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<rss version="2.0" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"><channel><title>achopijo</title><link>http://achopijo.blogia.com/</link><description><![CDATA[ Actualidad y comentarios al más puro estilo murciano, con un toque nostálgico. Acho, pijo... 
]]></description><ttl>60</ttl><pubDate>Sun, 22 Apr 2012 23:49:51 +0200</pubDate><generator>http://www.blogia.com</generator><item>
<title>El primer día (Real Murcia 0, Sabadell 2)</title>
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	<pubDate>Sun, 22 Apr 2012 23:49:00 +0200</pubDate>
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<content:encoded><![CDATA[	 <p><em>Subo a mi viejo achopijo el relato que abre el libro de artículos. Lo hago aquí, hoy, para quienes estén pasando un mal trago, por si les ayuda en algo. Esta semana estará en Infodeportemurcia. Buenas noches, y murcianismo, por encima de todo.</em></p><p> </p><p>Una sola alma: Artículos Murcianistas 2002-2012 (Diego Marín 2011)</p><p><strong> </strong></p><p><strong>El primer día: </strong><strong>Real Murcia 0, Sabadell 2</strong></p><p style="text-align: left;">Ya no me interesaban los dibujos animados de la sobremesa de los domingos&amp;hellip; El sábado, aún, pero los domingos tocaba vestirse de corto, camiseta grana con el número 8, y escuchar Carrusel Deportivo, o en casa, o camino de casa, en el coche, volviendo de la playa. Cuando el Murcia jugaba en La Condomina dejaba la ventana de mi habitación abierta, para escuchar los goles. Casi prefería no poner la radio, y esperar jugando el partido que disputaba el Murcia ese día con los playmóbil, en mi alfombra verde y dos cajas de zapatos recortadas como porterías. En mi partido ya íbamos ganando 4-0 cuando sonaba el gol por la ventana, y después, se oían dos tracas. Iba al salón a abrazar a mi madre, y correteaba por el pasillo, celebrando y radiando el gol, que para mí, siempre era del Macho Figueroa, que de un trallazo increíble, había roto la red de la portería rival.</p><p style="text-align: left;">Mamá solía decir entonces aquello de que a ver si ganaba el Murcia, que tú padre venga contento y no tengamos la noche. La verdad es que no era fácil, a no ser que estuviéramos en Segunda, pero en los ochenta, la década más laureada de los pimentoneros en los más de cien años de historia del fútbol en la ciudad, casi siempre estábamos en Primera, y eso significaba perder o empatar tres de cada cuatro partidos, luchando por el descenso. Así que papá solía venir con cara de pocos amigos, aunque luego se le pasaba enseguida. Ser del Murcia tenía eso, y lo sigue teniendo, que el sufrimiento se lleva como algo intrínseco a sentir este club, y todos los hemos aprendido desde el principio. Somos modestos, y aunque anhelamos salir del agujero de la mediocridad, es más bien utópico, de momento. Algo parecido a lo que era España en los mundiales antes de Sudáfrica. Sólo encontramos grandes hitos en pequeñas gestas futbolísticas, algo que hoy hace que nos sintamos una hinchada especial entre todas las demás, como un pequeño reducto del fútbol de siempre.</p><p style="text-align: left;">Aquel domingo, después de varios ruegos, durante la comida, papá me dijo que si me portaba bien me llevaría con él a La Condomina. Llevaba meses esperando aquel momento. En la clase, algunos compis ya habían ido con sus padres y hermanos. Era mi madre la que no veía claro que un chaval de siete años pudiera ir al fútbol y no volver traumatizado. No entendía, en absoluto, ese empeño de mi madre&amp;hellip; pero como tantas otras cosas. Se ve que hablaron y mi padre la convenció.</p><p style="text-align: left;">-Jugamos contra el Sabadell, Aurora, es un partido importante. Iremos a Grada alta&amp;hellip;</p><p style="text-align: left;">Las condiciones finales de mamá fueron aquel día no ir a la grada lateral, y que fuéramos con tiempo. La de mi padre era no llorar, hacer pis antes de ir, y portarme bien. Así que firmé con los ojos cerrados. No pude comer. Los nervios, ya gigantescos en mi infancia, me atenazaron esas horas. Creo que fui al baño más de diez veces antes de irnos, por aquello de no pedir pipí. Sabía que estaba ante un momento único en la vida, y especialmente en la mía.</p><p style="text-align: left;">Sabía de sobra que yo era del Murcia de la misma manera que era hijo de mis padres. No había remedio. Podían gustarme jugadores de otros equipos, camisetas, nombres de clubes extranjeros, y hasta hinchadas... pero lo que sentía cuando marcaba el Real Murcia era único. Aquel día era grande. Como una primera comunión, un cumpleaños, un Bando de la Huerta, o los Reyes Magos, grandes días en la vida de un zagalico murciano de ocho años, ya casi nueve. De camino al campo recuerdo las calles adyacentes a Rector Loustau, dónde vivíamos, llenas de coches aparcados en doble fila. Los coches eran mi otra gran pasión. Mi padre me dijo que los domingos que el Murcia juega en casa la Policía hace la vista gorda, y por eso había doble fila y coches aparcados encima de las aceras, y me pareció algo increíble. La Policía no multa porque ese día juega el Murcia. Pero sin embargo había una patrulla en cada esquina, en los límites del barrio de La Fama, que con tanto coche, los cacos hacían su agosto los domingos robando radios.