, donde juega el histórico C.D. Erri Berri, noticia más leída del estío con diferencia, según clasificaciones de todos los grandes periódicos… Sí, sí, aquel fue el verano de la alcaldesa belga. Con el permiso de Anita Obregón y su triquini, que no olvidamos, ha sido un veranico de divas. Con la Duquesa de Alba por delante y en portada, así vamos… y todos detrás de Ángela Merkel, de la que dicen, pondrán su cara en las pesetas cuando tengamos que volver a los duros. Pues nada, que disfruten ustedes el septiembrenuevo, y que les acompaño en el sentimiento. Vale.

Foto: San Miguel (CD Erri Berri)

05/09/2011 12:55 achopijo #. sin tema Hay 1 comentario.

Radio Ga Ga!

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El madrugón aún pesa en los párpados, incluso después de la ducha. Amanece bajo un manto de nubarrones oscuros. Llovizna del Norte. A pesar de los largos meses de estudiante, uno no se acostumbra nunca a ese frío helado que deja la lluvia cuando cae horas y horas sin parar. La ciudad se ve gris y verde oscura, tan lejana, como que no es la tuya. Un café, un par de galletas en la cocina, con el friegaplatos a reventar… y repaso mental del horario de clases, exámenes, libros y apuntes. En ruta, los cascos del viejo walkman, trillado ya en decenas de viajes de diez horas en bus, son la medicina perfecta para afrontar el día, la semana… la vida. El rewind en el ascensor ha dejado la cinta de Queen en el momento justo, el mismo cada mañana. Espero a salir a la calle, sentir el golpe de frío en la cara, apretar el cuello bajo la bufanda y enfilar el camino hacia la Universidad, hacia un día más. Vaho. Coches. Luces que brillan sobre el asfalto mojado. Escarcha en el césped. Play.

Los primeros acordes de Radio Ga Ga hacen que todo empiece a tener sentido. Bajo los bolsillos de la trenca busco la ruleta del volumen, pero ya está al máximo. Empezar. Siento cómo los pelos de los brazos se erizan con cada nota. Despierto. Los pies caminan solos al ritmo de la melodía, que suena un segundo antes por dentro, y los pasos se acompasan, cada nota más firmes. La ciudad se vuelve familiar, la llovizna desaparece, el día empieza a tener forma, y con el Radio… I'd sit alone and watch your light, se dibuja sola la primera sonrisa del día, cuando el sol brilla sobre un charco.

La voz de Freddie Mercury llega hasta el píloro, y Río de Janeiro hace el resto, en ese directo espectacular que siempre es Radio Ga Ga! Durante cuatro años la mañana de lunes sonaba a Queen, y me comía el mundo, coreando el All we hear is… Radio Ga Ga… hasta casi saltar… Radio go gooo… Aún hoy, de vez en cuando, me sorprendo tarareándola, pasa lo mismo. Freddie… Aquel genio de nuestra generación, la voz sideral, la banda sonora de tantas cosas, permanece ahí, donde se guarda aquello que permanecerá para siempre, entre recuerdos imborrables de millones y millones de personas. El Doodle hizo eso nada más. Recordarnos a quienes tenemos la voz metida dentro, la melodía hecha nuestra, que un día, muchos días, aquel tipo vestido con un chandal blanco y bigote, que se sacaba el corazón en cada concierto nos alegró la vida. Happy birthday Freddie, a ti, que estás en todas partes. Vale.

Foto: Freddie

06/09/2011 09:45 achopijo #. sin tema Hay 4 comentarios.

El Babi

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Qué volver a empezar más mítico es revivirlo todo con los peques… Ahora nos toca el primer día de cole, y ahí vamos, haciendo preparación mental para el cambio de tercio, del día D y la hora H. Antes del gran momento ya hemos empezado las labores de intendencia. Esas compras de la vuelta al cole siempre me han flipado, acho. Pocas cosas me han gustado más que estrenar tres bolígrafos nuevos, el olor a folios, el tacto de las libretas impolutas, o el momento forrar libros y preparar material, y eso que he sido presidente honorífico del colectivo autónomo de perdedores de bolígrafos y rotuladores, creo que ni una semana me duraban. De entre todo lo que estamos tachando de la lista hay algo que me ha hecho especial ilusión, incluso más que los plastidecor o las mismísimas pastillas de plastilina, y mira que se echa de menos la plastilina, que no lo sabes hasta que no la vuelves a amasar, y ves su colores, su olor, aquel tacto… Por encima de todo: El Babi. Porque nuestros párvulos eran de babi sí o sí, y había que saber llevarlo.

