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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2014.

Siete tapas

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Como si fueran las siete maravillas de las barras murcianas, o simplemente una recomendación personal para echar un picoteo que ocupe los siete días de la semana, hoy Achopijo se transforma en lo que es, un blog de costumbres murcianicas con su ventanica dominical en el periódico en el que poder inventarse listas agradables, como la que cada mes publica Nacho Tomás (los 10 tuiteros del mes) o la que recientemente elaboró Javier Ruiz en su Diario de Marko Ramius, que ha revolucionado la red estos días con sus 31 lugares imprescindibles de la Región de Murcia, por cierto, no se lo pierdan.

Estoy seguro de que no son las mejores, ni están todas las que son, ni son todas las que están, o como se diga. Cuando un jugador mete un golazo, suelo decir que en ése preciso instante puede que haya sido el mejor del mundo, por esa acción. Lo explico y suelen mirarme raro, aunque tronchándose. Con esta selección de tapas pasa lo mismo. Son siete tapas que he catado últimamente y que considero, hoy por hoy, siete maravillas de la gastronomía aperitivística murciana. Siete tapicas esenciales. Vamos con ellas:

 

1.      Croqueta de Sepia (El Pasaje de Zabalburu). No la pongo en primer lugar por casualidad. No sé el tiempo que pasará esta maravilla en el primer lugar de la clasificación, pero hoy por hoy se ha aupado ahí por méritos propios. A cualquiera que venga de visita, además de los clásicos, hoy le llevaría al Pasaje a que probara esta delicia negra, con su espumica de ajo, y esa textura esencial de la sepia en su propia tinta. Imperdible.

 

2.       Anchoa en salmuera con pimiento (La Tienda de Susano). No sé cómo sería la tienda de ultramarinos del Susano, en Molina, pero adentrarse en la esquina de Trapería es como viajar en el tiempo. Shana limpia con esmero y cariño anchoas de Santoña bajo un hilo de agua, mientras puedes tomarte un vermú y degustar espléndidos filetes de salmuera con pimiento del piquillo y echar una lagrimica mirando a la Torre de la Catedral.

 

3.      Caballito del Churra (El Churra). Podemos hablar de pastelicos de carne, de ensaladillas y de las mejores cañicas de Murcia y cada maestrillo tiene su librillo. Si incluimos los caballitos a la lista la cosa se abre un poco más… Será porque no han probado los caballitos de El Churra, auténticas obras de arte del rebozado murciano, que por cierto, merece artículo aparte, ya que somos cuna, como de tantas otras cosicas. No se los pierdan.

 

4.      Bacalao rebozao (Luis de Rosario). Si digo que es uno de mis sitios fetiche igual canso, pero es que no he probado bacalao rebozado mejor en ningún sitio. Será por el ambiente, por lo castizo del barrio, o por el excelente vermú casero que se gastan en el rincón del tapeo con más solera de Murcia, pero si hay siete tapas a probar en Murcia, el bacalao del Luis de Rosario es una de ellas. Lo de magenta lo digo yo, que para eso soy de Lunes Santo.

 

5.      Empanadillas fritas (Café Río). No lo frecuento mucho, pero cuando se acerca el Bando, vuelve todos los años el ratico en la barra exterior del Café Río, donde esperamos a la Virgen desayunando empanadillas fritas. Otra tapa clásica que cuenta con algunos maestros esparcidos por la ciudad. Bien, las del Café Río son un ejemplo perfecto.

 

6.      Marinera (Café Bar). No se puede hacer una lista de siete tapas murcianas y no meter una marinera, y no se puede meter una marinera en una lista y que no sea la del Café Bar, Cafeto, Cabina de Teléfonos, Alfonso X, o como sea que usted le llame. Si hay un clásico en Murcia es la marinera del Café Bar. Dentro muchos años, aquí seguiría. Sin duda.

 

7.      Pulpo al horno (Bar Fénix). En lo del pulpo también ha controversia molona, esto es, según la semana la clasificación varía, y ahora intuyo más igualdad que nunca. Pero en esta lista no podía faltar un clásico, y menos, la Plaza de las Flores. Pulpico al horno con maestría murciana, en el Fénix.

