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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2013.

Diciembres

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El crujir de la madera ardiendo en la chimenea, las revistas de juguetes, el aguanieve, los jerseys de dibujos invernales, aquellos guantes manopla, la escarcha en el parabrisas, niños que juegan con el vaho, una película en blanco y negro, compartir una manta, la piel de las castañas, la nariz fría al dar un beso, el ruido de los árboles en la ciudad, parar de hacer algo para ver el mapa del tiempo, el puntito azul encima de la arroba, dejar el libro en el suelo vencido por el sueño, el cuello alto del viejo anorak, ir a la balsa por la mañana a ver si está helada, el calor de la vieja taza de café, la chaquetilla con coderas del abuelo, una caja roja, la miel en la torta del gazpacho, frotar las manos y apretarlas contra la cara, los coloretes y las sonrisas que suben por la espalda con el frío, los me gusta en esas fotos de Instragram.

Mirar a Sierra Espuña con la ilusión de verla blanca, el plan para la casa rural, un mus junto a la lumbre, el desvencijar de las viejas sillas de madera, el ruido del viento al caer la noche, y la bruma, y las estrellas, y la luna azul oscuro sobre los árboles, el olor de las hierbas mallorquinas, el humo del cantueso recién hecho, la carretilla de la madera, un apalabrados con alguien al otro  lado del mundo, la agenda repleta de comidas y cenas, aquellas fotos de París, el abrazo que está por llegar, el mazapán de Moratalla de todos los años, el cajón de la lotería, unas botas de campo olvidadas, la mesa camilla, las historias de la bisabuela, una partida al cinquillo, un consomé con limoncico, las cerraduras oxidadas de la casa del campo, el humo de las chimeneas en los pueblos, el pan caliente junto a los periódicos, un abrazo mirando por la ventana.

Los días de ilusión y magia, cuentos de Navidad, una pandereta pintada, los me lo pido viendo la tele, una ristra de luces amarrada a un árbol, el sonido de las ruedas en la tierra, escribir nombres en regalos, recordar con alegría a los que ya no están, un perro a los pies de una cama, la luz del fuego en el techo de la habitación, un turrón exótico, pintar piñas, el asfalto mojado, la llamada diaria por Skype, las montañas de alimentos recogidos en las tiendas, felicitar a un extraño, la zambomba, un dibujo de los niños en el frigorífico,  coincidir con el momento en el que encienden las luces en la calle, ser espectador de un abrazo largo, sentarse en Belluga, acurrucado, y observar. Feliz Diciembre. Vale.

Foto: Fino manto de nieve en Sierra Espuña (Meteo Sureste)

02/12/2013 12:12 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Drones

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Un minidron paseaba a los perros de Hill Valley, en Regreso al futuro, la película de Robert Zemeckis. Aún seguimos con las ganas de ver autovías en el cielo, coches que vuelan, cazadoras con autosecado, pizzas que se hacen en dos segundos o el mítico aeropatín (como tuiteó esta semana @EduCasado). Siempre hemos tenido la ilusión de ver qué es lo primero que llegaba a la realidad, cuando viajábamos con Marty McFly al futuro en el Delorean. Esta semana gracias a Jeff Bezos (Amazon), otro de esos genios que invirtió todo en un proyecto que salió de un garaje, nos hemos acercado por primera vez en mucho tiempo a vivir esas cosicas del futuro que parecía ya que nunca iban a llegar. Creo que no soy el único que cuando vio el vídeo del paquetico de Amazon llegando en un dron a la puerta de una casa típica americana escuchó de fondo la clásica melodía de la película.

Drones hay, que el productor audiovisual murciano Alberto R. Siles lleva ya tiempo deleitándonos en Twitter con su experiencia grabando imágenes espectaculares con su dron particular. Lo que no entiendo es cómo todavía no vemos un dron grabando el Tour desde perspectivas inéditas, o en los Juegos Olímpicos… o si lo veremos en el Mundial de Brasil. No me extrañaría que nos acostumbráramos pronto a ver drones revolotear en los grandes acontecimientos deportivos, y de cualquier índole, en poco tiempo. La sombra del helicóptero sobre los prados en la Vuelta será otro de esos recuerdos nostálgicos.