El babi ha sido la primera prenda de ropa que recuerdo pensar en cómo ponerme con sentido estético, y eso que en mis dos años de parvulario la moda era única y extendida, el babi capa de superhéroe, con el botón del cuello, y lo demás libre, que cuando uno corriera al galope dándose en la pierna la capa volara al viento como en Rui pequeño Cid. Nombre en la solapa, y bolsillos para meter los saltamontes y los micromachines, y a poder ser, sin bordado en el cuello. El babi era como el Didi Seven de la vida preescolar, una gran toallita que servía para cualquier cosa, limpiaba todo y nos protegía. Me cuentan que había quien no podía dormirse si no era con el babi puesto. El babi era nuestro superyo. Así que estos días de acopio de intendencia escolar ha sido el momento elección del babi con el que más he disfrutado... Cómo podía tener tan olvidado el babi…

Ver al Guille probárselo con cara de no saber bien cómo tomarse esta nueva prenda todoterreno para sus recreos me llevó de golpe al patio del Narciso Yepes, cuando hacíamos carreras revolcándonos cuesta abajo por el chinarro, gracias a la protección ultrasónica de nuestros superbabis con capa, o saltábamos desde el bordillo volando hasta el suelo. Es lo que tiene, revivir en ellos… Cuando le dije que el babi era muy importante, El Guille preguntó ¿Y tú por qué no usas babi? Vale.

Foto: Babi personalizado

08/09/2011 12:00 achopijo #. sin tema Hay 1 comentario.

Pies de foto

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Un padre juguetea con su hijo subido sobre sus hombros. Sonríen ambos, paseando por alguna esquina de la quinta avenida neoyorquina. El pequeño trata de cazar los copos de nieve que caen, elevando las manitas al cielo, con la catedral de St. Patrick al fondo. Bufandas, gorros… y un brillo en sus ojos que ilumina sus caras. Michael ve la nieve por primera vez, en su primera visita a Nueva York. Aún estarán dos días en la ciudad, y las previsiones siguen anunciando frío y precipitaciones. Han cambiado algunos planes, pero los Johnson aseguran que están disfrutando su escapada a la gran manzana. Esa pequeña historia era la fotografía de portada en The New York Times, hace algunos años, en pleno temporal de frío y nieve en todo el Noreste de los Estados Unidos. La foto, amable, pasaba a tener el trasfondo informativo necesario sobre el temporal que azotaba la ciudad, y en aquel momento, era la noticia principal en el país.

Imaginé al editor y a los encargados de buscar una foto de portada para el día, tal y como lo hubiéramos hecho en la redacción murciana. Dudo mucho que hubiéramos elegido esa imagen amable para informar sobre el temporal de nieve y las previsiones. La verdad es que hubiéramos buscado la carretera cortada, el desprendimiento, los coches rotos, la inundación… A veces es difícil salirse del guión informativo que marca la propia información, pero cuando se hace a través de una fotografía y una pequeña historia, es muy difícil no acertar. Es discutible haber optado por la foto de los estragos del temporal, aeropuertos paralizados o atascos por carreteras cortadas, como hacían otros medios ese mismo día… pero aquel pie de foto me pareció sublime, y terminó por hacerme fan de esa pequeña herramienta que interpreta las fotografías en periodismo, aliándose con esos grandes profesionales que son los fotógrafos de prensa.

Los periodistas tenemos nuestras manías con los artículos. Cada cual domina alguna de las herramientas habituales, casi siempre en consonancia con lo que más nos gusta. Hay expertos en titular, maestros del lid, auténticos genios del sumario, periodistas de citas, visionarios del titular en las entrevistas, buscadores de fotografías de archivo, magos de las entradillas… Siempre me han llamado la atención los pies de foto. Dan mucho más juego del que casi siempre solemos utilizar, por prisa, ese enemigo íntimo del periodista, y porque consideramos a la foto lo suficientemente importante, por sí misma. De hecho es en los pies de foto donde más errores suele haber en las páginas antes de enviarlas, equis sueltas, pies de la página anterior, nombres confundidos…  Pero también se descubren auténticas joyas, que son la guinda a la información. Les invito a hacer un seguimiento, y que me cuenten. ¿Te gustan los pies de foto? Vale.

Foto: Iraq war ends

09/09/2011 08:40 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

La Luna

-         Papá, y esta noche… ¿Por qué no hay luna?

-         Si hay, pero está escondida.

-         ¿Dónde está escondida?

-         detrás de las nubes.

-         ¿Se ha portado mal?

-         La luna nunca se porta mal.

-         Yo quiero que salga la luna.

-         ¿Te has portado bien?

-         Si.

-         Pues entonces saldrá.

-         ¿Cuándo va a salir?

-         Cuando te duermas.

 

(…)

 

-         Papá… ¿en la luna qué hay?

-         En la luna hay todo lo que uno quiera.

-         ¿Hay coches?

-         Si.

-         Y… ¿chocolate?

-         Mucho chocolate.

-         Y… ¿hay cole en la luna?

-         También.

 

(…)

 

-         La luna es buena.

-         Como tú.

-         Y como Miguelito...

-         Y como Miguelito también.

-         Yo quiero ir a la luna, Papá…

-         Y yo.

-         ¿Podemos ir en el coche pequeñito?

-         A la luna se puede ir cuando uno se duerme.

-         ¿Por qué?

-         Porque la luna siempre está dormida.

-         Y el sol está despierto.

-         Eso es.

-         Buenas noches, Papá.

-         Buenas noches, Guille.

 

(…)

 

Vale.