Aquí están las siete propuestas. Si me dejan, y sobre todo, si hubiera escrito esto antes de comer, podríamos llegar a las 107 fácilmente… pero a un paso de nuestras semanas bonicas, y con el #primaverano en ciernes, lo dejamos aquí. Eso sí, espero con muchas ganas sus propuestas… ¿Cuáles son tus siete tapas maravillosas de Murcia ahora mismo? Vale.

12/05/2014 08:39 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

El Estante

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Debajo del trono suena el esparto arrugándose para soportar el peso final del paso contra el asfalto. Entre toque y toque del cabo de andas el canto de esparteñas recorre las entrañas de la procesión formando una letanía de retorcida fuerza interior que acompaña los pensamientos durante la carrera. Es un sonido irregular, pero que en algunas fases de la procesión se escucha como un susurro que perfila hacia dónde hay que mover el cuerpo para seguir deslizando la imagen por el desfile. En las curvas cerradas de las callejuelas del centro, donde la gente ha acudido a ver la procesión porque les impresiona la cercanía de los tronos y las imágenes, y suele haber más silencio, se puede escuchar más allá de la burbuja de medias bordadas, ése sonido huertano que lleva recorriendo la Semana Santa de Murcia varios siglos.

Las esparteñas se desgañitan aplastando el esparto, cuando el empujón del trono termina por caer contra el suelo a través de los hombros de los nazarenos, y se doblan las varas. Si los estantes manejan con garbo, su estante no tocará el suelo, y no habrá interferencias para que el paso vuele sobre las calles estrechas, surcándolas entre crestillas de esparto. Cuando el silencio lo permite, todos pueden escuchar ése sonido que acompaña a los estantes en cada paso, bajo el trono. Como el desvencijar de la madera de las varas en una carrera un poco más larga, que recuerda, cuando ya no sientes la espalda, que los estantes, como todo en la vida, solo avanzan si lo hacen juntos.

Es en esos momentos, con el sonido de las esparteñas, el desvencijar del trono, el paso acompasado, cuando eres plenamente consciente de que todos los estantes son parte de la imagen, de la procesión, de la cofradía, de la Semana Santa, de Murcia… sientes esperanza. La armonía con la gente que te rodea es una de las claves para todo, y cuando gritas el viva al entrar a la Iglesia, junto a tus compañeros estantes, queda ir abrazándolos a todos, uno a uno, porque durante tres horas largas han sido exactamente lo mismo que tú. Salud y esperanza para todos los nazarenos estantes de la Semana Santa de Murcia, que sea provechosa vuestra carrera, y que el sonido de las esparteñas os acompañe en todas las calles. Vale.

P.D. Dedicado a todos los estantes de la Semana Santa de Murcia, y especialmente a los estantes de los Ángeles de la Pasión (Lunes Santo-Cofradía del Perdón)

Foto: Media de estante, Viernes Santo (Murcia)

 

12/05/2014 08:42 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Bando 1.0

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Era uno de los pocos días en los que hasta los huevones a los que había que esperar en todos los planes estaban a su hora en el sitio. Había que ver a la Virgen y luego almorzar pronto, que el día iba a empezar a coger revoluciones antes de que el sol alcanzara lo más alto. Sólo había que buscarse la forma de guardar el dinero, así que la bolsa, riñonera, imperdible o el instrumento que inventaras para el día del Bando era una complicación mínima. Lo que más se perdía en aquellos bandos eran las llaves, sobre todo si tocaba pegar botes con los Fenómenos Extraños en la Plaza de Europa…

Pero sin duda, lo que cambió para siempre el Bando fue el móvil, tanto, que deberíamos plantearnos un regreso al Bando 1.0. Unos dirán que la llegada del móvil fue para bien… otros no son capaces de imaginar lo que era el Bando de la Huerta sin móvil, por mucho que quieran. Las grandes historias de las horas reversibles del Bando comenzaban cuando había pasado media hora y no habías encontrado a nadie de tu grupo.

Sólo tenías por delante tiempo extraño y una hora de quedada por la tarde en la que sabías que a alguien encontrarías si ibas al punto de encuentro. En aquellos años, Las Trincheras, Santo Domingo o la plaza de Los Claveles, por poner algunos ejemplos. Incluso ese mínimo enganche con lo predeterminado, se hacía una carga. Sabías que incluso podrías no ir y luego decir que habías ido y que no habías visto a nadie. Eso era libertad, porque los enfados con la novia el día del Bando eran un clásico, y si no eran el final absoluto, para el Entierro la cosa ya se había enderezado. El Bando se dividía en dos. Las horas ‘h’ eran mediodía, y luego las seis de la tarde.