</p><p style="text-align: left;">De la mano de mi padre, orgulloso, me dirigía a mi primer partido en La Condomina. Mamá estaba en la ventana, en el último piso, saludando. Papá me dijo que le enviara un beso, y así lo hice. Saludamos, y al doblar la esquina la perdimos de vista. En el semáforo, Papá se agachó, me miró a los ojos y me dijo:</p><p style="text-align: left;">- Yayo, ir al fútbol es especial. Lo que pase en el campo, pasa allí porque es especial, y nada más. Las palabrotas que escuches, no las digas, y menos delante de mamá.</p><p style="text-align: left;">&amp;ndash; Vale Papá.</p><p style="text-align: left;">Me acarició la cabeza, y me dijo que era un buen chico, y que era una pena que fuera del Murcia. Eso solían decírmelo mucho, y yo no lo entendía demasiado, pero me hacía sentir especial.</p><p style="text-align: left;">A medida que nos acercábamos al campo las calles se iban llenando de gente. Cada vez se veían más banderas, y enseguida llegamos a los puestos de pipas. Papá compró dos bolsas, quicos para mí, y dos botellines de agua. Justo bajo el escudo de la entrada había un puesto de banderas y bufandas. Tiré del brazo de papá para acercarnos, y me quedé maravillado por la colección de pins de todos los equipos que había allí a la venta. Había hasta del Arenas de Guecho, y del Real Unión de Irún, equipos que el abuelo me había contado que habían sido campeones de Copa del Generalísimo, la antigua Copa del Rey, cuando el Atleti de Madrid se llamaba Atlético Aviación. Me acordé de sus historias.</p><p style="text-align: left;">-¿Quieres una bandera?</p><p style="text-align: left;">Preguntó mi padre, y antes de poder decir que sí, ya se la había pedido al tipo del puesto. Ni la más pequeña, ni la más grande. Una mediana, con palo de madera, de tela fina roja, con un escudo del Murcia bordado en medio, grapada y con los bordes de flecos blancos. La recuerdo bien, porque la conservé muchos años. Cuando la tuve en mis manos me sentí el Rey del murcianismo, y del mundo. La levanté y ondeó al viento&amp;hellip;</p><p style="text-align: left;">- Cuando entremos no la levantes todo el tiempo, que no dejarás ver a la gente&amp;hellip; - advirtió papá.</p><p style="text-align: left;">Esperamos un rato, no mucho, en la cola de la taquilla. Papá saludaba a gente con gestos rápidos, y con holas qué tal. A unos les ponía cara rara, y con otros se ponía contento de verdad. Estaba exultante, y nervioso. Pasado un rato ambos sentíamos que estábamos en casa, con nuestra gente, en nuestra salsa. Después de percatarse de mi presencia y acariciarme la cabeza, todos comentaban algo sobre el partido, y aunque íbamos líderes, el Sabadell era favorito al ascenso también, y la gente no las tenía todas consigo.</p><p style="text-align: left;">- A ver cuantos nos meten hoy&amp;hellip;</p><p style="text-align: left;">- Hoy palmamos&amp;hellip;</p><p style="text-align: left;">- Si no juega hoy Manolo apaga y vámonos&amp;hellip;</p><p style="text-align: left;">- Santiago qué moral, traer al zagal a este matadero&amp;hellip; Todos me acariciaban el pelo y me preguntaban cuál era mi jugador preferido:</p><p style="text-align: left;">- El Macho Figueroa- respondía orgulloso.</p><p style="text-align: left;">Papá me dio la entrada, y me dijo que se la diera al portero al pasar a la escalera. Había un ambientazo. Nunca había visto a tanta gente junta, quizás en el mercadillo de Cabo de Palos, o en el Entierro de la Sardina, pero no en tan poco espacio. Las colas de las taquillas se habían multiplicado, y justo cuando pasamos a la escalera que subía a la grada alta empezó a escucharse la megafonía del estadio. Eran anuncios. Sesisa, Estrella de Levante, Aerofeu&amp;hellip; Apenas se entendía nada, pero era parte de todo el ambiente. Subiendo las escaleras los comentarios volvían a ser idénticos a los que había escuchado abajo, y sobre los jugadores del Sabadell.</p><p style="text-align: left;">-Llevan un calvo que la toca bien&amp;hellip; lo mejor de ellos es el portero&amp;hellip; Me da que hoy perdemos&amp;hellip;</p><p style="text-align: left;">- ¡Chaval, anima con la bandera que lo vamos a necesitar!</p><p style="text-align: left;">Después de subir muchas escaleras, y antes de entrar al recinto, Papá me aupó por encima del muro para que echara un vistazo. Me dio algo de vértigo, pero me impresionó lo alto que estábamos. Abajo, se veían las colas de las taquillas, y un reguero de gente llegando desde todas partes.