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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2013.

Amuletos

Un buen amigo cree fervientemente en que repetir indumentaria, al menos camiseta y zapatillas, tras una victoria importante de su equipo influirá en el siguiente partido a favor de los suyos. Hay cirujanos que si no utilizan su pañuelo de la suerte para cubrir su cabeza no pueden utilizar el bisturí con la misma soltura. Conductores de camión que no podrían realizar sus rutas diarias de cientos de kilómetros si no colgara de su espejo retrovisor el diente de tiburón, los dados de la suerte, la pluma india, la Virgen de su pueblo o la foto de su familia. Un amigo futbolista jugó toda su carrera con una moneda de cinco duros del Mundial 82 cosida a la espinillera de su pierna izquierda. Una piedra, una canica, una chapa, un trozo de tela, cruces, monedas, un clip, figuritas, un hueso de fruta… Los amuletos son cualquier cosa y casi siempre detrás de ellos hay una historia íntima que los acredita.

Mi abuela tenía un huevo de madera para coser calcetines que para mi era mágico. Recuerdo que antes de ir a coger la caja de los juguetes, le pedía que sacara la caja de costura. Era perfecto. Brillaba y era suave. Siempre le proferí cualidades fantásticas a aquel huevo de madera. Mi abuela se reía mucho de aquella admiración que sentía por el huevo. No la entendía, pero le encantaba que yo quisiera siempre verlo antes de ponerme a jugar, al llegar a su casa. Pero comprobar que estaba allí era especial. Ella lo sacaba con cariño y suavidad. Recuerdo sus manos sobre la madera, sutiles, y su cara de misterio hablándome en susurros. Si el huevo estaba, todo iba bien en casa de mis abuelos. Creo que ha sido el amuleto más llamativo que he tenido en mi vida.

El resto, los he ido perdiendo. Casi siempre cosicas temporales, llaveros, alguna pegatina... Todos, menos uno. Un bolo de acero del tamaño de una cereza que me encontré en un solar de La Manga buscando papeletas de Grimanga, hace unos veinte años, y que guardo en el cajón de la mesilla. De vez en cuando lo aprieto con la mano, o le doy un beso, sin saber muy bien por qué… Cuando nacieron mis hijos, descubrí que todo lo que llamamos amuletos no es más que nuestro osito de peluche, o nuestra mantita. Desde que nacemos hay cosas que nos dan seguridad, que hacen que sintamos familiaridad. Totti y Pirlo, un elefante y un osito de peluche, siguen siendo los amuletos de mis hijos… ¿Cuáles son los tuyos y cuál es su historia? Vale.

04/09/2013 11:53 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Mon

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Es imposible no tener la imagen de Monchi, con su gorro de pescador del Real Murcia, sonriendo siempre, cuando toca acordarse de él. Más que por el gorro, por la sonrisa, porque Monchi es el paradigma de la mejor bio de Twitter en la actualidad, la de su amigo Oliva: Tú no te preocupes. Y mira que el bueno de Monchi ha tenido preocupaciones desde que era un zagalico del barrio de Rector Loustau, como a los chicos de nuestra calle nos gusta decir. Un barrio de cinco edificios en el que todos nos conocemos al dedillo desde que jugábamos partidos de patio en patio, y a veces, en el campo del Colegio San Pablo. Monchi, ahora más Mon, que la barba y su preciosa hija hacen que el nombre se le haya avejentado, ha ido despejando balones en la vida con la sonrisa, y un buen puñado de buenos amigos. Y eso, sobre todo, ha sido porque él ha sido siempre un buen amigo.

Es un líder. De esas personas con chispa y estrella, con algo especial. Es de los que empieza cosas y las termina, algo que además hace sin que quede esa impresión. Será por ese gesto, entre dominicano, cubano y castizo español, o por el gorro de pescador. Pero ahí le tenemos, en la cresta de la última ola que decidió surfear. Mon salió campeón en sus oposiciones, porque ser maestro ha sido su vocación en esta etapa tan puta de la vida, en medio del temporal de la crisis y a mitad de la década de los treinta, en una lucha voraz que todos llevamos a cuestas contra nuestro complejo de Peter Pan. Campeón, absoluto. No os perdáis los lipdubs que se ha marcado con sus pupilos estos años atrás, que sólo con haberlos presentado al tribunal ya le habrían dado la copa de número uno, y no hubiera hecho falta test, ni días de nervios. Tampoco os la juguéis con él en una apuesta, o a la Play... perderéis.

Este fin de semana da un paso más hacia Ramón. Se casa con su chica, Sisi, la madre de su hija, dándole un portazo al destino, al pasado y agarrando un presente especial para no dejarlo escapar. De aquel Monchi le sigue quedando casi todo, y del Mon de los últimos años, igual. Durante algún tiempo, fue Don Ramón, hincha murcianista exigente a la vez que incondicional, algo de lo que muy pocos pueden presumir. Ahí es nada, organizó él la verdadera fiesta del centenario murcianista. En su día, olvidé agradecerle muchos, muchísimos ratos de fútbol y murcianismo en la interminable lista de agradecimientos de aquel librito que recopilaba artículos… quizás aquello se quedaba pequeño para él. Aquí, mi felicitación achopijera para nuestro Monchi, uno de los grandes del barrio de Loustau. Vale.