Una de las leyes de Murcia es que el día del Bando no se puede comer en barraca. Sin embargo en todo grupo hay un valiente que se atreve con ello, y todos hemos pasado algún Bando por barraca y hemos presumido de ello, claro que sí. Comer sentado o comer de pie era la otra gran lucha, pero el gran sueño murciano del Bando es hacerse con un coche viejo, rajarle el techo, rodearlo de cañas y llenarlo de comida y bebida. Muchos lo cumplen… Nosotros lo tenemos en el debe.

Así que llegaban las seis y podía pasar de todo, un reencuentro masivo era lo menos habitual… y terminabas el Bando con quien menos esperabas. Estaría bien convertir al Bando de la Huerta en la primera fiesta sin telefonía móvil del mundo, claro que sí, que además eso de recordar la tradición huertana móvil en mano no cuadra. Llenar la ciudad de inhibidores o hacer campaña “los huertanos no llevan móvil, acho”, “en las fiestas de Murcia no usamos móvil”, “en Murcia la cobertura la llevamos en el corazón” y cosicas así que igual cerramos algún telediario… y de paso recuperamos aquella bendita libertad de perderse entre la marabunta de fajines y mantones que se enredan en chalecos. ¿Te gustaría un Bando 1.0? Vale.

Foto: Cartel Bando 1955

12/05/2014 08:45 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Real Sardina C.F.

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El pasacalles sardinero de Alfonso X era llevable. Los zagales podíamos correr de lado a lado de la avenida para ver pasar a los grupos sardineros. El que entonces era presidente del Real Murcia, Juan Garrido, siempre nos daba buenos regalos. En casa, la semana de fiestas, me la pasaba inventando camisetas de equipos de fútbol para cada grupo sardinero, y luego jugaba ligas con los playmobil. Marte, Diana Cazadora y Eros eran los tres grandes... Hércules siempre iba rondando el descenso, que eso de llamarse como el equipo no le favorecía mucho… El peque de un buen amigo  ahora juega en su imaginación con un filial del Real Murcia al que llama Real Sardina C.F., un equipo idílico en el que todo lo malo del equipo pimentonero desaparece por arte de magia, y al que bancamos muchos pimentoneros. Los niños son la esencia del Entierro de la Sardina, y eso es algo que no podemos olvidar.

Había unas pelotas de plástico duro, que hacían un ruido horrible dentro de casa cuando botaban. Solían ser verdes y amarillas, y eran como un premio de consolación ante el balón de plástico con la publicidad de Cajamurcia, que era lo más cotizado. Hubo un tiempo en que coger un balón en el Entierro era un paso vital de ser un niño pequeño a ser un niño grande. Las espadas de plástico y los puñales con el cinto eran otro de los míticos juguetes del Entierro. A los dos o tres meses las espadas reblandecían, no sé si porque las usábamos para jugar en el baño llenándolas de agua, o porque ésa era su duración, sin más.

Había sardinas de todas clases, en plástico. Llorando, sonriendo, más grandes y más pequeñas. No servían para nada, bueno, para acompañar en el baño, cocinarlas en juegos o para hacer las veces de caballo de He Man, pero coger una sardina siempre era motivo de satisfacción. Era necesario para cubrir el expediente. Había quien, el lunes siguiente, llevaba a clase una lista de todo lo que había cogido en plan siete balones, cuatro pelotas duras, seis sardinas, tres espadas, un puñal…

También se hablaba de las carrozas, y de cuál había sido las más molona.  En aquellos entierros en los que cuando una carroza paraba delante de un balcón cercano que recibía miles, cientos de miles de balones, y mirábamos con la boca abierta pensando en que vivir allí era trampa, pero quién pudiera. Cuando ir a la quema suponía que ya eras mayor para acostarte de madrugada, y los fuegos artificiales ya no te daban miedo. Luego ya nos dimos cuenta de las brasileñas, las pegatinas, los hachoneros con el carrito… fuimos cambiando salir de casa preparados para cargar juguetes por salir con gaficas de sol, y cambiamos el desfile del Entierro por La Balonada en Las Trincheras… y ahora, volvemos a revivir aquel Entierro 1.0 con nuestros peques, de los que debemos aprender a verlo todo como lo ve el pequeño Javi, con su Real Sardina. Vale.