</p><p style="text-align: left;">Cuando entré en el pasillo principal de la grada alta me quedé paralizado. El césped, abajo, se veía tan verde que parecía pintado. De mentira. Los jugadores calentaban pasándose el balón de banda a banda. Se escuchaba un murmullo general, y de fondo, la megafonía, pero los chuts de los futbolistas sonaban por encima de todo, secos. Fue lo que más me llamó la atención, junto a las redes de las porterías, limpias, grandes, finas y con los cuadritos muy pequeños. Olía a puro, y la gente se agolpaba en el puesto de bebidas y pipas que había justo antes de entrar a la grada. Papá consultaba las entradas. No soltaba su mano, pero la sensación que tuve no podré olvidarla jamás. Era la primera vez que veía La Condomina, pero aquel día sentí que lo que estaba haciendo era volver a casa.</p><p style="text-align: left;">Papá ubicó nuestros sitios, y me preguntó que cómo estaba.</p><p style="text-align: left;">&amp;ndash; Bien -respondí, absorto</p><p style="text-align: left;">&amp;ndash; Mira, Yayo, ese marcador estaba en el Santiago Bernabéu, durante el mundial. Ahora lo tenemos nosotros. Es el más moderno de la liga. En el marcador estaban iluminadas las alineaciones de los dos equipos. Presidía el sector B, que años más tarde sería el fondo Sur, majestuoso. La lateral ya estaba casi llena, y la gente estaba de pie.</p><p style="text-align: left;">- ¿Por qué mamá no quiere que vayamos a la lateral?-pregunté.</p><p style="text-align: left;">- Porque no hay sillas- mintió mi padre, y nos dirigimos a nuestros asientos, en la penúltima fila, en lo más alto de la tribuna de la grada alta, más cerca del sector A o Fondo Norte.</p><p style="text-align: left;">Fue un partido muy complicado desde el principio. Aquel Real Murcia era el que ganó fama de ser el dominador de Segunda. Los años ochenta estaban siendo la década más importante en toda la historia del club, así que sus pasos por Segunda División casi se daba por hecho que el Real Murcia iba a estar arriba, y empezaba a exigírsele ese dominio. A la temporada le quedaba el empujón final, íbamos líderes, pero no podíamos confiarnos. Muchos decían que ganando aquel partido la cosa ya estaba hecha, así que era como una final anticipada, un partido de ascenso. Aquella temporada se recuerda por Manolo, o aquel 6-1 al Castilla... Pero el partido del Sabadell no fue definitivo.</p><p style="text-align: left;">Cuando el equipo arlequinado marcó el 0-2 el murmullo creció en la grada. Recuerdo casi asustarme por el enfado de mi padre. Años después me reconoció que su enfado era, sobre todo, porque sufriera aquella derrota en un día tan especial, en mi primer partido. Pero con el 0-2, se levantó, me hizo coger la bandera, y atravesamos toda nuestra fila para salir al pasillo de las escaleras. No quedaba mucho tiempo de partido, pero la remontada parecía imposible. Bajamos a toda prisa por la grada alta, en solitario, mientras el murmullo de decepción iba quedando atrás.</p><p style="text-align: left;">Recuerdo el parking vacío de gente, con papeles volando por el suelo, y cómo se iba apagando el sonido de las gradas tras las callejuelas de La Fama, repletas de coches.</p><p style="text-align: left;">El dolor de aquella derrota no era demasiado importante. El equipo iba a seguir arriba, con opciones de ascender. A mi padre le dolió no poder ofrecerme una victoria aquel día, lo que él desconocía era que me ofreció mucho más con aquella derrota, y aquel enfado tan característico del hincha murcianista. Jamás iba a olvidar aquellas sensaciones. El murcianismo fluía por mis venas con una nueva fuerza. Me sentí parte de aquel mundo, con mi bandera y su escudo, aunque no hubiera podido aplaudir a los jugadores al final del encuentro.</p><p style="text-align: left;">Aquel primer día ha sido el único partido del que he salido del campo antes de que el árbitro pite en final en toda mi vida. El murcianismo fue creciendo a partir de aquella experiencia, y se quedó eternamente, al menos hasta hoy, en un amor adolescente, idealizado e incondicional, que me lleva todos los partidos a despedir al once grana con un aplauso, pase lo que pase. Disfruté aquella derrota. El resultado no era, en absoluto, lo más importante de ir al campo de fútbol a ver a tu equipo. Eso aprendí. Ahora, cuando le digo a mi padre que si aquel día hubiéramos ganado igual mi concepto del fútbol era otro, se ríe, y piensa que lo digo por evitar un mal recuerdo. Pero no es así. Aquel año ascendimos campeones a Primera División, por delante del Sabadell. El fútbol va mucho más allá de ganar o perder, y eso se aprende, sobre todo, perdiendo.  Vale.</p>	
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<title>Achopijo, ahora en La Opinión de Murcia</title>
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		<description><![CDATA[ Achopijo continúa aquí:  EL NUEVO ACHOPIJO www.laopiniondemurcia.es@yayodelgado... 