Foto: Mon, sonrisa de fútbol, celebrando el Mundial

06/09/2013 09:39 achopijo #. sin tema Hay 6 comentarios.

Goteras

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Lo de las goteras el primer día de cole era algo que pasaba. La gota fría, cuando las nubes de tormenta se acercaban a la ciudad por el Santo de Monteagudo, llegaba con los primeros días de clase. Murcia ha sido mucho de botas de agua y manga corta, y ya podían poner silicona a espuertas en los techos de los colegios, que con los aguaceros huertanos no podía tejado alguno. Por eso muchos, cuando caía la gota fría, no iban a clase. Había claro peligro de tener que volver a casa o pasarse el día en el patio cubierto, embarrados de serrín, jugando a la una la mula.

El comienzo del curso político también me recuerda a goteras pasadas. Una vez se nos inundó la redacción un septiembre, de gota fría. Algo raro, que estábamos en un céntrico entresuelo, pero pasó. Por allí, a principios del curso político, siempre pasaban grandes monstruos del periodismo regional, con esos aires bohemios, barba canosa y mirada incisiva, masticando vaticinios políticos por cada esquina del periódico. Juan Redondo, maestro de maestros, nos daba la bienvenida y dejaba caer dos o tres rumores que al poco se convertían en noticia, como aquel día que las goteras casi se cargan una edición.

Parece que ahora, con todo lo que estamos pasando, desde el relaxing cup of café con leche, pasando por las grandes superproducciones de mangoneo y corrupción, menos mal que la prima se aleja del riesgo, la simbología de unas goteras en el Congreso es la culminación de la decadencia española. Imaginé a Pepe Gotera y Otilio, escalera en mano, currándose el arreglo en el Congreso, y el suelo de las tribunas lleno de serrín, mientras los diputados jugaban al churro, media manga, mangotero en los pasillos libres de agua, esperando. Al fin y al cabo esto es España, pijo, y unas goteras, aunque el cuerpo nos pida metáforas, son sólo eso, unas goteras de septiembre. Vale.

Foto: Pepe Gotera y Otilio

11/09/2013 12:35 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Una historia de Queens

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Pongan un disco de Miles Davis, siéntense en el sofá, agarren un cojín de los grandes, pónganselo debajo del periódico, dejen a mano el zumo de naranja, si está desayunando, o el Negroni con aceituna si es la hora del aperitivo, y dejen que pase la luz del sol por la ventana, porque vamos a hablar un poco de Nueva York, y otro poco de Murcia, en este retorno dominical.

 

Javi y Nai se fueron a estudiar inglés a una casita de Queens. Pasaron así su verano, entre coreanos, rusas, alemanes y neoyorkinos, oliendo a cebolla frita, utilizando a Enric González como literario guía turístico, y poniéndonos los dientes largos a los que andamos enfrascados en mejorar nuestra refinada técnica en construir castillos de arena y perder partidos a fútbol playa. Cuando Alberto Caride, compañero, fresquísimo poeta murciano, llegó a la Librería Barco de Papel, en una callejuela del gran Nueva York, a recitar su Narciso Despeinado, no se podía imaginar que él iba a ser el protagonista de una de esas pequeñas historias de casualidades que vemos en las películas.

 

Facebook ha hecho que el pañuelo sea un mundo, porque el mundo es algo mucho más manejable. - ¿Vuestra casa está en Queens? pregunté a Javi cuando me contó su viaje… Justo el día en el que Alberto Caride, en su muro, colgaba que en pleno agosto recitaría su poemario en el barrio de los Mets. - Pues tienes que ir a escuchar a Alberto y darle un abrazo murciano.

 

Lo grande de conocer buena gente en muchos sitios es que a veces tienes la oportunidad de juntarla, aunque no muchas de hacerlo en la otra punta del mundo. Así que allí se plantaron, y se conocieron, y hablaron con unas cervezas, y se dieron un abrazo y disfrutaron de la poesía made in Murcia, y vivieron un momento de esos que son agradables, como si alargáramos aquel instante en el que se cruzaban en Asturias dos coches con matrícula de Murcia y se pitaban.

 

Días después, en la clase de inglés, había que proponer una palabra en tu idioma materno para que todos la intentaran decir. Javi, que es mitad murciano, hizo que una chica coreana que no sabía quién era Jesucristo, dijera con el mayor esfuerzo jamás visto, y la mayor perplejidad: Paparajote. Este año, en Queens, hemos dejado un fino recuerdo de la tierra flotando en el idílico mar de las pequeñas historias neoyorkinas. Apuren el zumo… o el Negroni. Vale.

Foto: Alberto Caride, recitando en una librería de Queens el pasado mes de agosto

16/09/2013 11:14 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

¿Una hora menos?