Foto: Clásica espada sardinera

12/05/2014 08:48 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

La Vía Verde

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Amaneció uno de esos días de abril en los que unos segundos después de asomar el sol ya sabes que va a ser espectacular. Ése sentimiento tan bonito que nos hace querer lo que tenemos cerca nos dice enseguida que hay que dar gracias por haber nacido aquí, en un lugar en el que el sol puede darle esa luz a todo lo que toca, realzando el valor de las cosas pequeñas. Nos había picado el gusanillo de la Vía Verde del Noroeste, y casi sin prepararnos demasiado, y siendo conscientes de que no teníamos el tiempo necesario, nos fuimos a la ribera del Segura en Alguazas para andarnos un tramico inicial, que el caso era empezar, como todo en la vida. Hay días que no se olvidan, sin que pase nada especial, sin que sean una fecha marcada en el calendario… El paseo que nos dimos hace unas semanas una soleada mañana de abril no creo que pueda olvidarlo nunca.

Era como una película de Disney. En cualquier momento las garzas y los mirlos iban a empezar a cantarnos una melódica cancioncilla entre las ramas de los preciosos chopos y las rosas, en pleno esplendor huertano, que dividen los huertos particulares que crecen sin medida en lo que un día fue huerta, arrinconados en las parcelas privadas. Una familia de patos nadaba río arriba, entre las cañas, y el agua verde del Segura clareaba de una forma que hacía mucho tiempo que no había visto Pilar en los meandros de la ciudad entre dos aguas, Alguazas. Los saludos de ciclistas y corredores, de todas las edades, y los buenos días de los lugareños, siempre con una sonrisa, alimentan el alma, y tras varios kilómetros te das cuenta de que no has mirado el reloj y sólo has usado el móvil para tratar de llevarte un recuerdo de aquellos momentos mágicos de un paseo normal, un día normal, por el corazón de tu tierra de siempre.

Hicimos trampa, y adelantamos unos kilómetros de ruta, para aprovechar el tiempo que no teníamos aquel día fantástico, y llegamos a Campos del Río. Aparcamos y seguimos la ruta, alejándonos del Segura lo suficiente para que el corazón de Murcia se convirtiera en un desierto lunar. Tierra gris y barrancos rectos bajo un sol de abril que a mediodía bien podría ser un eterno mitad de julio en aquel páramo extrañamente precioso. Silencio. Tierra. Luz cegadora. En cualquier momento estaríamos en medio de alguna escena tarantiniana con serpiente y oasis. No hay muchos días en los que todo parezca estar en su máximo esplendor, y ser consciente para disfrutarlo. Quizás sea la magia de la Vía Verde del Noroeste, una magia que será otra por la noche, cuando cientos de valientes la recorran completa en una carrera mítica. No les reto a ello, pero sí a que, si no la conocen, se atrevan un día a pasear por esa gran autopista para los sentidos murcianos que es la Vía Verde del Noroeste. Vale.

Foto: Río Segura por Alguazas (Vía Verde del Noroeste)

12/05/2014 08:50 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Todos a Nueva Condomina

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Levanta una Estrella. Levanta una Estrella amigo, busca tu Estrella, dónde está el sabor, dorada como el sol, fresca como el viento… como la amistad, transparente y fresca natural… La melodía resonaba en las fachadas de los edificios de la Avenida de la Fama y reverberaba entre los pasillos de la Plaza de Toros recorriendo los aledaños, qué bonita palabra futbolera, de La Condomina. José María García cogía el relevo en la vieja megafonía del Estadio para narrar un gol de La Opinión, y las banderas, grapadas a palos de madera de pino, con el escudo cosido en el centro, ondeaban en las esquinas cercanas. Un puesto de regaliz, y el sanedrín de viejos socios de toda la vida se arremolinaba entre olor a puro, boinas y palillos junto al puesto de almohadillas. Los sillones del Skipper eran la prolongación de la grada baja esas horas antes, y en los Hermanos Romero seguían sirviendo caballitos, marineras y palomicas frescas. Un cohete informaba a toda la ciudad del gol del Murcia, que podía escucharse varios kilómetros a la redonda, como aquellos arreones del mito murcianista por antonomasia, Don José Rico, Panadero de Archena.