10/09/2011 09:39 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

11S

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Para ser un día festivo sorprendía que la barra de La Caña de España, aquella cervecería que hacía esquina junto al Boulevard Cetina, estuviera repleta de gente. Era justo la hora en la que la Fuensanta debería estar llegando al Santuario. Aquel día nos tocó currar. Llevábamos páginas atrasadas, así que nos plantamos en la oficina a adelantar los números de la semana. Apenas llevaba unos meses, en el que fue mi primer trabajo como periodista, aunque lo que hacía era maquetación y diseño en un periódico de anuncios por palabras. Una cañica de Estrella, un pincho de tortilla, una ensaladilla… típico picoteo para alargar aquella extraña jornada laboral en festivo. Ana Blanco acompañaba en una televisión de pantalla plana, en una esquina del bar. Charlábamos sobre la Romería, y cómo años atrás nos pasábamos la noche en el monte.

Nos llamó la atención que la gente se arremolinó junto al televisor. El camarero salió de la barra con el mando, y subió el volumen. La gente entraba de la calle para ver qué estaba pasando. Al asomarme no comprendí el alboroto. La imagen de una de las torres gemelas en llamas me pareció una película… Hasta que se escuchó a Ana Blanco decir que eran imágenes en directo, de una avioneta que se había estrellado, al parecer, hacía escasos minutos. Se hizo el silencio en el bar. Toda la gente se acercó junto a la pantalla. Nadie decía nada. Un señor que comía solo en la mesa junto a la televisión rompió el silencio. Recuerdo perfectamente aquel instante. Se levantó despacio, dejó la servilleta sobre la mesa, y pidió la cuenta con un gesto al camarero, que le lanzó una mirada incómoda, extrañado. Entonces dijo: - Ese edificio se va a venir abajo. Le miramos… pero nadie dijo nada. Aún esperábamos que todo aquello fuera una broma de mal gusto, un montaje de Hollywood… otra cosa.

Cuando el segundo avión se estrelló con la segunda torre la incredulidad creció. Aunque el silencio pasó a suspiros y sollozos de no poder estar viendo aquel disparate, manos a la cabeza… El comensal que avisó del derrumbe fue el primero en irse, abriéndose paso entre la melé de telespectadores. Cuando nos subimos a la oficina aún no se habían caído las torres, pero ya conocíamos el resto de los ataques. Todos hablamos con las familias. Lo estamos viendo… Pusimos la radio, que nos acompañó toda la tarde, mientras terminábamos la edición. Cuando escuchamos cómo narraban el derrumbe de las torres fue cuando se me grabó la frase de aquel tipo. Siempre que lo cuento, fantaseo con que aquel hombre era un viajero del tiempo. Recuerdo perfectamente su figura alejándose por Cetina, encendiéndose un cigarro, caminando en soledad, mientras todo el mundo seguía enganchado a la pantalla. Porque aquel día es de esos que no olvidamos jamás. ¿Cómo viviste el 11S? Vale.

Foto: Cientos de policías pasan la madrugada del décimo aniversario del 11S en la zona cero (@rafacores)

11/09/2011 09:39 achopijo #. sin tema Hay 2 comentarios.

El Correvagones

Los revisores hacían tiempo explicando la utilización de la máquina expendedora de billetes a todo el que llegaba. Lo hacían con devoción. Aquel domingo, aún con el horario de verano, una familia andaluza atendía a las explicaciones de la línea del tranvía. Su hijo, un zagalón fino con bermudas y camiseta surfera, pasaba su primer día en la ciudad, con el apuro de aguantar a sus padres un día entero de consejos para su incipiente vida de estudiante. Los revisores, con gusto, explicaban qué era una pedanía a la familia, que atendía y preguntaba con cerrado acento granadino. Al otro lado del banco, una chica de color esperaba el tren con su hermana pequeña. Nos tocó pasar allí veinte largos minutos. Mientras los revisores ya estaban contando cómo era el Bando de la Huerta, siempre destacando las bondades de la utilización del tranvía y sus bonos para estudiante, llegó un tren en sentido contrario.

De repente, y como una exhalación, apareció un zagalico corriendo desde el fondo del tranvía que había parado hacia el principio, por la acera de la parada. El tren iba apenas con tres o cuatro personas, y un grupo de tres chavales que desde el interior animaban dando golpes en los cristales al colega. El chico corrió rápido, pero cuando llegó al primer vagón, las puertas ya estaban cerradas, y el tren pitaba para salir hacia la siguiente estación. Se lamentó. Dentro, sus colegas reían… el tren pasó por su lado, y el corredor hizo amago con seguir corriendo, pero se frenó. Los revisores se le echaron encima, aunque no habían visto la jugada completa… - ¿Qué haces chaval? El tren se alejaba por la vía dirección a Espinardo. – ¡Mis padres están en el tranvía, no puedo quedarme aquí! Protestó… El estudiante y las dos chicas que esperaban se reían sin contemplaciones.

El chico se gustó. Se rió con un gesto de picaresca murciana… sobre todo porque su gemido tras la mentira que se le había ocurrido sobre la marcha había surtido efecto. Los revisores decidieron llamar a su compañero al tren, para que avisara a sus padres…Pero las mentiras tienen las patas muy cortas. El zagal se sentó al lado de las dos chicas, guiñándoles un ojo. Las tenía en el bote. Cuando llegó el tren, subimos todos, menos el corredor. Al poco de salir hacia la Redonda llegó la confirmación por walkie talkie. Un grupo de chavales confesó que su colega no tenía billete, y por eso había salido corriendo… Esta mentira cuajó. Los revisores sacaron pecho ante la familia del estudiante. Los gamberros saben que si les pillamos, les echamos del tren… La chavala y su hermana, que habían despedido al gamberrete saludándole tras el cristal entre pícaras sonrisas, volvieron a reír, y yo con ellas. El tranvía ha traído un juego… Lograr salir del último vagón y entrar en el primero en el tiempo de una parada. Aquel chico no pasó la prueba, y le tocó esperar veinte minutos hasta la siguiente parada. ¿Tienes alguna historia en el tranvía? Vale.

