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La primera mirada

Apretaba la mano con todas mis fuerzas, con la suya entre mis dedos, dejando escapar sólo una caricia. Desde el corazón, latía una música apagada de cariño, incertidumbre entre nebulosa y luces pálidas. Olía a ella. A esos besos debajo de las sábanas. En cada mirada, notaba cómo el bombeo de aquellos sentimientos traspasaba nuestra piel, y se unía en algún punto entre los dos. Fueron minutos muy largos, segundos que sólo podían respirarse en suspiros, cuando llegaba la última contracción y toda la fuerza de nuestras manos se unió cerrando los ojos a la vez.

Recuerdo no poder tragar saliva. No poder respirar con normalidad y sentir el corazón fuera del pecho, latiendo despacio, en un solo tiempo. Un leve mareo, y cómo los gritos se quedaban ciegos entre las luces blancas de hospital. También quedan los detalles, la preocupación, los miedos superados con cariño y confianza, y esa caricia contenida de fuerza en un apretón de manos tan esencial como un abrazo en los que te vacías el alma.

De la nebulosa de todo aquello, como se resquebraja un cristal en mil pedazos que se convierten en algodón, surgió un llanto que sonó tan familiar que no es posible describirlo como tal, porque no fue un llanto, fue una declaración de amor incondicional y eterno. De repente todo se aclaró, dejamos de sentir las manos, al abrir los ojos, cuando la matrona me ofrecía al bebé, apenas unos instantes después de todo. Lloraba pausadamente. Acompasado. Como sollozando. Sin pensar, abrí los brazos y lo acerqué a mí, sujetando su cabecita. Antes de nada la miré a ella, me giré para que nos viera. Levantó la cabeza, aún exhausta por el esfuerzo, y dos lagrimones cayeron por sus mejillas muy despacio. Sonreí, y le miré a la cara por primera vez.

-Hola Guille, le dije. Había dejado de llorar. Levantó las manitas entre pequeños espasmos, frunció el ceño y abrió los ojitos con un gesto que hoy, cinco años después, sigue poniendo cuando le llamas por su nombre. Abrió los ojitos, los cerró enseguida y los volvió a abrir. Me miró fijamente unos segundos. Sentí que me había reconocido. Como si estuviera pensando: -Esta es la voz que me cantaba desde fuera… casi, como si dijera ¡Papá!, tal y como lo dice ahora, cuando le recojo en el cole, como lo dirá dentro de muchos años, cuando sea... y entonces sentí que las lágrimas de Pilar recorrían mi cara. Me temblaron las piernas, y recuerdo que pensé que aquello no era posible imaginarlo.

Guille se acurrucó en el pecho de su madre, que le besaba la frente desfallecida, casi dormida. Hace cinco años. El recuerdo de aquella mañana se hace más claro y nítido cada año que pasa, y con el tiempo sigo descifrando todo lo que significa aquella primera mirada curiosa, cálida, única, como si la vida fuera un rompecabezas que va apareciendo con el tiempo, pero que desde el primer día, sabes, de alguna forma, que vas a ir descubriendo. Feliz cumpleaños, Guille. Vale.

13/05/2013 23:08 achopijo #. sin tema Hay 5 comentarios.

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