Era época de medias blancas, pantaloneta corta y camisetas de raso pimentonero, y el fútbol estaba en un esplendor romántico, en el que los apretones de manos te llevaban de un club a otro, para lo bueno, y para lo malo. Murcia vivía una época de crecimiento escondido, en la que pasó rápido a convertirse en una ciudad grande, pero con sigilo. Fueron los últimos años del fútbol de siempre, la década de mayor gloria balompédica a orillas del Segura. Luego llegó el hundimiento, y a la vez, el fútbol moderno, y ahí nos quedamos. De alguna manera, ahí seguimos, sin haber podido dar el paso que en aquella década parecía que habíamos dado. A pesar de los descensos, aquellos tres años en Primera, jugando play off, con Guina, Moyano, Figueroa, Manolo… El portazo al fútbol de los apretones de manos y la llegada de Lo que el ojo no ve y la Liga de las Estrellas, dejó al murcianismo en un limbo extraño. Hoy, casi treinta años después, seguimos añorando aquellos ochenta, cuando, dicen, que fuimos el mejor Real Murcia de la historia.

Hace muy poco Iván Moreno, futbolista de hoy, me hablaba del compromiso de la plantilla de este Real Murcia. De la confianza con la que afrontaban estos partidos, y de la emoción que sentía cuando casi diez mil personas les alentaron en el último partido, con el campo a un tercio de capacidad. Quise transmitirle lo mucho que aún podía darle Murcia a él, y a esos profesionales que este año están dándolo todo desde la humildad y el esfuerzo colectivo en el campo, remontando partidos, dejando claro que no sólo a base de talonario y deudas se puede volver a soñar con superar a aquel Real Murcia de los ochenta, pero no pude hacerlo. Ojalá lo haga Murcia por mí, y empiece esta tarde, a las 17.00 horas, en Nueva Condomina. Vale.

Foto: Don José Rico, Panadero de Archena (estatua ya!)

12/05/2014 08:52 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Clisarse

Dice la leyenda, que en lo más profundo de la huerta de Murcia y del campo de Cartagena, allí donde aún comienzan los días antes de que cante el gallo, bajo enormes moreras, higueras y naranjos, hay algunos caballeros de la sacra orden del saber vivir, y algunas damas de la sabiduría huertana ancestral, que son capaces de dominar a su antojo la mayor técnica de relajación y descanso del alma que existe en el mundo entero, la acción humana que más acerca a los hombres a la divinidad, el mayor hito de la calma interior, más allá que cualquier ejercicio oriental de concentración. Muchos han saboreado sus mieles, cuando la gracia del destino les toca por un instante con esa suerte celestial, muchos ni han podido comprender qué les ha pasado, pero sólo unos pocos elegidos son capaces de hacerlo cuando quieren, como quieren, y casi, donde quieren. Sólo unos pocos elegidos son maestros en el antiquísimo y murcianísimo arte de clisarse.

Echar un clis, clisarse, clisear, clí, clix, quedarse clisao… No hace falta ser un estudioso de la etimología para buscar de dónde proviene el palabro, igual uno de los vocablos más murcianos que existen, por todo, por esa ‘ese’ que sí decimos en poquísimas palabras, y suena casi a silbido cuando va entre vocales. El juego que dan la ‘e’ y la ‘a’, junticas, y el abanico de posibilidades para elegir, con la variante clásica terminada en nuestra ‘ese’ muda. Pues sí, del griego Ekleipsis, que quiere decir desaparición. Abandono. No me digan ustedes que no es sabio el panocho, porque echar un clis es justo eso, irse. Abandonar lo terrenal y flotar unos instantes en un mar interior sin tiempo, ni espacio, ni velocidad... Por su puesto, sin problemas. Sin conciencia. Salir de uno mismo. Desaparecer. Hay cliseos hasta peligrosos, que alguno, dice la misma leyenda, se clisó y cuando volvió ya no era la misma persona.