13/09/2011 06:57 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

De Romería

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Lo primero, como todos los años, después de preparar los bocadillos y armar la mochila con la intendencia, esto es, el paquete de toallitas, ha sido encontrarnos con aquellos por los que brinda Calamaro, quienes vuelven con las luces de otro día. Siempre ha sido noche larga, la romera, en Murcia capital. Desde Trapería, huele a incienso. Al llegar a la Plaza de la Cruz, una señora habla de rutina, mientras se santigua. No cabe una hoja de limonero en la Catedral. La primera foto a Twitter, y un vídeo a Facebook: Sale la Morenica, aplauso y este año, más vivas que otras veces, coreados. Estación en el Puente de los Peligros, donde un coro huertano alegra la mañana, que aclara para dar a los fotógrafos de prensa la instantánea de la Romería: Segura, torre y la Guapa, mientras se juegan el tipo subidos a una farola. En el río, dos zamarros prenden tracas, y en el cauce, un aparejo perdido, con boya y sedal, se mueve extrañamente. Un pez picó, y rompió el hilo, y campa por el Segura ajeno a la marabunta que cruza el puente.

Adelantamos al mogollón y cogemos fuerzas en la mítica Roses. Allí, la fotico de todos los años, con el genio Manolico Gambín, que saca guapo al Guille con su camiseta del Real Murcia. Nos pilla el tren, como todos los años. Baja la barrera, y el pánico nos coge del corazón unos segundos. Avalancha, gritos, miedo… y la barrera que cae fulminante. Siempre da tiempo, pero no quita que volvamos a sentirnos en el cuarto mundo, con la vía partiendo la ciudad en dos. Ojalá veamos algún día El Progreso abrazado a El Carmen. Unos chavales suben rápido, con bolsas a cuestas, un radiocassete cedé, barras de pan y bolsas de hielos. Flequillos, pelos ronalderos, camisetas del Real Murcia, muchas más que del Real Madrid. Un perro salchicha en brazos de una huertana, el abuelo del pan gigante, bastón y habas tiernas, coches tuneados que ponen música, en los que se vende bebida fresca a un euro.

Este año ha pegado la mochila y gorra de la Jornada Mundial de la Juventud, amarillo Benedicto XVI. Hacía años que no lo veía, un tándem. Una pareja con su bebé, subiendo en bicicleta. A los pies del monte, entrando en Algezares, tentempié. Salchichica a la plancha y dos tragos. Humedad, y sol entre nubes. Empieza el calor sofocante. Subimos. Un heavy, camiseta de Muro, detrás de un extraño altar de la Virgen de la Fuensanta, sentado ante una moderna mesa de mezclas, pincha cánticos gregorianos. Al poco, los indios del Perú venden sus últimos éxitos a las flautas. Un tipo mazao, sin camiseta, en plan geyperman, pantalones de camuflaje, rapado marine, adelanta a todo el mundo a paso ligero. Lleva ‘Fuensanta’ tatuado en el corazón. A dos curvas, paramos. Murcia inmensa. La gran ciudad y su huerta, a los pies. Aún hay bruma, y el monte, revienta de gente. Un año más, ganamos la Romería, entre estampas castizas, y algo kitsch, que siempre sorprenden. Dolor de pies y un rato agradable. ¿Subiste al monte? Vale.

Foto: La clásica (By Yayo Delgado, iphonephoto)

14/09/2011 18:08 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

1989

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Alargo la mano por encima de la almohada, buscando la mesilla, para coger el móvil. Pero no encuentro nada. Siento una flexibilidad espectacular, una fuerza renovada, como si hubiera descansado años seguidos. Los párpados no pesan, las piernas están fuertes, al estirarme, el cuerpo no cruje, ni se arrastra pesado, y parece recomponerse como un chicle, con la facilidad de un superhéroe. En apenas un segundo estoy de pie. Cuando subo la persiana descubro mi vieja habitación. La alfombra, con algunos clicks esparcidos, la estantería, con los libros de El Pequeño Nicolás y la colección de Asterix, y aquel viejo escritorio con el flexo, lleno de papeles, pintarrajos, libros de texto y botes con bolígrafos mordidos. Michael Jordan, Tony Hawk, Led Zeppelin, el póster de Guina… Sigo soñando. Es mi casa. La cocina, con aquella mesa redonda, y los taburetes debajo. La vieja televisión Elbe parece restaurada, brillante cada uno de los ocho botones de los canales. Las tazas, en su sitio de siempre, no están esportilladas. En el frigorífico, que tiene la luz fundida, un cartón de leche El Prado, flanes de huevo, una coca cola sin cafeína, una tarrina de Tulipán...

