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El Tomasso

Todos los que estamos aquí tenemos en la mente la imagen clara y concisa que interpretamos perfectamente cuando leemos, escribimos o escuchamos la palabra, el nombre de Tomasso. TOMASSO. La tenemos grabada a fuego en una pared del corazón, cosida a diferentes recuerdos imborrables de nuestro querido amigo con una transparencia que, si nos ponemos a pensar un rato, sorprende. Y es que Tomasso es una alegoría a lo familiar y cercano que nos ha dejado, desde el primer día, este tipo de manos grandes, cejas de peluche y alma de estrella de cine de los cincuenta. Muy poca gente logra alcanzar una plasticidad mayor semántica y sentimental entre unas letras y un alma. Es el síndrome de Carl Lewis, Mohamed Alí o Humprey Bogart convertido en nombre de personaje tierno. Tomasso es una marca enorme, aunque en un círculo que se le queda pequeñísimo. Aunque sea un círculo de muchos quilates… claro.

Un abrazo de Tomasso es como el suspiro de un querubín dentro del espíritu, y se queda minutos largos después impregnado a tu piel. Quien le bautizó con este italianismo sabía lo que hacía… tanto que ya hasta dudamos que el nombre haya hecho a la persona tanto o más que al revés, una genialidad fruto de un amor único de un padre a sus hijos, que en lo de bautizarles con el acierto de un Dios es un don demostrado empíricamente.

A veces interpreto su nombre ya como un clásico murcianísimo, incluso he traspasado la barrera de verlo como un nombre originario del Rincón de Beniscornia, que si un día perdido por esos merenderos del extrarradio que tanto le gustan nos atiende un rapaz que se llama Tomasso no nos sorprendería, ni pensaríamos que estamos en un pueblo siciliano, casi lo veríamos como un normal desarrollo del tomassismo murciano, ése en el que la Estrella da acidez y bebemos Mahou con tranquilidad huertana. Conseguir que un nombre italiano pinte murciano… Sólo tienen que acompañar a Tomasso un día y verle cómo se pimpla un pastelico de carne y echa cerveza en los vasos como lo hacía El Yiyi en su bareto, que eso y ver ondear una bandera de Murcia es lo mismo.

Tomasso. Cierren los ojos y díganselo lentamente para adentro. Si quieren, y conocen al Chiri, escuchen su nombre dicho por él, porque poca gente lo dice con más veneración y devoción, dándole su verdadera plasticidad identitaria. También pueden pensar en cómo le llama Edu, otra de las llamadas a Tomasso que se harían meme en dos días, que pocas cosas hay más características que el corazón de Edu, Edu es un corazón con piernas, llamando al Tomaaaaaaaassso!... Hagan la prueba… Sí, les pasará como a mí. Sonreirán sin remedio.

Yo veo un número ocho, un control orientado, un tipo que te abraza de rodillas, una canción de Robbie Williams, un jersey sesentero, un polo del Real Murcia y una victoria del Madrid en Alemania, aderezado todo con algún que otro inolvidable amanecer juntos... Y a un grupo de amigos que le agasajan como a un grande. Si en esto de la amistad repartieran Oscars, Tomasso tendría cuatro o cinco estatuillas, sería un De Niro, un Nicholson, un Robert Duval de la amistad, y todos los años presentaría a un premiado con el que todos estarían de acuerdo.

Otra cosa que ha hecho Tomasso es hacernos sobrinos de Tomasso padre. Ojo. Que es tanto Tomasso El Tomasso, que a su padre le llamamos Tomasso, muy por ese afán preciosista con el que Pedro Caballero utiliza la exageración ceheginera. Aquí la cosa ha ido al revés que en Mula con los León. Desde que tenemos uso de cerveza hemos parado con los Tomassos y tomases, que si decimos Tomases es que está el Tomi, arreglando el mundo, especialmente el del fútbol, pero no hemos hecho ascos a nada. Cómo íbamos a hacerlo si con Tomasso al lado las manecillas de los relojes se vuelven de plastilina… Que se lo digan a su vecino Fran, que se llama como Paco Martínez, pero al revés, y tiene el mismo desparpajo, aunque uno en la lengua y el otro en los pies… (vaya pareado…) Con Tomasso el tiempo no cumple la teoría de la relatividad. Cumple la teoría de la amistad. (y otro pareado…)

Y ahí lo tenemos, con su Eva del alma, cómo no. Ava Gardner, Audrey Hepburn y Catherine Zeta Jones podrían querer parecerse a ella… Una maravilla de la felicidad, la que tienen allí arriba. Un mediocentro recién llegado al barrio residencial de Münich… nada que envidiarles. Abrazos de Tomasso todas las noches… para qué más. Ya lo sabes bien, Eva. Y lo sabemos todos… Así que sólo me queda, Tomasso, desearte que hoy disfrutes como sabes, que nos hagas disfrutar como sabes, y que el resto de tu vida hagas disfrutar a Eva como tú sólo sabes. Estamos seguros de que así será. Luego nos arrodillamos y nos damos un abrazo enorme. Vale.

09/12/2014 23:17 achopijo #. sin tema Hay 2 comentarios.

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