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Maui

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Maui dio la vuelta al mundo descalza y descendió valles nevados sorteando piedras afiladas. Saltó puentes y subió montañas de rocas y pensamientos infinitos. Maui bajó a los mares más profundos y los iluminó con sus ojos siempre abiertos. Llegó a lugares donde nadie ha estado nunca. Rodeó este mundo y después mil más, y en todos ella volaba y volaba y volaba dejando marcas gigantescas de amor, derrochando alegría y cruda sinceridad. Sus semanas fueron a veces minutos y sus años siglos. Conquistó mundos. Conquistó el tiempo. Y nadie pudo seguirla nunca.

Maui cogía las brasas con las manos y las hacía desaparecer mientras danzaba sobre ellas haciendo piruetas imposibles que la sostenían en el aire. La he visto bailar sin tocar el suelo entre una multitud sin rozar a nadie. Venció a tropas de rancios religiosos con su alma y su fuerza mental cortando pañuelos de otras épocas sobre países enteros. Pudo vivir en lo alto de un rascacielos diseñando sueños de saldo, pudo recorrer el mundo desde donde hubiera querido, pero prefirió enseñar desde la sencillez, y a la vez surcar la vida sin mirar atrás, y viendo mucho más allá de lo que cualquiera podría, en lo alto de una ola gigante que todo lo inundaba con acordes de entusiasmo puro, limpio, sincero. Muy sincero. Tanto que dolía.

Una vez vi con ella el rayo verde en el horizonte del mar, en un amanecer después de un verano entero que pasó en una noche; uno de esos mil días en los que fueron el mejor día de su vida. Aquel, lo fue también de la mía. Y terminó con un abrazo que se quedó para siempre aquí dentro, donde se quedan las cosas indestructibles.

Maui fue mi hermana en cientos de abrazos. Fui ella al otro lado de un espejo mágico, y siempre creí que ella misma podría haber sido yo, por muchas cosas. Demasiadas. En sus abrazos se abrían puertas al infinito. Creo que siempre los podré sentir, oler. Aún puedo poner mi corazón al son del suyo y sentir la fuerza de vivir sobre un precipicio de sensaciones increíbles que se cerraban en un cariño único, en un instante.

Nunca, nadie, ha hecho que sienta un abrazo como el tuyo, Maui. Eras la reina del cariño, y aunque sé que estás aquí, eso será lo que más voy a echar de menos. El abrazo en el que sentir una hermana que me quiere porque me quiere, y nada más, y haber visto en tus abrazos lo que eras capaz de vivir. Y de querer. Y eso queda en toda nuestra familia como el mayor tesoro que tenemos.

Entrabas a un bar volando por el techo y todos te miraban, pero nadie te veía venir porque tú ya habías hecho que todos se rindieran. Nadie era capaz de seguirte, aunque te siguieran. Nadie volaba por la vida como lo hiciste tú aquí, Maui. Ahora vas a volar segura, sin las barreras mentales de quienes viven con el corazón pequeño, encerrado y contenido, que son todos menos tu.

Te imagino en un viejo todoterreno bajando montañas por barrancos escarpados, sonriendo, jugueteando, en un mundo donde todo lo que hacías aquí ya no duele nada. En un mundo justo donde vivir sin límites sólo es vivir sin límites. Pendiente de Laura y de Tichi, y de la abuela… y de toda tu gente.

Te imagino en ese jeep encargada de enseñarle el cielo a todo el que llegue, te imagino hoy con David Bowie, enseñándole a volar, a bucear con los ojos abiertos y a conquistar mundos con sonrisas y piruetas, y a bailar sin pisar el suelo, sin rozar a nadie, con todo el mundo.

Tu fuerza liberada nos acompañará aquí, todos los días. Y por ello yo te doy las gracias, prima. Hermana. Reina del cariño y los abrazos, diosa de la vida.

Siempre te querré, Magüi, Maui.

Vale.

12/01/2016 20:43 achopijo #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

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