María Fontaneda en la vieja caja de las galletas danesas, que reluce. Un bote de Vit en el armario, y el azucarero plateado con el hueco de la cucharilla. En el lugar del lavavajillas está la basura, y en la terraza de la cocina, hay ropa a remojo en la pila. Recorro el pasillo, diáfano, con los rodapiés pintados, rozados, de jugar al balón en casa. Vuelvo a la habitación sin ser consciente de dónde estoy. En el cajón de los relojes hay un par de maquinitas de marcianos. A los pies de la cama, una pelota de bolsas, papeles y cinta aislante, en el bote de los clicks, cajas de zapatos recortadas como porterías y en la estantería, algunos jugadores de subbuteo. El skate, bajo la mesa, y las botas Airwalk, encima. En otro cajón, peonzas, canicas, bolos, chapas y monedas de duro.

En el salón, la tele grande, con la pantalla convexa, ocupa media sala y el tocadiscos, la otra media. Detrás, un mueble que había olvidado acoge una buena colección de películas Betamax, entre las que destacan las Kodak amarillas donde grabábamos Estudio Estadio. Al apretar el botón de encendido, una luz blanca se hace horizontal antes de que se vea la imagen. La Bruja Avería canta una canción ininteligible a toda voz. Bajo el volumen con la ruedecilla, con miedo a despertar a mis padres. Desde el balcón se ve huerta hasta Monteagudo, y más allá de Juan XXIII, ni un solo edificio. Un limón de escayola en el que se lee feliz día de la madre cuelga de una pared de la terraza. De repente, un sonido familiar… El teléfono gris vibra sonando apagado sobre la mesilla junto al sofá. Un riiiiing extraño que muta y se hace más fuerte cada vez que suena. Corro, me tiro en plancha al sofá y al caer para cogerlo, abro los ojos mientras sostengo el Iphone, que acabo de coger alargando la mano hasta la mesilla… Empieza un nuevo día. Vale.

Foto: El más grande: ’Guina’

16/09/2011 08:30 achopijo #. sin tema Hay 1 comentario.

Sonrisas

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No era una vespa. No soy muy motero, aunque siempre he soñado con tener una Lambretta para bajar a la Plaza de las Flores los domingos. No conozco demasiadas marcas, ni modelos, ni sé bien si soy de Lorenzo o de Pedrosa, pero busco vespas en los semáforos. Esta era un viejo modelo de abejorro funcional, una motico desvencijada, usada, bonita de haberle dado caña muchos años. Una pareja la disfrutaba muy pasado el mediodía, en un solitario semáforo del centro de la ciudad. Esperaban el verde justo delante de mí. Chanclas, vaquero negro gastadísimo, y camisa de manga larga fina, pero de esas que llevan la espalda marcada en cuero suave, como de cowboy, pero ramalazo modernen. Barbica de una semana, patillones, gafas de sol, y casco con pegatinas rotas, de uso diario. Conducía él. Ella, chanclas de cuerda alta, pantalones cagaos, top amarillo pálido, pulseras, atado al cuello, pelo recogido, casco plateado, también viejo. Usado.

Reían. Él se volvía con agilidad, un tipo delgado, figurín, para morderle el cuello, mientras ella le acariciaba suavemente la espalda y los hombros. Jugueteaban felices a pesar de los cuarenta grados pasadas las tres de la tarde, en la vieja motico de siempre. Sin dejar de sonreír, él cuchicheaba algo a su oído, y ella reía mirando al cielo, como esas modelos que dan una palmada al vacío y levantan la cabeza, simulando precisamente aquel gesto natural de disfrutar un instante. Él, se volvía sobre sí mismo, echando un ojo al semáforo, y otro al retrovisor. Allí, también se le veía sonreír, mientras ella dedicaba carcajadas y arrumacos, que terminaron con un abrazo acurrucado y un gesto de felicidad inmenso. Ya estaba verde.

Siguieron mi camino. Les adelanté. Circulaban lentamente. Ella jugueteaba con una pequeña coletilla de pelo que asomaba debajo del casco. Prácticamente solos por la avenida, les seguí con la mirada por el espejo retrovisor. Navegaban por el asfalto de la ciudad como una pequeña nube supersónica de placidez. De felicidad. Esos instantes son los que hacen que todo tenga sentido, pensé. Qué genial es ver sonreír a la gente que conoces, había leído esa mañana en Twitter… Cierto… pero, qué especial es una sonrisa totalmente ajena, un día cualquiera, en cualquier lugar. Me miré en el espejo retrovisor. Sonreí. Vale.

Foto: Lambretta

17/09/2011 10:40 achopijo #. sin tema Hay 1 comentario.

Cosicas 3.0

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Ese momento en el que se encienden las farolas, las nubes rosas al atardecer, el sonido del viento en el hueco de la ventana, pelar un higo en tres movimientos, pedir perdón después de la bola en la red, el gesto de llevar las luces en un paso de cebra, dejar pasar en un atasco, deshacerse del hilo en la solapa de un amigo, ceder el ticket de la ORA a alguien que acaba de llegar, no tirar nunca aquellas zapatillas en el cambio de armarios, el sonido del Iphone cuando lo pones a cargar,  los puntos azules de Twitter, el olor a limón en el mercado, pedir ‘lo de siempre’, las fotos en un álbum desgastado y los pies escritos con bolígrafo, la parte de atrás de una libreta, abrir una invitación de boda, la noticia de un nuevo embarazo, los cuentos de la luna, la primera noche tapado en semanas, el beso de despedida diario en el coche, el peatón que corre para llegar al autobús, y llega.

