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'Achoween'

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Cuento murciano de Todos los Santos

Hoy es un buen día para contaros la historia de Ginesico‘El Calabaza’. Una historia real, que ha sido contada de padres a hijos, de abuelos a nietos, durante siglos, pero sin que supiéramos que William Pumpkin, The Pumkin era en realidad Ginesico El Calabaza.

 Ginesico siempre fue un bicho raro. Era pelirrojo y tenía los ojos verdesNo tuvo hermanos y como era el hijo del bibliotecario de Abarán, con tres años leía fluido. A los doce podía recitar pasajes de obras de su autor favorito: William Shakespeare, algunos de ellos en perfecto inglés, sin saber qué significaba.

Ginesico tenía ganas de conocer mundo. Todo lo había visto en los libros, ya que, más allá de las huertas de sus tíos, en las que ayudaba todos los días, no había visto nada. Ni el mar. Así que cuando cumplió 15 años, en los albores del siglo XVIII, marchó con un petate sencillo. Unos libros de Shakespeare, unas libretas para escribir y bolsas con semillas de los productos que cultivaban sus tíos: col, lechugas, maíz, acelgas, judías, tomates y claro está, las semillas de las enormes calabazas naranjas como su pelo, que le dieron el apodo.

Ginesico se llevó parte de los ahorros de su familia. Sus padres pensaron que no sería capaz de llevar a cabo su plan: coger un barco mercante en Cartagena, rumbo Málaga – Cádiz – New Hampshire. Ginesico El Calabaza iba a hacer las Américas. Su familia se equivocó. Después de múltiples avatares y cientos de aventuras, Ginesico llegó a Boston. Gracias a sus lecturas no le supusodemasiado esfuerzo aprender inglés. En pocos meses, trabajando en el puerto, el mozo se hizo una vida allí.

Conoció a un empresario local, de origen irlandés, que exportaba especias en la ruta de las indias, ya con el nombre cambiado. Su pelo rojo allí no era motivo de burla, al contrario. Pasaba por uno más de los miles y miles de irlandeses que llegaban todos los días. En poco tiempo Ginesico ya no era Ginesico, si no William, en honor a Shakespeare, y de apellido, se puso Pumpkin. Mantuvo, el bueno de Ginesico, su apodo convertido, como gesto a sus orígenes.

Lo hispano no era común, así que se autonacionalizó irlandés y empezó a trabajar con el empresario en sus tierras, que le ayudó con los trámites sin hacer muchas preguntas. Con su experiencia en la huerta, sabedor de los tiempos, aprovechaba los veranos para cultivar sus semillas, con excelentes resultados. Más humedad y días de sol entre abril y septiembre, y le salían unas calabazas del tamaño de tres cabezas… Al poco ya bromeaban con su apellido, los irlandeses.

Un día de Todos los Santos, estaba Ginesico con los irlandeses, que vaciaban nabos para meter carbón e iluminar las tumbas, para espantar a los malos espíritus, según una antigua leyenda celta. Iban al cementerio a visitar a los muertos con esas linternas, como era tradición… Entonces Ginesico tuvo una idea que cambiaría para siempre la historia del primero de noviembre. Salió corriendo a sus aposentos, y cogió la última calabaza que había recogido, hacía sólo unas semanas, con el comienzo de las lluvias. Era hermosa y brillante. Naranja y de una forma perfecta… y con su navaja, aún sucia de restos de nabo, se puso a vaciarla. Lo hizo rápido, ya que la piel de la calabaza es más dura y por dentro más suave y tierna. Abrió varios agujeros en la calabaza y metió dentro carbón prendido. El resultado era maravilloso. Más luz, más fácil de llevar y más fácil de hacer...

Entonces William corrió al cementerio con su calabaza iluminada, y apareció entre las tumbas ante todos los irlandeses. Les dio un susto de muerte… y para compensarlo les dijo ¿Susto o muerte? Que era una broma que se gastaba ése día… y todos rieron… Cuando descubrieron la calabaza todos quisieron hacerse una igual, y desde aquel año contaron, generación tras generación, cómo la calabaza con forma de cabeza humana les había asustado en el cementerio la noche previa a todos los santos… Un nuevo Halloween había nacido.

A partir de ahí corrió la voz por toda Nueva Inglaterra… y en pocos años la víspera del día de Todos los Santos las calabazas más grandes se vendían a cientos para ahuyentar a los malos espíritus e iluminar la fiesta. En todos los libros se recogió este cambio en la ancestral tradición irlandesa, que venía de la historia de Jack, el borracho que pactó con el diablo en una taberna, y de cómo en el siglo XVIII los irlandeses cambiaron los nabos por calabazas… Lo que nunca supieron es que aquel irlandés pelirrojo, apasionado lector de Shakespeare, William Pumpkin, era en realidad Ginesico El Calabaza, oriundo de Abarán,murciano aventurero incansable, magnífico agricultor y gran negociante, que acabó teniendo una gran propiedad en las afueras de Boston, donde murió en el seno de una gran familia señorial irlandesa, en cuyas tierras brotaban milagrosamente tomates, coles, lechugas y acelgas de una calidad suprema. Pocos sabían de sus orígenes en su propia familia… y el secreto quedó guardado.

Siglos después, un tataranieto de Ginesico hurgó en el pasado de su familia. Su antepasado William Pumkin The Pumkin ‘Lantern era el final de un eslabón que no tenía forma de desentrañar… El chico, profesor de la Universidad, al final encontró su recompensa. Sus investigaciones le llevaron a Murcia, a buscar a la familia de Ginés, el hijo del bibliotecario. En ese viaje, su tataranieto, conoció a una murciana preciosa y fantástica, con la que se casó a mitad de los setenta, haciendo el recorrido que hizo su tatarabuelo, pero a la inversa. Al poco, tuvieron un hijo, que un día de Todos los Santos muy reciente, puso en su casa este cartel y le hizo una foto para ponerla en Facebook. La foto se hizo viral en Internet, porque resume la animadversión que produce Halloween en muchos murcianos… Qué vueltas da la vida¿verdad?… Si supiera ese zagal que fue su tatarabuelomurciano quien inventó Halloween…Vale.

Moraleja: cuidado con lo que odias, porque nadie sabe cual es el verdadero origen de las cosas…

 

02/11/2015 11:25 achopijo #. sin tema

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