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	<pubDate>Mon, 09 Jan 2012 10:31:00 +0100</pubDate>
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<content:encoded><![CDATA[	 <p><span style="font-family: times new roman,times; font-size: medium;">Achopijo continúa aquí: </span></p><p><span style="font-family: times new roman,times;"> </span></p><p><span style="font-family: times new roman,times;"><span style="font-size: xx-large;"><a href="http://comunidades.laopiniondemurcia.es/blogs/yayo_delgado">EL NUEVO ACHOPIJO</a></span></span></p><p><span style="font-family: times new roman,times;"><span style="font-size: xx-large;"> </span></span></p><p><span style="font-family: times new roman,times; font-size: medium;"><a href="http://www.laopiniondemurcia.es">www.laopiniondemurcia.es</a></span></p><p><span style="font-family: times new roman,times; font-size: medium;">@yayodelgado</span></p>	
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<title>Gracias, Blogia</title>
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	<pubDate>Mon, 09 Jan 2012 10:24:00 +0100</pubDate>
<category>Sin tema</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <img src="http://achopijo.blogia.com/upload/20120109102444-blogia.jpg"  class="right" alt="20120109102444-blogia.jpg" /><p><span style="font-family: times new roman,times; font-size: medium;">Año nuevo, vida nueva. A pocas semanas de que Achopijo cumpla seis años en la red, cambiamos el paso, aprovechando los buenos propósitos para 2012. Esta aventura digital, que empezó como una herramienta para mantener el gusto por escribir de un periodista que cambió de tercio su actividad diaria, a modo de diario, sigue su curso ahora bajo la plataforma digital de La Opinión, que fue responsable del salto de achopijo al papel y a los lectores de prensa diaria en la Región de Murcia.</span></p><p><span style="font-family: times new roman,times; font-size: medium;">Los blogs siguen vivos. Se mueven ahora en las redes sociales, perdiendo la interactividad anterior a Facebook y Twitter. Achopijo era (sigue siendo) un lugar de encuentro de amigos, por eso quiero agradeceros a todos estos años de pasar por aquí a leer un ratico y comentar juntos. Espero que sigamos haciéndolo en el nuevo Achopijo. Sobre todo quiero dar las gracias a Roberto Abizanda, quien detrás de Blogia siempre ha atendido con rapidez y profesionalidad mis dudas y problemas con el blog. Soy muy de Blogia, y siempre lo seré, aunque cambiemos el paso ahora. Achopijo permanecerá aquí. Estos más de mil postos y 16.500 comentarios se quedarán intactos, para quien los encuentre navegando o quien quiera recordarlos.</span></p><p><span style="font-family: times new roman,times; font-size: medium;">Cuando Achopijo dio el salto al papel me plantee cerrar el blog, cambiarlo, mudarlo&amp;hellip; Al final seguí aquí, sobre todo por la cantidad de comentarios e interacciones que aún tenía el blog. Ahora, los posts son más un link en las redes sociales que otra cosa, y creo que la plataforma digital de La Opinión merece tener la exclusiva achopijera, valga lo que valga, ya que fueron ellos quienes apostaron por hacer público el blog. Muchas gracias a todos los que permanecéis fieles a la cita casi diaria con la nostalgia, los cabreicos, las cosicas sencillas, el vaso medio lleno, el murcianismo, el costumbrismo modernen, la gastronomía patria, a veces la política (pocas) y a la dosis diaria de aquel fútbol que nos hizo hinchas en los ochenta. Dentro de poco Blogia será una seña más de identidad nostálgica en la vida de Achopijo, una vida que seguiremos compartiendo, espero, por mucho tiempo. Vale.</span></p><p><span style="font-family: times new roman,times; font-size: medium;"><em>Foto: Blogia forever</em></span></p>	
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<title>Felizaño</title>
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	<pubDate>Tue, 03 Jan 2012 18:49:00 +0100</pubDate>
<category>Sin tema</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <img src="http://achopijo.blogia.com/upload/20120103184939-feliz-1.jpg"  class="right" alt="20120103184939-feliz-1.jpg" /><p class="ecxmsonormal"><span style="font-family: times new roman,times; font-size: medium;">Yo creo que una vez pasado el fin de semana posterior a los Reyes Magos sería un buen momento para dejarnos de felicitar el año, y nos ahorramos esa cara que nos toca poner cuando la situación nos obliga a repetir ya bien entrado febrero, o incluso en marzo, que uno no sabe si ya estamos hablando del año siguiente. Los radicales del odio eterno a la felicitación del año incluso hablan de que esta expresión pierde su cometido justo a las 00.00 horas del día 1 de enero, y no les falta razón, acho. Que se dice feliz año para que lo sea desde el primer segundo, y decirlo después ya es tarde, que ya ha podido empezar torcida la cosa, y tal como está el patio, mejor ser precavido, que 2012 viene guerrero. No sé, en momentos como este es que a los que somos del equipo del vaso medio lleno nos mola eso de ir repartiendo felicidad estos días de compras y paradas en las calles del centro para saludar a conocidos.