Los jínjoles, cenar espinacas, la ducha después de correr y el cansancio para dormir, mover los pies debajo de las sábanas, que tus hijos se escondan cuando llegas a casa, para darte una sorpresa, un globo que se escapa y todo el mundo mira, una marinera que no se rompe, un camarero que no sabe lo que es un matrimonio y lo resuelve con arte, un abrazo en el callejón de la Plaza de Toros, descubrir un nuevo Sam 3 en una vieja pared de la ciudad, leer el periódico en un parque, poner la radio en el coche y no saber si suena una emisora o tu cedé, un abrazo por detrás mientras estás trabajando en el ordenador, ir a por churros de sorpresa un domingo, el olor a caca de vaca en medio del campo, pasar horas leyendo artículos antiguos que habías olvidado, alejarse de la escalera y mirar la pared con los ojos casi cerrados, para ver cómo ha quedado el cuadro, palmeras datilíferas en los márgenes de una carretera nueva.

Un vaso de agua grande de un trago, pelar una manzana de una sola vez, un capítulo de los Simpsons que no has visto, saludar a un conocido desde la otra acera, buscar el saludo de un pitido de claxon, mirar las fachadas de los edificios y descubrir balcones nuevos, un niño comiéndose un Phoskito en la Calle del Pilar, una rayuela pintada en el suelo, un Mercedes sin estrella, una máquina de bollería con libros en el interior, hablar de Venecia, un taxista con buena conversación, el camión que recoge las luces de la feria, una bandeja de pastelicos de carne un miércoles por la noche… Preparar el otoño, el curso, los días largos… y olvidar el verano. Cosicas. Vale.

Foto: Jínjoles

20/09/2011 09:10 achopijo #. sin tema Hay 6 comentarios.

El Satélite

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- ¡Mira! Al satélite ese ruso le han puesto el mismo nombre que al pub de mi pueblo. Hace cuatro años la noticia del 50 aniversario del lanzamiento del Sputnik dejó esta joya de comentario en la barra de un bar de carretera, donde apuré un Pepito de lomo antes de seguir mi camino. La verdad es que puede que haya el mismo número de bares ‘Pepe’ y pubs ‘Sputnik’ por todo lo ancho y largo de la geografía española, pensé. No sé bien si el Sputnik 1 tuvo éxito en su misión como satélite, pero una cosa está clara, con el nombre lo bordaron. ‘Compañero de viaje’, significa, nada menos, y en la historia ha quedado como prueba de que en el tema espacial, ahí han estado siempre los rusos, con el Sputnik y la perrica Laika, que orbitó, precisamente, en el Sputnik 2. Luego ya llegarón los Américas con los Apollos, Armstrong, la luna, el Discovery y el Mars Pathfinder, y le dieron la vuelta al partido.

Ahora el nuevo prota espacial nos llega en plan pifia. El satélite UARS de la NASA lleva seis años tonteando con echarse encima de la tierra. Se viene el UARS. Un satelitico así del tamaño de un autobús que según las cuentas de los expertos caerá hoy viernes en algún lugar de la tierra, pero no se sabe dónde. Ponle ñora al arroz. Las probabilidades de que le caiga a una persona son remotas, dicen. Papúa, Irán, España… pero lo más lógico es que caiga en el océano. Menuda tranquilidad da leer las opiniones de los expertos, acho, se la juegan menos que Lucas Alcaraz. Para que se nos venga el meteoro de Armaggedon estamos, que no pueden saber dónde se nos viene un autobús espacial lanzado por nosotros, como para que vengan los space invaders. Así que hoy de vez en cuando habrá que echar un vistazo al cielo, no vaya ser que nos toque el premio gordo.

¿Dónde caerá? Creo que en Internet hay varias porras en marcha. Si fuera de Sort, por si acaso, me iría a pasar el día al pueblo de al lado. Ya le podía caer cerquica a alguno de esos que pasean a su perro dejándole que haga sus cacas en los parterres de la acera, como si allí no hubiera que recoger los excrementos, y que se llevara un buen sustico. Aunque ojo, que igual donde caiga hacen el agosto. Lo único que ha pedido la NASA es que nadie venda las piezas por eBay si le cae en su patio. Ya sabe, los satélites quedan guapos en el recibidor, como en la sede de las Naciones Unidas de Nueva York, donde está el Sputnik 1 de atrezzo. ¿Dónde crees que caerá el satélite? Vale.

Foto: Un grupo de estudiantes visita el Sputnik 1 en el hall de las Naciones Unidad (New York, dec 1959)

23/09/2011 07:25 achopijo #. sin tema Hay 1 comentario.