No sé yo si estamos preparados para dronear el cielo de paquetes, pero la noticia de esta semana nos ha hecho darnos cuenta de que lo de los drones es una realidad. Que si Amazon va a repartir paquetes en drones, lo más lógico será que convivamos con ellos. Es decir, antes no teníamos móvil, y ahora ya lo ves. Igual en unos años tenemos un dron para bajar la basura, para ir a comprar el pan, para pasear al perro, o para que nuestra madre nos mande un tupper con croquetas que han sobrado de la comida. El límite es nuestra imaginación. Mandar un dron al Café Bar un domingo por la mañana y que vuelva con una bandejica de ensaladilla... Drones para bajar la sombrilla a la playa, drones camarero… A saber.

“Ahora la gente tiene caballos, pero no los usan como medio de transporte”. Así ve las cosas Bezos, con perspectiva. El multimillonario creador de Amazon dijo cuando compró el Washington Post que el periódico sería un objeto de lujo dentro de unos años. Puede que tenga razón, y muchas de las cosas que hoy son normales, como el trato con un camarero, o visitar a tu madre y volver a casa con un tupper de croquetas y unos besos, sean dentro de unos años, lujos en proceso de olvido. ¿Qué te parece lo de los drones? Vale. 

Foto: Marty McFly y el Aeropatín

09/12/2013 11:35 achopijo #. sin tema Hay 3 comentarios.

'Folitraque'

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El otro día fuimos a Blanca a pasar el día. A la inauguración de la expo ‘Folitraque’ de Ángel Haro, en el Museo de la Fundación Pedro Cano. Cuando era un zagalico me pasaba las horas jugando con los clicks al fútbol y narrando los partidos. De ahí me vino lo del periodismo. Recortaba cajas de zapatos y redes de las naranjas y limones, y montaba unas porterías curiosas. Hacía gradas con madericas, y usaba todo lo que pillaba por ahí para cualquier cosa. Candados que servían de focos, cables que delimitaban el campo… Al final, en mi caja de juguetes, la que estaba roída y desgastada, la de todos los días, lo que había era eso, Folitraque, y era, de largo, lo que tenía  más valor en mi habitación. Por eso la guardaba debajo de mi cama.

Alguno me dice de vez en cuando que parece que escribo recuerdos de hace muchas décadas… pero no, no fue hace tanto. Si acaso una década, larguica (vamos a dejarlo ahí) después de que Ángel Haro hiciera sus pinitos con sus cosas y su Folitraque cuando zagal. De aquellos juguetes, de aquellos sueños y recuerdos, nace lo que hoy puede usted degustar si decide visitar la exposición.

Más allá de ver juguetes inventados utilizando de una forma que roza la genialidad cosicas de esas del cajón de las herramientas o el trastero del huerto, lo que se puede hacer es paladear recuerdos, pinzas, cuerdas, canicas, palos, metales, fichas, chapas, envases, botellas, cartones y botones. Todo lo que alguna vez han sido barcos, coches, autobuses, tractores, naves espaciales, porterías, cohetes, tigres, motos, lanchas, espadas y caballos… Los monopatines pegando dos partes de una pinza, el balón aquel que hacíamos con papeles y cinta aislante, las porterías de cartón... El paseo por la sala es un paseo por los ratos tumbado en el suelo, esforzándote por recortar y pegar, tal y cómo lo veías en tu imaginación. Ahí Haro alarga la pericia hasta la perfección.

Todo aquello, lo del cajón en el que había de todo pero nada servía si no era para inventar, es el Folitraque del que habla Haro. Piezas que ya no sirven por sí solas, pero que pueden convertirse en el mayor de tus sueños si le ponemos imaginación, ilusión, ganas... Ya lo ven. Es muy fácil coger el buen rollo que se respira en la nostalgia de los juguetes de la infancia y darle forma para afrontar el día a día. Una, dos, tres o cuatro décadas después. Qué más da. Hoy hay tanto que parece que no sirva... Vamos a ponerle ilusión, que vivir es jugar, y yo quiero seguir jugando… como dice el Maestro Calamaro.