</span></p><p class="ecxmsonormal"><span style="font-family: times new roman,times; font-size: medium;">Esta mañana mismo me ha salido un felizaño de esos de los espontáneos, que arrancan en el píloro, con gusto, a Juanico, el camareta que siempre me toca (o casi siempre) detrás de la barra del Café Bar, que ha venido de vuelta. Así que yo, aunque entiendo el leitmotiv de los radicales, creo que podemos alargar la cosa dándonos un margen hasta después de Reyes, pero ojo, más allá no pasemos. En el tema de la Feliz Navidad la cosa está un poco más clara. Pasa el 25 y se acabó, despistes aparte, aunque los hay que meten en Navidad hasta San Antón, que cuando te la felicitan en enero largo, les gusta clavarte el refrán así señalándote con el índice, los payos.</span></p><p class="ecxmsonormal"><span style="font-family: times new roman,times; font-size: medium;">Lo necesario es que nos demos cuenta que aunque no hayamos visto a la persona desde antes del año anterior no pasa nada, si ya pasaron las fiestas y el año nuevo queda en el recuerdo, por no decirle al susodicho lo de felizaño, que ha sido cosa de no verse, no de ser un maleducado, hombre. Una vez dominado eso, uno pasa el trago tan a gustico. Para terminar, no podía ser de otra manera, les voy a desear a todos ustedes, todos, que tengan un feliz año 2012, y de paso me cubro para los restos, que dicho aquí, dicho queda&amp;hellip; Aunque no descarto hasta después de Reyes que me salga alguno más de esos de improviso, que son los que llegan. ¿Hasta cuando dices felizaño? Vale</span></p><p class="ecxmsonormal"><span style="font-family: times new roman,times; font-size: medium;"><em>Foto: Felizañonuevo</em></span></p>	
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<title>La bolsa del pan</title>
	<link>http://achopijo.blogia.com/2011/123001-la-bolsa-del-pan.php</link>
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	<pubDate>Fri, 30 Dec 2011 09:49:00 +0100</pubDate>
<category>Sin tema</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <img src="http://achopijo.blogia.com/upload/20111230094944-imagescaf3x4kl.jpg"  class="right" alt="20111230094944-imagescaf3x4kl.jpg" /><p class="ecxMsoNormal"><span style="font-family: times new roman,times; font-size: medium;">La bolsa del pan estaba siempre en el armario de detrás de la puerta de la cocina. Al salir al cole, la dejábamos puesta en la puerta de casa, y al volver, allí estaban las dos barras diarias de pan horneado y crujiente. El panadero recogía el dinero del fondo de la bolsa y dejaba las vueltas allí mismo, en la bolsa de tela del pan. Si llegaba el primero a casa, iban directas a la hucha, o al bolsillo, y solían convertirse en un par de sobres de cromos del álbum de la Liga. Era la época en la que el butanero y el huevero pasaban por casa también, y coincidíamos en el rellano todos los vecinos. Menuda le armábamos al huevero en la procesión del Domingo de Resurrección, que salía siempre con la Policía Local, al grito de ¡¡El Huevero!! Era un tipo simpático, de esos que sacaban caramelos de las orejas a los niños pequeños.</span></p><p class="ecxMsoNormal"><span style="font-family: times new roman,times; font-size: medium;">Todo esto porque escucho con alegría que los panaderos quieren recuperar el uso de la bolsa del pan. Mítico. Una de esas noticias que pueden pasar inadvertidas en la lectura y escucha del menú informativo diario, Urdangarines, crisis, mercados y nombramientos del nuevo gobierno aparte, pero que a los que llega seguro les ha sacado del baúl un par de sonrisas. Pilar, de niña, las bordaba a mano como pasatiempo, junto a su abuela, porque en todas las bolsas del pan iba escrita con diferentes adornos la palabra &amp;lsquo;Pan&amp;rsquo;, claro. La hoja de trigo era de lo más recurrente. A los pisos como el mío, iba panadero, y la bolsa cumplía con varios objetivos, entre otros, el de despreocuparse del momento comprar el pan todos los días. Los que iban a la panadería con la bolsa ganaban un pan en buen estado, no ese pan chicloso plastificado que no llega ni a la merienda si se guarda en esas bolsicas de plástico transparente que, cosas de la involución, sustituyeron a las bolsas de tela de toda la vida.</span></p><p class="ecxMsoNormal"><span style="font-family: times new roman,times; font-size: medium;"></span><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-family: times new roman,times; font-size: medium;">El Panza, en Alguazas, medía las barras de pan con exactitud alemana. Si a la hora de comer alguna familia no había recogido su pan, allí que se iba el panadero, profesional hasta el tuétano, a recordar que el encargo no iba a desaparecer, y la barra terminaba en su bolsa bordadica. Medida ecológica en la lucha contra la invasión del plástico, que además, nos va a solucionar algunos problemas de una tacada, en especial que el pan nos dure el doble de tiempo, y en el asunto bordar la bolsa, si lo amalasañaneamos, igual sacamos un buen objeto de regalo de amigo invisible, que lo de personalizar la bolsa del pan suena hasta modernen, que es sostenible&amp;hellip; Lo molón y europeo que queda una bolsa del pan bordada en el asiento de atrás de la bici, acho. ¿Tienes ya bolsa del pan? Vale.</span><span style="font-variant: small-caps;"></span></span></span></p><p><span style="font-size: medium;"><em><span style="font-family: Times New Roman;">Foto: Una bolsa del pan classic</span></em></span></p>	
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<title>C-3314</title>
	<link>http://achopijo.blogia.com/2011/122902-c-3314.php</link>
		<description><![CDATA[ La inercia de la Navidad adelanta el anochecer, y alarga la tarde, mientras cruzamos el Norte de la Región de Murcia de punta a punta, desde la Sierra de Moratalla hasta la de Monóvar, en la ruta Caravaca de la Cruz a Jumilla. La tarde ... 