Petanca Vs. Perros

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Era un pequeño parque de tierra, con viejos bancos, algunos árboles y cuatro parterres de césped bien cuidado. Separaba un par de calles pequeñas entrando al Soho. Uno de esos lugares de paso en el centro de la ciudad, que sobre todo, reunía a los dueños de perros. Allí asistí a una de las varias partidas improvisadas de petanca entre vecinos que descubrí en Nueva York. Mientras los perros corrían un poco, después de haber cumplido con sus necesidades, se jugaba una partida de petanca. Bajaban con su set de recogida de excrementos, bolsa, canastillo recogedor y las dos bolas de petanca personalizadas en estuches de lo más molón. Todo era muy neoyorkino. Por aquel entonces, Semana Santa de 2006, vaticiné la llegada de aquella moda a Murcia pasando antes por Malasaña. Creo que se quedó a medio camino, en pleno Atlántico. Una pena, porque se lo pasaban como enanos echando su partidica, y la personalización de las bolas (las vendían en tiendas de la zona) era todo un arte urbano.

De todo aquello lo que más le llamaba la atención a un incipiente vecino de El Puntal (Murcia) era la limpieza absoluta de los parquecicos, hasta el más pequeñujo que separaba dos calles peatonales entre aparcamientos de coches, o callejones oscuros, de esos en los que suele haber una alcantarilla de la que sale humo blanco. Todo el que iba con su perro llevaba el artilugio para limpiar sus restos. Guante de plástico, bolsa, papel reciclado… No había una sola caquica de perro, y mira que había perros. Cada vez que entro a mi casa pierdo la cuenta de cacas en diferentes estados de putrefacción por acera, parterres, zona ajardinada, esquinas o la propia carretera. Asomado a mi balcón observo cómo bajar al perro, la mayoría de las veces, consiste en abrirle la puerta, dejarle defecar, y hacerle subir a casa a la mayor velocidad.

Ya no sé qué pensar sobre el civismo de la gente aquí en este tema… ¿De verdad creen que porque sea una zona menos transitada o porque los perros defequen en los parterres de piedras o tierra no hay por qué limpiar la mierda? Será que aquí bajar al perro no es divertido, como en el rollo petanca Nueva York, y esa sensación de ratico para reposar el día a día que se respiraba en aquel parque, sentados tras una jornada caminando la gran manzana, al caer la noche, es incomparable. Ni las amenazas de multa, ni los carteles, ni pedirlo en las juntas de vecinos, ni reprobar el comportamiento públicamente… Nada funciona. ¿No vamos a conseguir no ver cacas de perro todos los días en nuestras calles, parques y jardines? ¿Cómo vamos a conseguir otras cosas si no podemos con esto? No cuesta nada  contar con cinco minutos más y hacer las cosas bien. ¿Una petanca cuando bajemos al perro? Vale. 

Foto: Lawn bowling in New York City

24/09/2011 10:08 achopijo #. sin tema Hay 1 comentario.

El Cine

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Hace un par de jueves fui al cine. Trato de escaparme apagando el móvil, cerrando los ojos, y tirándome a la sala como si fuera un portugués al volante, porque si no lo hago así, se me va escapando, y no será por mi culpa que los cines sigan cerrando. Intento que sea el Rex, casi por encima de la película, a no ser que me apetezca especialmente alguna. Me gusta ir solo, desde siempre, que uno entra en la peli, y en vez de verla, la siente. A pecho descubierto. Además, ahora es como mucho más melancólico, porque con suerte apenas hay diez o doce personas, cuando no toca que te pongan el pase a ti solo, que ya me ha pasado dos o tres veces, y entonces, además de la peli, sea la que sea, parece que eres el protagonista de otra peli donde vas solo al cine, como el último romántico amante del celuloide.

La verdad es que me gustan todas las películas. Quiero decir, y es una aclaración, que no hay ninguna que no me guste, aunque haya algunas que me gusten muchísimo. Supongo que los que creemos tener vocación de contar historias tenemos esa ventaja. En el cine ha pasado como en el fútbol, que la gente llena las salas para ver el plástico y el famoseo, esto es, al Madrid y al Barcelona, o en los pases de rigor, que al cine ahora se va por horas, otra de las miserias de la vida moderna. Ya ni en el día del espectador se nota la diferencia. Viernes noche, cine. Pero martes tarde hay un trillón de prioridades, por lo que ir al cine es de locos, desocupados, enfermos o vete a saber.

Por supuesto, lo que más se ha perdido es el ir al cine por ir al cine, que igual es bueno para la calidad, pero al final ha sido contraproducente. La gente va a ver la película, exclusivamente. El silencio, la oscuridad, la inmensidad de la sala, la respuesta del público, el sonido digital, la gran pantalla, los trailers, la fila siete, incluso las palomitas, los suspiros, el techo alto, las lámparas, la moqueta, los uniformes de los acomodadores… todo eso ya no cuenta. El mundo del cine se ha quedado en los huesos, porque no se aprecia el encanto de la sala y su misterio. Sólo el 3D, al que no he ido aún, parecía haber resuelto esa pérdida de la peor manera, pero ni eso. El año pasado bajó el número de espectadores en las salas de cine en un diez por ciento, que son unos 14 millones de entradas menos. Cierran históricas salas en el centro de las ciudades y cierran los primeros cines de grandes centros comerciales… porque el cine, ya casi no es el cine. Vale.

Foto: Mítico Rex

27/09/2011 13:09 achopijo #. sin tema Hay 1 comentario.

Post it!