No sé si Haro compartirá esta lectura tan optimista, pero ha sido con la que me he quedado yo. Luego pueden respirar aire puro junto al Segura, relajarse escuchando cómo surca las cañas el río, disfrutar de un bacalao de categoría en el Restaurante Gurea, y admirar, en su patio, una campana de Tàpies. ¿Para qué usabas el Folitraque? Vale.

Foto: Con Ángel Haro, en 'Folitraque' (Fundación Pedro Cano, Blanca)

18/12/2013 12:04 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Maestros de ilusión

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Nunca olvidaré sus sonrisas, sus miradas, sus gestos... Desde el mismo instante en el que se produjeron, incluso antes, sabía que iban a ser para siempre, y lo serán. Son niños, niños con sueños, ilusiones y fantasía… me repetía Pepa Astillero, a la vez que me daba el consejo más universal que existe, que fuera natural, que me dejara llevar, que los niños es lo que más aprecian. Tuve suerte. Lo hice, como lo hago todas las noches contándonos cuentos con mis hijos, y además, tenía la inmensa ventaja de que afuera quien estaba era Papá Noel, y le dejé salir todo lo que pude. Fue como tener una llave mágica para entrar en el pequeño mundo de fantasía de los niños que estaban esa mañana en el Servicio de Oncología Infantil del Hospital Virgen de la Arrixaca.

Con el peine de Fito Huevofrito, que me acompañó durante todo el recorrido y puso a mi disposición su genial experiencia payasa de maestro, L. peinó la barba de Papá Noel, y dibujó la primera sonrisa inolvidable. Con E.L. charlé abonico sobre lo fuerte que Papá Noel sabía que era ella, por lo que era él quien tenía ese día muchas ganas de verla, y de hacerse una foto con ella. Así fue con todos los demás. El gordito anciano del trineo sólo trató de hacerles protagonistas, poniendo toda la alegría que pudo por demostrar que era él quien tenía ganas de verles a ellos ese día, a sus campeones, a quienes sigue día a día desde su casa en el Polo Norte.

En otro lugar, M. nos cantó la canción del Amigo Félix, con un ímpetu y una ilusión que jamás había visto en nadie. Con el desparpajo de una gran estrella, llenó la habitación con sus carcajadas. M. fue la primera en su planta. Tan guapa como siempre la había visto Papá Noel, porque desde su trineo, la ve todos los días. Sonrisas, sencillas, leves… o simplemente un gesto de atención, que por un minuto, cambia todo.

Con D. y M. hablamos de cómo corre Rayo McQueen en la nieve de Laponia, y lo simpático que es Mate, sobre un dibujo que acababan de hacer. Al despedirnos, D. miró a Papá Noel a los ojos. Por un momento dejé de sentir la barba, el gorro, el traje rojo… Aquella mirada era de una fuerza absolutamente única, y le miré sin defensa alguna. Papá Noel desapareció por un instante. A veces la magia y la ilusión están en la más pura realidad… Por imposible que sea aceptarla o entenderla. Fue D. quien cambió el gesto, y me sacó de la realidad, moviendo su mano para despedirse de Papá Noel, a la vez que me regaló una lección que trataré de no olvidar ni un solo día de mi vida.

Y después, volviendo por la autopista, alguien adelanta por la derecha, una familia discute en el coche, alguien pita en un semáforo… y sólo puedes llorar con rabia e impotencia, por lo que has vivido, como suponías que pasaría, pero también porque el mundo no sepa utilizar el gigantesco poder que tiene la ilusión con la que nacemos, y vamos perdiendo. Una ilusión con la que, al menos, pueden seguir luchando miles de niños todos los días, en miles de hospitales de todo el mundo, y que es un ejemplo con un valor incalculable para todos. Fue el mejor regalo que he recibido nunca. Vale.

P.D. Gracias de todo corazón a Pupa Clown, por su confianza, y por la inconmensurable labor que realizan desde hace más de 20 año

Foto: Visita a la Arrixaca con PupaClown (Saturnino Espín)

23/12/2013 10:14 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

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