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Decía un paisano de El Ferrol que él se levantaba a las cuatro, hora solar, y  que al cabo del año a los gallegos les debían casi un mes en horas de luz desaprovechadas, y que si los gallegos están deprimidos y Galicia no era una superpotencia era porque les habían robado los días y las noches durante medio siglo.

 

Miren el mapa. Finisterre está más cerca de Nueva York que la parte más occidental de Irlanda, es decir, el sol les pega en la frente un buen rato después que a los dublineses, por no hablar de los londinenses… el sol llega mucho más tarde, y más aún en los relojes, una hora, que son dos a veces y hasta tres según la estación, sin relojes de por medio... Decía el ferrolano que sus hijos merecían retrasar el reloj dos horas para que su generación recuperase la vida que ellos habían perdido, así con cabreo gallego. No le faltaba razón al compadre.

 

Si por algo habría que dialogar lo de la vuelta a la hora que nos corresponde por situación geográfica sería por la tradición de la hora menos en Canarias en las radios, que no íbamos a poder acostumbrarnos fácilmente a que empezara el informativo diciendo que son las dos de la tarde, la misma hora que en Canarias, porque habría que decirlo, al menos un tiempo, que el desenganche no fuese tan traumático.

 

Aunque mucho ojo que tal y como está el tema en Cataluña, con el asunto de las horas solo falta que digamos que España no es Europa central para el horario, que eso y ponerle a Artur Mas un lacico con señera, estelado y perfumarlo es lo mismo. Y es que Cataluña queda cortada por Greenwich como si el meridiano lo hubiera puesto ahí el mismísimo Carod Rovira, para darle morbo al asuntico. Ya estoy viendo a Tardá decir que si España se quita una hora, Cataluña se suma dos y se pone el horario de Ucrania, que ellos son Europa oriental si hace falta.

 

La cosa podría terminar con las Canarias por fin a nuestra hora, y las Baleares con una hora más, que si en el tema islas hemos respetado las horas solares, a los baleares habría que hacerles la gracia por el mismo precio. Así que no se extrañen si nuestros hijos crecen escuchando en los informativos lo de que son las dos de la tarde, una hora más en Baleares. ¿Estás de acuerdo en volver al horario europeo? Vale.

 

Foto: Mapa de husos horarios en Europa

23/09/2013 09:19 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

El Búho

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Aurora coleccionaba búhos. Así que cuando aún no estaba generalizado lo de los imanes en el frigorífico, de todas las excursiones volvía con un búho pequeñico para colocarlo en la colección. Por eso en mi casa siempre ha existido un pequeñico ‘País del Búho’. Pero ninguno de los buhicos de la colección fue el que titula la columna de hoy. Tampoco el búho del las sierras y el campo de Murcia, que va a volver a optar a convertirse en Reserva de la Biosfera, con fantástico criterio y renovadas ilusiones. No. El búho del título es el de la Plaza de Santo Domingo, y es una leyendica murciana, una más, de esas que podrían salir en las guías turísticas y servir de reclamo... Al pasear por Santo Domingo, disfrute del mejor helado de yogur del mundo, y mientras, guarde silencio, si escucha cantar al búho del ficus que habita en la plaza desde tiempos inmemoriales junto a su chica, será que el amor es verdadero...

 

En el corazón verde de Murcia, junto al recuerdo de Don Ricardo Codorniú, quien reforestó Sierra Espuña y ayudó a la recuperación de muchas de las especies que viven en las sierras y campo de Murcia hoy día, en el gran ficus de Santo Domingo, vive desde que el abuelo de mis hijos era un zagalón, un búho misterioso que canta armónicamente. Silba algunos días del año, al atardecer, entrada la noche, o de madrugada, y le pone una nota sostenida de intriga a quien pasea y es capaz de escucharlo. Siempre pensé que sabe perfectamente cuando cantar, porque sabe quién le oye, como si tuviera algo que decir a quien pueda escucharle. Dice otra leyenda, que el búho silba para uno, y que dos no pueden escucharlo a la vez… a no ser que estén realmente enamorados.

 

El búho misterioso de Santo Domingo es una pieza más, de un lugar legendario. Muy cerca de allí, quien sabe si mientras cantaba el búho, se conocieron Federico García Lorca y Miguel Hernández. Testigo de mil historias de amor, y el ir y venir de toda la ciudad, sólo algunos han escuchado ese canto único, invariable, un silbido corto y grave, que rebota en las fachadas. En las horas de silencio, puede llegar a oírse en la Plaza del Romea.

 

Cuando pusieron el búho gigante en el Moneo, me acordé del búho de Santo Domingo. El País del Búho hizo renacer su leyenda, pero ya no lo he vuelto a escuchar… Quien sabe si el búho, lechuza o un cuco, da igual, siempre será un búho, tiene a otros quienes puedan escucharle cantar, en sus paseos solitarios por el centro de Murcia. ¿Has escuchado al búho de Santo Domingo? Vale.

 

Foto: Estatua de Ricardo Codorniú, apostol del árbol (regmurcia.com)

30/09/2013 09:12 achopijo #. sin tema Hay 1 comentario.

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