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¿Qué estará haciendo ahora mismo el que inventó los post it? Siempre viene bien la pregunta de qué pijo estará haciendo alguien en este preciso momento. Solemos hacerla cuando estamos jodidos, y normalmente, preguntamos por alguien a quien nos imaginamos tumbado en una colchoneta en una piscina de esas sin fondo, tomándose un cóctel, con sus gafas de sol. Aún así, es muy mítico lo de la pregunta, pero aún más mítico el tema del inventor de los post it. Es de esos inventos que tienen imagen de invento de genio de nuestro tiempo. Algo tan sencillo como una nota con adhesivo para dejar recados es la clave de que lo veamos como el sueño de cualquiera. Inventar algo que necesitemos todos y que sea un pimpán, así, con dos pasos en las instrucciones.

Soy muy de post it. Los que tenemos el garabato insertado en el adn, que sea lo que sea lo que hagamos estamos garabateando, somos los principales consumidores de post it, aunque los solemos utilizar más para gastarlos en pintarrajear que para dejar recados. En mi vida los post it tienen dos usos claros: casero y profesional. En ambos casos gasto un porcentaje superior al 50 por ciento en pintarrajos absurdos. El uso casero es para dejar notas para recordar limpiezas, cambios de sábanas, o el olvido típico de la compra, aunque aquí compite bien el frigorífico y mi gran colección de imanes de viaje, lo único que colecciono en mi vida. En la parte profesional, sobre todo, los uso como separadores. Los periodistas marcamos las noticias y los folios clave de nuestras lecturas con post it. Además, para apuntar teléfonos que pego por todas partes, y a los que no suelo poner nombre, aunque milagrosamente suelo acordarme de quien es cada cual.

Mi tamaño es el más pequeño. Que más manejable, que en el tema post it el tamaño sí que importa. Incluso reduzco a la mitad el mínimo, que dan mucho más juego como separadores. Lo que no había hecho es postitart, eso que han puesto de moda los gabachos en las oficinas, que como ellos no tienen la fama de no currelar, ni se echan la siesta, les dio por hacer dibujitos en los cristales de las oficinas en plan cada post ir un píxel. Todo uso que se de a algo para lo que no esté creado es algo que me pirra, acho, así que desde que lo ví en la cola de algún telediario soy fan del postitart, y ansioso estoy por construirme un space invader en el cristal de mi despacho. ¿Para qué usas los post it? Vale.

Foto: Space invader post it

28/09/2011 12:52 achopijo #. sin tema Hay 1 comentario.

La Ventana

Cada pocos minutos alguien corretea cruzando la avenida lejos de los pasos de peatones y los semáforos. El tintineo del semáforo en verde coincide con el silencio de los motores y el deslizamiento de las ruedas por el asfalto. Dos vecinas conversan en la esquina de Tapia Sanz con Rector Loustau. Antes de despedirse, se dan dos besos, a pesar de las bolsas que cargan ambas. El solar del Colegio Mayor de las Oblatas sigue medio abandonado. Hay un par de coches aparcados, una furgoneta y un utilitario. Los matojos han crecido de forma anárquica. El solar contrasta con el cuidado edificio nuevo que renovó el viejo colegio mayor. Recuerdo la piscina que había antes, y cómo era habitual que llegaran grupos de zagales en bicicletas a saltar para darse un chapuzón rápido tirándose desde el trampolín, las tardes de agosto y septiembre.

Siempre hay alguien asomado a una ventana de las cercanas, fumando un cigarro. Una persiana que se levanta y llama la atención, un coche que cruza la calle más rápido de lo habitual, una moto con el tubo de escape abierto, o las risas de un grupo de zagales que vuelve de jugar un partido en alguno de los colegios cercanos. Las golondrinas revolotean aún, bajo las últimas luces del día, sobre los terrados vecinos. Los cables del vídeo comunitario permanecen uniendo azoteas en el centro de la ciudad, por todo el barrio de La Fama. Antenas, pararrayos, aparatos de aire acondicionado... dejan una imagen residual ochentera sobreviviendo en el techo urbano de la ciudad. Se ven pocos tendederos en uso. Algunas sábanas, pero nada más. Un coche prueba suerte en el callejón sin salida del garaje. Maniobra lentamente para dar la vuelta y salir. Al observarlo descubro una pareja besándose apoyada en el capó de un Seat Ibiza, casi escondidos en la esquina de la calle sin salida.

Un niño pequeño corre detrás de una pelota en el patio de la finca de al lado. Su madre le observa desde cerca. En el patio de más allá, al otro lado de la calle salón, hay una portería pintada en la pared.  A veces llegan varios niños corriendo mirando la trayectoria de lo que, supongo, será otro balón. La fachada del edificio me impide ver el resto del partido. Hacia el centro de la ciudad una maraña de paredes blancas, cables y sonidos se mezcla en torno a la torre de la Catedral, que se alza delante de Carrascoy en la perspectiva que me toca. Levantando la vista, aún se ve un cachito de grada alta de la vieja Condomina, y por encima de todo, el Edificio Línea, Captesa y Vitalicio mandan en este cuarto Sur del skyline capitalino. Todo se funde en un pálpito que siempre me ha relajado, esos minutos de mirar por la ventana, y ser espectador de nada, y de todo. ¿Qué ves desde tu ventana? Vale.

29/09/2011 10:20 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

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