 A media mañana, a ser posible con esa película finica de sol sobre la piel, cuando aún no pica demasiado el primaverano, bajo una higuera, una morera, un naranjo… un botijo cerca, la humedad de alguna pared blanquecina y un sombrerico de paja, en un banco de piedra, o en el suelo mismo, entornando los ojicos y cogiendo aire, tienes buenas condiciones para echar un clis puro, sencillo, sin alardes. Aunque el original, el que sólo está al alcance de los maestros, es el clis presiesta, hasta en la mesa, antes del postre, incluso en medio de alguna discusión o momento tenso, cuando parece imposible desaparecer, ellos, esos maestros únicos, lo hacen, y parece que les pasa, no que lo hagan adrede, en el clímax de la técnica. Se piran. Se clisean con desvergüenza, y cuando vuelven, todo es mejor. Ni yoga, ni Tai Chi, ni Reiki… reivindiquemos el clis como patrimonio, que dirían los Fenómenos. ¿Te has echado un clis alguna vez? Vale.

 

28/05/2014 19:47 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

'1988'

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Abran Youtube y escriban Never gonna give you up, Rick Astley. Pulsen play, y empiecen a leer escuchando el tema que era número uno de las listas de ventas aquel mes de mayo de hace 26 años. A mitad de semana, en un patio amplio del Barrio de la Fama de Murcia, treinta niños de diez y once años jugaban el PSV – Benfica, la final de la Copa de Europa, que iba a disputarse en pocas horas en Stuttgart. Aquel año el Real Madrid también había eliminado al Bayern, pero no pudo con el PSV de Hiddink, que acabó ganando la orejuda. En España el Madrid ya era campeón de liga, por tercera vez consecutiva, con Hugo Sánchez de pichichi. El Real Murcia había caído a la promoción, el año después de su mejor temporada. El Rayo iba a ser su rival el domingo en La Condomina. Mientras, el Cartagena había descendido a Segunda B como farolillo rojo de Segunda y el Lorca Deportiva salvó la categoría in extremis, en el grupo IV de Segunda B, en el que descendió a Tercera el Cieza.

Felipe González había anunciado que iba a participar en la campaña electoral catalana, y Ronald Reagan luchaba contra el déficit comercial vetando una Ley del Congreso. Aquel 1988 fue la visita de la Reina de Inglaterra a España. En Murcia, Collado cumplía cuatro años como presidente, recientemente reelegido. En aquel Gobierno Esteban Egea era consejero de Educación y Cultura, Pérez Espejo había sido nombrado hacía sólo un par de meses consejero de Sanidad y Fuentes Zorita de Obras Públicas. Vuelvan a youtube, y maravíllense con el tupé de Ricky, con aquellas gafas de sol que están hoy otra vez de moda. Mecano hacía historia en Francia con Mujer contra mujer y los Pet shop boys, triunfadores del SOS de este año, andaban acercándose al verano con el temazo It´s a sin.

Sandwiches de Nocilla, gusanitos naranjas, fanta de limón, y al patio a jugar al pañuelo, al churro, a la una la mula, al hong kong fui, al elástico, a las peonzas, a las canicas o a las chapas, según cómo hubiera tocado la época ese curso… a pocos días de recibir las notas con aquellos alegrones en forma de P. A. y positivos, y ningún N.M. que podían significar, con suerte, una moneda grande de 500 pesetas que nos daba para pasar el verano tranquilamente. Ya era época de flashes Chupol.

 Muy cerca de aquí, en Almería, Sean Connery y Harrison Ford rodaban Indiana Jones y la última cruzada. Sabrina era la chica el momento, seguía en la cresta de la ola tras su actuación la nochevieja anterior en la mítica ‘Boys’, y en la tele triunfaban las aventuras de un perro azul llamado Foofur, Cajón Desastre, Juan Tamariz con Magia Potagia, Los mundos de Yupi y las entrevistas de Terenci Moix. Rick nos dice una vez más que nunca nos dejará, que no nos mentirá, que nunca dirá adiós. Aquel 25 de mayo de 1988 salió a la calle el primero número de La Opinión, el mismo día que cumplí 11 años, en ése patio donde soñábamos con marcar goles en las finales. Never gonna let you down… Fundido a negro. Vale.

Foto: Yupi era una copia de Espinete con algo de Alf...

28/05/2014 19:53 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

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