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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2014.

Las maletas

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El revisor me preguntó con reparo, casi susurrándome, si aquel maletón gigante era el mío. Debió suponerlo al vernos con dos niños correteando por encima en los asientos, las bolsas, los pañales, el bebé llorando y la silleta bajo nuestros pies. Me levanté sorprendido y le acompañé al vagón de al lado. Al entrar al tren, media hora antes de su salida, como buen agonías de los viajes, fui el primero en dejar el equipaje bien pertrechado en los maleteros metálicos al principio del coche. Los encajé como si fueran tres piezas largas del tetris, dejando espacio para todos los demás. Contento de haber regresado a España, donde la gente te deja pasar primero al ascensor si vas con niños y un bebé, además de bultos varios y sudores perennes. Nos sentamos sin temor, con ganas incluso de jugarnos unos veoveo y unas adivinanzas en las últimas horas en el  trayecto de vuelta a casa.

Cuando llegué con el revisor al vagón de al lado allí estaba mi maletón, en medio del pasillo, moviéndose de lado a lado. A diez metros del lugar en el que lo encajé al entrar. Tu maleta, tu vida entera allí dentro, en un lugar remoto al que suponías. Miré a la gente preguntando qué había pasado allí, y todo el vagón se hizo el sueco… El revisor, una de esas buenas personas que debería tener un cargo en vez de estar solucionando esos problemas en el vagón de un tren, me pidió que lo dejara, que colocara el maletón en otro vagón, y lo dejara estar. Pero un argentino se levantó y señaló a una mujer de unos 65 años como culpable del desaguisado. Además, dijo que las otras maletas con lazo rojo (todas las mías) también las había sacado del maletero y colocado en las repisas para meter las dos suyas. Todos lo comprobamos. Así era. Me quedé perplejo, y todo el vagón miró a la mujer, que se levantó y dijo: - A mi me lo hacen siempre, así que yo sólo he hecho lo que me hacen a mi.

Hubo asombro general. Mi hijo Guille, de 6 años, me agarró del pantalón y me pidió en voz baja que nos lleváramos las maletas a nuestro sitio, que nos las iban a robar. El revisor volvió a recordarme que no merecía la pena, que colocara la maleta en otro vagón. – No debe usted hacerle a nadie lo que no quiera que le hagan, señora. Se lo dije sólo con la mirada, por respeto al revisor. Cogí mi maletón y lo coloqué en otro vagón. - ¿Por qué han cambiado de sitio nuestras maletas, Papá? – A veces hay que dar dos pasos hacia atrás para que nadie siga en la dirección equivocada. Quiero pensar que aquella mujer no volverá a cambiar las maletas de nadie nunca más. Vale.

15/09/2014 08:42 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Siete arroces (murcianos)

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Soy incondicional del arroz de Cati Cano. Esencialmente porque lleva el secreto de todo arroz de la tierra bien fundamentado, ese cariño casero que se hereda de madres, abuelas y bisabuelas para hacer arroz los domingos. El de Cati es mezcla de Alguazas con las tierras del norte alicantino, aderezado con la gracia huertana más pura, y un cariño por la cocina tradicional que se rompe en un sabor inigualable. Bueno, como ése arroz en el que todos estáis pensando, ése que no tiene rival, el de casica.

 

Pero en la contra de hoy vamos a hacernos un siete arrocicos, por si acaso hay alguien que se quiera dejar llevar, y de paso, abrimos una pequeña guía de propuestas, que arroces debe haber más de mil en Murcia y el reto de probarlos todos, al menos los que recomienden, es buena cosa.

 

El Venezuela (Lopagán). Huele a caldero, como si no hubieran parado de cocinar caldero un solo minuto en siglos, y el caldero huele a mar menor. De los olores a alma murciana más intensos que se pueden encontrar, y el colorcico del sabor entre los granos de arroz es único allí, donde, aunque sólo sea para hacerse un selfie con el retrato de Woody Allen, hay que peregrinar al menos una vez al año para echarse un caldero auténtico de allí, mismo, que el caldero del Venezuela es denominación de origen. Dicen que está fuerte… como debe estar.

 

Pepe El Torrao (Murcia). En el centro de Murcia no crea nadie que puede encontrar un arroz de esos para destacar en cualquier aperitivo que salga el tema, en cualquier esquina. Los de Pepe El Torrao en San Juan tienen duende murciano. Será la emoción contenida en el corazón del Martes Santo, o la buena mano tradicional de su cocina, pero con cualquier arroz en la alineación El Torrao no pierde nunca.

 

Salzillo (Murcia). Aquí la estrella indiscutible es el clásico de Murcia. El que debería ocupar un lugar en todos los corazones murcianos junto a pastelico de carne, marineras y zarangollo… El arroz de verduras, y pongo el de en negrita, pijo, claro que sí. Porque en el Salzillo esto se eleva a la onomatopeya. Nada tiene que ver un arroz con, que un arroz de, y el Rey capitalino de las verduras es el del Salzillo.

 

Los Limoneros (Archena). Arrocico suelto, de los que sale sólo. Jamás olvidaré un día que fuimos los amigotes, y disfrutamos tanto, tanto, tanto comiéndonos el arroz, que el jefe de la casa nos invitó. Ahí me ficharon para toda la vida, y no puedo dejar nunca de hablar de Los Limoneros cuando hablo de arroces. Si hay un sitio de ambiente arrocero, está en Archena, y es Los Limoneros.

 

Venta Magdalena (Autovía Noroeste / Mula). Con conejo y sin prisa. Sobrecoge el sabor a leña y sierra, de un arroz suelto y bien durico, asombrosamente sabroso, servido con quintos de Estrella líquida por debajo de la congelación en un entorno de bar de toda la vida. Especial para olvidarse el reloj en el coche. Caracoles para darle el toque preciso, y sin tantas especias ni florituras por las que otros cobran el arroz como si fuera oro en grano.

 

Miramar (Cabo de Palos). Desde que probé el Perlines del Miramar lo tengo claro en Cabo de Palos, y mira que es difícil, que con arroces allí puedes jugártela sin miedo, que sales con tres puntos vayas donde vayas. Pero el Perlines es mi debilidad. Arrocico limpio con ese toque suave del pescadico, y esas vistas especiales. Siempre hay que raspar la paella.

 

Hermanos Belando (El Algayat - La Romana - Algueña). Para terminar, nos salimos del límite provincial una miaja, pero no de la Murcia etérea para irnos a la carretra entre La Algueña y La Romana (Alicante). Bareto de carretera con un arroz campero digno del viajecico. El mapa del buen arroz murciano se mezcla con el alicantino de interior, por no hablar de gachas migas, que sería otro Achopijo. Regado con lágrima de la tierra. Ya me dirán…

 

Me perdonen los cientos que están por probar, y otros que seguro se quedan en el tintero. No duden en aconsejar ahí abajo, ya saben, que pueden encontrar Achopijo en Internet, y participar. ¿Cuáles son tus arroces preferidos? Vale.

 

Foto: Arrocico en la Venta la Magdalena (Foto Peter)

15/09/2014 08:47 achopijo #. sin tema Hay 2 comentarios.

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