]]></description><comments>http://achopijo.blogia.com/2011/122902-c-3314.php#comments</comments>
	<pubDate>Thu, 29 Dec 2011 12:41:00 +0100</pubDate>
<category>Sin tema</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <img src="http://achopijo.blogia.com/upload/20111229124223-venta-del-olivo-715546.jpg"  class="left" alt="20111229124223-venta-del-olivo-715546.jpg" /><p class="ecxMsoNormal"><span style="font-family: times new roman,times; font-size: medium;">La inercia de la Navidad adelanta el anochecer, y alarga la tarde, mientras cruzamos el Norte de la Región de Murcia de punta a punta, desde la Sierra de Moratalla hasta la de Monóvar, en la ruta Caravaca de la Cruz a Jumilla. La tarde se apaga lentamente entre los campos de tierras marrones que pasan del verde de los bosques de pinos del Noroeste, a los campos de olivos, almendros y vides a los pies del Altiplano. La vieja carretera comarcal corta el golfo de tierra que apunta al corazón de la península, que hace peculiar el mapa de Murcia. El termómetro del coche no sube de los seis grados. Los niños duermen plácidamente desde que nos pusimos en ruta, mecidos por los vaivenes de las muchas curvas que impiden adelantar al camión que siempre toca delante.</span></p><p class="ecxMsoNormal"><span style="font-family: times new roman,times; font-size: medium;">El cielo gris va recogiendo ese naranja fuerte del viento y el frío. Venus brilla bajo una luna mora que parece colocada por Tim Burton sobre la estepa murciana. Una gasolinera abandonada, cubierta de graffitis, junto a un edificio que apuntaba a bar de carretera, nuevo, pero olvidado, firman que la crisis también ha llegado a aquellas viejas rutas venidas a menos. Decenas&amp;hellip; centenares de mirlos descansan sobre los cables del tendido eléctrico, entre los palos de madera que acompañan en la carretera de forma intermitente. Un besito en Cieza, y el cruce de caminos más carismático del final del pasado siglo, sigue gobernado por la Venta del Olivo, que aparece en los carteles oficiales de dirección como un municipio más.</span></p><p class="ecxMsoNormal"><span style="font-family: times new roman,times; font-size: medium;">Los cien kilómetros se hacen tan largos como diferentes, y la conversación ameniza tanto que pasan los minutos sin que miremos el reloj. El asueto navideño se mezcla con esa parsimonia clásica de la vieja carretera nacional, y en la primera recta larga, el camión da paso con el intermitente derecho. Cae la noche sobre el Castillo de Jumilla. El gps del Iphone nos juega una mala pasada, que corregimos sin problemas. Hora y media después, con los mismos seis grados en el termómetro del coche, repetimos abrazos con la familia, esta vez de bienvenida. En casa, nos recibe la chimenea y el aroma a cordiales recién hechos... ¡Feliz Navidad! Vale.</span></p><p class="ecxMsoNormal"><em><span style="font-family: times new roman,times; font-size: medium;">Foto: Venta del Olivo</span></em></p>	
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<title>El Trato</title>
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	<pubDate>Thu, 29 Dec 2011 12:35:00 +0100</pubDate>
<category>Sin tema</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <div class="ReadMsgBody" id="mpf0_readMsgBodyContainer"><div class="SandboxScopeClass ExternalClass" id="mpf0_MsgContainer"><div><p class="ecxMsoNormal"><span style="font-family: times new roman,times; font-size: medium;"> Decía hace poco el Maestro Pérez Reverte en una de sus diatribas que estábamos perdiendo el trato. Fue uno de esos días en los que un zagalico junta letricas como el Achopijo se sentía plenamente identificado con el Maestro, y sin querer, como pasa con esas cosas que uno más que leer, aprehende con el píloro, me puse la camiseta para hacer frente al gran maremoto que está arrasando sin miramientos ese grandísimo tesoro del castellano en cientos de miles de situaciones. Decía el Maestro que no tan allí de decirle buenos días dos veces hasta los espantapájaros, que eso es de tontos o de borracheras largas, los jóvenes, sobre todo los jóvenes, han perdido las formas. En esa conversación divertida, en la que la familia cuenta un par de aventuras gastronómicas con las que lucir un buen rato de los de recordar, salió el asunto por sí solo.</span></p><p class="ecxMsoNormal"><span style="font-family: times new roman,times; font-size: medium;">Mientras hablábamos de esos lugares en los que pasaron las horas felices ante un buen chuletón de buey, un gallopedro fresquico o un guiso de fabes como jamás hayan imaginado, regado todo por unos caldos de premio de guía internacional, y unos postres dignos de manjares antiguos, lo que unía a todas las referencias era un dueño, un camarero, un maître, una familia que había sido no simpática y amable, con trato exquisito, si no un poco más. Una invitación por un cumpleaños, una consideración especial sin conocimiento previo, una atención anormal para con los clientes, era, fíjense, lo único que desde Asturias a Cádiz, pasando por Palma de Mallorca, tenían en cuenta todas esas historias.</span></p><p class="ecxMsoNormal"><span style="font-family: times new roman,times; font-size: medium;">Un buenos días dicho con el corazón es sólo la punta de un iceberg de trato español que es la herencia del castellano, y que esconde la amabilidad gigante de las personas, esa que hace, por ejemplo, a los platos de sus fogones los más sabrosos de todos. Hasta comprar el pan puede significar un día distinto con dos preguntas y consejos que nos hagan más cercanos a los demás. El trato, desde el primer saludo, es un tesoro titánico que esconde la felicidad, esa de las pequeñas cosas, que luego contamos con alegría y brillo en los ojos cuando nos juntamos con quienes más queremos. Pasen ustedes un martes de categoría. Vale.</span></p></div></div></div>	
