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Aylan

No he podido escribir nada sobre el niño sirio muerto en la playa. No he podido escribir nada sobre las imágenes que hace unos días me revolvieron el alma. Un padre en un tren, con la mirada perdida, mantenía a dos de sus hijos apretados contra él. Apretados a pesar de todo, como si supiera que cualquiera de esos dos niños podía haber aparecido en la orilla de alguna playa europea, o bajo unos escombros en su ciudad. Como si lo supiera con tanta certeza que no podía dejar de apretarlos aunque estuviera en un tren alejándose a toda velocidad hacia un futuro sin nada. Como si no fuera a dejar de apretarlos nunca. Un tren cuyo destino no estaba al final del trayecto. Un tren cuyo único destino era alejarse.

No pude ponerme en su lugar, ni si quiera aunque esos niños fueran de la edad de Guille y Miguel. Hay cosas que ni siquiera queriendo con todas nuestras fuerzas somos capaces de entender, de asimilar. Busqué formas para ayudar. Leí noticias, me sentí identificado con muchos movimientos de apoyo a refugiados y actué como mínimamente pude siendo consciente de que puede ser ridículo hacerlo, porque nadie cambia el mundo. No. Nadie va a cambiar el mundo en dos días, ni yo voy a sentirme mejor ayudando, de la forma que sea… Pero esto no es motivo, en absoluto, para no ayudar, ni para desistir de querer hacerlo, aunque sea mandando un mensaje a ACNUR al 28014.

Creo en muchas cosas, y a la vez en ninguna. Supongo que como todo el mundo, según el momento. Pero sí creo en la fuerza que hay en nuestro interior. Todo esto nos hace más humanos, nos une y nos hace pensar. Aprendemos, y eso siempre es bueno, aunque no podamos salvar a Aylan, podemos empezar a salvar a otros muchos, empezando por nuestro día a día. Dentro de poco es la Romería de la Virgen de la Fuensanta. He hablado muchas veces conmigo mismo, con ella de testigo. El martes subiré al monte, con mi familia. Lo haré por todos los padres que aprietan a sus hijos en un tren, por todos los que recorren países huyendo sin destino, por todas las vidas que se han perdido de una forma tan incomprensible… Unas vidas, todas, que tienen en la imagen de Aylan, muerto en una playa, el golpe de conciencia que sí puede cambiar el mundo. Sí, le pediré a la Fuensanta por todo esto. Y aunque no va a cambiar el mundo, ni yo voy a sentirme mejor haciéndolo… tampoco es motivo, en absoluto, para no creer que en algún sitio de nuestra alma todo esto sirve para algo. Vale.

Foto: La imagen de Aylan es imborrable. Ya no hace falta reproducirla.

03/09/2015 09:07 achopijo #. sin tema Hay 1 comentario.

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