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<title>El Reventón</title>
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	<pubDate>Wed, 21 Dec 2011 09:23:00 +0100</pubDate>
<category>Sin tema</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <img src="http://achopijo.blogia.com/upload/20111221092306-287143798-55d666dce9-z.jpg"  class="right" alt="20111221092306-287143798-55d666dce9-z.jpg" /><p class="ecxMsoNormal"><span style="font-family: times new roman,times; font-size: medium;">Se descubrió sonriendo al mirar por el retrovisor antes de adelantar a la hormigonera, tarareando el crescendo de <em>Where the streets have no name</em>,  mientras recordaba un abrazo colectivo en aquel mítico concierto en Montjuic con su amigo Joan Sans en septiembre de 1997. El viejo coche coreano utilitario apenas alcanzaba los 130 kilómetros por hora, pero seguía deslizándose suavemente por la autovía, sobre todo si no hacía viento, como aquel día.  Antes de que Bono empezara a cantar, y al tercer toque de la mano derecha contra el volante, el coche giró hacia la izquierda inesperadamente, como si se hubiera metido en un charco de aceite. Perdió el control durante unos segundos, apagó la radio de un manotazo, y miró por el retrovisor de nuevo buscando al camión, que quedaba lejos. Fue justo el tiempo que necesitó para darse cuenta de que había sufrido un reventón en la rueda trasera izquierda. Enseguida escuchó la goma rodar, quemándose contra el asfalto, y pudo dirigir el coche hacia el arcén, frenando con suavidad. El camión recién adelantado quedaba lo suficientemente lejos, aunque se acercaba rápido por detrás.</span></p><p class="ecxMsoNormal"><span style="font-family: times new roman,times; font-size: medium;">Redujo orillándose a la derecha, hasta meterse en el arcén, justo cuando el camión pasaba adelantándole con las luces de emergencia.  Una vez parado, permaneció dentro del coche unos segundos, hasta que se repuso de la tensión. Apretando el volante, mientras los coches pasaban a toda velocidad por su lado, volvió a mirarse en el espejo retrovisor. Sonrió aliviado. Era la primera vez que pinchaba una rueda. No tenía demasiada prisa así que decidió darse un respiro. Volvió a enchufar la música, bajó las ventanillas y subió el volumen al máximo. <em>Where the streets have no name</em> sonó a todo volumen desde el principio. Con los ojos cerrados, golpeando el volante para seguir el ritmo, cantó la canción como si fuera la última vez que iba a escucharla.</span></p><p class="ecxMsoNormal"><span style="font-family: times new roman,times; font-size: medium;">Su mente voló a Montjuic, cuando terminó abrazado a sus amigos levantando los brazos al cielo tocando la felicidad con la punta de los dedos, a sólo unos metros de Bono tras una interpretación magistral de Where the streets... Recordó las tardes de estudiante, cuando alguien ponía música a todo trapo y todos salían de las habitaciones como si fueran madrigueras de estudio para estirar las piernas, y los títulos de las canciones de Achtung Baby escritos con boli Bic en las mesas del instituto. <em>A woman needs a man like a fish needs a bicycle</em>&amp;hellip; Qué tiempos... Terminó la canción y volvieron a escucharse los coches pasar a toda velocidad, que le devolvieron al mundo. Apagó. Comprobó el freno de mano, y antes de salir a buscar el gato y la rueda de repuesto, se volvió a mirar en el espejo retrovisor, y volvió a sonreír. Vale.</span></p><p class="ecxMsoNormal"><em><span style="font-family: times new roman,times; font-size: medium;">Foto: A woman needs a man like a fish needs a bicycle</span></em></p><p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>	
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<title>Sancheski</title>
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	<pubDate>Tue, 20 Dec 2011 11:01:00 +0100</pubDate>
<category>Sin tema</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <img src="http://achopijo.blogia.com/upload/20111220110156-25609765.jpg"  class="left" alt="20111220110156-25609765.jpg" /><p class="ecxMsoNormal"><span style="font-family: times new roman,times; font-size: medium;">En la carta a los Reyes Magos siempre había un regalo máximo que muy pocas veces llegaba. Normalmente había que conformarse con un sucedáneo de lo elegido, así llegó a mis estanterías en su día el TCR, sustitutivo del Scalextrix mítico, o la Game Boy, en vez de la primera consola Nintendo. En esos años en los que juegas a hacer creer que no sabes lo que sabes y los padres juegan contigo a creerse que no les estás haciendo creer que sabes lo que sabes, es la época del tira y afloja más bonito de la era Reyes Magos. Fue en esa época cuando recibí el regalo que pedí, exacto, clavado, justo. Un monopatín Sancheski clásico con el que estrenar mi pasión a los 12 años, el skateboarding por las calles de Murcia. La moda del Skate en Murcia acababa de empezar. Todo empezó en el barrio, y de allí, a Santa Isabel, Redonda o Parque Chino, auténticos centros neurálgicos del monopatín huertano.</span></p><p class="ecxMsoNormal"><span style="font-family: times new roman,times; font-size: medium;">El skate ha sido una de mis mayores pasiones. Durante cinco año s de mi vida, como si fuera una pequeña carrera universitaria, patiné sin parar todos mis ratos libres, leía todas las revistas, pasaba por las tiendas a ver qué tablas habían llegado nuevas y obligué a mis padres a llevarme a los campeonatos cercanos. Todo aquello comenzó con la tabla Sancheski naranja de plástico duro, un monopatín imposible para saltar o hacer trucos, pero rápido y suave cómo no he patinado otro. Un skate vintage que por supuesto, no guardo, aunque fue uno de esos objetos de mi adolescencia que adoré como si fuera un objeto divino (dormía con el skate a los pies de la cama como si fuera mi mascota).</span></p><p class="ecxMsoNormal"><span style="font-family: times new roman,times; font-size: medium;">En la carta a los Reyes Magos de mi hijo Guille (3 añicos buenos) hay un patinete de Rayo McQueen (todo es de Rayo McQueen o de Inazuma) y desde hoy, que he conocido que Sancheski vuelve al mercado con su tradicional skate, he añadido así, como que no quiere la cosa, un Sancheski de nueva generación en mi cartica de Reyes, y hace ya mucho tiempo que no me hacía tanta ilusión un regalo de Reyes, aunque sea para colgarlo en la pared del estudio. No sé si me echarán de casa el día 7 de enero, cuando, si ha habido suerte con el Sancheski, me descubran con él a los pies de la cama&amp;hellip; Qué le vamos a hacer, la nostalgia del treintañero, será. ¿Has pedido algún regalo vintage a los Reyes? Vale.</span></p><p class="ecxMsoNormal"><em><span style="font-family: times new roman,times; font-size: medium;">Foto: Sancheski (Irún)</span></em></p><p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>	
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<title>Rollo Second</title>
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	<pubDate>Sun, 18 Dec 2011 10:50:00 +0100</pubDate>
<category>Sin tema</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <img src="http://achopijo.blogia.com/upload/20111218105038-second.jpg"  class="center" alt="20111218105038-second.jpg" /><p class="ecxMsoNormal"><span style="font-family: times new roman,times; font-size: medium;">Recuerdo a Jorge moviéndose con su Skate en la antigua Plaza de Santa Isabel, patinando y pensando en sus cosas, probando una y otra vez el truco que estuviera de moda aquella semana, hasta que le salía. Cuando le salía, lo repetía hasta que lo dominaba, y después, lo lucía sacándole brillo. Años después, siempre que le he visto en concierto pienso que no me sorprende la maestría con la que ha llegado a tocar la guitarra, y aunque estoy seguro que detrás del éxito de Second se esconden muchas horas de trabajo y ensayos, también estoy seguro de que un grupo no suena así de bien sólo por trabajo. Tuve la gran suerte de acudir el pasado viernes al concierto del año en Murcia. Bueno, suerte y previsión, que saqué las entradas hace muchas semanas, porque lo que fue inolvidable ya se sabía que iba a serlo.</span></p><p class="ecxMsoNormal"><span style="font-family: times new roman,times; font-size: medium;">Un grupazo como Second grabó un disco histórico, que recordaremos dentro de muchos años, nada menos que en el nuevo Teatro Circo, más que un lujo para la ciudad, que el viernes noche dio un paso de gigante hacia su propio futuro. Second lo hace todo bien, y con una pausa especial, un moverse por las partituras melódicas del pop rock de más calidad como que no quiere la cosa, ya han conseguido meterse con luz propia allí donde sólo están los grandes. Ellos siguen a lo suyo, porque les gusta, y ahí están, para quien quiera disfrutarlo, y vaya que si lo bailamos y cantamos. Hasta cerrando canciones desde el suelo Second mantiene una compostura elegante en el escenario, que mantiene limpio su sonido. Es eso mismo, el &amp;lsquo;rollo Second&amp;rsquo; que Sean Frutos se vio obligado a describir entre canción y canción, en lo que se ha convertido la banda murciana por antonomasia. Second ya es Second, y lo mejor es que siempre ha sido Second.</span></p><p class="ecxMsoNormal"><span style="font-family: times new roman,times; font-size: medium;">Fran, Nando, Javi, Jorge y Sean, junto a una sección de cuerda a la Sinfónica Regional, pasaron a la historia de la música, y fue aquí, en su tierra, a la que han dejado en herencia un himno y un lema que viste a toda una hinchada, entre otras muchas cosas. El rollo Second ya es otra de las aportaciones no materiales que Murcia deja en herencia al patrimonio inmaterial de la humanidad. Cuando puedan, no lo duden, háganse con el concierto en directo de Second, y entonces sobrarán todas las palabras de este achopijo. Rollo Second. Vale.</span></p><p class="ecxMsoNormal"><span style="font-family: times new roman,times; font-size: medium;"><em>Foto: Second en el Teatro Circo</em></span></p>	
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